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Un 22 de Enero de 1992.

Publicado: 2014/01/20 en Uncategorized

 A 22 años del heroico combate que costo la vida de Alexis y Fabián.

Recuerdos en un 22 de Enero de 1992. (Fuente original)  

Sumamos un escrito y Video para describir y contextualizar la muerte de Alexis y Fabián, ademas de incorporar escritos de:

*Ricardo Palma Salamanca: Fugado desde la carcel en Diciembre de 1996
*Alberto Olivares Fuenzalida (El Nico): En prisión
*Eduardo Olivares Fuenzalida: En prisión
*Pablo Muñoz Hoffman: Fugado desde la cárcel en Diciembre de 1996
*Alex Muñoz Hoffman: Caido en combate el 22 de Enero de 1992

…Algo de historia….

Los periódicos celebrando la muerte de Alex y Fabian

Los periódicos celebrando la muerte de Alex y Fabian

Es en la mañana del 22 de Enero de 1992, cuando un grupo de 3 militantes del FPMR, guerrilla urbana que combatió la dictadura de pinochet y su continuidad democrática, expropian un camión de valores, Prosegur, en el campus Oriente de la Universidad Católica.

Alexis Muñoz Hoffman, Fabián López Luque y Pablo Muñoz Hoffman consiguen expropiar 7 millones 600 mil pesos dejando heridos a dos guardias que trataron de repeler la acción. En el repliegue Pablo es herido de gravedad por la policía, quienes pretenden rematarlo en el suelo antes de capturarlo. Alex y Fabián intentan romper el cerco parapetándose en una casa en calle Alonso de Ercilla 3082 al llegar a Avenida Chile España en la comuna de Ñuñoa.

En la casa habitaba la familia del abogado Erick Riveros, quienes permanecieron como circunstanciales rehenes tras el enfrentamiento posterior a un asalto.

Rápidamente un impresionante contingente policial y de prensa cerca la casa donde se encuentran los frentistas parapetados, comenzando así una larga “negociación” donde los expropiadores liberan a la mujer y los tres hijos que permanecían en la casa.

La prensa trasmite en vivo y en directo durante todo el día apostados afuera de la casa, los canales de televisión y las emisoras radiales trasmitían de forma uniforme y en cuasi cadena nacional las largas horas de negociación incluyendo las conversaciones telefonicas.

Alex y Fabian conversan e intentan demandar una entrega de comida en distintas poblaciones de Santiago y una salida a Cuba, pero finalmente señalaron: “No nos vamos a entregar. La decisión no es de este momento, sino de mucho antes… nos la vamos a jugar entera… Nuestra consigna es Hasta Vencer o Morir”.

Tras más de 14 horas de negociación, entre las 20:50 y 21:25 el impresionante contingente de 500 miembros de las fuerzas represivas entre policías, personal del grupo de operaciones especiales-GOPE-, francotiradores, etc decide intervenir y exterminar a los rebeldes.

Alex de 22 años muere al recibir 10 disparos en la región toráxico mientras que Fabian de 23 años recibió 7 impactos en la cabeza, el maxilar, el torax, el abdomen y las piernas.

El operativo policial termino con cuerpos rebeldes acribillados trasmitidos en directo por la televisión, mientras que Pablo tras estar varios años en prisión consigue fugarse el 30 de Diciembre de 1996  desde la Cárcel de Alta Seguridad en helicóptero junto con otros 3 frentistas.

*Video con imágenes de la época que recuerda algo de su actuar parapolicial:

…Un 22 de Enero. Escrito de Ricardo Palma Salamanca

Ricardo Palma Salamanca se fugo junto con Pablo Muñoz Hoffman desde la C.A.S en Diciembre de 1996, en clandestinidad escribió “El Gran Rescate”, este texto es un extracto de aquel libro.

“Morid con el pensamiento cada mañana
Y ya no temeréis morir”

Están viendo al camión blindado de la empresa Prosegur que entra suavemente hasta quedar frente a la puerta principal de acceso y descargar el dinero correspondiente a ese día de enero para la caja pagadora del banco en el interior de la universidad.

Observan desde un patio pequeño, siguiendo los movimientos. Llegaron temprano por la mañana, mezclándose entre los estudiantes.
La noche anterior la pasaron los tres juntos en una casa cercana. Antes de salir de ella se miraron con nerviosismo, se ordenaron mutuamente las ropas y se abrazaron como no lo habían hecho antes. Salió primero Pablo Muñoz, con la cara despejada, sus ojos claros y nariz prominente. Tras él iba uno muy parecido, casi del mismo tamaño y color de ojos pero con la nariz un poco menos afilada. Era su hermano Alexis Muñoz, que llevaba un bolso en las manos. Un poco mayor que Pablo, casi nada, una diferencia de tiempo a esas alturas inútil. Cuando ambos eran niños, se podía observar que aquella diferencia era concreta. Alexis, el mayor, guiaba con mano segura a Pablo. Le decía qué debía hacer y qué no, lo regañaba cuando cometía alguna torpeza de niño, lo ayudaba a subir las escaleras del edificio en que vivían y no lo dejaba acercarse a los balcones. Tiempo después, las cosas cambiaron, Alexis empezó una vida bohemia y los desvaríos eran habituales cada fin de semana. Ahora era Pablo quien lo ayudaba a subir, pero ya no tomándolo de la mano sino arrastrándolo hasta el décimo piso, entre risas y quejidos por los golpes contra los escalones. Borracho hasta el infierno, irreconocible, reptaba del brazo de Pablo hasta llegar a su cama donde lo último que hacía era darle las gracias a su hermano para después acabar con un profundo y violento vómito sobre los pantalones de Pablo.

Siempre estuvieron algo abandonados, lo único que tenían era a sí mismos y a sus demás hermanos. En total eran cinco.

El último en salir aquella mañana fue Fabián. Seguro, de barba, se desplazó casi como un vikingo. De pelo negro y piel blanca. Más joven, quizás un niño. Cerró la puerta de la casa despidiéndose del dueño con una sonrisa.
Pablo y Fabián entraron al Campus Oriente de la Universidad Católica, y Alexis se quedó en la parada de autobuses esperando dar la señal una vez que viera entrar el camión blindado. Ahí estuvo hasta que apareció el camión en medio de la calle. Levantó un brazo como si se peinara y adentro, Muñoz y Fabián se levantaron nerviosos y empezaron a caminar.

Los tres ya están en eso, y la voz de Pablo se escucha antes que el revólver de Fabián apunte al cuerpo de uno de los dos guardias.
-¡Al suelo, conchesumadre, no se resistan!”, gritó Pablo en el hall principal del campus. El suelo brilla y Pablo vio el reflejo de toda la situación. No hay nadie más que pueda decir lo que ocurrió esa mañana.
Uno de los guardias quedó quieto, dominado por la sorpresa. El otro corrió despavorido, descontrolado. Al llegar casi a la puerta de salida lo detuvo la detonación del revólver Colt de Fabián. Cayó desplomado, aún con el bolso del dinero aferrado a su mano como si ese simple automatismo servil, que otros llaman profesionalismo, le fuera a hacer merecedor de una sonrisa complacida del patrón.
-Quédate quieto, quédate quieto- le repitió Pablo al otro guardia. Sonaron dos tiros y el guardia, herido en la pierna, cayó gimiendo.
-No me mate, por favor, no me mate, decía, mirándolo con la cara desencajada, mientras Pablo le quitaba el revólver. Fabián lo siguió. Corrieron hacia la única salida, el camión estaba afuera. Su chofer, al volante, comenzó a lanzar, en un último acto de desesperación, el camión contra Pablo y Fabián que seguían corriendo. Fabián se detuvo al ver a Pablo que disparaba tiros sobre el blindado. En ese momento algo sucedió con el arma de Pablo. “¡No salen más tiros!”, gritó. El depósito yacía en uno de los escalones de la entrada principal.
-¡¡Hijos de puta, hijos de puta!!
¿De dónde vienen esos gritos de impotencia? Pablo se dio vuelta y vio a Alexis. Su hermano, el tercero, que iniciaba el cumplimiento de su misión en medio de la avenida Battle y Ordóñez, frente al campus, con un fusil M-16 escupiendo múltiples ráfagas cortas hacia el camión blindado.
Una vez los tres juntos en la esquina de Ordóñez y Regina Pacis, con sus armas en las manos, simplemente se miraron. Pablo colocó un nuevo cargador en su pistola y Alexis daba vueltas junto a Fabián, esperando a un cuarto que nunca llegó y que más tarde dijo con voz trémula de vergüenza: “Me perdí”.

También comenzaban a perderse los tres, porque ninguno sabía manejar y era imposible arrebatarle el automóvil a alguien para escapar del lugar.
Cerca de un minuto lo esperaron, y luego Pablo Muñoz dijo: “Vamos caminando separados y a lo que venga”. Habló con nerviosismo y con la pistola en la mano. Respiraba fuerte. Sólo quería salir de ahí. Creer que todo era la imagen de una vida pasada.
“Vamos”, respondieron. No tenían nada más qué decir porque no había más que hacer, porque los diálogos son mentira en estas circunstancias.
Y caminaron como cuando caminaban de la mano de su padre hacia el colegio. Con una seguridad de media tarde y una desmesura regada sobre sus armas.
No alcanzaron a caminar demasiado pues les salió al paso un furgón de carabineros en la esquina de Pacis y Holanda. Los tres se parapetaron en unos automóviles disparando contra el vehículo.
Todos disparan en un escenario demencial. Pablo cayó de dolor al recibir un tiro que le partió la pierna en dos. Fabián, al ver aquello, dejó de disparar tratando de ayudarlo, pero era imposible. Alexis siguió concentrado en cada tiro, mirando de reojo a su hermano. Le saltaban las lágrimas ante el hecho de dejarlo en el suelo junto a la sangre iluminada por el sol.
Sabemos que Pablo quedó ahí, a pesar de la insistencia de Alexis y Fabián que querían cargarlo, pero él dijo mil veces que no, y los dos corrieron entre los disparos hacia un destino que Pablo desconocía, porque lo que comenzaba a conocer era el miedo de los carabineros, que antes de acercarse le rafaguearon las piernas tras el último tiro que logró dar antes de que se le trabara definitivamente la pistola, com si un negro cuervo desajustara los impredecibles mecanismos de esa inercia.
También sabemos que Alexis y Fabián continuaron corriendo y disparando hasta quedar sin municiones. Murieron en su jardín a manos de carabineros en un espectáculo transmitido a todo Chile por la televisión.

Sangre de verdad y caliente, como le gusta al buen ciudadano respetuoso del pudor y la moral judeo/cristiana.

Así salieron aquellos dos, con la última profecía del 22 de enero de 1992.
Y por cierto sabemos que Pablo sobrevivió, tras seis meses en un hospital de la cárcel. Que debió aprender a caminar nuevamente, y logró aferrarse a una cuerda, cinco años más tarde, para despegarse del encierro. Que supo de la muerte de sus hermanos una semana después, una tarde en que sólo se escuchaban las cerraduras de la Penitenciaria de Santiago.
Lo que viene es materia de otras palabras…” – Ricardo Palma Salamanca-

*Escrito de Alberto Olivares Fuenzalida, El Nico

En la memoria de la rebeldía

Alex Muñoz Hoffman

Alex Muñoz Hoffman

Keridos hermanxs, hoy mi alma se estremece en un llanto de rebeldía por recordar ese 22 de enero, en donde la vida se elevó en lo más alto de la dignidad. De esos rebeldes ke kalleron en kombate por algo más ke una rekuperación, si no por una altura libertaria esa ke muchos olvidaron como kien olvida los rekuerdos de donde somos y porke hemos luchado toda la vida, no somos  orgullosos sino unos rebeldes desde ke nacimos. Hoy rekuerod a Alez y a Fabián, en esa trinchera de vencer o morir. Hoy en mi celda están todos los kaidos akompañandome en mi kondena social y rastrera de esta justicia policial fascista.

Hoy me siento orgulloso y digno de mi rebeldía libertaria; hermanxs nunka olviden a los ke kombatieron ellos son la semilla real de maldad libre de capitalismo.
Alex y Fabian. En la lucha de la kalle y en la lucha karcelaria siempre.
Colectivo 22 de enero Karcel de Extermino
Ex penitenciaria de Stgo.
Alberto Nikolas Olivares F.

*Escrito de Eduardo Olivares Fuenzalida

 

-Sangre Unida Por Siempre-
-A la memoria de Alex y Fabián asesinados un día 22 Enero 1992-

Fabian Lopez Luque

Fabian Lopez Luque

Han pasado 21 años desde que partieron; con sus sueños rebeldes recordarlos para mi es la rebelión misma que corre por mi sangre, porque fuimos y somos sangre unida. Hoy la llama de la rebeldía está más encendida que antes; son otros tiempos; otras generaciones los que no dejaron que el fuego insaciable de ustedes se apagará. El combate hoy es más directo es por esto que hoy los recuerdo con un fervor revolucionario que siempre estarán presente en nuestras vidas; y en nuestros corazones; el árbol de la rebelión va crecido; con los mismos pensamientos de ustedes; sed de justicia; como pensaban y actuaban ustedes; tuve el honor en aquellos tiempos de combatir su lado.

Nunca lo olvidare; hoy tu ahijada a crecido Alex y tiene el mismo pensamiento y sentimiento nuestro, hay semilla, espero encontrarte en algún momento y volvería a combatir al lado de los dos, han pasado los años y estoy terminando esta prisión que me embargó desde que los dos partieron con balas del fascismo que los atrapo. Pero sé que hasta el ultimo tiro dispararon,-hoy tengo la oportunidad de escribir estas letras para que esta nueva generación de jóvenes combatientes alcen sus nombres; ya que el tiempo no los ha olvidado a ustedes por mi parte los llevare por siempre en mi recuerdo y en mi vida de combatiente revolucionario; la llama de la rebeldía siempre estará encendida para combatientes como ustedes. Viva la rebelión callejera; abajo la prisión. Nunca olvidare un día 22 de Enero que me separó de hermanos como ustedes: Alex Muñoz Hoffman* Fabián López Luque, váyanse tranquilos a su zona que pronto estaré yo ahí porque nunca dejare de combatir y luchar.

Eduardo Olivares Fuenzalida
Ex Miembro FPMR
Preso Social
13 Años en prisión.
22 Enero 1992 Al 22 Enero 2013.

21 Años del asesinato de Alex y Fabián.

 

*Escrito de Pablo Muñoz Hoffman

“Ese hermano comprometido, guerrero silencioso por ti y por el compa de

Pablo trasladado al hospital tras el tiroteo

Pablo trasladado al hospital tras el tiroteo

ojos miopes y caminar verdadero. No a la venganza, sino la justicia serenamente armada, Raúl vive entre nosotros, volveremos a los Queñes. Hasta vencer o morir. A mi hermano Alex y mi compañero Fabián, caídos en combate el 22 de enero”.-Escrito de Pablo Muñoz Hoffman antes de fugarse en Diciembre de 1996, leído durante la conmemoración de los 14 años del asesinato de Alex y Fabián el 2006.

 

*Texto de Alexis, enviado a Refractario

-Fraternidad-

“Sus manos se sembraron entre mi mano y florecieron juntas y maduraron juntas en el fruto fraterno del afecto; fue una sola cosecha larga y continua como riel en distancia insospechada. Que se prendió sobre los campos de nuestras angustias; sus manos se sembraron entre mi mano y aun siguen juntas a pesar de las distancias florecen juntas; porque nuestra sangre siempre se han mantenido unida.”

Escrito años atrás por Alex Muñoz Hoffman. cuando estábamos todos juntos Nicolas, Eduardo, Pablo..

22 enero 2013. Santiago.- Stgo.

Operacion Siglo XX

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo  trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del  “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

EL ATENTADO A PINOCHET (PRIMERA PARTE)

El General En La Mira

A comienzos de 1986 los altos mandos del FPMR comenzaron a sostener una serie de reuniones con la cúpula del PC, con la idea de hacer realidad uno de sus proyectos más ambiciosos desde el inicio de su carrera armada. Desde hacia un par de años que el Frente conjeturaba sobre la idea de atentar contra el mismísimo general Augusto Pinochet.

Según los análisis políticos del grupo, el año 1986 debía ser “El año decisivo” dentro de la lucha contra la dictadura y la eliminación física de Pinochet era uno de los puntos concluyentes para este objetivo. Según el ex dirigente comunista Ernesto Contreras, la idea de atentar contra el general ya había rondado a la comisión política del partido desde 1980, “como una conjetura vaga que nunca fue más que eso”. Un ex oficial frentista avecindado hoy en Europa afirma, en cambio, que la idea surgió a fines de 1984: “Se pensaba que en 1986 el desgaste de Pinochet y el desarrollo del FPMR iban ser tales, que estaríamos en condiciones de ajusticiarlo”.

La decisión final para llevar a cabo el atentado fue tomada por la Dirección Nacional del FPMR en el verano de 1986, en consenso con la comisión militar del PC, dirigida en ese momento por Guillermo Tellier y Gladys Marín. El objetivo era reimpulsar mediante un golpe de mano la movilización social, apurar el término del régimen militar y negociar un acuerdo con la DC. “O lo hacemos ahora o esto se escapa por la vía de un plebiscito”,sostuvo en esa ocasión un alto dirigente. Solo una condición le impuso la colectividad al FPMR: únicamente debían tomar parte combatientes experimentados, y en ningún caso militantes del PC, cuya participación pudiera exponer al partido.

José Valenzuela Levi, conocido como el “comandante Ernesto”, quedó a cargo de la operación. Uno de los jefes máximos del FPMR, por su amplia preparación militar, era el hombre indicado.

José Valenzuela Levi, jefe del atentado

Como su mano derecha, “Ernesto” escogió a Cecilia Magni Camino, la “comandante Tamara”, quien era la única mujer que en ese momento ocupaba un alto cargo en la cúpula del FPMR. Ella sería la encargada del montaje logístico.

La idea, conocida y acepada por el Frente, era hacer explotar el vehículo de Pinochet -al estilo del atentado de ETA a Luis Porto Carrera en 1973 en España- cuando volviese a Santiago desde su residencia de fin de semana en El Melocotón.

Para ello, secretamente el “comandante Ernesto” decidió encargarle a Rodrigo Rodríguez Otero, un joven frentista de 23 años conocido como “Jorge”, la delicada tarea de investigar la rutina de Pinochet. Recibida la orden, “Jorge” se abocó de lleno a conseguir información de inteligencia sobre la vida, las relaciones personales y los traslados de Pinochet. Instalado en la Biblioteca Nacional, en las primeras semanas dedicó días completos a revisar artículos de prensa que aludieran al dictador. Además se inscribió en un gimnasio del barrio alto frecuentado por oficiales del Ejército y cadetes de la Escuela Militar. Gracias a su personalidad canchera, rápidamente se ganó la confianza de los uniformados e incluso compartió departamento con uno de ellos. También se afilió a un club de paracaidismo ligado al mundo castrense. Sin saberlo, en informales conversaciones los militares le entregaban al “enemigo” información importantísima sobre el general, la que luego era chequeada por los grupos de “exploración”.

Meses antes, “Jorge” le había hablado del atentado a su primo Alejandro, incorporándolo a las tareas de “exploración” en el Cajón del Maipo. Fue el propio Alejandro Otero quien arrendó la panadería en el sector de Las Vizcachas desde la cual se cavó el túnel que haría explosión bajo la ruta al Cajón del Maipo.

No obstante los preparativos, el plan fue repentinamente abortado el 7 de agosto, el día siguiente del descubrimiento de la internación de armas en Carrizal Bajo, debido a la falta de certeza que el auto de Pinochet cayera en la explosión. Uno de los frentistas que estuvo ese día en la panadería recuerda su conversación con Cecilia Magni, la “comandante Tamara”; “Ella me dijo “tengo dos noticias, la primera es una buena”, y me regaló un tremendo reloj; pero luego agregó “también tengo una mala, esto se cierra”. Entonces, Jorge dijo “Bueno, entonces hagámosle una emboscada”.

Cecilia Magni Camino, la “comandante Tamara”

En la segunda semana de agosto, el “comandante Ernesto” dio luz verde a la variante que modificaría radicalmente la vida de casi una veintena de combatientes que en varios casos no superaban los 20 años. Era el tiempo de la emboscada y de la urgencia por preparar al contingente. Para entonces la misión ya tenia nombre: “Operación Siglo XX”.

Pero la preparación del atentado no seria obra exclusiva del FPMR. Informado desde la génesis sobre el proyecto de matar a Pinochet, Fidel Castro le tendería una mano al “comandante Ernesto” en su preparación. Dada la envergadura del objetivo, La Habana nuevamente ofreció sus instalaciones de entrenamiento para alistar a algunos de los participantes. Uno de los oficiales cubanos de Tropas Especiales que le tocó entrenarse con varios frentistas que participaron en la acción fue Lázaro Betancourt. Hoy, desde su exilio en Miami, recuerda: “Lo más probable es que los tenientes coroneles de apellidos Lara y Espinoza, estuvieron entre los instructores que entrenaron a los chilenos para el atentado, ya que eran los más capaces en este tipo de operaciones. En general los chilenos eran buenos soldados”.

La Operación Siglo XX

-Cómo estai pa’ morirte?, le preguntó “Ramiro” a “Alonso” una tarde mientras iban en el metro.

Como siempre, hasta la ultima si se precisa respondió casi sin pensarlo.

Era el 28 de agosto de 1986. A pesar de su corta edad Víctor Díaz Caro, o “Alonso” para sus compañeros del Frente, al igual que otros integrantes de la unidad dirigida por “Ramiro”, ya poseía una amplia experiencia operativa. “Ramiro”, mas serio, continuó; “Lo concreto y oficial: hay una misión con un 95% de no salir con vida, tú decides”. “Alonso” solo asintió con la cabeza y se aprestaron a bajar del vagón. “Ramiro” no le dijo nada pero tomó nota mentalmente de la respuesta de “Alonso”.

Se dirigieron por Irarrázaval hacia el poniente. En la esquina de Manuel Montt los esperaba José Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto”. “Ramiro” comenzó a caminar tras ellos. “Ernesto” le explicó lo que significaba eso del 95 %, pero sin hablar de la misión especifica. Hasta allí, “Alonso” ignoraba muchas cosas.

Lo que ocurría ese día era el resultado de más de un año de arduo y sacrificado trabajo, el que comenzaba a concretarse con el acuartelamiento de una veintena de jóvenes combatientes del FPMR para una operación de “gran envergadura”. Antes de “Alonso” esta misma escena y diálogo se había repetido bastante esos últimos días de agosto. El era el último.

Durante casi todo el invierno y en sesiones de 3 horas diarias varios grupos se habían preparado entusiastamente en el Parque O’ Higgins, dirigidos por “Ramiro” -Mauricio Hernández Norambuena, profesor de Educación Física-, en carreras de resistencia, rapidez y salto con obstáculos.
“Ramiro”, encargado de la preparación de los combatientes

Héctor Maturana Urzúa, uno de los fusileros escogidos por el FPMR, señala; “Nos preparamos en el Parque Ohiggins, donde éramos parte solo de un grupo de hombres que hacían footing. Incluso allí se preparaba la Parada Militar de ese año. Y nosotros rodeábamos a los militares en vueltas, durante una hora de trote. Hacíamos turnos en la mañana y en la tarde, y ese era también la oportunidad de tener un porcentaje un poco mayor de de salir con vida”.

Adriana Mendoza Candia, “Fabiola”, fue la única mujer escogida dentro del selecto grupo de fusileros. A diferencia de sus compañeros, fue la única en enterarse del objetivo con anticipación; “En el mes de mayo Tamara me dijo que debería participar en una misión fuera de Santiago y que otro compañero me daría mas antecedentes. Días después me reuní con ese compañero, al que conocía del exterior, en una panadería del sector de Las Viscachas. Me sirvió un café y le pedí que me contara de una vez de qué se trataba la misión. Participarás en una operación, cuyo objetivo es ajusticiar a Pinochet, me dijo mirándome fijamente a los ojos. Quedé muda por largos minutos. ‘Las posibilidades de salir con vida son mínimas’, agregó sin mayor dramatismo. Así me incorporé a la Operación Siglo XX”.

El miércoles 27 y jueves 28 de agosto la mayoría de los fusileros fueron recogidos en distintos puntos de la capital y trasladados a una casa de seguridad del sector alto.

En 1988 “Alonso” escribió un detallado relato que fue publicado por “El Rodriguista”. En él recordaba; “A las 18 horas me recogerían para ir a la casa de acuartelamiento. Tenía toda la tarde por delante y, a modo de despedida, Ramiro me había dicho: “Aprovecha de despedirte de tus seres queridos”. Luego, caminando solo, mi dilema era cómo despedirme de mi mujer y de mi hijo. Llevaba más de dos años clandestino y no podía ir a la casa. Sólo sabía que mi hijo iba a un jardín infantil y que su madre continuaba estudiando. En fin, pensé en tantas cosas, quise hacer tantas otras. Atiné solamente a recorrer y pasar lo más cerca de cada lugar donde yo pensaba que ellos estaban. No puedo negar que soñé con abrazar a mi hijo, aunque no me reconociera, así como deseaba tan intensamente entrar a un gran casino de estudiantes, pararme en la puerta y buscar y buscar con la mirada hasta encontrar los ojos más bellos del mundo, luego correr hacia ella, en cámara lenta como en las películas, abrazarnos, luego almorzar juntos, mas tarde amarnos y partir. Soñando; fue así como se me pasó la tarde y ya estaba puntual para ser recogido dejando mis sueños allí, en una esquina de Santiago”.

Víctor Díaz Caro, “Alonso”

Cerca de la medianoche del día 28 llegó Cecilia Magni Camino, la “comandante Tamara”, encargada de conseguir los vehículos y las casas para la operación. Sólo algunos pocos de los que estaban allí conocían el cargo que ella ostentaba: integrante de la Dirección Nacional del FPMR. La joven se presentó junto a César Bunster, hijo de Álvaro Bunster, ex embajador de Allende en Inglaterra. Este fue quien arrendó los vehículos que se utilizaron en la emboscada, así como la casa en La Obra que se usó como cuartel general.

“Tamara” les indicó a los combatientes que deberían salir de la casa para efectuar un pequeño recorrido. Al salir los hizo enjuagarse la boca con pisco; “Hay que aparentar que andamos de fiesta”, dijo. Apretujados en un jeep Toyota Land Cruiser azul manejado por Bunster tomaron la ruta de San Juan de Pirque, rodeando el río Maipo pasando en dirección a la cuesta Achupallas y El Mirador. -Pónganle ojo porque estamos en zona operativa– habló seria la comandante.

Durante esa noche practicaron posiciones de tiro nocturno, pero sin armas. –Con un palo de escoba al que se le puso una mirilla por la cual apuntábamos a un fósforo prendido y calibrábamos el órgano de puntería- explica un fusilero.

Por la mañana del viernes 29, cerca del mediodía, llego nuevamente “Tamara”, esta vez acompañada de “Ramiro”. Luego de compartir con el grupo un rato, le ordenaron a “Alonso” que los acompañara.

“Alonso”; “Subimos a una camioneta Toyota azul. Era grande, corredora. Íbamos por el camino La Florida. Ramiro preguntó cómo había pasado la noche, hicimos recuerdos y el reía con Tamara, porque se sabían poseedores del gran secreto. Hice variadas conjeturas y reían. Finalmente me explicaron la nueva misión que asumiría. Iba rumbo a otra casa en donde otro hermano me daría más detalles. Por lo pronto tendría que poner a punto los “medios” que se usarían en la misión. Tamara luego me pidió la opinión sobre la camioneta y si yo creía poder manejarla. En realidad la Toyota era un monstruo con tracción de cuatro ruedas y su velocímetro indicaba más de 200 kilómetros por hora”.

Al llegar a Las Vizcachas, y tras la fachada de un pequeño local de venta de empanadas, se encontraba uno de los enclaves que el FPMR había acondicionado para la operación. En la trastienda y en perfecto orden se encontraban cuatro fusiles M-l6 dispuestos con sus cargadores y, al lado de ellos, un túnel. “Bajé, y me cambié de ropa, -continúa “Alonso”- ya que era bastante espacioso, allí habían alineados otros veinte M-l6. Luego bajó un compañero, me saludó y me dijo: “Soy Milton, debemos poner a punto todo este armamento, limpiarlo, engrasarlo, y además debemos hacer granadas caseras. Tenemos ocho horas”. Nos pusimos a trabajar y limpiamos uno por uno los fusiles, revisamos y los cargadores. Buscamos muestras de óxido o cualquier otra cosa anormal. Todo fue controlado, menos el dolor de cabeza que cada vez era más insoportable, debido a los gases que emanaba la gasolina. El aire se hacia irrespirable, más aún cuando abrimos una bolsa de amongelatina y empezamos a confeccionar las granadas caseras. Aún seguíamos sin saber para que nos preparábamos. A las 10, lo único que queríamos era que nos cortaran la cabeza. Teníamos ganas de vomitar, mareos, en fin, era un suplicio moverse, y dar un paso. Pero ya la tarea estaba cumplida: todo revisado, limpio y seco. Luego, se nos ordenó sacar los bolsos en que habíamos embalado el armamento”.

Cerca de las 23 horas y cuando ya había una espesa niebla, llegó el “comandante Ernesto” en un vehículo. Ahí se cargaron los fusiles. Al cabo de media hora y con un trayecto que se vio dificultado por la espesa niebla, llegaron a la casa de La Obra 0235.

Esta era una verdadera mansión: con piscina, canchas de tenis, amplios jardines, inmensos ventanales, y terraza. En su estacionamiento había una Toyota azul doble cabina, otra Toyota azul grande, la Land Cruisser, un Peugeot Station verde con una casa rodante y finalmente un Datsun Bluebird. Rápidamente bajaron las armas y en cinco minutos estaban todas desplegadas en el piso de una de las habitaciones. Rato después, fueron llegando los combatientes que debían pasar por la pieza a retirar sus medios.

A las tres de la madrugada y teniendo la confirmación de que todo estaba en regla, se entregaron los turnos de las guardias. “Alonso” y “Milton” (Arnaldo Arenas Bejas) fueron relevados de esa función ya que no podían estar en pie.

Arnaldo Arenas Bejas, “Milton”

“Alonso”; “Despertamos cerca del mediodía del sábado 30. Cuando abrí los ojos tuve una agradable sensación: el dolor de cabeza y todos los malestares habían desaparecido. A mi lado, Milton también despertaba. Sonrió y me dijo: “la media voladita que nos pegamos”. El resto de los hermanos nos miraron y sonrieron. Fue lindo ese despertar. Cada uno con su “M” en silencio, esperábamos. Nos duchamos y nos llevaron un contundente almuerzo, pero nadie quería comer. Tamara cariñosamente nos dijo: “Niños, coman. Hay que estar fuertes. Además Lili se los preparó con mucho amor”. Dicho esto, vimos aparecer a una compañera que muy sonriente nos dijo: “Yo soy la encargada de que ustedes coman bien, y si no lo hacen, la Señora aquí presente me va a regañar”.
Lili era quien cumplía la misión de ser la empleada de la casa, y que la “Señora” (Tamara) había llevado de su propia casa para que la atendiera. Cumplía también el papel de verse cortejada por don Marcelino, algo así como un mayordomo que tenía la vivienda. Esa era la fachada que allí funcionaba a la perfección. A medida que transcurrían las horas, todo el silencio se convertía en tensión. Los fusileros comenzaban a elucubrar y la mayoría deseaba saber cuál era el motivo para que cada uno tuviera un fusil M-l6 en sus manos y suficiente munición como para ir a una guerra.

De pronto, cerca de las 16 horas llegaron los jefes de grupo, “Jorge”, “Ernesto” , “Tamara” ,”Ramiro” y “Joaquín”. Inmediatamente todos se pusieron de pie y formaron una escuadra.

Mauricio Arenas Bejas, “Joaquín”,uno de los jefes de grupo

“Jorge” se presentó al primer contingente y les dijo: “Soy Jorge y estoy a cargo de este grupo”. Los ordenó en la formación: “Milton”, “Javier”, “David”, “Alonso” y “Víctor”. Y prosiguió: “Ahora el comandante Ernesto nos planteará la misión”.

En ese momento “Ernesto” tomó la palabra: “Hermanos, ustedes forman parte de un grupo especial de combate del FPMR con una misión encomendada por la Dirección Nacional, que recoge el justo sentir de nuestro pueblo de hacer pagar con la vida al tirano Pinochet estos largos 13 años de miseria, tortura y desaparecidos. Será la Operación Siglo XX. Le haremos una emboscada de aniquilamiento”.

“Alonso” recuerda; “Desde ese momento fue como si ya no lo escuchara. Sólo sentí un nudo en el estómago y los ojos se me llenaron de lágrimas. Y si yo hubiese mirado hacia el resto de la formación, estoy seguro que a mis hermanos les ocurría lo mismo. Cuando Ernesto terminó, ya sabíamos cuál era nuestra honrosa misión”.

Ese día Pinochet ya había subido y descansaba en El Melocotón. En tanto, los jefes se retiraron para entregarle la misión a los otros grupos en sus respectivas habitaciones.

“Jorge” se quedó: “Bien, hermanos, nuestra misión específica es ser el grupo de choque, es decir, parar la comitiva del Tirano bloqueando el camino con una casa rodante, posterior al paso de los motoristas. En esa casa rodante estará Milton acompañado de Javier, debidamente enmascarado y disfrazado de Javiera. Ellos serán una pareja que observa el paisaje. A la orden de Jorge, Milton cruzará la casa rodante, luego de lo cual Jorge, en medio de la ruta y con su LAW desplegado, abrirá fuego sobre el primer auto de la comitiva e inmediatamente, ante cualquier resistencia, el resto de los compás: Milton, David y Javier, dispararan contra el primer auto. Abren fuego inmediatamente que vean a Jorge con el LAW para cubrirlo. Darío estará en una pequeña altura al frente del Mirador en la ladera del cerro con su LAW también desplegado y su ‘M’ listo. Apuntará también sobre el primer auto, si aún no es destruido. Alonso conducirá la Toyota Land Cruisser y después de dejar a los combatientes en el Mirador, regresará unos ochenta metros y en un terraplén que allí hay, se estacionará. Su misión, además, es interceptar al primer motorista. Debe abrir fuego siempre y cuando haya comenzado el combate principal. Si actúa a destiempo, el motorista puede alcanzar a avisar. Si es preciso que el motorista se pase, lo deja. Eso puede traernos complicaciones, pero si cumplimos el objetivo, ya nada importará. Víctor estará estacionado en el terraplén. Da cuenta del segundo motorista. La distancia entre esos dos es de treinta a cuarenta metros. Resumen: los encargados de los vehículos de retirada garantizan la retaguardia del resto del grupo de choque”.

“Jorge” hablaba tranquilo, transmitiéndoles a todos una inmensa seguridad. Ya cada grupo había recibido sus misiones específicas. Todas las dudas fueron expuestas y recibidas las debidas respuestas. Luego los jefes salieron a esperar la señal de que Pinochet bajaba. Cada uno de los combatientes, en silencio, recién comenzaba a tomar real conciencia de la importancia de la misión que se les encomendaba.

Héctor Maturana Urzúa era el más joven del grupo, con tan solo 17 años. El era “Javier”;“Cuando nos avisaron que era el ajusticiamiento al tirano me relajé y pensé en mi familia y en las personas que yo quería y con las cuales ya tantas veces habíamos hablado sobre el tema. Cuando se habló de una emboscada pensé que era algo que estaba más a nuestro alcance”.

Héctor Maturana Urzúa era “Javier”

En la primera habitación, “Milton” se tendió sobre la cama, “Javier” se tendió en el piso alfombrado, “David” se sentó en una silla en una esquina de la pieza, “Víctor” apoyó su espalda en la pared y “Alonso” se sentó en el piso apoyando la espalda en la cama. Los minutos se hacían interminables. Dieron las 18.30, las 18.45 y no había señal. Hasta que tuvieron la certeza de que Pinochet no bajaría.

“Alonso”; “Recién ahí bajó un poco la presión y pudimos reírnos al ver a Javier como Javiera. La música volvió a la casa y pronto hizo hambre. Cada grupo seguía en sus habitaciones y hasta ahí llegó Lili con una rica comida y con bebidas. Mientras comíamos, nos lanzábamos algunas tallas, digamos, un tanto macabras para cualquier mortal. Salió la de la última cena con el “¿Seré yo, Señor?”, otras como “¿A quién le piace un allegretto?”, o la de Javier; “Si quedo tirado, favor de sacarme el rimel”. Se rieron de mi corbata negra y delgadita de los años cincuenta (recuerdo de mi padre). También recuerdo que nos molestaban las yemas de los dedos porque nos habíamos puesto la “Gotita” que servía para no dejar ninguna huella”.

Después de la comida se dieron las indicaciones sobre las guardias. “Alonso” fue designado de dos a tres de la madrugada, así es que se acomodó para dormir; “A decir verdad, traté de dormir, pero se agolpaban en mi mente millones de cosas hechas y por hacer. Comenzaron los recuerdos, los inicios en el Frente, los hermanos caídos, mi padre desaparecido, el sufrimiento de mi madre y hermanas, mi hijo, inocente testigo de tantos sacrificios como los hijos de mis hermanos que trataban de conciliar el sueño junto a mí. A las dos fui despertado. Tomé el fusil y acomodé en una sobaquera un 38 especial que me entregó el compañero saliente de guardia. La casa estaba silenciosa. Cerca de las tres de la mañana vi una luz roja que pasó en silencio por fuera de la casa. Rápidamente otra y otra. Conté cuatro o cinco. Pensé: “La comitiva”. Y me contesté que no podía ser, pero mis temores se ratificaron a media mañana”.

La levantada fue temprano. Ahí se entregó como única novedad lo que “Alonso” había visto cerca de las 3.00 AM. Al mediodía ya estaba claro lo que había ocurrido. Esa madrugada había muerto el ex presidente Jorge Alessandri y Pinochet debió bajar a una hora desacostumbrada para asistir a los funerales. La operación debería postergarse para el siguiente fin de semana.

El problema que ahora se presentaba era la forma de mantener un grupo tan numeroso de personas sin levantar sospechas en los vecinos de la casa. Una ingeniosa estrategia no tardó en aparecer; “Nos anunciaron que al otro día saldríamos temprano, y que lleváramos cruces y biblias porque íbamos a convertirnos en Schoenstatianos. Los jefes nos citaron a las 7 de la tarde a las puertas del Pueblito del Parque O’Higgins”, dice “Alonso” pensando en la escena.

Efectivamente, ante el riesgo de mantener al contingente acuartelado en la Casa de Piedra, el “comandante Ernesto”, ante la propuesta de “Alejandro”, quien había sido seminarista de la congregación de Schoenstatt, decidió que a contar del lunes por la noche los fusileros serían un grupo de fervorosos aspirantes a religiosos ubicados en la Hostería Carrió, cercana a San Alfonso.

Las instrucciones fueron impartidas; deberían evacuar la casa por grupos, agachados en los vehículos, temprano en la mañana del día lunes 1 de septiembre. Volverían a Santiago por ropa deportiva acorde a un retiro espiritual y deberían traer una Biblia, crucifijos y póster religiosos. Se reencontrarían a las 19 horas en el paradero de los buses al Cajón del Maipo, en una de las entradas del Parque O’Higgins.

Puntualmente todos los combatientes volvieron a reunirse durante la tarde, cada uno con su Biblia y un bolso, en ese paradero. “Ramiro” y “Joaquín” los esperaban.

Cuando llegaron a la Hostería los esperaba el compañero-hermano “Jorge” con las reservaciones hechas. Se acomodaron de a dos por habitación y bajaron a comer. Ya en una larga mesa dispuesta para los jóvenes seminaristas y cuando algunos ya tenían el servicio en las manos, un fuerte carraspeo de “Alejandro”, que se encontraba de pie, llamó la atención de todos. Comenzó a hablar con voz solemne y pausada: “Hermanos, pongámonos de pie y demos gracias al Señor”. Todos se miraron, y se insinuaron algunas risas, pero al ver el recogimiento de “Alejandro” y al dueño de la Hostería que observaba atentamente ese cuadro, la habitación se lleno de una gran seriedad. Pese a ello constantemente los jefes debían llamar a los “seminaristas” al orden, sobre todo por el vocabulario que empleaban.

“Alonso” reconoce; “Muchos podrán pensar en la falta de respeto que cometíamos, pero a decir verdad nos compenetrábamos en nuestro papel, ya que de eso dependía la secretividad de la misión y lo hacíamos con un profundo respeto. Compartí habitación con Milton y nos pusimos a colgar los pósters que llevábamos cada uno en la cabecera. Esa noche fría en los faldeos cordilleranos nos hizo retroceder hasta la época de la Independencia. Era de nuevo Manuel Rodríguez, disfrazado de Franciscano, durmiendo cerca de la casa del tirano Marcó del Pont. Soñamos con los Húsares de la Muerte, tropa fiel de Manuel Rodríguez”.

La mañana del martes 2, a pesar de ser fría, trajo consigo un sol maravilloso. Luego del aseo personal el grupo bajo a desayunar. Nuevamente, “Alejandro” hizo dar gracias por el pan de cada día. La ceremonia fue mucho más expedita y más real que el día anterior. Ya todos habían asumido su papel. O al menos eso pensaban, ya que hubo un momento en que, a media mañana, los fusileros descubrieron que en el subsuelo de la Hostería había una mesa de pool. En un abrir y cerrar de ojos todos estaban en parejas jugando, y el lugar se llenó con humo de cigarrillos y fuertes risas. Por supuesto el lenguaje era acorde a una salón de pool. Transcurridas algunas mesas, dos de ellos subieron a buscar refrescos y cuando regresaron informaron que desde el primer piso se escuchaba todo y lo que menos se podía pensar era que allí hubiese seminaristas en retiro espiritual. Ahí se acabó el juego. “De allí en adelante salíamos al patio a tomar el sol y leer la Biblia, concientes de que cualquier pequeño error nos podía hacer fracasar en nuestra misión, ya que sabíamos que constantemente la CNI chequeaba los alrededores”, explica “Alonso”. Y no se equivocaba.

El día miércoles al mediodía -continúa “Alonso”- llegó una pareja a hospedarse. Almorzaron en una mesa contigua a la nuestra. Observaron nuestro ritual del almuerzo y posteriormente intentaron sonreír con nuestro juego de adivinar películas que realizamos en el patio de la Hostería. Cerca de la hora de once subí al baño del segundo piso y al salir me encontré a boca de jarro con el tipo que nos había estado observando. Muy amablemente me metió conversa. En la práctica me interrogaba. De qué grupo religioso éramos. Cuál era nuestra fe. Si nos había salido muy caro el hospedaje. Con toda la tranquilidad y seguridad que pude sacar respondí, también amablemente, a sus preguntas. Ahí me di cuenta de que manejaba bien la leyenda, para finalmente dejarlo invitado a nuestro Santuario del paradero 14 de Vicuña Mackenna, hacia la cordillera. El tipo entró al baño y bajé. Discretamente le informé a Ramiro”.

Por las dudas y como precaución la orden fue evacuar antes de lo previsto la Hostería. El jueves 4 por la mañana, “Ramiro” bajó a la casa de La Obra para preparar el regreso. Volvió a la hora de almuerzo. Deberían estar en Las Vertientes -unos kilómetros antes de la casa- a las 19 horas. Allí los esperarían dos vehículos. Debido a las protestas que se desarrollaban desde el día anterior José González, hijo del dueño de la Hostería, se ofreció a llevar al grupo hasta Las Vertientes. Allí fueron recogidos por César Bunster y llevados a la casa de La Obra.

“Alonso”; “Ya estábamos de nuevo al lado de nuestros fusiles, más convencidos aún, más grandes aún. La espera no había sido en vano. Sabíamos que lo que haríamos podía cambiar la historia de nuestro país y estábamos dispuestos a afrontar la responsabilidad. Escuchábamos las noticias del Paro. En algunas poblaciones se combatía fieramente y eso nos daba mayor coraje”.

Amaneció, vino el desayuno y alguno que otro juego para relajar los nervios. Se organizaron torneos de ping pong, “gallitos” ínter-grupos, y olimpíadas de ajedrez, mientras otros preparaban empanadas de horno. Sin dejar de estar alertas, la casa bullía de alegría silenciosa, mientras don Marcelino arreglaba los inmensos jardines, refunfuñando por la forma en que la “Señora” se lo había ordenado. “Tamara”, muy enérgica, lo controlaba cada cierto rato, con un gran dejo de pena interior, por lo que algunos le escuchaban decir: “Pobrecito, Marcelino”.

Esta no sería su única pena interna, pues la Dirección del FPMR había decidido que “Tamara” ya no combatiría físicamente con el resto, pues se le había encomendado responsabilizarse de todos los aseguramientos post “Operación Siglo XX”; comunicaciones, casas de seguridad, clínica en caso de heridos, documentación, etc. Disciplinadamente, pero muy a su pesar, le había entregado el mando del Grupo de Asalto Nº 2 a Julio Guerra Olivares, “Guido”.

Julio Guerra Olivares, “Guido”

Pero las anécdotas no paraban de sucederse. Uno de los combatientes recuerda; “El día sábado 6, don Marcelino tendría permiso dos días. Se alegró muchísimo y antes de irse hizo un amarre con nuestra Lili para ir al cine el domingo a la Vermouth. Más contento aún se fue. Eso para nosotros significaba un problema menos. De pronto, el teléfono. Tamara contesta, vuelve y nos dice que viene en camino Lorenzo, el dueño de la casa. Nos da las instrucciones, en caso de que él descubra algo nos veremos obligados a reducirlo y maniatarlo. Todo queda claro y nos concentramos en dos habitaciones. El resto estará todo abierto. La visita transcurre normal. En el living comparten un aperitivo, luego salen la “Señora” (Tamara), su marido (César) y Lorenzo. Se sientan al borde de la piscina a conversar. Tamara explica el por qué de la piscina seca. Señala la intención de pintarla, mientras nosotros debíamos luchar por aguantar la risa. El papel de joven matrimonio, el trato entre ellos, tan amorociento, no dejaba de causarnos risa, a pesar de que estábamos tensamente alertas. A medida de que transcurría el diálogo, la tensión bajaba, ya que todo dejaba ver que se iría pronto. Se le invita a almorzar – no lo queríamos creer – ya que vendrían más invitados. “No gracias. Los dejo solos para que atiendan a sus amigos”. ¡Uf’! ¡Que alivio, ya se fue!”.

Una nueva situación de tensión se vivió durante el almuerzo, cuando repentinamente el grupo de jefes irrumpió al unísono en cada habitación con un: “¡Ya viene!”. Solo tardaron dos minutos en tener todo listo y estar en perfecta formación esperando la orden de salida. Entró “Ernesto” y aclaró que todo había sido un simulacro y que podían continuar en calma. Pero el almuerzo ya no sabía lo mismo. La tarde continuó lenta y a las 19.00 se tuvo la certeza de que el domingo sería el día.

Ese domingo 7 de septiembre amaneció despejado, augurando la llegada de la primavera. Los combatientes apenas habían almorzado, pues el alto nivel de adrenalina les había inhibido el apetito. Desde ese momento solo restaba esperar. En unas pocas horas las vidas de todos ellos cambiarían para siempre. Ya nadie estaba para bromas. Todo era concentración. Todo estaba previsto. Cada combatiente conocía incluso el lugar físico en donde se ubicaría -había sido revisado la noche anterior en un pequeño paseo a la cuesta misma-, ya “Javier” había vuelto a ser “Javiera”, esta vez con mayor dedicación que la semana anterior. Todos los detalles se habían pulido casi hasta la perfección.

“Alonso” recuerda; “Jorge nos hizo salir y formarnos en el largo pasillo de la casa. Cada uno de los Jefes hizo lo mismo con sus grupos. Formamos una larga línea en posición firmes, y cada uno con su fusil en sus manos quedamos de frente a Ernesto y Tamara. El silencio se hizo y Tamara echó a andar una grabadora; “Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su futuro. Superarán otros hombres este momento gris y amargo”. Allende nos hablaba; ya no era el nudo en el estómago ni las lágrimas nublando nuestros ojos. ¡Mierda, Pinochet, hijo de puta! Cuánto dolor y sentí cómo nos corrían las lágrimas por nuestras mejillas. Apostamos firme nuestros fusiles contra nuestros pechos. Quisimos gritar ¡Milicos traidores!. Gritábamos en nuestros corazones y Ernesto, con emoción contenida: “Hermanos: somos esos otros hombres de los cuales habló Allende. Ya no es sólo el metal tranquilo de su voz sino también el metal de las nuestras. Si es preciso morir por terminar con el tirano, ¡Adelante! La historia cambiará y será ella la que sitúe la gesta de Allende y nuestra acción de Patria Nueva en el sitial de honor que corresponde”.

El sonido del teléfono cerca de las 18:15 cortó el aire de tensa espera en la Casa de Piedra. La ciudadana suiza Isabel Mayoraz alertaba al “comandante Ernesto” que la comitiva del general Pinochet pasaba por San José de Maipo en dirección a Santiago. Desde la ventana del segundo piso de la Hostería “Inesita” tuvo la vista perfecta para cerciorarse de que estaba en lo correcto. –¡Vamos!- gritó el comandante.

“Marcos al igual que otros agarró el bolso repleto con los fusiles, otro una bolsa de supermercado conteniendo granadas”, señala “Alonso”. “Tamara estaba en la puerta deseándonos suerte”.

“Mientras abordábamos los vehículos, pude ver a la Lily llevándose las ollas donde cocinó para nosotros durante esas semanas”, cuenta Fabiola. La vio alejarse junto a “Tamara”.“Las dos lloraban a moco tendido”, recuerda.

Hubo un tiempo preciso para tomar ubicaciones. “Ernesto” recalcó: “Dos motos, cinco autos, ya salió el grupo de Joaquín”. “Ramiro”, de mayor experiencia que “Alonso” le ofreció chicle y le preguntó cómo estaba. –Bien– atinó a decir.

El primer vehículo en salir de la parcela fue la camioneta Toyota Hilux del Grupo de Retaguardia, conducida por “Joaquín”, seguida por el jeep Land Cruiser conducido por “Alonso”, en que iba el grupo de asalto N° l y el “comandante Ernesto”. Luego el Nissan Bluebird beige, conducido por “Víctor”, del grupo de asalto N° 2 y finalmente el Peugeot Station con la casa rodante conducido por “Milton”, que haciendo un mal cálculo golpeó una hoja del portón, hasta que maniobrando pudo salir correctamente.

Por la mente de “Alonso” desfilaban las ideas; “Yo pensaba como todos: “Aquí vamos”. Me imaginaba cómo serían los famosos comandos, y recordaba al Tirano, su cara, y me concentraba aún más. Recordé los compromisos que habíamos hecho; si estas gravemente herido y puedes mantenerte, yo te saco, nadie de nosotros quedará ahí tirado con vida, no permitiremos que se ensañen con nuestros heridos. No olviden los pitazos de retirada. Del lugar mismo estábamos a menos de un minuto”.

“Fabiola”, la única mujer del grupo, viajaba en silencio; “Cuando uno espera algo que desea mucho, pero que de alguna manera no quiere que ocurra, porque sabe que en ello se le va la vida, se produce una contradicción compleja. Sólo el compromiso político-ideológico y la confianza en nosotros mismos, nos permitió superar esa contradicción. La tarde de aquel domingo, sabíamos que cuando llegáramos a ese lugar ya no habría vuelta atrás”.

“Alonso”; “Llegamos a la zona del Mirador y todos comenzaron a subir el cerro, cada uno con sus bolsos deportivos, a su posición establecida. Vire en U y vi venir a Milton junto a Javier-Javiera. Me saludaron. En la casa rodante iba Jorge con David. Mientras di la vuelta, vi que ambos se bajaron, Milton continuó y el resto de mis compañeros se perdieron en la ladera del cerro. Salí de la ruta, me bajé y subí al terraplén de una antigua línea férrea. Cerca había una iglesia evangélica en la que se podía oír que estaban en asamblea. Ya en nuestras posiciones Marcos fue dejando los fusiles de cada uno en fila y detrás de él otro compañero iba poniendo en el piso las granadas de mano que traía en la bolsa”.

La “Operación Siglo XX”, tendría su punto culmine aquella tarde de septiembre de 1986, en la cuesta Las Achupallas, en el Cajón del Maipo. Cuatro grupos de frentistas perfectamente distribuidos en las laderas de los cerros circundantes a la carretera se aprestaban a disparar sobre la comitiva de Augusto Pinochet.

El primer grupo denominado de “Contención y Choque”, tenia como misión bloquear el avance de la comitiva y estaba a cargo de Rodrigo Rodríguez Otero, “Jorge”, acompañado de Arnaldo Arenas Bejas, “Milton”, Héctor Maturana Urzúa, “Javier”, y Cristian Acevedo Mardones, “David”.

El segundo grupo era el “Grupo de Asalto Nº 1”, y su misión era disparar sobre la comitiva. Era comandado por Julio Guerra Olivares, “Guido”, secundado por Adriana Mendoza Candia, “Fabiola”, Lenin Peralta Véliz, “Oscar”, y otros dos frentistas; “Juan” y “Rodrigo”.

El tercer grupo también era de “Asalto”; estaba a cargo de Mauricio Hernández Norambuena, “Ramiro”, y lo conformaban además Jorge Angulo González, “Pedro”, Alexis Soto Pastrián, “Marcos”, y otro militante identificado solo como “Fabián”.

El último contingente se denominó “Grupo de Retaguardia” y estaba a cargo de Mauricio Arenas Bejas, “Joaquín”, secundado por Juan Ordenes Narváez, “Daniel”, Juan Moreno Ávila, “Sacha”, y un frentista de nombre político “Alejandro”.

El “comandante Ernesto” se ubicó unos metros sobre los dos grupos de asalto, portando un fusil M16, y un lanzacohetes Low, en tanto, los conductores de los vehículos; Víctor Díaz Caro, “Alonso”, y Héctor Figueroa Gómez, “Víctor”, actuarían en las inmediaciones del lugar.

“Fabiola”; “Cada combatiente tenía un fusil M-16 con varios cargadores, granadas caseras de amongelatina con abundantes esquirlas, además de lanzacohetes Low. Nos vestimos con ropa de calle y buzos encima para no ensuciarnos en el lugar. La idea -en el remoto caso que alguien sobreviviera- era romper el cerco y lograr la normalidad en las calles de Santiago. Partíamos de la base que la escolta de Pinochet, compuesta por fuerzas de élite ofrecería una resistencia férrea. Para sorpresa nuestra, todo fue muy diferente”.

“Javier”, quien se encontraba vestido de mujer, recuerda; “En mi disfraz improvisado guardaba mis cargadores de treinta tiros y mi fusil listo para comenzar. Mi misión era atacar la comitiva por la derecha, al lado del mirador, ya no había nervios, sólo quedaba enfrentar y asumir”.

A las 18.30 hrs. de esa tarde el grupo de “Contención”, “Retaguardia”, más los dos de asalto ya estaban en sus posiciones. “Alonso” se parapetó al igual que los demás miembros de los dos grupos de asalto; “De pronto abajo, a lo lejos se ven unas balizas, y pensé ¡Cresta la primera moto!. Tomamos posiciones. Víctor corre con su fusil SIG. Yo tengo mi M-16, apuntamos a la primera moto. Jorge se para en medio de la calle. Detrás de él Milton cruza la Peugeot con la casa rodante. Jorge apunta su LAW al primer vehículo escolta y su memoria auditiva registra un instante que la da la orden de apretar el disparador. Más de veinticinco M-16, manipulados a una sola orden. ¡¡¡Tac!!!, y Jorge solo frente al mundo con un lanzacohetes que no funciona, vuelve a apretar el disparador. Ya no hay tiempo. Milton y Javier lo cubren disparando sus fusiles. Yo tengo en la mira al primer motorista, pero no escuchaba los disparos. Ya casi frente a mi, ya yéndose, empiezo los tiros, apunto más adelante, yo disparo, él acelera, lo veo que zigzaguea, Víctor me grita que se le trabó el fusil. Corro un poco, apunto, disparo, son cuarenta o cincuenta metros y veo que el segundo motorista se sale de la ruta, entrando con moto y todo en un pequeño restaurante ubicado a un costado de la calle. Atrás todo es tiros y explosiones y nadie del enemigo combate”.

Infografía del atentado

El primer automóvil de la comitiva, un Chevrolet Opala conducido por el sargento Luis Córdova se detuvo con el chofer muerto en su interior. El Mercedes Benz donde viajaba Pinochet y que seguía al Opala inició el retroceso.

“Rodrigo”, integrante del segundo grupo de asalto, apuntó su fusil al vehículo que escapaba; “Cuando lo rafagueo, el tipo por la puerta lateral respondió, vacié el primer cargador y volvió a responder, obligándome a correrme un poco. De reojo podía ver algo como se desarrollaba el combate. Una de las cosas que más me extrañó fue ver a Ernesto y Ramiro disparando de pié, lo que me dio confianza para arrodillarme”, señala.

Uno de los cohetes, lanzado por “Ramiro” golpeó en el techo de otro vehículo y lo partió como un abrelatas. En tanto, el jefe de la escolta presidencial, Roberto Mc Lean, se arrojó hacia el precipicio, mientras las balas y las granadas caseras seguian cayendo como lluvia.

“Alonso” escribiría dos años más tarde; “Todos se desahogan. Se insulta a los “mejores” como nunca los habían insultado. Mientras toma su M-16, Milton ya se cansó de putearles la madre. Jorge los putea más aún y los conmina a rendirse. Desde arriba, un compañero nuestro cree que los escoltas nos hablan de rendición y grita “Nunca, maricón”. Se derrumban los Cobras, los Manchados, los cintas negras, los boinas de todos colores. Allí estábamos de igual a igual, nosotros, combatientes del pueblo, armados no sólo con fusiles sino con conciencia revolucionaria, y ellos, los profesionales de la guerra, los acostumbrados a torturar a chilenos desarmados, los buenos para apretar el gatillo siempre y cuando del otro lado no les apuntaran, cagados de miedo, y apendejados hasta lo último”.

“Javier” confirma; “De pronto mi jefe me grita “Javier!!, se están tirando por el barranco!!, corre a cubrir el flanco derecho!!!. Salté la baranda del mirador, caí en las zarzamoras, trepé por ellas tratando de hacer puntería en los soldados que se rajaban del combate. No vendrían de vuelta, eso era seguro pensé, así que volví a la carretera”.

Cuando esto ocurría, el grupo de Retaguardia abrió fuego contra un vehículo de carabineros que controlaba el flujo vehicular y que, al oír los primeros disparos, se dirigió hacia los hechos. Los dos carabineros quedaron heridos. “Joaquín”, líder del grupo de retaguardia, vio maniobrar al último vehículo de la comitiva y disparó su LAW. El cohete dio en el techo, a un costado del vehículo, sólo hundiendo el blindaje del Mercedes. El segundo cohete no salió.

Inmediatamente ordenó al resto del grupo bajar a la carretera y descargan sus fusiles sobre el vehículo. Le metieron algunas granadas que estallaron remeciéndolo apenas. Una de las detonaciones levantó a “Joaquín” haciéndolo caer sobre el Mercedes en el que viajaba Pinochet. Este golpeó a la camioneta del “Grupo de Retaguardia” que le cerraba el paso y girando en U logró escapar raudamente.

El automóvil de Pinochet enfiló desesperadamente de vuelta al Melocotón. El combate había terminado. A las 18.41 hrs. de esa tarde, el “comandante Ernesto” haciendo sonar un silbato, dio la señal que indicaba la retirada del grupo.

Fabiola; “Recuerdo el momento previo a la retirada cuando el comandante Ernesto nos ordenó no rematar a los escoltas heridos. Era un soldado con un profundo sentido del honor militar, incapaz de asesinar a alguien indefenso”.

La “Operación Siglo XX” costaría la vida de cuatro escoltas presidenciales, pero no conseguiría su objetivo principal: acabar con la vida de Pinochet, quien milagrosamente escaparía ileso.

“Alonso”; “Hasta ese momento solo el grupo de Joaquín sabía que un vehículo se había ido. Todos los demás creíamos haber cumplido con éxito la misión. Subimos todos a los vehículos y salimos en caravana”.

EL ATENTADO A PINOCHET, (SEGUNDA PARTE)

El escape, según la reconstitución de los hechos

Los frentistas, simulando ser agentes de la CNI que evacuaban heridos y ayudados por la ineficiencia de los controles policiales, lograron escapar rumbo a Santiago sin ninguna baja en sus filas.

Sobre la huida, “Alonso” describe; “Pusimos balizas sobre el techo, una sirena policial y los fusiles con sus cañones afuera. Los minutos eran eternos. Tres, cuatro, cinco o seis, no recuerdo. Íbamos a ciento cuarenta, o ciento cincuenta kilómetros por hora. Nos aproximamos al Retén de Las Vizcachas, a sabiendas de que el primer motorista ya los había alertado. Cada uno de nosotros, conciente del nuevo combate que se nos venía, como podía recargaba sus armas. Los pacos tenían la barrera metálica atravesada en el camino y vestidos con casco de acero, chalecos antibalas, y con sacos de arena formando trincheras. Pude ver al motorista que se pasó. De repente un paco corrió y levantaron la barrera, nos saludaron, y pasamos a toda velocidad. No lo queríamos creer. El engaño funcionó. En el camino nos cruzamos con los radiopatrullas, los autos de la CNI, del GOPE, y algunos se detenían, obligados, a la vera del camino para abrirnos paso. Nosotros seguíamos contando kilómetros y vehículos con sirena, eran más de treinta. Había que salir de ese camino y sólo se podía por una calle de tierra que daba al 24 o 25 de Vicuña Mackenna. Entré a toda velocidad a una bencinera ubicada allí, buscando la salida a la calle lateral, por donde habían doblado mis compañeros. Al cabo de unos minutos ya estacionaba la camioneta en el 25 de Vicuña. Todos se bajaron. Ramiro se quedó conmigo, al último. Cerramos y saqué la Biblia con un póster de Jesucristo que me había acompañado durante la semana. De ahí nos fuimos rumbo a nuestras casas. Demás está decir lo que sentimos esa noche, al ver al tirano por televisión”.

Pinochet minutos después del ataque

Una Nueva Falla

La emisión normal de TVN fue interrumpida. Por breves segundos salió al aire un insólito mensaje que no fue entendido por la mayoría de los chilenos, que al anochecer seguían impactados los pormenores de lo ocurrido aquel domingo 7 de septiembre de 1986.

Cítase al club deportivo Papillón a su sede– repitió una voz en off en dos ocasiones consecutivas.

El llamado fue comprendido por los temidos comandos “Cobra” del ejército, quienes rompieron sus rutinas y se trasladaron de cualquier forma hasta la residencia presidencial del Melocotón. Eran aproximadamente las 19 hrs. y Augusto Pinochet estaba inquieto tratando de explicarse lo que había pasado 20 minutos antes.

En España, el folclorista chileno Patricio Manns daba a conocer lo sucedido a las agencias internacionales de noticias. Actuando como vocero del FPMR informó que ese movimiento había atentado contra el entonces Comandante en Jefe del Ejército con el fin de darle muerte.

Entretanto los autores de la emboscada descendían velozmente hacia Santiago. Viajaban a bordo de vehículos semejantes a los que usaban las fuerzas de seguridad, con balizas en movimiento, y las armas en ristre. Por ello habían logrado hábilmente burlar las barreras de seguridad y escapar. Llegando a La Florida, cambiaron las ropas, ocultaron los fusiles y uno a uno fueron descendiendo de los vehículos en fuga para dirigirse a casas de seguridad previamente establecidas. La “Operación Siglo XX”, cuidadosamente urdida por la cúpula del FPMR, había fracasado.

Esa tarde, casi la totalidad de la Dirección Nacional del FPMR se encontraba acuartelada en una casa cercana a avenida Cristóbal Colón con Manquehue, en plena comuna de Las Condes. La mayoría de los dirigentes reunidos allí nada sabían de la operación del Cajón del Maipo. Sabían que algo importante estaba en marcha, por algo estaban ahí, pero pocos conocían la razón exacta. “José Miguel”, su líder máximo, había optado por restringir el secreto para evitar filtraciones.

El misterio comenzó a develarse cerca de las ocho de la noche, cuando un extra de Televisión Nacional interrumpió la transmisión habitual para dar la noticia. Pinochet y su comitiva habían sido víctimas de un “ataque terrorista”.

Luego de conocido el desenlace, en esa casa de acuartelamiento el ambiente era lo más parecido a un funeral, como relataría un testigo. José Miguel apenas hablaba, Daniel Huerta, Arturo, Aurelio, Benito y otros comandantes comentaban entre ellos lo sucedido. Solo Aureliano, conocido por todos como “Bigote” se atrevió a maldecir en voz alta. Estaba furioso, sobre todo al momento en que Pinochet apareció en televisión desmintiendo su muerte.

– Conchadesumadre, yo debí haber estado ahí, a mi el viejo no se me escapa, gritó Bigote frente a la imagen de Pinochet .

En Harare, Zimbabwe, Fidel Castro finalizaba su participación en la XIII Cumbre de Países No Alineados. De regreso a Cuba, hizo una corta escala en Belgrado, Yugoslavia. El escritor cubano Norberto Fuentes, quien viajaba con el comandante en jefe, recuerda que el día 8 la comitiva se hospedaba en una elegante residencia oficial; “Fidel estaba en el segundo piso, conversando con el viceministro Pascual Martínez. Se abrió la puerta y entró el ministro José Abrantes, quien se acercó y le dijo: ‘Comandante, falló la emboscada a Pinochet’. Fidel lo escuchó en silencio y rápidamente se levantó, para ir con Abrantes a un despacho vecino”.

Por entonces miembro del entorno más cercano de Castro, Norberto Fuentes afirma que en los días previos a esa escena Castro “estaba obsesionado con matar a Pinochet. Lo repetía y repetía sin parar. Era un tema que se conversaba mucho en los círculos de inteligencia cubanos”.

Ahora, durante esa estancia en Belgrado, el hombre más poderoso de Cuba acababa de enterarse que el FPMR no había logrado acabar con Pinochet, pese a que La Habana había apoyado el plan con armas y entrenamiento, además de llevar un fino registro de la preparación de la emboscada.

Rápidamente, la indignación cundió en el gobierno de la isla y en sus organismos de seguridad, donde todas las críticas apuntaron a la “incompetencia” con que se hizo la emboscada de aniquilamiento contra “el tirano chileno”. Una apreciación que varios frentistas tuvieron que aceptar.

A juicio de Lázaro Betancourt, el mejor ejemplo de la molestia por el fracaso del atentado es que, luego de ocurrido, no volvió a ver chilenos en los centros guerrilleros cubanos. “A contar de 1987 desaparecieron”, cuenta. Y agrega; “Inexplicablemente, a ultimo momento usaron cohetes Low norteamericanos, pese a que disponían de lanzacohetes rusos RPG7, con los cuales habían realizado todo el entrenamiento, los que habrían destrozado el auto de Pinochet. Lo peor es que los RPG7 fueron encontrados intactos por la represión chilena escondidos en cuevas. El otro error de los chilenos fue empezar el atentado con fusilería y rematarlo con explosivos, cuando debió haber sido al revés”.

La CIA coincide en la apreciación de Betancourt. En un informe desclasificado de abril de 1988 se consigna: “El intento de asesinato a Pinochet fracasó porque muchos de los miembros del FPMR que participaron en el ataque usaban por primera vez los fusiles M-16. Otra razón del fracaso es que se utilizaron fusiles como primera fuerza de ataque, en vez de explosivos y lanzacohetes”.

Los cubanos no olvidarían la derrota del FPMR. En 1996, durante un curso de explosivos en la base Punto Cero los instructores cubanos mostraron un video sobre el atentado a Pinochet, como parte del curso. Entre los asistentes estaba Lázaro Betancourt. “Lo mostraban como el mejor ejemplo de un atentado mal hecho”, relata el ex oficial cubano. La cinta incluía una edición de los especiales de prensa realizados en Chile sobre el tema.

La fallida emboscada también produciría profundas molestias dentro de los altos mandos del PC chileno. Luis Corvalán escribió años más tarde; “La posibilidad de que no explotaran dos de los cuatro cohetes es cosa que debía haber entrado en los cálculos. No se tuvo en cuenta que eso pudiera acontecer. Más aún, no se previó la vuelta en 180 grados que hizo el chofer del vehículo de Pinochet y, por lo mismo, no se cubrió la retirada, no se apostó gente para salirle al paso cuando regresaba a El Melocotón. Esto quiere decir que la jefatura militar no estuvo plenamente a la altura de la empresa que acometía. Con todo, la responsabilidad principal está en la dirección política. En primer y último término, en dicha dirección todo debió preverse. Ello exigía de su parte conocimientos militares de los cuales carecía”.

José Valenzuela Levi, el hombre a cargo de la emboscada en el Cajón del Maipo, era uno de los más preparados combatientes del FPMR entrenados en Cuba. Por eso, hasta hoy algunos ex compañeros de armas se preguntan cómo pudieron cometerse tantos errores durante la operación, como desobedecer la orden expresa del PC de que militantes sin formación militar no participaran. “Se invitó a gente que no debía haber estado”, señala un ex dirigente comunista.

Un ex frentista que se formó con Valenzuela Levi en la Escuela Militar de Bulgaria afirma que la negligencia fue de un equipo de apoyo que no entregó los RPG-7 en estado operativo para la emboscada. El LAW era más moderno, pero requería una más prolija mantención que el RPG-7. Unido al mal cálculo de las ojivas necesarias para batir con seguridad un objetivo, el mal estado de los LAW hizo que un impacto directo al coche de Pinochet no explotara.

Hubo también una deficiente planificación para bloquear la huida del vehículo presidencial, lo que incluso sorprendió a Pinochet: en su retirada, el general se persignó antes de cruzar cada uno de los tres puentes que lo separaban de El Melocotón. “No podía creer que un atentado de esa magnitud no hubiese estado preparado con todo, es decir, con la posibilidad de que retrocediera y, por tanto, que hubiese gente esperándolo para rematarlo, o que hiciera detonar una bomba”, contó en 1992 un amigo del ex gobernante a la revista Qué Pasa.

Según un ex fusilero frentista, Valenzuela Levi había planificado minar con explosivo plástico T4 -de origen checo- uno de los puentes, que sería accionado a distancia en caso de que Pinochet huyera. “Pero las cargas no se pusieron por falta de tiempo”. De haber sido así, el auto presidencial literalmente habría volado por los aires.

Según el Fiscal Fernando Torres Silva, quien investigó el caso, hubieron muchos aspectos difíciles de creer: “Él (Pinochet) pensó que ahí moría y como tal su intento fue bajarse del vehículo, lo que habría sido fatal. Con lo que no contaron, quienes intentaron matarlo, primero fue con la resistencia de los vehículos. Porque quienes participaron en el atentado y a los cuales interrogué por cientos de horas, me decían ya en un tono de confianza: “Si hasta nos reíamos. Era como en las películas. Uno le disparaba y parecía que las balas no salían”. Les disparaban a los neumáticos, y salían las balas para todos lados. Se preguntaban ¿Qué pasa con estos vehículos o qué pasa con las balas?. Ese cohete LAW que le da en el auto a mi general y que no explota, es increíble. Se triza el vidrio y lo milagroso es que no explotó. Ahora, los técnicos dicen: esto no es milagro, sino que se disparó muy de cerca y no alcanzó a armarse el mecanismo interno”.

El propio Pinochet también recordó, años más tarde, detalles del atentado; “Yo lo vi cuando me disparó a un metro veinte… un metro y medio… salió un señor de una camioneta con un fusil M-16 y me apuntó. Le vi la cara. Un tipo sudoroso, de pelo corto”.Dijo que una vez que el fusilero le apuntó “me disparó con mala suerte para él y buena para mí… porque luego del primer tiro se le viró el fusil, porque en esos fusiles hay que poner la mano encima para que no se levante mucho”.

Pinochet dijo tener grabados en su memoria los sucesos ocurridos el 86, y añadió que el frentista disparó un tiro y la ráfaga se fue hacia arriba, solamente perforó un vidrio. Luego recordó que su vehículo dio marcha atrás y logró escapar del fuego cruzado que tres grupos de frentistas disparaban sobre él.

Para Pedro Arrieta, edecán de Pinochet; “El rol del chofer del vehículo fue vital. El era un muchacho joven, era primera vez que manejaba para el general Pinochet y actuó con una sangre fría extraordinaria”. El conductor aludido era el cabo segundo Oscar Carvajal Núñez quien marcha atrás y en un espacio reducido, flanqueado por fuego cruzado, logró zafarse del ataque de los frentistas. El ex edecán no dudo en decir que “el general Pinochet está vivo gracias al chofer, a todo el aparataje de escoltas que dieron sus vidas y que permitieron el retroceso del vehículo”.

Reaparece El Fiscal

Inmediatamente después del atentado, en Santiago se decretó estado de sitio y toque de queda. Decenas de personas fueron detenidas por la CNI, entre ellos numerosos dirigentes políticos y sociales. La investigación comenzó de inmediato y estuvo a cargo nuevamente del fiscal militar Fernando Torres Silva, quien luego de investigar el asalto a la Panadería Lautaro y la internación de armas de Carrizal Bajo se había convertido en un experto analista del FPMR.

Fiscal Fernando Torres Silva

Las distintas ramas de la policía también se volcaron inmediatamente a la búsqueda de los autores de la emboscada. Los detectives del grupo “Jaguar” ya tenían, por lo menos desde un año antes, algunos datos de importantes miembros del FPMR, labor a la cual se sumó en 1986 el aporte de la Brigada Investigadora de Asaltos (BIA).

Uno de los principales logros de los hombres de “Jaguar” había sido identificar y captar en imágenes a Cecilia Magni Camino, la “comandante Tamara”, implicada hasta ese momento en atentados explosivos a torres de alta tensión. También la casa cuartel del FPMR en La Obra no tardó en ser detectada y se procedió inmediatamente a la toma de huellas dactilares y recolección de evidencias.

Luego de un par de días de ocurridos los hechos, la investigación derivó en la identificación de la persona que había arrendado el inmueble de La Obra, pues este había realizado los trámites con su verdadera identidad. Su nombre era César Bunster Ariztía. Lamentablemente para la policía, en ese momento Bunster ya se encontraba fuera del país.

A pesar de ello, la confirmación oficial de la participación de Bunster en la operación vino de Italia, solo diez días después del atentado, y dio la vuelta al mundo en los teletipos de las agencias internacionales. Se trataba de la primera entrevista concedida a un medio de prensa por uno de los frentistas que reconocía su participación en los hechos.

Publicada el 17 de septiembre por el Corriere Della Sera, el entrevistado no dio su nombre, pero sí sus señas: era hijo -dijo- de un destacado político del gobierno de la Unidad Popular que había sido criado en el exilio. Eso y los contratos que firmó en Chile bastaron para que los servicios de inteligencia confirmaran que el entrevistado no era otro que el propio Bunster.

César Bunster Ariztía

Paralelamente en Santiago, la luz que permitió acelerar las diligencias sólo se produjo a casi dos meses de ocurridos los hechos. Hasta mediados de octubre, los agentes del laboratorio de criminalística de investigaciones ya habían revisado más de un millón de impresiones dactilares sin resultados positivos. Solo faltaba revisar los archivos de la CNI. Luego de arduas negociaciones los detectives obtuvieron la autorización, sin dar mayores datos a los agentes de ese servicio de seguridad.

Dentro de estos archivos los detectives encontraron finalmente una huella que coincidía con las encontradas en una botella de Coca Cola en la casa de La Obra. Fue así como a 43 días de ocurrido el atentado los agentes se encontraron en poder de la identidad de uno de los participantes directos del ataque; Juan Moreno Ávila, “Sacha”.

En la noche del 21 de octubre de 1986, “Sacha” fue detenido en una casa que arrendaba en la comuna de Maipú. Al ser interrogado y duramente tratado en dependencias de la BIA no tardó en reconocer su participación en la “Operación Siglo XX”. Sus confesiones llevaron a primeras horas del día siguiente a la detención de sus compañeros Lenin Peralta Véliz, Jorge Angulo González, Arnaldo Arenas Bejas y Víctor Díaz Caro, cuando estos se aprontaban a realizar trabajos de acondicionamiento físico en los alrededores del Parque O’Higgins. Sus extensas declaraciones extrajudiciales ante el fiscal Torres Silva confirmaron lo que la policía buscaba; habían participado en el atentado como combatientes del FPMR.

“Sabe porque fue detenido?”, –“Por el atentado al tirano”, –“Quién es el tirano?”, –“Pinochet es el tirano”, declaró escuetamente “Sacha” ante el tribunal.

Juan Moreno Ávila, “Sacha”, el primer detenido en el caso

Víctor Díaz Caro durante la reconstitución del atentado

En noviembre de ese año también fueron aprendidos Marcial Moraga Contreras, quien trabajaba en el grupo encargado de mantener el armamento y más tarde su jefe directo, el dibujante técnico Vasily Carrillo Nova, “Matías”. En el caso de este último la detención se produjo en medio de un violento forcejeo, ya que Carrillo al verse cercado ofreció tenaz resistencia, debiendo ser esposado de pies y manos por los agentes.

Vasily Carrillo, jefe de armamento del FPMR

A finales de 1986 también fue detenida casi la totalidad de la unidad médica que había montado una clínica clandestina para atender a los rodriguistas que pudieran resultar heridos en la operación. La unidad estaba a cargo del médico Manuel Ubilla Espinoza, conocido como el “comandante Marcelo”, el frentista de mayor rango detenido hasta esa fecha.

Aunque muchos de los combatientes que habían participado de la “Operación Siglo XX” ya habían abandonado el país, pasados cinco meses y medio caería un sexto participante directo, esta vez por obra de la CNI.

Fue en la noche del 19 de febrero de 1987, en la comuna de La Florida, cuando Mauricio Arenas Bejas, “Joaquín”, advirtió que lo estaban siguiendo. Viajaba como pasajero de un taxi, cuando el vehículo se vio interceptado por los agentes, quienes cruzando sus vehículos lo conminaron a bajar. Este lo hizo disparando la pistola Colt que portaba, en una acción abiertamente suicida.

Las ráfagas de los agentes le fracturaron ambas piernas, y una de ellas se alojó incluso en su cabeza, siendo reducido luego de un tiroteo que se extendió durante casi una hora. “Joaquín” sobrevivió milagrosamente.

No hubo novedades en el proceso hasta dos años y medio después de ser iniciado. Héctor Maturana Urzúa, “Javier”, y Juan Andrés Ordenes, “Daniel”, habían regresado solo hace un par de meses a Chile para reintegrarse al Frente. Estaban en Talca esa mañana del 11 de abril de 1989, cuando decidieron divertirse un momento en un local de juegos electrónicos. Por azarosa coincidencia, en el local los frentistas fueron controlados por tres carabineros de civil, produciéndose un enfrentamiento que terminó con la muerte del subteniente Juan Carlos Amar. Luego del escape, “Javier” fue reducido cuando abordaba un taxi en el centro de la ciudad, en tanto “Daniel”, luego de una hora de desesperada huida, fue alcanzado por carabineros en un camino rural de la localidad de Itahue. Ambos habían enfrentado temerariamente a las fuerzas de seguridad, resultando con lesiones de de diversa consideración.

Enfrentados al fiscal Torres Silva, ambos reconocieron su participación en el “intento de tiranicidio”, como ellos lo denominaron.

Juan Ordenes Narváez o “Daniel”

Muchos de estos frentistas -que llegaron a enfrentar incluso la pena de muerte- escaparon de prisión el 29 de enero de 1990, en la denominada “Operación Éxito”, dejando inconcluso el proceso judicial que el fiscal Torres Silva, en vista de la falta de nuevas evidencias, debió cerrar a fines de ese mismo año.

 

Frentistas detenidos participan en la reconstitución

Los Fusileros

Tras el fallido atentado a Pinochet, la CNI y los organismos policiales iniciaron una infructuosa cacería para encontrar a los 21 fusileros del FPMR que participaron en la llamada “Operación Siglo XX”. Sólo el 22 de octubre, Investigaciones detuvo a Juan Moreno Ávila, “Sacha”, fusilero del grupo de contención. Pero la captura de “Sacha” les habría parecido insignificante de haber sabido que el sábado 20 de septiembre, 11 de los 21 chilenos más buscados del país se reunieron en la parrillada “Don Lalo”, ubicada en Irarrázaval con Campos de Deportes. Hasta el restaurante ñuñoíno los fusileros habían sido convocados por “Tamara”, y el “comandante Ernesto”. Los asistentes a la cita escuchaban atentamente las palabras de la joven rubia: “La orden es salir de Chile”.

El anuncio de “Tamara” no sorprendió a los presentes entre los que se encontraban “Rodrigo”, “Juan” y “Fabián”. Otros, como Juan Moreno Ávila, manifestaron su deseo de quedarse. “Puedo dar más acá”, explicó “Sacha”, sin saber que los peritos policiales ya habían identificado una de sus huellas dactilares en la casa de La Obra. Un mes más tarde fue apresado y bajo fuertes apremios debió confesar la rutina de algunos de sus compañeros del atentado.

Muchos de los que oían a “Tamara” en la parrillada no superaban los 21 años, entonces la mayoría de edad legal. Compungido, uno de ellos le dijo a Mauricio Hernández Norambuena, “Ramiro”, su jefe en la Unidad 503 en la emboscada: “Soy menor de edad y mis viejos ni cagando me darán permiso”. “Rodrigo” recién tenía 18 años y estudiaba Historia en el Pedagógico. “Eso lo solucionamos”, lo tranquilizó “Ramiro” riendo. Su familia no volvería a saber de él hasta mediados de 1989.

Tras concertar futuros encuentros con cada fusilero y darles instrucciones para obtener documentación falsa, “Tamara” dio por finalizada la asamblea con una breve frase, asegura Héctor Maturana o “Javier”, uno de los fusileros: “Aunque quieran desarmarnos, no lo lograrán”.

“Entonces no comprendimos el alcance de sus palabras. Pero cuando los problemas con el Partido se agudizaron volvimos a recordarlas”, dice Maturana, residente en Bélgica desde 1994, cuando le fue conmutada la pena de presidio perpetuo por extrañamiento.

Los jóvenes desconocían que tras la fallida emboscada, la dirección del PC evaluó con preocupación la “autonomía” con que operaba el Frente y decidieron intervenir la organización armada porque sentían que se les escapaba de las manos. En los días siguientes, los ocho fusileros que debían salir del país fueron llevados a una casa del FPMR en La Reina Alta, donde les proveyeron de documentación falsa y se encontraron con “Tamara”, quien les dio dinero y las rutas de salida. La mayoría partió a Argentina en parejas por el paso Puyehue en Osorno. El resto cruzó la cordillera por el paso Los Libertadores.

A “Rodrigo” -quien actuó en el atentado con esa chapa y jamás fue identificado en la investigación del fiscal Torres- y Héctor Maturana les tocó hacerse pasar por estudiantes que iban a conocer Bariloche. Vestidos a la moda, con zapatillas Ocean Pacific, jeans Wrangler y camisas amasadas, compraron una cámara fotográfica para acentuar el “look” universitario.

En la frontera con Argentina bajaron del bus junto a los demás pasajeros. Mientras esperaban que el resto pasara por Aduana, observaron a un carabinero del retén fronterizo y se les ocurrió una idea: – Oye, ¿te querís sacar una foto con ese paco? -dijo “Rodrigo” entusiasmado. – ¡Ya! -respondió Maturana observando a un efectivo policial. –Capitán, ¡sáquese una fotito con mi compadre! De lo contrario, ningún amigo nos va a creer que fuimos a Argentina. El carabinero aceptó la propuesta arreglándose el uniforme. Nunca se enteró cuán cerca estuvo de los hombres que emboscaron a Pinochet.

La audaz foto de Maturana Urzúa

El 30 de septiembre, la totalidad de los fusileros ya estaba en Buenos Aires, alojados en los hoteles Alfa y Callao, en el centro de la ciudad.

Allí se reunieron con una militante del Frente, quien les entregó pasaportes chilenos con identidades falsas y les dijo que partirían a Moscú. Además, les dio distintas sumas de dinero para el encargado financiero de la dirección del PC chileno en la Unión Soviética. “Fabián” recuerda que la mujer le dijo: “Cuando estén en Moscú lo más probable es que hablen con gente del Comité Central. Les pido encarecidamente que digan que son de la Jota y no del Frente”. Era otra señal de que los problemas entre el PC y los comandantes del FPMR aumentaban.

A fines de octubre, los fusileros viajaron rumbo a Moscú por separado vía Madrid, Roma y Frankfurt. En las escalas que debieron efectuar en Europa se enteraron por los diarios de la detención de sus compañeros en Chile.

Finalmente llegaron a Moscú y se hospedaron en el Hotel Oktober, que pertenecía al Estado y estaba destinado a las “visitas no oficiales”, miembros de movimientos guerrilleros de África, Centroamérica y Latinoamérica que debían mantener su estadía en la URSS en el anonimato. Los encargados de atenderlos interrogaron a algunos de los frentistas sobre la Operación Siglo XX. “Se mostraban especialmente interesados en saber por qué habían fallado los cohetes Low”, asegura “Juan”, miembro de la Unidad 502. En sus breves estadías en el Oktober, los fusileros se reunieron con Hugo Fazio, hombre de confianza de la dirección exterior del PC en Moscú, ligado a su estructura financiera. Según cuatro fusileros, Fazio recibió de sus manos el dinero traído desde Argentina.

“Rodrigo” fue el último en pisar suelo moscovita, a mediados de noviembre. Tras salir de Argentina viajó a La Habana, donde se alojó en un departamento de protocolo en calle Ayistarán, cerca del Estadio Latinoamericano, junto a César Bunster. Durante su permanencia en La Habana, el joven se reunió con dos comandantes del FPMR: “Juan Carlos” y “Roberto Torres” (Enrique Villanueva Molina) en el Hotel Tritón. Lo interrogaron por un día completo sobre el atentado y registraron la conversación en una grabadora.

Una vez en Moscú fue recibido por Volodia Teitelboim, al igual que otro fusilero y un ex militante comunista, aseguran. Algo que Teitelboim ha desmentido hasta el día de hoy. Recién a la mañana siguiente, “Rodrigo” llegó al Hotel Oktober. Allí se enteró que sus compañeros habían sido enviados a Vietnam. Él también debía partir.

Si en el atentado al general Pinochet los ocho fusileros recibieron su bautismo de fuego, en Vietnam se graduaron como expertos en técnicas que desconocían. Bajo la atenta mirada del mayor Luong, un veterano de la guerra con Francia y Estados Unidos, los fusileros, junto a 12 militantes del PC, recibieron una férrea instrucción militar durante ocho meses en una mansión de Hanoi. La casa, ubicada en el centro de la ciudad, estaba acondicionada como Escuela de Tropas Especiales, las fuerzas de elite del Ejército Popular vietnamita. En ese lugar, los 20 cadetes cumplieron un duro régimen que partía cada mañana con clases teóricas y seguían después de almuerzo en un polígono en las afueras de la ciudad con prácticas de tiro y defensa personal, entre otras cosas. Aunque no se les otorgaban grados, por ser una escuela clandestina, los jóvenes se graduaban con casi la misma preparación de un subteniente o jefe de pelotón, aseguran varios de ellos.

Desde el principio hubo roces entre los fusileros y los miembros del PC y la Jota. Para los primeros, que venían de atentar contra Pinochet, y se encontraban en un punto de no retorno, recuerda “Fabián”, muchas de las formalidades de los comunistas, como tener reuniones de células para discutir la situación política del país, no tenían sentido, estando lejos con un régimen tan estricto. Mientras estuvieron en Vietnam, los cadetes fueron visitados en dos ocasiones por Jorge Montes. Al ex miembro del Comité Central del PC, fallecido hace cuatro años, le tocó escuchar las quejas de ambos bandos y mediar entre ellos. En su segunda inspección les informó para qué se estaban preparando. El grupo de fusileros debía partir a Nicaragua vía La Habana, y el resto a Chile.

En La Habana, “Fabián”, “Javier”, “Alejandro” y “Daniel” fueron destinados a un curso para francotiradores en Punto Cero. En tanto, “Juan”, “Rodrigo”, “Marcos”, “David” y un quinto frentista fueron enviados a Managua como asesores militares de los Batallones de Lucha Irregular (BLI) del Ejército sandinista. El objetivo era que los fusileros ganaran experiencia combativa para cuando les tocara regresar al país. Eran parte de una generación de chilenos internacionalistas del Frente, el PC y el PS que combatieron a la Contra. En esa tarea murieron 20 chilenos.

Llevaban varios meses en Nicaragua cuando recibieron la visita de “Manuel”, encargado del FPMR en Nicaragua. Les habló del quiebre entre el Frente y el PC y les aseguró que había un grupo de “cabezas de pistola” que estaban tratando de separarse del partido.“La noticia nos impactó. Justo ahora que los niveles de lucha supuestamente habían ascendido, nos íbamos a dividir”, cuenta “Rodrigo”.

Tres meses después fueron evacuados a Managua y de ahí a La Habana. Antes de irse, “Rodrigo” recibió una llamada de “Rafael”, superior suyo del Frente en Nicaragua: “Los están engrupiendo”, le dijo, y agregó que era la mayoría de la dirección del FPMR la que encabezaba la separación del PC.

“Después de la llamada de ‘Rafael’ se sucedió otra. Era César Quiroz, quien me citó a una reunión”. Quiroz llegó al encuentro acompañado de Hugo Fazio y del “comandante Daniel Huerta”, miembro de la dirección del FPMR. “Huerta” era en verdad, según aseguran seis ex frentistas consultados, Martín Pascual, actual investigador del Instituto Cenda.

La reunión versó sobre la división y alcanzó momentos de alta tensión. Sobre todo cuando uno de los fusileros preguntó cuándo volverían a Chile. “Fazio contestó que nuestro tema era complejo y que él calculaba que en unos cinco años más”, dice “Rodrigo”. “Discutimos fuertemente. Nos dijeron que ‘Salvador’, ‘José Miguel’ y otros comandantes siempre tuvieron actitudes divisionistas. Nosotros preguntábamos cómo podía ser, si ellos se habían jugado el pellejo por el partido”. “Fabián” evoca la conversación con Quiroz: “Nos tiró el speach de que si nos íbamos con las armas sólo nos quedaríamos en eso”.

El tirante encuentro finalizó con la decisión de los fusileros de quedarse en el Frente Autónomo. En adelante serían tratados como disidentes y recibirían la visita de César Bunster, quien intentó convencerlos de regresar al seno del PC. Pese a que en un primer momento de la pugna interna, Bunster había optado por el Frente Autónomo, dice Maturana: “Estando todavía en Punto Cero nos fue a ver para decirnos que nos quedáramos en el Frente y no con los viejos”.

Tras la división, los fusileros regresaron a La Habana. Alojaron en una residencia del Frente, donde se reunieron con Juan Gutiérrez Fischmann, “El Chele”, y otros comandantes que preparaban el regreso a Chile. Sólo uno de los fusileros, Cristian Acevedo Mardones, “David”, decidió permanecer en el PC.

A fines del año ’87, Fidel ya había reconocido al Frente Autónomo como organización. A mediados de diciembre llegó “Ramiro”, después de participar en el secuestro del coronel Carlos Carreño, liberado en Brasil. Traía noticias frescas de cómo se había vivido la división en Chile y fotos de Carreño prisionero. A contar de los últimos días de ese año, los fusileros iniciaron el retorno a Chile en oleadas, entrando clandestinamente al país por Argentina.

Ya en Chile, en el marco de la política de Guerra Patriótica Nacional (GPN), instaurada por el FPMR Autónomo en 1988, algunos de los fusileros participarían en operaciones de envergadura, como el asalto al retén Los Queñes en octubre de 1988. Otros fueron detenidos y condenados al exilio luego de la asunción a la presidencia de Patricio Aylwin.

Los fusileros en la cárcel pública

Uno de ellos, Héctor Maturana, reconoció hace un tiempo desde su exilio en Bélgica; “De los que participamos en el atentado creo que los que estamos “legalmente” en Europa somos 4 ó 5 y los no legales serán 2 ó 3, pero no son públicos, porque nunca fueron detectados”.

Lo Que Sabía La CIA

Los documentos desclasificados recientemente por Estados Unidos entregan nuevos y sorprendentes detalles sobre el atentado a Augusto Pinochet. Según estos informes, el FPMR habría obtenido información de oficiales militares activos para llevar a cabo la emboscada.

Un documento de la CIA fechado el 18 de noviembre de 1986 dice: “El FPMR utilizó información entregada por oficiales militares activos cercanos a Pinochet para planificar y coordinar el ataque. Existían varios escenarios para asesinar a Pinochet, incluyendo uno al estilo ‘Sadat’, que se llevaría a cabo durante la tradicional parada militar el 18 de septiembre. Este habría sido desechado por la gran cantidad de gente, incluyendo a miembros del FPMR, que podrían haber muertos”.

El 15 de agosto de 1987 la oficina de la CIA en Chile envió un informe secreto al cuartel general de ese organismo, en EE.UU. El documento daba cuenta de las informaciones entregadas por uno de sus agentes sobre las verdaderas causas del crimen del sargento Leopoldo Toloza Sepúlveda.

Según la versión oficial, éste fue asesinado por un miembro del FPMR detenido poco después del hecho. Sin embargo, según la CIA, los verdaderos responsables de su muerte fueron agentes de seguridad del régimen militar. Esto porque la CNI y la inteligencia militar descubrieron que Toloza, de acuerdo con el agente, era informante del FPMR y habría colaborado en el atentado frustrado contra Pinochet.

Las primeras sospechas sobre su vinculación al grupo extremista surgieron luego de que se determinara que el mismo día del atentado Toloza descendió de uno de los vehículos de la comitiva de Pinochet para investigar un puente y, según el mismo informante, se habrían reencontrado con el grupo sólo después del ataque extremista.

Pese a que los informes de la CIA develan que el organismo de inteligencia habría logrado infiltrar al FPMR y recabar gran cantidad de información sobre el atentado con posterioridad a la emboscada, no se anticipa el hecho. Llama la atención que durante agosto de 1986, la CIA no desclasificó ningún documento. Sin embargo, inmediatamente después de la acción extremista el organismo de inteligencia revela un acabado conocimiento de los pasos seguidos por el FPMR en ese período.

Otro documento del 19 de noviembre revela las razones del FPMR para realizar el atentado: “El FPMR decidió llevar a cabo el ataque sólo después de concluir que Pinochet planeaba permanecer en el poder más allá de 1989. Ellos creían que existían planes del gobierno de EE.UU. de cambiar a Pinochet por otro gobierno de derecha”, señala el informe de la CIA, citando a un informante cuyo nombre está tachado.

El atentado del 7 de septiembre de 1986 no fue el único intento del FPMR para asesinar a Pinochet, según consta en los archivos desclasificados de la CIA. Los informes de ese organismo indican que el FPMR inició la planificación de un segundo intento de asesinato contra el general en noviembre de 1986 y tres años después el mismo grupo subversivo fraguó otro plan para acabar con la vida del entonces comandante en jefe del Ejército. Ninguno de estos intentos fueron conocidos por la opinión pública.

Un documento secreto de la CIA del 28 de noviembre de 1986 asegura que la cúpula del Partido Comunista (PC) había autorizado ese mismo mes al FPMR para iniciar la preparación de un segundo atentado contra el general. Aunque -según el informante del organismo de inteligencia-, los líderes del PC le habrían advertido al FPMR que darían luz verde sólo una vez que las condiciones políticas fueran consideradas apropiadas. Este intento del FPMR para asesinar nuevamente a Pinochet fue incluso planteado en un informe secreto de la embajada de EE.UU. al Departamento de Estado, despachado en enero de 1987.

“El FPMR planea un nuevo atentado contra Pinochet, quien ahora es menos vulnerable que antes debido a las medidas de seguridad adoptadas”, señala el documento, donde además se sugiere que el más probable sucesor en el gobierno sería el almirante José Toribio Merino, por ser jefe de la Junta militar.

Otro informe elaborado por la embajada en esa misma época titulado “¿Qué ocurriría si Pinochet es asesinado?” analiza los posibles escenarios en el caso de que se concrete el plan del FPMR. El documento asegura que el presidente interino intentaría llevar a cabo una transición de acuerdo a los términos de los militares, aunque sugiere que uno de los escenarios probables es que se cree un ambiente políticamente más abierto. Esto siempre “que la oposición acepte que no está en condiciones de presionar a los militares para que dejen el poder incondicionalmente”, precisa el informe.

En el documento, sin embargo, no se descarta que una muerte violenta de Pinochet genere fuertes tensiones al interior del Ejército, lo que llevaría a los militares a no entregar el poder a los civiles, extendiendo el régimen autoritario. Los documentos desclasificados no especifican las razones de porqué este segundo plan nunca se llevó a cabo, aunque dan cuenta de un tercer intento del FPMR, que debía concretarse en septiembre de 1989, casi un año después del plebiscito.

“Hemos recibido información adicional de [tachado] sobre los planes para asesinar al Presidente Pinochet, que debería llevarse a cabo entre el 5 y el 11 de septiembre”, señala el documento, sin entregar más antecedentes.

El caudal de información que despachó la oficina de la CIA en Chile sobre los grupos terroristas en los ’80 es voluminoso y revela abiertamente que sus fuentes, cuyos nombres han sido tachados, son altos miembros de los comandos. En octubre de 1986, el Departamento de Inteligencia de Defensa envió un informe basado en “un dirigente del FPMR” respecto a las acciones del grupo a corto plazo. Así se informa del objetivo de mejorar el entrenamiento, realizar actos menores de sabotaje y entregar armas a algunos líderes de las milicias.

La CIA fue capaz, además, de detectar los nexos del FPMR para su entrenamiento en el exterior. Un informe de 1986 reporta que el principal centro de entrenamiento del grupo guerrillero está en Bulgaria, en una localidad que aparece tachada, y sus gastos son financiados por los soviéticos. También informa que el alto mando del FPMR tiene su principal centro de operaciones en La Habana, recibiendo respaldo logístico de Cuba. El informe agrega que Fidel Castro le habría prometido en noviembre de 1986 a una delegación que “reemplazaría las armas capturadas en Agosto (en Carrizal bajo)” para “el levantamiento en Chile”.

En esa misma época la inteligencia norteamericana fue capaz de detectar que la propia embajada de EE.UU. se había convertido en uno de los principales blancos del FPMR. Según consta en los documentos, la participación de la embajada en los posibles acuerdos entre el régimen de Pinochet y la oposición, la habían convertido en un enemigo del grupo extremista.

El 23 de octubre de 1986, el departamento de Inteligencia de Defensa vaticinaba que “el FPMR aumentará los intentos de asesinato y secuestro a los oficiales militares chilenos y continuará en su intento de asesinar a Pinochet”.


Nace El FPMR

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

La Llegada de Los Comandantes

Entre julio y septiembre de 1983 ingresaron clandestinamente al país provenientes de Cuba, los primeros cinco “comandantes” que formarían el Frente Patriótico Manuel Rodriguez. El primero de ellos fue el oficial de origen mapuche Moisés Marilao, seguido por Raúl Pellegrin y otros tres que nunca fueron identificados. Su ingreso se gestó en el marco de una operación de traslado orquestada por la inteligencia cubana a través de varios países, como forma de borrar su salida de la isla.

Según Galvarino Apablaza, quien en esos momentos debió permanecer en Cuba, ellos fueron parte de una propuesta de diez nombres hecha a la dirección del PC para implementar su regreso a Chile; “Se decidió la incorporación de cinco de ellos, quienes comenzaron un período de preparación específica para adaptarse rápidamente a la situación política interna del país. Al frente del grupo iba José Miguel (Pellegrín) y lo acompañaban Moisés Marilao, Guaiqui, el Pope y el Mago”, recuerda el ex líder frentista.

Atrás había quedado La Habana y la ceremonia en que Fidel Castro los despidió solemnemente. De ahora en adelante, la avanzada del “nuevo ejército para Chile” tendría que poner en práctica toda su formación como soldados profesionales en suelo chileno.

Los “comandantes” pasarían ahora a depender de la llamada “comisión militar” del PC. Presidida por el ex senador Jorge Montes, también la integraban los dirigentes de nombre político “Sebastián” y “Adrián” -ambos de la confianza de Gladys Marín-, además de algunos representantes de los “comandantes”. Uno de ellos era Raúl Pellegrín.

Para desarrollar su lucha en Chile, el FPMR recurrió desde sus inicios a un financiamiento directo de La Habana. El apoyo era canalizado por el PC, que disponía de un ítem fijo que “no podía ser alterado por su dirigencia y pasaba directamente a las arcas del Frente”, señala un ex dirigente. Gladys Marín dispuso que la canalización de este apoyo cubano al FPMR quedara en manos de “Sebastián”, -que no era otro que Guillermo Teillier- designado como encargado militar del partido.

Sin embargo, los jerarcas del Partido muy pronto se dieron cuenta que los “comandantes” tenían sus propios contactos en Cuba. Por ello, no fue extraño que la sección cubana de Tropas Especiales comenzara a entenderse directamente con los frentistas poco después que éstos ingresaron a Chile. Más aún, el régimen de Castro los proveía de fondos que llegaban directamente a sus bolsillos, por lo que tempranamente el FPMR estuvo en condiciones de operar con apoyo cubano propio, aparte del que oficialmente recibía del Partido y sin que la colectividad fuera informada.

Su principal nexo en la isla era el general y jefe máximo de ese organismo, Alejandro Ronda Marrero, oficial de confianza de Fidel Castro. Ronda era el hombre encargado de satisfacer todas las necesidades del FPMR en Cuba. Gracias a su paso por Nicaragua -cuando era coronel- tenía una excelente relación con Raúl Pellegrín, el “Chele” y otros comandantes del Frente. Así, no fue extraño que el FPMR recibiera en Chile apoyo económico y militar de manos de este general cubano. Así se explica que varios “comandantes” se movieran en los sectores altos de Santiago y dispusieran de generosos ingresos para sus necesidades personales.

Quizás por ésta y otras razones, desde su irrupción en el país la cúpula del FPMR creció con escaso contacto político con las bases comunistas, que la percibían como una estructura cerrada, rodeada de dispositivos de seguridad propios de películas de espías. Semejaba un apéndice militar endosado a la fuerza al partido. “La dirigencia asumió al FPMR como un problema técnico que debía estar a cargo de los técnicos. Gente como Gladys Marín y Jorge Insunza nunca asumieron que el Frente debía supeditarse al partido”, sostiene un ex miembro del comité central de esos años.

Estos primeros “comandantes” que llegaron a Chile habían pertenecido en La Habana a la elite revolucionaria, gozando de un estatus especial y conociendo de cerca los círculos de poder en torno a Fidel Castro. En Chile, en cambio, fueron recibidos por un partido clandestino, por lo que tuvieron enormes problemas para adaptarse a su nueva vida.

“Los ‘comandantes’ no tenían una idea clara de lo que los esperaba en Chile”, afirma un ex miembro del comité central del PC que compartió con ellos en La Habana días antes de que se embarcaran a Santiago. “Me preguntaban cómo era vivir en la clandestinidad y qué armas eran las más convenientes. Pensaban que la gente andaba parapetada detrás de los árboles o en los cerros, como en Nicaragua”.

De acuerdo con este testigo, los ex oficiales no lograban comprender que portar un arma en Chile era más un riesgo que una protección, debido a los controles callejeros y al toque de queda; “Más que chilenos se habían convertido en hijos de los cubanos, cuya visión conspirativa de la política cae en el estereotipo de agentes que traspasan maletines secretos en hoteles de lujo”.

Tampoco captaban que, más allá de la incipiente lucha contra Pinochet, el país vivía una rutina normal y hasta el más combativo militante hacía una vida cotidiana, mucho menos heroica de lo que se imaginaban. Imbuidos de una visión épica, a varios líderes del FPMR esta incomprensión les costaría la vida.

Según fuentes rodriguistas, los militantes que en ese momento llegaban del extranjero tenían prioridad para ocupar puestos de relevancia en la organización, a pesar que algunos no tuvieran el conocimiento político necesario; “La selección y ubicación de las comandancias dependió en primer lugar del grado de preparación militar. De acuerdo a esto, se asumió que quienes recibieron formación en el exterior contaban con un alto nivel de preparación y experiencia. Por tanto, se decidió incorporarlos al interior (Chile) asignándoles las principales responsabilidades, sin tener en cuenta que la mayoría de ellos llevaba largos años fuera de la patria, tenían una limitada experiencia política y la nueva realidad a enfrentar requería de una necesaria etapa de adaptación. Al no existir este proceso, se cayó constantemente en una aplicación demasiado mecanizada de conocimientos y experiencias, lo que limitó el aporte y, al mismo tiempo, generó resentimientos y aprensiones en otros cuadros”.

A la usanza de los aparatos operativos de Fidel Castro, algunos “comandantes” del FPMR vestían ropas deportivas, usaban relojes Rólex y establecieron la costumbre de reunirse en el Tavelli de Providencia, establecimiento al que irían incluso en los días posteriores al asesinato de Jaime Guzmán, cuando el cerco sobre ellos se hizo más estrecho.

“No se asimilaban con el obrero y poblador comunista promedio”, sentencia un ex dirigente del PC, quien menciona una anécdota de inicios de 1984: una miembro del aparato médico del FPMR quedó muy impresionada cuando un “comandante” la invitó a almorzar a un elegante restaurante de calle Lyon. El frentista gastó 20 mil pesos de la época. Molesta por el derroche, la doctora no probó bocado e hizo ver su disgusto a las autoridades del PC.

El FPMR nació en Chile provisto de amplia independencia, presupuesto propio y una manera de pensar distinta a la de la dirigencia comunista. Antes de que sus aguerridos combatientes dispararan una sola bala en Chile, todo estaba dispuesto para que el aparato militar del PC se saliera de sus cauces.

El fallecido ex senador Orlando Millas, quien conoció a varios de estos “comandantes” en su paso por Nicaragua, escribió sobre ellos en sus memorias; “Un gusto amargo me hace sentir que los conducimos a quemarse en Chile en batallas imposibles. Eso no era responsabilidad de ellos y no podemos culparlos de que, como las flechas lanzadas por un arco, hayan seguido con firmeza sus trayectorias. En cualquier desarrollo que hubiesen tenido sus vidas, hubiesen sobresalido. Así como demostraron tener gran coraje, pasta de héroes, les sobraba igualmente el talento y la sensibilidad”.

Nace El FPMR

Para la dirigencia del PC, la llegada de este grupo de comandantes significaba el punto de partida de su anhelada insurrección armada. Era hora de montar un grupo de alta capacidad combativa que se trasformara en el brazo armado del pueblo.

Aunque los comunistas habían tenido una experiencia previa con el denominado “Frente Cero”, este intento no había prosperado debido a las febles medidas de seguridad adoptadas y la poca experiencia con que contaban sus militantes, siendo el grupo prontamente infiltrado y desbaratado por los militares. A pesar de ello la experiencia fue evaluada como positiva y muchos de esos militantes terminarían más tarde integrándose al FPMR.

“El Frente Cero nunca realizó apagones a nivel nacional, ni acciones armadas de envergadura, pero fue el embrión del FPMR”, sostiene “Víctor”, un ex frentista.

Ya en febrero de 1983, y luego de una serie de atentados explosivos en la quinta región, que incluso interrumpieron la noche final del Festival de Viña del Mar, una voz telefónica dio a conocer la existencia de otras bombas en diversos hoteles de la ciudad y mencionó, por primera vez, como autor de tales actos a un supuesto “Comando Manuel Rodríguez”. Ese nombre había sido ideado por el “Frente Cero”.

Otros antecedentes sobre el origen del nombre de la organización indican que después de la llegada de Raúl Pellegrín a Chile, en la comisión militar apareció el nombre de Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Se dice que el “comandante José Miguel” llegó ante sus subordinados con el nombre, uno o dos meses antes de la fundación oficial.

En lo político, antes de ingresar al país, “José Miguel” venía con la misión a implementar ya definida por la comisión militar del PC y contaba con diversas variantes para su estructuración. Desde entonces estaba clara la separación en el funcionamiento del FPMR, que aparecería públicamente como independiente y sin relación alguna con el PC.

Asi el pequeño grupo de comandantes, más algunos destacados combatientes forjados en el país, fueron designados a las principales jefaturas de trabajo recién creadas. Según Guillermo Teillier en su libro “El Año Decisivo” la primera Dirección Nacional del FPMR quedo sancionada en una reunión realizada en una casa del paradero 14 de Avenida La Florida, y fue conformada por tres comandantes, además de Raúl Pellegrin, el indiscutido número uno ante la permanencia de Galvarino Apablaza en Cuba.

Otros grupos de jóvenes y no tan jóvenes de las principales ciudades integrarían las primeras unidades o grupos de combate y principalmente la logística del FPMR. En Santiago comenzaron con apenas 6 pequeñas unidades de combate divididos en dos zonas, dos o tres grupos en Valparaíso e igual cantidad en Concepción.

Todos los antecedentes indican que esta primera estructura del FPMR estuvo en condiciones de operar en Chile a fines de septiembre de 1983. Su creación aumentó significativamente el poder de fuego de la incipiente rebelión del PC. De hecho, entre ese mes y octubre del año siguiente se registró la cifra récord de 1.889 acciones desestabilizadoras, algunas de una envergadura técnica muy superior a las que hasta entonces había realizado la militancia comunista.

Meses más tarde ya estaba armada una estructura de apoyo de armamento y medios materiales. En esos meses se siguieron realizando acciones combativas menores, aunque casi ninguna tuvo repercusión, ni se publicó en medio alguno.

Una vez consolidada la primera Dirección Nacional, el Frente comenzó a trabajar intensamente en una gran operación que repercutiera en todo el país. Esa operación se realizó el 14 de diciembre de 1983, con un gran “apagón” en las principales ciudades del país. Desde entonces los rodriguistas señalan ésta como la fecha de fundación oficial del FPMR.

Prensa de la época

Uno de los frentistas que participó en esa acción desestabilizadora entregó años más tarde, para la publicación “El Rodriguista”, una detallada narración de aquel primer golpe oficial del FPMR en Chile:

“Esa tarde pasamos con Bernardo recogiendo en distintos puntos de Santiago a los miembros de nuestro grupo y partimos en el viejo Fíat rumbo al norte de la ciudad. Cuando empezaba a oscurecer, ya estabamos saliendo por la ruta que va a Los Andes. Bernardo empezó a hablar con una solemnidad que no habíamos asumido hasta ese momento entre nosotros; «Compañeros, ésta es una operación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. El Frente se ha organizado para respaldar la lucha de nuestro pueblo contra una la dictadura y esta será la primera acción en esta fase de la lucha.”

“Nuestra misión consiste en volar una torre de alta tensión correspondiente al tendido que corre paralelo a este camino. Es una acción entre varias similares que se efectúan simultáneamente en varios lugares de la región y del país. La hora operativa será 22:30. La simultaneidad de las acciones logrará un apagón en todo el territorio nacional».

“El grupo lo componíamos tres hombres y una mujer, jóvenes en aparente búsqueda de algún restaurante en la afuera de la ciudad donde cenar tranquilos. Próximos a nuestro objetivo, detuve el auto y bajaron los tres compañeros perdiéndose entre los matorrales cerro arriba, envueltos por la oscuridad que ya había caído. La exploración y los preparativos los veníamos haciendo desde algunos días, entre Bernardo y yo. Él había tomado la decisión en cuanto a la selección del objetivo y la idea operativa. Los materiales fueron proporcionados por una estructura logística que venía funcionando con bastante eficacia desde hacía un tiempo. Mientras los tres subían el cerro y se daban maña para cruzar un canal de regadío, continué la marcha en el auto. Hice la hora en la ruta, metí el vehículo a una bomba de bencina, revisé el motor, puse gasolina y emprendí el regreso en busca del resto del grupo. Poco más abajo del sitio en que descendieron los compañeros, un hombre y una mujer joven caminaban por la carretera, me hicieron dedo. Los hice subir y poco más abajo del camino, hizo dedo Bernardo. Venían mojados porque tuvieron que meterse al agua irremediablemente. Por fortuna casi estabamos en verano”.

“Emprendimos el regreso tranquilamente hacia la ciudad. El mecanismo de explosión para las cargas instaladas en la torre, había quedado activado para estallar a la 22:30 hrs. Cuando recorríamos las calles del centro, cruzando hacia el sector sur, comenzaron a apagarse las luminarias de las calles y se oscurecieron las casas. Mientras avanzábamos algunas calles volvían a iluminarse. De pronto nuevamente todo quedó a oscuras. Llegamos a un barrio residencial al momento en que volvía la luz a las calles y ventanas de las casas. Sabía que lo mismo estaba ocurriendo en diversos lugares de Chile. Después de ponernos de acuerdo para nuestros próximos contactos, Bernardo y los demás bajaron del auto. Yo conduje el fíat buscando un teléfono público. Estacioné, cerré el auto y caminé hasta la cabina telefónica. De un bolsillo saque un papel donde había anotado el número telefónico de una radioemisora independiente del control dictatorial y contestó una voz de hombre. «Escuche con atención -dije en tono perentorio- las acciones de sabotaje que ocasionaron las caídas de las torres de alta tensión causando este apagón, corresponden a una operación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Hemos comenzado una campaña de acciones combativas para ayudar a terminar con la dictadura de Pinochet. Este es el comienzo de un nuevo periodo en la lucha por la libertad de Chile». Colgué sin esperar respuesta. Caminando hacia el auto, temblaba de emoción y orgullo”.

Junto al apagón nacional, el Frente también realizó ese día acciones de sabotaje a la banca y a las instituciones financieras y el día 16 fue tomada la radio Carrera, donde se reivindicaron las acciones y se emitió una proclama que planteaba claramente los objetivos de la organización; “Aspiramos hoy a terminar de una vez con Pinochet, su régimen y su secuela de hambre, miseria y represión. La lucha emprendida por el pueblo continuará hasta la consecución de estos objetivos. Antes que estos se concreten, no habrá paz ni tregua. El FPMR ha llegado a la conclusión que a la dictadura sólo será posible derrotarla haciendo uso de todas las formas de lucha, incluida la armada”.

Arriba Los Fusiles

Pese a la limitada autonomía que le imponía su carácter de “Aparato”, muy pronto el FPMR se convirtió en figura central en la lucha contra la dictadura. Las condiciones objetivas en que se desarrollaban los acontecimientos en esa época hizo que miles de hombres y mujeres se sintieran identificados con su accionar. Jóvenes de todas las edades, con y sin partidos, estaban dispuestos a combatir con las armas en la mano.

Un escrito frentista de hace algunos años ratifica que el surgimiento del FPMR se produjo en un momento de profunda crisis social en el país; “En Chile comenzó a encarnarse la política de rebelión popular y surgieron las protestas contra los allanamientos y las humillaciones. Entonces las mujeres, los hombres y los jóvenes salian a la calle con ánimo combativo, aunque después de la primera y la segunda protesta, a la que sucedio la represión feroz, el pueblo no estaba dispuesto a exponerse tan fácilmente. Pero los impulsaba un nuevo ánimo al ver que era posible dar golpes a la dictadura. Y alli El Frente Patriótico cumplió su papel. Pero estas luchas populares contra la dictadura jamás se concibieron como una guerra contra el ejército chileno. No era la guerra de Nicaragua. Sí pensamos en acciones que pudieran dar confianza a la masa. Conjugar la audacia con la astucia, salir con una proclama en una radio, lograr prolongados apagones coordinados con los cacerolazos, y poner en ridículo a las fuerzas de seguridad y al propio gobierno. Más que propaganda armada, se realizaba propaganda audaz”.

Guiado por los cinco “comandantes” entrenados en La Habana y robustecido con las siguientes oleadas de oficiales que llegarían más tarde -así como por los “mandos medios” entrenados en la isla entre 1980 y 1982- en los años siguientes el FPMR estrenaría prácticas hasta ese entonces desconocidas en Chile.

Como el más poderoso grupo subversivo en la historia del país, el FPMR patentó los ataques a cuarteles policiales, los secuestros selectivos, las tomas de radioemisoras, los rescates armados y las bombas accionadas a distancia. Esto último, a la usanza de los subversivos libaneses, vascos e irlandeses.

Así, el 19 de julio de 1984 un grupo de frentistas atacó un cuartel de la CNI en Providencia, donde fueron repelidos por los agentes. El 26 del mismo mes otro comando ataco un bus de carabineros en la comuna de Pudahuel, donde resultó muerto uno de los uniformados.

El 4 de noviembre de ese año, el FPMR atacó el cuartel de carabineros de La Cisterna. Distribuidos en cuatro grupos operativos, los frentistas enfrentaron a los uniformados en un tiroteo que duro 15 minutos, durante el cual incluso intentaron ingresar al recinto. En el enfrentamiento murieron dos oficiales de la policía.

Un mes más tarde, nuevamente el objetivo fue carabineros. El 6 de diciembre la tenencia Santa Adriana, en San Miguel fue atacada por un grupo de rodriguistas, los que en su escape dejaron una nueva victima fatal entre los uniformados.

A este tipo de acciones se sumaban las operaciones espectaculares. Una de ellas fue sin duda, el rescate de Fernando Larenas Seguel desde una clínica del sector alto de Santiago. Larenas, un fogueado frentista, estaba involucrado entre otros casos, en el secuestro del menor Gonzalo Cruzat. En el marco de la investigación de ese caso fue identificado por la CNI, quienes se abocaron de inmediato a su captura, siendo interceptado en la vía pública el 20 de octubre de 1984. Larenas intentó oponerse a su detención, dando lugar a un crudo enfrentamiento en el que el frentista resultó con un impacto de proyectil en su cabeza.

Según un periodico de la época, éste disparo “lo dejó de por vida en estado semivegetal, incluso, el magistrado al someterlo a interrogatorio comprobó que era inútil intentar algo coordinado o cuerdo con él”. Debido a su delicado estado de salud, y a que en lo inmediato no podría aportar mucho a la investigación, los tribunales habían autorizado su internación en la clinica particular ‘Las Nieves’ ubicada en el paradero 10 de Gran Avenida.

El 1 de junio de 1985 cinco individuos vestidos de terno y corbata, simulando ser agentes de la CNI, ingresaron a la clínica y luego de un breve tiroteo en donde falleció uno de los gendarmes que custodiaba a Larenas, el frentista fue rescatado del lugar. Luego de la operación, Larenas fue conducido a una casa de seguridad, desde donde semanas más tarde fue sacado con rumbo a Europa.

El grupo de rescate estuvo a cargo de Ignacio Valenzuela Pohorecky, el “comandante Benito”, y lo integraban además Mauricio Hernández Norambuena, “Ramiro”, Patricio Leonel González, “César”, y otros dos rodriguistas que nunca fueron identificados.

Estos y otros hechos hicieron que entre 1984 y 1985 el FPMR viviera sus años de auge; bombazos, asaltos, y la lucha callejera de las protestas nacionales expandieron el cuadro a las denominadas “Milicias Rodriguistas”.

Entrevista a dos comandantes del FPMR en 1985

También bajo la dirección del Frente se organizó una fuerza operativa mapuche, que surgió como una nueva organización: Leftraru. Su base la componían cuadros rodriguistas mapuches y otros combatientes del FPMR. Si bien es cierto estas fuerzas operaron, estuvieron lejos de ser la organización que permitiera la incorporación de este pueblo a la lucha.

Escuelas de instrucción del FPMR

Las Relaciones con el PC

A pesar de la auspiciosa aparición del FPMR bajo el alero del PC en el escenario de la lucha contra la dictadura , cada vez se hacía más evidente que los “comandantes” liderados por “José Miguel” tenían una sicología completamente ajena a la cúpula comunista. Lejos de captar el peligro que esta distancia encerraba, la dirigencia del partido cometió un error que le costaría caro: como no comprendía su pensamiento militar, le entregó al Frente una libertad de acción casi completa.

Todo ello a pesar de que el Partido era el principal proveedor de combatientes con los que contaba el FPMR. Un ex frentista confirma sobre el origen de sus militantes; “Los cuadros del Frente provenían generalmente del PC. Estaban los que se habían formado en el exterior y aquellos que lo habían hecho en Chile, fundamentalmente en el trabajo militar de masas del Partido y más tarde en las Milicias Rodriguistas. El PC fue el elemento de control que garantizaba una calidad ideológica y moral de quienes ingresaban al FPMR, disminuyendo las posibilidades de infiltración enemiga”.

Sin embargo, el mismo testigo afirma que a la hora de proveer al FPMR de militantes, los dirigentes del PC no realizaron una selección adecuada para la política del grupo; “El hecho de que se diera prioridad a los criterios técnicos repercutió en la formación e incorporación de estos cuadros al Frente. El Partido comenzó a traspasar al FPMR a aquellos compañeros que resultaban conflictivos, ya fuera por su carácter impulsivo o por enfrentar problemas de seguridad, siendo la mayoría de ellos relativamente nuevos en su militancia. Se convirtió en un asunto de cantidad y no de calidad. Ellos asumieron al FPMR únicamente como un problema de fierros. El PC no destinó al Frente a ninguno de sus cuadros dirigentes, ni los más experimentados en la lucha política para que contribuyeran así a su desarrollo”.

Respecto a la cantidad, según un ex frentista formado en La Habana, el FPMR en su momento de mayor poder llegó a contar con 400 hombres. Otro cálculo lo entrega un documento desclasificado de los archivos del Partido Socialista Unificado Alemán de la ex RDA, el 24 de enero de 1985: Eric Honecker fue informado que el FPMR “tiene 500 unidades de combate con una fuerza total de hombres de 1500 hombres, organizados en 46 unidades. El Frente Patriótico tiene una estructura independiente, aunque sus actividades están directamente subordinadas a la dirección del partido”.

Una tercera versión proviene de un informe desclasificado del Departamento de Estado norteamericano, fechado en mayo de 1988: “el FPMR tiene entre 1.000 y 1.500 miembros”.

En cuanto a planes conjuntos, ya en 1985 en un pleno del PC, ambos grupos hacían una descripción alucinada de lo que sería el enfrentamiento decisivo contra el régimen militar en el marco de su estrategia denominada “Sublevación Nacional”.

En este informe, frentistas y comunistas veían como necesario; “…un levantamiento general del pueblo, en el curso de una jornada nacional de protesta que inmovilice al país entero… que involucre a toda la población, a la mayor parte de las fuerzas políticas y sociales y ojalá también a parte de las Fuerzas Armadas que están contra la dictadura.”

La operación descrita fue denominada el “Asalto a Santiago” y se produciría con ocasión de una de las protestas populares. Según el plan del FPMR esta acción “…se convertiría en el acto central de la Sublevación Nacional. La voladura del puente sobre el Río Maipú aislaría a la ciudad por el Sur, los puentes sobre el Mapocho serían dinamitados para bloquear el Norte y una flota de camiones distribuiría armas en poblaciones del Sur y el Poniente. Los grupos armados debían constituirse en columnas y avanzar sobre el centro, para tomar La Moneda, aislando con barricadas y explosivos a las unidades militares de la capital”.

Pese a todo, este proyecto de Sublevación Nacional fue congelado y solo fue retomado a mediados de 1988, en la denominada Guerra Patriótica Nacional.

Las Redes Internacionales

Desde sus inicios, el FPMR y la dirigencia del PC se dedicaron a montar estructuras de apoyo logístico en casi toda Sudamérica. Se trataba de eslabones básicos para canalizar la ayuda cubana a la resistencia antipinochetista. Sao Paulo y Buenos Aires llegaron a ser plazas claves, dado el intenso tráfico aéreo de sus aeropuertos y la numerosa colonia chilena de exiliados residente.

En Buenos Aires, la embajada cubana canalizaba el grueso de su ayuda a la resistencia antipinochetista, a través de su encargado del Departamento América, quien proveía de dinero y documentación falsa a los subversivos que llegaban procedentes o en ruta hacia Santiago. Casas de seguridad y una oficina de fachada del PC chileno en pleno centro de Buenos Aires, completaban la red.

Por años, Claudio Molina Donoso, “El Rucio”, fue el enlace del FPMR en Buenos Aires. Molina estuvo a cargo del equipo de tierra durante el desembarco de armas de Carrizal Bajo. Al andamiaje trasandino del FPMR se unieron en la segunda mitad de los ’80 barretines y pequeños centros de entrenamiento en localidades del interior. Gracias a esto, en 1986 el aparato pudo subsanar en parte la debacle de Carrizal mediante el ingreso de armas a través de pasos en la Cordillera de Los Andes. Uno de los más grandes ingresos ocurrió a fines de ese año, a la altura de Bariloche.

Aunque de menor importancia, otra plaza del FPMR era Montevideo. En la capital uruguaya el apoyo se dirigía a través de una oficina de fachada comercial, en un tradicional barrio charrúa. Los frentistas contaban con el apoyo de cuadros tupamaros, famosos por su preparación.

Otro punto donde los frentistas también operaron, aunque en menor escala, fue en la zona de la frontera tripartita de Paraguay, Brasil y Argentina, famosa por su contrabando. Según un frentista hoy retirado, el paso clandestino por tierra entre Brasil y Argentina se realizaba por esa área. “En la parte brasileña se podía adquirir incluso armamento, ya que los cubanos eran reacios a entregarnos fusiles AKM o Kalashnnikov”, rememora.

Esta ultima afirmación es desmentida por un informe desclasificado del Partido Socialista alemán, fechado en 1985, el que afirma; “En el último tiempo, el Frente Patriótico ha logrado por sí mismo asegurar los transportes de armas que llegan vía Brasil, Argentina y Bolivia. Pero los cubanos siguen prestando una gran ayuda”.

Alfredo Malbrich, unos de los principales encargados del área armamentista del FPMR, reveló bajo fuertes apremios, luego de ser detenido en 1986 por el caso Carrizal, algunos detalles de éstas operaciones; “A principios de 1984, viaje a Bolivia y me reuní con Jorge, que era el encargado de enviar los vehículos embarretinados a Chile. Recuerdo que llegó un Subaru 4 puertas con patente boliviana en el cual venían 2 subametralladoras, varias pistolas y un fusil. Al día siguiente, traslade el vehículo hasta V. Mackenna con Departamental. Las armas iban en el portamaletas. Allí me entrevisté con Jorge y le llevé además información política y vimos el problema de las comunicaciones para los próximos envíos de armas. La información política me la daba Pedro (Orlando Bahamonde), quien era mi jefe. La documentación la embarretinaba en carpetas. Debo aclarar que Pedro era de la Dirección Nacional del Frente, aunque yo ignoraba el cargo. El me daba los enlaces para las operaciones siguientes. Durante el resto del año se realizaron 3 viajes más en fechas que no recuerdo, siempre trayendo diferentes tipos de armamento y dinero. En uno de mis viajes a Bolivia, realizó un punto con Jorge y José Luis, que era jefe de Jorge. Este me lo presentó Pedro. Debo declarar que Jorge enviaba embarretinado dinero; es así como en una oportunidad vi que venían US$ 30.000 mil dólares. Esta armas y dinero estaba previamente acordado con Jorge, que era el que tenía los contactos como conseguirse el armamento con otros países. Le entregué un informe oral y él me da un punto en Argentina, en la ciudad de Buenos Aires. A las semanas después realizo un punto en el obelisco de Buenos Aires con José Luis, de 26 a 28 años, alto atlético, tez blanca, pelo castaño, con barba, aspecto de profesional joven. Planificamos la utilización de una ruta circular entre Perú y Argentina, para eludir poscontroles y como medida de seguridad. Fue así como se hicieron otros 2 ó 3 viajes por esta ruta, viajando en cada oportunidad un sólo vehículo. Viajé en reiteradas ocasiones a reunirme con José Luis en Buenos Aires. Él me entregaba diferentes documentos políticos, los cuales venían embarretinados y los entregaba a Pedro en Santiago. También se planteaba entonces la idea de embarretinar vehículos con armamento que salieran desde Argentina”.

Respecto a la participación de la RDA en la insurrección chilena, un episodio desconocido hasta hoy revela que en 1984 se instaló en Berlín una oficina clandestina de apoyo logístico al FPMR. Gracias a la participación de técnicos chilenos y al alto nivel de industrialización de la RDA, en esa oficina comenzaron a recopilarse fondos, explosivos y armas captadas en terceros países, a fin de solventar las necesidades del grupo armado, que ya había iniciado sus acciones en Chile.

La oficina logística ubicó sus instalaciones en la Bornholmer Strasse, una calle del tradicional barrio de Prenzlauer Berg, en Berlín Oriental, a pocas cuadras del muro. Supervisada estrechamente por funcionarios alemanes y liderados por el físico comunista Alan Cabrera, la veintena de técnicos chilenos que allí trabajaba -todos militantes del PC- no podían informar de sus actividades de apoyo al FPMR a otros camaradas de partido. Ni siquiera el Comité Chile Antifascista -la instancia que aglutinaba a los partidos de la UP en el exilio- sabía de la existencia de esta oficina.

Alentado por los funcionarios alemanes, este secretismo tenía una razón de peso: el gobierno de Honecker había instalado por esos días una oficina de negocios en Santiago. No podía filtrarse que la RDA era, al mismo tiempo que interlocutora comercial de Pinochet, el más importante proveedor de tecnología del FPMR.

Pronto, la misteriosa oficina en Prenzlauer Berg se convirtió en una pieza esencial del andamiaje que sostenía al Frente.Hasta ahí llegaban dineros provenientes de países árabes, arsenales médicos de Hungría y partidas de explosivo plástico de alto poder T-4, fabricado en Checoslovaquia y del cual se encontraron 124 kilos en Carrizal Bajo. Según un militante en este último país llegó a establecerse una oficina similar, en una villa militar ubicada en las afueras de Praga. “Pero la logística del FPMR estaba en la RDA, acá en Berlín, donde llegaban todas las cosas que necesitábamos”.

Altos dirigentes rodriguistas, como los comandantes “José Miguel” y “Ramiro”, viajaron en más de una ocasión hasta la oficina de Prenzlauer Berg para entrevistarse con sus responsables. “Otro de los que llegó una vez fue un dirigente de nombre “Sebastián”, que venía de Moscú”, recuerda “Miguel”. Todos estos sigilosos viajes incluían escalas en Buenos Aires, Praga y Frankfurt, lugares donde el FPMR tenía pequeñas estructuras para atender a sus hombres. En Frankfurt, por ejemplo, existía una casa de seguridad. Varios frentistas se hospedaron en ese inmueble, entre ellos Fernando Larenas Seguel, el frentista rescatado a sangre y fuego desde la clínica Las Nieves.

Los Secuestros Selectivos

Con el objetivo de reforzar su presencia en los medios de comunicación y como un método para financiar sus actividades, el FPMR habría de implementar en Chile una nueva modalidad subversiva; los secuestros selectivos.

El brazo armado del Partido Comunista impactó fuertemente al país por la audacia de sus operaciones y la incapacidad de las autoridades por capturar a los secuestradores y liberar a sus rehenes. Hubo cuatro de ellos cuyos resultados fueron una auténtica burla a la capacidad de las policías y los organismos de seguridad de la época.

El primero se produjo el 11 de abril de 1984, e involucro al menor Gonzalo Cruzat, de 11 años, hijo del empresario Manuel Cruzat. El menor fue raptado cuando esperaba el bus que lo llevaría hasta su colegio. En ese momento tres individuos, mas tarde identificados como Claudio Molina Donoso, Fernando Larenas Seguel y Francisco Peña Riveros, lo tomaron por la fuerza y lo trasladaron a un vehículo en marcha. Gonzalo fue liberado sano y salvo cuatro días después, previo pago de 20 millones de pesos.

El secuestro se mantuvo bajo un gran hermetismo, a tal punto que el hecho fue informado a la prensa solo cinco días después, cuando fue liberado. El manejo de la situación fue llevado por la propia familia, que negoció con los secuestradores, atemorizados por la amenaza de éstos de matar al niño. La expectación del caso fue tal, que hasta el propio Augusto Pinochet definió el hecho como “gravísimo”, poniendo al FPMR en la mira del gobierno.

En las diligencias posteriores tuvo un importante aporte y colaboración, pese a sus cortos años, el propio Gonzalo Cruzat, quien con mucha prestancia participó en las ruedas de reconocimiento de sus captores y pudo individualizarlos.

La noche del 18 de diciembre de 1984, el FPMR decidió secuestrar al subdirector del diario La Nación, Sebastián Bertolone, cuando este llegaba a su hogar en la comuna de Ñuñoa, junto a su esposa, Ximena Barrales, y su hija de 5 años. Sin embargo, su esposa y su hija fueron liberadas momentos después en la población Jaime Eyzaguirre de Macul.

En su prisa por escapar, los frentistas dejaron en el lugar un bolso que contenía una ametralladora de origen checoslovaco con 155 tiros, un libro con el registro de las actividades diarias de sus rehenes, así como dibujos de su casa y las de sus vecinos. También se encontró un mapa de toda la zona incluyendo los semáforos y su duración. Por lo mismo, no pocos pensaron en un montaje. Al día siguiente, la esposa de Bertolone recibió un llamado del Frente para decirle que le harían llegar un comunicado con sus demandas.

Sebastián Bertolone en poder del FPMR

El periodista permaneció la mayor parte del tiempo con los ojos vendados y nunca supo en qué lugar se encontraba. En un principio temió por su vida, pero se tranquilizó por el trato “deferente y cordial” que le dieron los secuestradores. El objetivo de su captura, una vez más, era que distintos medios escritos de la capital difundieran sus proclamas.

Liberado en la noche del 25 de diciembre en el barrio matadero, Bertolone rápidamente se dirigió a una parroquia cercana y les pidió a dos sacerdotes que lo condujeran al domicilio del entonces Arzobispo de Santiago, monseñor Juan Francisco Fresno, quien había abogado públicamente por el fin de su cautiverio. Recién en la residencia del prelado, llamó a su familia para informarle de su liberación.

A partir de 1986 el FPMR se dedico a secuestrar uniformados. La mañana del 8 de abril de ese año, el cabo de carabineros Germán Obando Rodríguez salió de su casa sin su revólver, el cual había olvidado en la escuela de oficiales de la institución. Sin saberlo, este hecho le salvó la vida.

A las 7 de la mañana, en la esquina de Santa Zita con Pichidangui, en Las Condes -a pocas cuadras de su domicilio- una camioneta lo interceptó y tres frentistas armados se bajaron de ella. El cabo había tenido la sospecha que algo extraño podría sucederle, ya que en las últimas semanas había visto pasar, siempre a la misma hora, un vehículo parecido al que ahora lo obligaban a abordar. Por algunos minutos intentó luchar con sus captores, hasta que el chofer de la camioneta lo golpeó con un elemento metálico en la cabeza.

En el vehículo, los frentistas le colocaron una capucha, lo esposaron y le preguntaron por su arma. Obando les contestó que no la tenía. “Te salvaste por eso”, le respondieron: a poca distancia un integrante del grupo lo apuntaba con una ametralladora y tenía la orden de abrir fuego si notaba que Obando intentaba sacar su revólver.

El carabinero no sabía a qué lugar se dirigían. Cuando lo hicieron bajar unas escaleras comprendió que lo estaban llevando a un subterráneo. Ahí lo mantuvieron durante tres días con la luz apagada, para que no contara los días, y recostado sobre una colchoneta con los pies y manos amarradas.

“No vas a salir con vida de ésta”, le repetían los secuestradores durante los interrogatorios. La idea de los frentistas era enterarse de cómo estaba operando Carabineros para detener a los movimientos subversivos que actuaban en la capital, pero por su rango el cabo no manejaba esa información y así se los hizo saber. Luego de tres días, convencidos de que no obtendrían la información, decidieron liberarlo, no sin antes cumplir una misión: leer una carta con consignas del FPMR en Radio Chilena. Lo subieron en la camioneta y lo dejaron entre la Villa Portales y la Escuela de Aeronáutica. Al soltarlo, le advirtieron que no se sacara la capucha ni intentara desamarrarse las manos antes de media hora. Obando esperó cerca de 45 minutos, pues temía que lo estuvieran vigilando. Vestido con un buzo y descalzo, tomó un taxi y se dirigió a la radio, pero se atrevió a desobedecer y dejó la carta con la secretaria, dirigiéndose en cambio a la Escuela de Carabineros.

El 18 de agosto de 1986 mientras sacaba el auto para ir a dejar a su hijo al colegio, el entonces jefe de Protocolo de la Guarnición de Santiago, coronel Mario Haberle Rivadeneira, se convirtió en el primer militar plagiado por el FPMR. Encañonado por seis frentistas que actuaron a rostro descubierto, su impresión fue tal, que al darse vuelta para mirar al niño sólo atinó a gritarle que volviera a la casa. Con gran rapidez, fue sacado del vehículo, amordazado y ocultado en el portamaletas de un Opala que se alejó velozmente de lugar.

Encerrado en una carpa al interior de una pieza, recibió duros tratos por parte de sus plagiadores, quienes incluso le dispararon con un arma vacía. Durante 72 horas vivió momentos muy duros e incluso llegó a pedirles a sus secuestradores que lo dejaran en libertad o lo mataran. Desconcertada, la familia recibía información muy difusa, debido a la descoordinación entre las policías. Tanto, que la autoría del FPMR sólo se pudo determinar por una fotografía que éstos dejaron en un basurero donde aparecían junto al uniformado, y no por las pesquisas realizadas en ese momento. De hecho, la familia señala que jamás se les entregó una respuesta satisfactoria sobre las diligencias y hasta hoy no conocen las negociaciones que se hicieron para liberar a su padre, dando cuenta del fuerte hermetismo de las autoridades de la época. El ex oficial era un blanco fácil de secuestro, ya que carecía de guardia y no portaba arma. Sin embargo, los frentistas lo liberaron -amarrado y envuelto en una bandera del Frente- a los tres días sin ninguna exigencia monetaria de por medio, buscando sólo provocar un impacto mediático.

Además de tener un fuerte impacto sicológico en las autoridades de la época y en la población, estas acciones marcarían el modus operandi de la agrupación en sus próximos golpes. A través de estos secuestros selectivos el FPMR consiguió demostrar al país su poderío y, a la vez, obtener recursos para financiar sus operaciones.

Los Grupos de Apoyo

A pesar de toda esta frenética actividad, el FPMR también se había preocupado de organizar labores que sirvieran de apoyo a las acciones militares que emprendía.

Ya desde sus comienzos los frentistas había iniciado un minucioso proyecto de contrainteligencia que implicaba el infiltramiento, tanto de organismos militares, como de la propia CNI. Al respecto, algunos informes del Sistema de Inteligencia Alemán, SED, dan cuenta cabal de los logros que hasta ese entonces se habían obtenido por parte de los frentistas; “En 1983 se logró por primera vez establecer contacto con 34 generales y oficiales de las fuerzas armadas chilenas. Estas relaciones tienen que ser ampliadas prolijamente. Positivo ha sido, sobre todo, el trabajo con militares en retiro, los que, a su vez, pueden ejercer influencia en las filas. Se han logrado repartir cientos de panfletos en los cuarteles. Actualmente 30 suboficiales de las fuerzas armadas colaboran llevando material propagandístico al interior de los cuarteles militares”.

En el aspecto político, la Dirección Nacional del FPMR había creado equipos de trabajo especificos, entre los que se contaban los de “Apoyo Político” y los de “Agitación y Propaganda”.

Ambos grupos eran integrados por no más de seis u ocho personas y estaban a cargo de Martín Pascual, conocido al interior del frente como el “comandante Daniel Huerta”, quien integraba en ese momento la cúpula de la organizacion. En esta tarea era secundadado por Alex Vojkovic Tries, alias “Jorge Salas” o “Raúl”.

Alex Vojkovic, ex vocero del Frente

La principal misión del grupo de Apoyo Politico era brindarle al FPMR el análisis de la coyuntura nacional, debiendo discutir y sistematizar la labor de la Dirección Nacional. Es decir, parte de su trabajo consistía en evaluar las acciones emprendidas por el grupo operativo que, en definitiva, era el que llevaba a cabo las acciones de carácter militar.

Ademas debian servir de puente con otros estamentos de la oposición a Pinochet, como algunos obispos católicos con los que comenzaron a tomar contacto.

También solían reunirse con algunos de los más altos jefes militares de la organización, pues cada cierto tiempo uno de los comandantes se unía para debatir con el grupo. De acuerdo al testimonio de uno de sus integrantes, los equipos se reunían periódicamente en “casas de seguridad” donde se llevaban a cabo los encuentros. Varias de estas citas se realizaron en las comunas de Macul y La Florida, donde el FPMR mantenía parte importante de su red de apoyo.

Entre las labores específicas del segundo grupo, de Agitación y Propaganda, estaba la edición de “El Rodriguista”, una publicación que difundía y explicaba las acciones del Frente. El propio Vojkovic era el encargado de recopilar los documentos que escribían los dirigentes y que, por motivos de seguridad, eran dejados en distintos puntos de la ciudad, como buzones, casas particulares o locales comerciales.

Como gran parte de la información era compartimentada, muchas de las acciones emprendidas por los cuadros de acción del FPMR no estaban en conocimiento de este grupo, pero asimismo les correspondía a ellos explicar a la opinión pública -en la medida de lo posible- los alcances de dichas acciones.

En el caso particular de Vojkovic, su labor lo llevo incluso a oficiar de vocero oficial de las actividades militares de la organización entre 1983 y 1987. Desde ese rol estrechó sus contactos con la prensa opositora, donde era conocido con el nombre de “Jorge Salas”.

Para periodistas como Juan Pablo Cárdenas y Fernando Paulsen -que dirigían la revista Análisis- “Jorge Salas” era un contacto habitual. “Nos encontrábamos en El Parrón, nos entregaba datos y en más de una ocasión nos agendó entrevistas con la jefatura del Frente”, afirma Cárdenas.

Este agrega que en esa época Vojkovic usaba una barba frondosa, vestía bien y tenía buena pinta. “Tenía disposición para colaborar, y siempre destinaba tiempo para escuchar nuestra opinión”, remata.

Paulsen recuerda su modus operandi: “Rompía el molde del cuadro clásico, era extremadamente simpático y relajado. Nos llamaba y dejaba el número de un teléfono público y una hora para contactarlo”.

Con el correr del tiempo, Vojkovic debió informar a la prensa los pormenores de los dos mayores fracasos del FPMR. El primero, el decomiso de armamentos en Carrizal Bajo, y el segundo, el fallido atentado al general Pinochet en el Cajón del Maipo. En ambos casos -según cercanos a Vojkovic- éste se enteró de los hechos a través de los noticiarios y, horas más tarde, al sostener reuniones con el comandante “Daniel Huerta”, este lo instruyó sobre los hechos.

El Caso Vicaria

A las 8 de la mañana del 28 de abril de 1986, un comando del FPMR efectuó un violento asalto a la panadería “Lautaro”, en la comuna de Pudahuel.

En el escape los frentistas se vieron rodeados por efectivos policiales, dando lugar a un intenso tiroteo en el que resultaron muertos el cabo de carabineros Miguel Vázquez Tobar y el rodriguista Lenin Miranda Clavijo, conocido como “Alex” o “el Jefe”. Además resultó herido en un glúteo su compañero Hugo Gómez Peña, “Pedro”, quien debido a ello debió acudir a la Vicaria de La Solidaridad para efectuarse curaciones. Su lesión requería cirugía mayor por lo que fue trasladado en forma clandestina a la Clínica Chiloé, donde fue operado y debió permanecer dos días antes de ser obligado a retirarse. Para su recuperación integra fue acogido en diferentes casas de seguridad, en especial en Ñuñoa donde vivían parejas de ancianos, muchos de ellos antiguos y disciplinados militantes del Partido Comunista.

El mismo día del atraco fueron detenidos los frentistas Germán Alfaro Rojas, “Pancho”, Jorge Marín Correa, “Marco Antonio”, y Belinda Zubicueta, “Roxanna”, quienes también habían participado de la acción.

La policía logró además identificar a Julio Muñoz Otárola, otro integrante del comando frentista, quien finalmente no pudo ser capturado.

Tanto en la cobertura del asalto, como en el traslado del herido tuvo activa participación una mujer que meses después sería la única fusilera en el atentado al general Pinochet. Su nombre era Adriana Mendoza Candia, o “Fabiola”.

Este hecho y sus secuelas daban claros indicios de la red de protección con que contaba el FPMR, en un caso que fue conocido más tarde como el “Caso Vicaria”.

El encargado de iniciar la investigación judicial del atraco fue un coronel de justicia que poco o nada sabia del FPMR , pero con el tiempo se transformaría en conocedor y cazador implacable de los miembros de la organización.

Fernando Torres Silva, convertido en Fiscal Militar, comenzó a interiorizarse del Frente tras la caída de Hugo Gómez Peña, cuando este continuaba con su tratamiento en la Asistencia Publica el 14 de mayo de ese mismo año. En sus declaraciones, Gómez Peña aportó datos suficientes para conformar una visión general del movimiento.

Según organizaciones de derechos humanos, a raíz de los hechos y azuzados por el Fiscal Militar “el régimen desencadena una tenaz persecución, somete a brutales torturas a los detenidos y ataca directamente a los organismos de Derechos Humanos, muy especialmente a la Vicaría de la Solidaridad, encarcelando a varios de sus profesionales y sometiendo a interminables interrogatorios a su personal”.

Según el Fiscal Torres Silva, el caso no hizo más que esclarecer una red de apoyo que era intuida por muchos.

“El seguimiento que como fiscal me tocó hacer en ese caso -explica Torres Silva- me demostró una cosa para mí sorprendente: cómo este hombre fue ocultado por una red de protección en ocho casas distintas”.

Y agrega; “El Frente Manuel Rodríguez tenía una organización excelente y con un sistema de apoyo muy amplio, que lo pude observar en ese caso en especial. Este hombre que fue herido fue llevado a la Vicaria de La Solidaridad y luego paso por ocho casas de seguridad distintas, las que fueron todas, desde luego, debidamente investigadas y procesados aquellos que le dieron protección, porque se sabía que era un hombre que estaba herido en un atentado en que había muerto un carabinero. Y, en definitiva, es entregado al Ministerio del Interior en una conversación que un señor obispo tiene con el titular de la época, Ricardo García. Hay elementos de la Vicaría, gente de izquierda, infiltrada en un esquema de Iglesia, que sí apoyaron al Frente Manuel Rodríguez. De eso no cabe la menor duda. Eso está demostrado y ahí está el proceso. De todos los movimientos subversivos de los últimos 50 años, el Manuel Rodríguez es lejos el que más apoyo popular tuvo, y eso queda patente en este caso”.

Las Armas de Carrizal

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

Algunos integrantes del grupo operativo de Carrizal

El Plan Armamentista

En qué momento de 1985 el círculo de hierro del Partido Comunista decidió dar luz verde a la operación de Carrizal Bajo, aún es uno de los secretos mejor guardados por los sectores de izquierda chilenos. Sin embargo, desde aquel día en que Gladys Marín, Guillermo Teillier y sus hombres más cercanos dieron su venia para que el FPMR internara 80 toneladas de armamento y explosivos en las propias narices de los militares chilenos, comenzó a tejerse una enorme red de contactos mundiales, que involucraría a todos los actores que desde 1974 contribuyeron a la vía armada de la izquierda chilena: la Unión Soviética, Europa Oriental y Cuba.

“Muchas veces se ha querido responsabilizar de esto a Cuba, -ha declarado Guillermo Tellier- pero no, todo lo de la internación se decidió acá, fue un acuerdo político nuestro”.

Así lo corrobora en parte el escritor cubano Norberto Fuentes; “En Chile tuvieron la idea y en Cuba se perfeccionó. El departamento América, la DGI, e incluso el Ministerio de Defensa Cubano, colaboraron con los chilenos”.

Tellier agrega; “Yo conversé efectivamente con Fidel Castro, así como conversé también con Eric Honecker, y con gente importante de los países occidentales, pero no voy a dar nombres. En el caso de Castro, yo solo iba a pedirle ayuda. Y en los primeros intercambios, con la experiencia que el tenía, nos trató de desalentar, porque había una experiencia muy amarga en América latina de intentos de ingreso de armas”.

Finalmente el régimen de Castro aceptó colaborar con los chilenos. Experimentados oficiales cubanos estuvieron a cargo de la adquisición y el traslado del armamento hacia las costas chilenas en el carguero “Río Najasa”.

Pero si los cubanos aportaron su vasto conocimiento en operaciones encubiertas y la mayor parte del arsenal, la Unión Soviética y otros países socialistas entregaron los fondos e, incluso, parte menor del armamento. Con un costo total estimado en US$ 30 millones, la más osada y secreta acción del PC hasta entonces habría obligado a Gladys Marín a viajar reiteradamente a Moscú en busca de recursos acompañada de una delegación de la dirección interna y de altos mandos del FPMR radicados en Europa. Las toneladas de explosivo plástico T-4 -fabricado exclusivamente en Checoslovaquia- y los lanzacohetes RPG-7 rusos encontrados posteriormente confirman que detrás de Carrizal Bajo hubo una paciente recolección de armas de distinto origen. De todo ello se encargaron los cubanos.

La historia de cómo se montó la operación se habría iniciado a principios de 1985. Según un ex comandante del FPMR, el apoyo cubano para llevarla a cabo se consiguió en La Habana, durante un encuentro regado con mojitos entre el general Alejandro Ronda -jefe de la división de Tropas Especiales del ministerio del interior cubano- y el propio Guillermo Tellier, alias “Sebastián Larraín”, jefe de la comisión militar del PC, apodado también “El Príncipe”. El primer eslabón de la cadena lo constituyó el general Patricio de la Guardia, en ese entonces jefe del Estado Mayor del ministerio del interior cubano, Minint.

“Las gestiones en Vietnam para adquirir las armas de origen norteamericano las hizo De la Guardia”, asegura Norberto Fuentes, quién perteneció a la nomenclatura de La Habana y fue amigo de De la Guardia antes de asilarse en Estados Unidos.

Hermano gemelo de “Tony” -el legendario ranger de Castro-, Patricio se encargó de una transacción que constituiría el grueso del cargamento. Sin embargo, el general cubano no realizó esas gestiones específicamente para el FPMR chileno. “El se hizo cargo, a mediados de los años ’70, de las negociaciones para que Vietnam le cediera a Fidel Castro gran cantidad de armamento abandonado por los estadounidenses para la guerrilla latinoamericana. De allí provino la mayoría de las armas de Carrizal”, relata el ex colaborador del departamento América, Jorge Masetti.

Documentos desclasificados recientemente por los norteamericanos confirman la tesis de Masetti. En un informe secreto del Departamento de Estado referente a Carrizal, se consigna; “Hanoi no ha vendido a comerciantes privados las armas norteamericanas capturadas. Ellas aparecieron en Cuba como abastecimiento para la guerrilla regional”.

Tiempo después, el coronel Roberto Márquez, jefe de la unidad operativa de Tropas Especiales, y otros oficiales del comando de elite dieron inicio a varias maniobras en la costa norte de Cuba. “Los hombres de Ronda esperaron las condiciones más parecidas al mar chileno para entrenarse”, relata el escritor Norberto Fuentes.

Desembarco En Carrizal

A mediados de 1985 el FPMR inició la búsqueda de una franja de litoral que reuniera las condiciones necesarias para el desembarco, específicamente en las costas del norte del país.

Los frentistas Claudio Molina Donoso, Alfredo Malbrich, Abelardo Moya, y el jefe directo de la operación, Orlando Bahamonde, más conocido como “Pedro”, recorrieron la costa chilena desde Antofagasta a Valdivia, esperando encontrar el sitio preciso para ingresar el armamento.

Alfredo Malbrich recuerda al respecto; “Habían algunos lugares que no daban la profundidad, porque había que acercarse con el barco lo mas posible a la costa. Tenía que ser necesariamente una playa profunda”.

Alfredo Malbrich, 20 años después

Finalmente el grupo centro su atención en la zona comprendida entre Caldera por el norte y La Serena por el sur. Un área vasta en territorios, con escasez de pobladores e infinidad de caletas próximas a la carretera Panamericana. Mediante fotos y mapas se determinó que las playas más seguras y aisladas eran las aledañas a Carrizal Bajo. Con estos antecedentes, en octubre de 1985, se decidió que el primer desembarco sería en Caleta Corrales.

“Ahí se me entrega la tarea de volver a Santiago y comprar las parcelas donde construiríamos los barretines para guardar las armas”, dice Abelardo Moya, en ese momento encargado militar del FPMR en la zona sur de Santiago. “A través de avisos del diario compramos alrededor de cuatro o cinco parcelas y para mantener la normalidad trasladamos a algunos voluntarios a vivir en ellas”, agrega.

Abelardo Moya Toro

En tanto, Claudio Molina Donoso, “el Rucio”, fue el encargado de buscar piques mineros para esconder las armas en forma provisoria. Entre noviembre y diciembre del 85, Molina seleccionó cinco minas, las que además debían funcionar con una fachada, es decir, con cierta legalidad.

Claudio Molina; “y eso significaba que afuera de los piques poníamos a dos viejitos pirquineros que sacaban oro, o lo que fuera, porque tenían que demostrar que estaban trabajando”.

Claudio Molina Donoso, “el Rucio”

Con los dineros provenientes del apoyo europeo, más los obtenidos en algunos asaltos bancarios los frentistas compraron y arrendaron inmuebles, organizaron casas de seguridad, pagaron pasajes de avión y contrataron albañiles, marineros y cuidadores.

En el norte las operaciones eran dirigidas por “Pedro” desde una casa arrendada en Vallenar. Además, en el subterráneo de otra propiedad en Huasco, se construyó un espacioso barretín para guardar provisoriamente las armas e instruir a varios de los participantes en la operación. Estos se sumaban aun tercer barretín que se ubicaba junto a la carretera, bajo la posada “Árbol de Marañon”.

Los frentistas adquirieron además las goletas Chompalhue y Astrid Sue, 16 vehículos -incluido un camión Cisterna- botes de goma, generadores, y sofisticados equipos de radio y navegación, más los permisos para montar en la zona varias empresas de fachada. Al sur de Carrizal, en la Herradura, se estableció el centro de apoyo para el desembarco guardándose allí botes de goma, motores fuera de borda y equipamiento marino. El costo de estos aspectos operativos y logísticos habría alcanzado los US$ 4 millones.

La “Chompalhue”, goleta que realizó el primer desembarque

En octubre, el Biólogo Marino Víctor Fernández creó junto a Alexis Texier la empresa de cultivos marinos “Chungungo Ltda.”. Ambos frentistas, junto a Vilma Olivares y dos pescadores, iniciaron legalmente las actividades de esta empresa de fachada que se ubicó en Caleta Corrales.

La entonces alcaldesa de Carrizal, Magaly Salinas recuerda al respecto; “No había nada que los delatara que no fueran mas que cultivadores de ostiones. Se notaban personas muy educadas y recuerdo que había una chica con ellos, Vilma, que tuvo mucho acercamiento con la gente, era una niña muy dulce y encantadora”.

De aspecto dulce y con una familia que había sufrido persecuciones políticas, Wilma Olivares participó desde joven en acciones armadas. Junto a su pareja, Víctor Fernández, habían llegado a Carrizal siguiendo su sueño de cambiar a Chile.

En febrero de 1986 también comenzó sus actividades en pleno centro de Vallenar una segunda firma denominada “Productos del Mar”, dedicada a comercializar algas marinas. Esta empresa estaba dirigida por Diego Lira y Sergio Buschmann, alias “el Pelado” o “don Ricardo”.

Sergio Buschmann Silva

Estas “empresas” permitieron destacar en el lugar en forma permanente a numerosos militantes que simulaban ser algueros. Buschmann empezó a comprar huiros y mariscos, los que acopiaba en una bodega de Carrizal y luego vendía en Caldera. Así se justificaba el constante desplazamiento vehicular hacia la perdida caleta.

Aunque la comunicación entre ambas era constante, las empresas de La Herradura y Corrales pretendían no conocerse y disciplinadamente se dedicaban a sus trabajos. Además eran generosos; compraban algas, entregaban agua e incluso colaboraron con luz a la población.

Aníbal Niedblasky, un audaz chofer del Frente conocido como “Fitipaldi” recuerda; “Íbamos donde los Huiremos, y les llevábamos víveres. Estuvimos un buen tiempo preparando el terreno, al final ya nos conocían todos”.

En algunos casos el nexo con los pobladores fue demasiado estrecho. Sergio Buschmann había entablado amistad con la propia alcaldesa Magaly Salinas, invitándola a cenar, e intentando con ella negocios que finalmente se frustrarían.

Aferrados a una rígida compartimentación los frentistas solo se nombraban por sus apodos. Como medida de seguridad, debían saber solo lo necesario.

Pablo Flores, fue uno de los frentistas encargados del desembarco; “Cuando yo ingreso a Carrizal, lo hago en la madrugada y con la vista vendada. En mi grupo éramos tres y nos dividíamos en turnos para hacer guardia y dormir. Nuestra organización corría con la alimentación y el vestuario, que nos llegaba a través de botes”.

Desde Cuba y provisto de un pasaporte falso llegó en enero de 1986 Juan de Dios Márquez, alias “el Pollo”. El asumió como jefe de vigilancia en Corrales; “Mandábamos a algunos de nuestros trabajadores a conversar con los huiremos del sector. Llevaban una botella de vino o de pisco y se ponían a conversar con ellos, y eso nos permitía obtener información sobre lo que pensaban o lo que sabían de nosotros, porque después de unos tragos la gente se suelta. Eso formaba parte también de la seguridad misma”, dice Márquez.

Juan De Dios Márquez, “El Pollo” encargado de seguridad

Abel Rojas fue el huirero que mas trago tomó a cuenta del Frente. Estaba feliz con “don Ricardo”, quien les suministraba agua y les pagaba más que otros compradores por el precio del huiro, “Incluso para vísperas de pascua él nos hizo un préstamo”, recuerda Rojas.

A pesar de su fachada de huireros los frentistas se dedicaban principalmente a probar sistemas de comunicación y navegación, practicaban buceo y recibían instrucción en guerrilla urbana. Cantaban, tocaban la guitarra y además se fotografiaban, suponiendo tal vez que allí estaba la semilla de un triunfador ejército revolucionario. No imaginaban que esas fotos más tarde serían su perdición; “No debían haber tomado esas fotos. Y esa era una recomendación que incluso la teníamos nosotros como partido para nuestro trabajo clandestino”, dice al respecto el dirigente comunista Guillermo Teillier.

 

Algunas de las polémicas fotos

Por las noches los frentistas captaban regularmente mensajes radiales cubanos encriptados que descifraban con un código especial. Todas estas operaciones eran cuidadosamente supervisadas por “Pedro”, uno de los jefes del Frente, cuya verdadera identidad -Orlando Bahamonde- solo pudo ser conocida hasta hace poco tiempo; “De las pocas veces que me junté con él recuerdo que era muy bueno para comer, un sibarita, pero a la vez un tipo muy inteligente y muy hábil”, reconoce Guillermo Teillier.

Orlando Bahamondes Barría, “Pedro” el jefe máximo de la operación

El 3 de diciembre de 1985, cubanos y chilenos reunidos en La Habana finalmente determinaron que el primer desembarco se realizaría el día de año nuevo. Los mejores hombres de Fidel Castro, encabezados por el general Alejandro Ronda, se abocaron de lleno a la arriesgada misión; “El barco salió de Cuba y dio toda la vuelta al mundo, llegando incluso a Asia, como forma de despistar a la Inteligencia norteamericana”, señala el escritor Norberto Fuentes.

Pero entre las celebraciones de fin de año, la operación se vio frustrada al perderse el bote que llevaba a los jefes del Frente hasta la Chompalhue, que ya había zarpado de Caldera y que debía encontrarse en aguas internacionales con el mercante cubano. Hubo un segundo intento, pero la impericia, unida a un mar tempestuoso hicieron zozobrar a un bote Zódiac y casi mata a sus tripulantes. Las críticas apuntaron inmediatamente contra Alfredo Malbrich y Gerardo Alvear, el improvisado capitán de la Chompalhue.

Los pasos siguientes fueron revelados por un informe de la CNI fechado en noviembre de 1986; “Con posterioridad al desembarco frustrado, “Pedro” decidió enviar a Alfredo Malbrich nuevamente a Cuba para coordinar una segunda operación, viajando el nombrado con fecha 8 de enero de 1986 para regresar el día 25 del mismo mes, decidiéndose entonces la realización del primer y efectivo desembarco de armas en Caleta Corrales para mediados de mayo”.

El éxito de la misión dependería ahora de un Ingeniero en navegación llamado Manuel Santana. El se haría cargo de la Chompalhue.

En tanto, el equipo en tierra comenzó a preparase para el nuevo intento. Las decenas de voluntarios eran trasladados secretamente desde Santiago, en camionetas y vehículos cerrados hacia el norte del país. Guillermo Tellier recuerda; “Debe haber habido un centenar de personas trabajando allí. Eran gente de todos lados, que salían de las poblaciones, que se reclutaban en las protestas, de las juventudes comunistas, en fin, eran gente con una tremenda disposición para una acción que era altamente riesgosa”.

El 23 de mayo la goleta Chompalhue zarpó finalmente desde Caldera. A la tripulación se unieron Alfredo Malbrich y otros tres rodriguistas especializados en navegación y comunicaciones. El barco cubano con el general Ronda se aproximaba nuevamente a las costas chilenas. El encuentro entre ambas naves estaba programado para las 11 de la noche, aprovechando las ventajas de la oscuridad. Al atardecer de su segundo día de navegación la Chompalhue llegó a las coordenadas establecidas y comenzó la espera del carguero cubano “Río Najasa”.

Manuel Santana; “Le digo a Alfredo (Malbrich) que faltaban como dos horas para el encuentro, y el se paseaba como león enjaulado. Increíblemente, justo como a los dos horas, en el borde del horizonte, comenzamos a divisar el barco”.

Luego de cuidadosas maniobras la Chompalhue se arrimó al “Río Najasa”. La maniobra resultó perfecta iniciándose la noche del día 24 la inmediata estiba de las armas, perfectamente engrasadas y envuelta en plástico. En una labor que duró casi 12 horas, el pesquero chileno almacenó en sus bodegas y cubierta unas 35 toneladas de armas.

Siguiendo rigurosas instrucciones los chilenos tuvieron escaso contacto con la tripulación cubana. Terminada la descarga los frentistas se aprestaron a volver a Caleta Corrales. Para enfrentar un posible ataque en el mar, estaban premunidos de fusiles M-16, ametralladoras y lanzacohetes. Pero el viaje de regreso deparaba nuevos riesgos.

Mario Vega era uno de los tripulantes de la Chompalhue aquel día; “Íbamos de vuelta, cuando de repente le digo a Malbrich que a lo lejos se veía algo parecido a un buque de guerra. El me dice que no, que era imposible. Entonces me hacen subir a un mástil y veo que sí, efectivamente era un buque de guerra. No lo podíamos creer”.

Ese buque de guerra era en realidad un destructor de la armada, como se confirmó después. Los frentistas evaluaron sus opciones. No había muchas.

Alfredo Malbrich; “Nos preparamos para lo peor, porque que mas podíamos hacer, no teníamos ninguna posibilidad. Yo pregunté en un momento si podíamos cambiar de rumbo, pero eso se descartó porque hubiera aumentado las sospechas. Además teníamos un acuerdo de orden moral, por así decirlo, y era que por ningún motivo entregábamos el barco cargado con armas. Por lo menos teníamos con que defendernos o en último caso había que hundirlo si nos iban a detener”.

Manuel Santana agrega; “Fue como una hora de una tensión increíble. Se habló incluso de un abordaje, pero el nuestro era un barco tan chico que ni siquiera hubiéramos llegado a la altura de la borda del otro buque, entonces como podíamos abordarlo?, y mas aún, estando arriba, que hacíamos? Era peor que lo de Prat. Fue una idea loca que nos duro muy poco. La decisión final fue hacerse los tontos y seguir navegando”.

Sorpresivamente el buque de la armada, que se había acercado peligrosamente a la Chompalhue, sin mediar comunicación alguna continuó el rumbo de su navegación. Los rodriguistas, que se habían alistado para el inminente combate, se sintieron aliviados. Sin otros contratiempos la embarcación siguió viaje con su preciada carga, arribando finalmente a Caleta Corrales al anochecer del día 25 de mayo.

Pablo Flores; “Yo fui el primero en ver que venía acercándose nuestra goleta, informé por radio a los demás y se hizo una fogata para que ellos vieran el lugar donde tenían que llegar”.

La descarga comenzó esa misma noche. Luego de fondear la embarcación apareció un bote zódiac en el que se procedió a hacer el primer trasvasije. Sergio Buschmann; “Fue una emoción muy grande. Cuando se produce la bajada del primer paquete, alguien parte con el himno nacional y se transforma en toda la cadena cantando, pero así, cantando desde el alma”.

Pablo Flores; “Se hacía una cadena de personas y nos traspasábamos las armas. A muchos allí se nos caían las lágrimas. Pasamos toda la noche en el agua, cantando el himno nacional y la internacional comunista”.

Claudio Molina también recuerda la emoción de la gente; “Recuerdo que un minero me pasó un fierro y me dijo ¡ahora sí que ganamos compañero!, con mucha fuerza, y claro… el viejo había estado preso para el 73, le habían pateado el culo, y ahora decía pucha… tengo como!”.

Luego del desembarque las armas fueron depositadas en un jeep cubierto con huiros, que las transportaba hacia los escondites que se habían construido en socavones mineros próximos. Pero aún quedaba un largo camino para trasladarlas hasta Santiago, como estaba planificado. Recién se cumplía el primer paso de una operación que revestía cada vez más riesgos.

El traslado constaba de tres etapas. En primer lugar Patricio Ruilova, junto al equipo permanente de Carrizal, guardaban el armamento en barretines cercanos al sector en forma transitoria. Luego éstas eran llevadas a piques mineros más profundos, elegidos por Claudio Molina, para finalmente ser trasladadas a la capital. En el trayecto a Santiago los vehículos frentistas debían sortear nuevos y riesgosos obstáculos, como los controles policiales carreteros. Pese a ello nunca fueron descubiertos.

Patricio Ruilova; “Acomodábamos las armas en las paredes de una camioneta y la cerrábamos con una tapa de aluminio. Luego la llenábamos con verduras. También llenábamos los neumáticos con granadas y explosivos. Si la policía hubiese sido más astuta, tal vez nos hubieran pillado antes”.

Otra cantidad de armas fueron llevadas directamente a los barretines de Huasco y a los subterráneos de la posada Árbol de Marañón. Aníbal Niedblasky participó de aquella faena; “Cuando bajamos y tiramos las armas al barretín nos dimos cuenta, y decíamos pucha, estas son las armas! Ah que bueno, bravo por el Frente!.

Erasmo Mayoringa, también testigo de la escena, era el frentista mas veterano del grupo; “Cuando estaba en esa casa de seguridad y llegaron las armas, yo las tomaba y las miraba, y me gustaban, hasta las hallaba bonitas, no lo podía creer”.

La Chompalhue fue trasladada a Bahía Inglesa donde su cubierta y bodegas fueron lavadas para borrar todo rastro de lo transportado. El denominado “Año Decisivo” iba en serio y los rodriguistas comenzaban a entrenarse con las mismas armas que los vietnamitas habían derrotado a los norteamericanos.

Pese a que el primer desembarco había pasado inadvertido entre los pobladores de Carrizal, pronto comenzaron a aparecer algunas señales que despertaron suspicacias entre los lugareños. En el pueblo ya se rumoreaba de movimientos extraños o algún tipo de contrabando.

Pablo Flores; “Los compañeros que bajaban a los cabarets, se tomaban su trago y tal vez ahí, con alguna de las niñas se les soltaba la lengua”.

Inevitable fue que los marineros frentistas buscaran entretención en prostíbulos de la región. Las visitas podrían incluso ayudar como fachada; “Empezó la inquietud de porque estos huiremos no iban a casas de puta, no serán maricones estos gallos?, entonces había que ir a estos lugares”, confiesa Sergio Buschmann.

Pese a todo, los más de mil M16, las toneladas de explosivos y lanzagranadas ya ingresados no parecieron suficientes para el Frente por lo que las jefaturas decidieron sobre la marcha preparar un segundo desembarco. El plan original organizado por “Pedro” y el resto de la jefatura frentista contemplaba un único desembarco, pero al constatar la facilidad con que había resultado el primero cundió el entusiasmo y en una reunión realizada en Vallenar se decidió realizar un segundo desembarco.

Juan de Dios Márquez, encargado de la seguridad del enclave frentista reconoce su sorpresa cuando se enteró de que una segunda operación estaba en marcha; “Cuando terminamos el primer desembarco se ordenó limpiar todo y salir. Entonces yo me volví para Santiago. Pero luego, cuando me comunico telefónicamente con un compañero y me dice que viene la segunda operación, yo le digo, pero como!, protesto!, y él me dijo, bueno, esa es la orden. Luego en Vallenar me encuentro con Rafael Pascual y lo primero que me dice es, bueno y quién cresta dio la orden para esto?, esto está quemado!”.

Un informe de la CNI da cuenta de la reunión en que se decidió la internación del segundo cargamento; “Entre junio y julio de 1986 se efectuó una reunión en la casa de calle Serrano 701 de Vallenar, con la asistencia de “Pedro”, Alexis Texier, Sergio Buschmann, Claudio Molina y el inculpado prófugo conocido como “Pato Lucas”, planificándose un segundo desembarco que tuvo lugar en el mes de julio, esta vez con el uso del pesquero “Astrid Sue”, con su tripulación incrementada con los marineros Manuel Gallardo Olate y Aliro Piña Rojas , pero con la exclusión de Mario Vega Vargas que había abandonado la nave por desavenencias con Manuel Santana y Alfredo Malbrich”.

Efectivamente el 20 de julio, alrededor de las 19.00 hrs., zarpó desde Huasco el pesquero “Astrid Sue”. En Corrales lo abordaron otros jefes y expertos en navegación satelital, dirigidos ahora por Juan Ruilova Maluenda, el “Loco Toño”, quien había sustituido a Alfredo Malbrich. Al zarpar, “Pedro” dirigió una arenga a la tripulación, que no era conformada exclusivamente por militantes comunistas. Alex Castro, uno de los navegantes frentistas, notó en ese momento la incertidumbre de algunos; “Ahí recién muchos marineros se dieron cuenta de lo que estaba pasando y yo les decía que solo era un contrabando, que les íbamos a pagar, con tal de quitarles el miedo”.

Luego de varias horas en altamar, y pasadas las 200 millas de navegación, se produjo el segundo encuentro. El barco cubano esta vez era de 45 toneladas, por lo que la capacidad de la goleta frentista se vio ampliamente sobrepasada. Pese a ello, inmediatamente se inició el traspaso de las armas.

En esa situación el marinero Yuri Forte sufrió un golpe en la cabeza y Patricio Ruilova decidió subirlo al barco cubano para que recibiera curaciones. Allí hablaron con los enviados de Fidel Castro. “Solo supe que eran cubanos por el acento”, dice Forte.

A diferencia del viaje de la Chompalhue, en su regreso la Astrid Sue debió resistir los embates de un temporal que estuvo a punto de hacer zozobrar la embarcación. Yuri Forte; “Ese barco se salvó solo por maniobra, porque en un momento dado teníamos la cubierta llena de agua y el barco se nos hundía. Ahí empezaron los gritos para acá, para allá, y hubo que botar algunas armas al mar. Yo no sé de tonelaje, pero me da la impresión de que traíamos mucho más de lo que aguantaba el barco. Ese regreso fue una odisea”.

Sorteando el temporal y los peligros, la Astrid Sue se aproximó a Caleta Corrales al atardecer del 26 de julio. Arribaba con 40 toneladas de armamento, sobrepasando ampliamente su capacidad de carga. La única diferencia con el primer desembarque fue que ahora eran 120 personas las que esperaban el arribo de las armas, lo que facilitó su rápido traslado.

Luego de esta segunda operación la Chompalhue y el Astrid Sue continuaron en poder del Frente, aparentemente en espera de realizar nuevos desembarcos, a pesar de que en la zona seguían proliferando las señales de alarma.

Muchas de las armas llegaron finalmente a Santiago, aunque había pocos barretines listos para su acopio. En Corrales siguieron almacenados 300 M-16 y varios lanzacohetes. “La idea era hacer una operación relámpago y evidentemente no funcionó”, dice Juan de Dios Márquez.

Cientos de militantes participaron en los desembarcos sin ninguna filtración y los poderosos aparatos de seguridad del régimen habían sido burlados. Los cubanos volvían a casa ligeros de equipaje, mientras cundía la satisfacción en La Habana y Europa Oriental. Pero el éxito aflojó la disciplina y la gente de Carrizal seguiría murmurando.

La Punta Del Iceberg

Magaly Salinas, la alcaldesa de mar que tuviera una efímera amistad con Sergio Buschmann, siguió conjeturando sobre lo que ocurría en la caleta y decidió finalmente compartir sus inquietudes con la alcaldesa de Huasco. Esta su vez pidió a la intendente de Atacama que investigara los rumores. Se dispuso la investigación para el 6 de agosto.

Juan de Dios Márquez; “Nosotros teníamos que haber retirado lo que nos quedaba de armamento el 5 de agosto, pero por X razón el camión no llegó. Pecamos de confianza y dejamos sólo un lanzacohetes y un M16 a los guardias que quedaron en el lugar”.

Luego de hablar con la alcaldesa de mar, ese 6 de agosto cuatro agentes de la CNI se dirigieron a Caleta Corrales. Después del mediodía descendieron por la sinuosa senda, sin que el guardia Italo Moya se percatara de la intrusión.

Italo Moya; “Yo estaba en una parte alta y vi movimientos raros. Entonces pensé que eran gente que compraba huiros y decidí esperar sentado hacia la playa, cuando de improviso me sorprenden por detrás. Luego me amordazaron y me vendaron”.

Juan de Dios Márquez; “La orden que tenía la guardia era que si entraba alguien o un vehículo extraño, tenía que hacer un disparo al aire, pero no se supo que cresta pasó, porqué no actuó”.

Entre los roqueríos cercanos a la playa se encontraban ese día los frentistas Juan de Dios Márquez, Pablo Flores, Rafael Pascual y Gonzalo Valenzuela, acompañados por Abel Rojas, el alguero que les vendía huiros.

Pablo Flores; “A esa hora llegó el Jeep hasta donde mismo estábamos nosotros, en la playa. Como te digo estábamos tomando desayuno y con una guitarra en la mano. Ellos empezaron a revisar el lugar, porque juraban ciegamente que éramos traficantes de locos”.

En la frenética revisión aparecieron documentos y vainillas de balas. Más que un contrabando de locos, la situación se asimilaba a una red de espionaje internacional. La compleja operación comenzaba a ser desbaratada.

Pablo Flores; “y después siguen haciendo un rastreo y en algún momento uno de ellos encuentra entre las rocas un fusil M16. Ahí les cambio la cara y empezaron a gritar que éramos terroristas”.

Juan de Dios Márquez; “Me pegaron una patada en los testículos y nos tiraron a todos a tierra. Nosotros estábamos sorprendidos, no lo esperábamos”.

Después de ordenar a dos de sus hombres quedarse en el lugar junto Moya, Valenzuela y al huirero Abel Rojas, René Alfaro -el nombre de chapa del jefe del grupo de la CNI- y un subordinado trasladaron a Vallenar a tres de los detenidos tendidos en el piso del jeep. Mientras viajaban a Vallenar con los detenidos, el jeep de la CNI se cruzó en el camino con el que conducía Sergio Buschmann, quien iba hacia la playa. Sin imaginar lo ocurrido los frentistas llegaron a la quebrada y Buschmann bajó solo hasta los roqueríos.

Con bastante alcohol en el cuerpo, Abel Rojas fue utilizado como cebo para atrapar a Buschmann, quién desprevenidamente llegaba al lugar.

Abel Rojas; “Entonces ahí me pusieron de sapo, cuando de repente por un camino empieza a bajar alguien. Cuando se acercó me di cuenta que era Buschmann, el pez gordo. Ahí ellos le dijeron ¡manos arriba! y él les dijo ¡nunca alzo las manos! y siguió discutiéndoles”.

Sin amedrentarse ante la sorpresa, confundiendo a los agentes con gestos y palabras y utilizando todos sus dotes histriónicos, Buschmann se negó a ser detenido; “… y me dicen te estábamos esperando viejo tal por cuál, tu eres el director de la escuela de guerrillas y de inmediato me ponen una pistola en la cabeza. Entonces al tipo que me apuntaba le di un empujón y comencé a correr a los roqueríos, porque si tu estás en el campo o en un lugar abierto, el arma corta no te sirve”.

Buschmann logró volver al jeep y retornar a Vallenar para alertar a sus compañeros. Anochecía y la CNI, sus tres presos, y el huirero quedaron en la playa. Pero la aparente tranquilidad se vio pronto interrumpida, cuando capitaneados por Buschmann, varios frentistas volvieron al rescate de sus compañeros, ahora premunidos con fusiles M-16.

Buschmann; “Les gritamos que entregaran a los presos y que si nuestros compañeros no subían, iba a empezar el baleo”.

La balacera no tardó en desatarse, prolongándose durante media hora. En medio de la refriega, agentes, huiremos y hasta los presos -que ya habían logrado desatarse- huyeron, mientras la noche se espesaba en el desierto. Buschmann y sus hombres, conscientes que había comenzado un cerco en torno a la caleta, abandonaron el jeep perdiéndose entre las montañas.

Otro vehículo comandado por Diego Lira, y que intentaba llegar con refuerzos, se enfrentó con carabineros recibiendo decenas de proyectiles. Los frentistas resultaron indemnes del enfrentamiento regresando a La Herradura. Allí Vilma Olivares, Víctor Fernández, y otros miembros de la empresa de fachada enterados del allanamiento, abordaron un bote de goma iniciando una desesperada fuga por la costa, tratando de evitar a los buques de la armada que ya habían sido alertados. Navegaron dos días hasta que se les acabó el combustible y debieron bajar a tierra donde continuaron escapando.

Claudio Molina; “y por la necesidad de salir rápidamente de ese punto en el bote, es que se les queda olvidada la cámara”. El olvido de esa cámara, con numerosas fotos de los implicados en la operación, permitiría más tarde la identificación y captura de muchos de ellos. Sin agua ni alimentos, muchos frentistas deambularon durante días por el desierto, ocultándose en puentes y alcantarillas.

Víctor Fernández; “El hambre era tremenda. En ese deambular incluso nos tuvimos que comer una mula que encontramos y gracias a eso nos alimentamos durante diez días”.

Gonzalo Valenzuela, Manuel Santana, Patricio Ruilova y Víctor Fernández lograron eludir el cerco y nunca fueron capturados. Distinta suerte corrieron Alfredo Malbrich -quien fue atrapado al salir de la casa que arrendaba en Vallenar- e Italo Moya, quién fue detenido dos días después en una mina abandonada.

Sergio Buschmann junto a Diego Lira, Aníbal Niedblasky y otros dos frentistas, después de escapar de la playa huyeron hacia los cerros cercanos. Pasaron cincos días intentando eludir el cerco policial, días en que sufrieron los rigores del desierto. Finalmente fueron capturados.

La zona de Carrizal se convirtió en una ratonera, con un masivo despliegue de aviones, helicópteros, uniformados y CNI. La razzia contra los hombres del FPMR estaba desatada.

La Sombra del Fracaso

En la segunda semana de agosto de 1986, un alto mando frentista charlaba con otros compañeros en uno de los principales refugios del FPMR en Europa Occidental. Sin entrar en detalles, anunció importantes golpes para los meses siguientes. La conversación se interrumpió cuando el televisor de la sala difundió un acontecimiento de Chile. Consternado, el jefe frentista se echó a llorar. A miles de kilómetros, el régimen de Pinochet informaba al mundo sobre el hallazgo de un gigantesco arsenal de armas en las costas de la tercera región, en una pérdida caleta llamada Carrizal Bajo. El desconsolado “comandante” era uno de los pocos que conocía íntegramente la magnitud de la desbaratada operación.

Carrizal Bajo fue la mayor operación del FPMR desde su génesis hasta 1986. Con decenas de hombres comprometidos, era también su acción más secreta. Pese a ello, increíbles errores hicieron que, pese al éxito de la misión cubana, el 6 de agosto de 1986 todo fuera descubierto por la CNI, que en dos semanas incautó 3.115 fusiles, más de 300 lanzacohetes, unas dos mil granadas de mano, decenas de ametralladoras pesadas y toneladas de explosivos. Tan sólo en los primeros cinco días del hallazgo, 21 implicados cayeron detenidos.

En una faena que duró casi una semana, la CNI detuvo a importantes participes de la internación, entre ellos a Alfredo Malbrich, Sergio Buschmann y Diego Lira Matus, quienes aparecían como los cabecillas o “coordinadores”. Al mes siguiente, en Santiago fue detenido Claudio Molina Donoso, “El Rucio”, quien estaba a cargo de la recepción y distribución del armamento en tierra. Luego de esta diligencia se incautaron más armas en Paine y La Pintana.

Diego Lira fue detenido junto a Buschmann y otro compañero tras un enfrentamiento con los militares, luego de deambular siete días por el desierto. Los agentes los tiraron a unos cactus y fueron torturaron en La Serena y en el cuartel CNI de Borgoño en Santiago.

Alfredo Malbrich: “Yo creo que todos escuchamos las torturas a las que fue sometido Sergio (Buschmann), porque a él lo tuvieron mucho tiempo colgado en el patio del cuartel”.

La falta de preparación del equipo designado para recibir las armas fue evidente. Muchos tenían una pobre formación política y escasa experiencia en operaciones de esa índole. “Algunos ni siquiera eran frentistas. Incluso, varios ni siquiera estaban familiarizados con los medios y los montos de dinero que se les confió para que la operación fuera un éxito”, comenta un ex oficial frentista hoy radicado en Europa.

Ya en los primeros días de su llegada a Carrizal, la gente de la zona comenzó a recelar de los afuerinos, quienes ostentaban grandes sumas de dinero. “Un miembro del equipo hasta empezó a pololear con una niña de la zona”, reconoce otro ex frentista.

Cuando ya las armas estuvieron en tierra, las irresponsabilidades se acentuaron. Luego que la operación fue descubierta por la CNI, Claudio Molina Donoso, el jefe del equipo de tierra, fue acusado por algunos compañeros de celebrar la llegada de las armas arrendando una avioneta para viajar con un grupo a Caldera.

“Allá llegaron con fajos de billetes y se encerraron en un prostíbulo, cantando la Internacional Comunista y despertando las sospechas de todos”, narra un ex oficial del FPMR, cuya versión es confirmada por otros tres ex frentistas. Una vez que se supo que el arsenal había sido descubierto, los cubanos no ocultaron su indignación por la incompetencia chilena. “Toda la parte cubana de la operación fue un éxito, los que fallaron fueron los chilenos”, asegura el escritor cubano Norberto Fuentes.

“El mayor cubano Rigoberto Cruz, amigo mío y oficial de tropas especiales, iba a bordo del Río Najasa. El viajó junto al general Ronda, quien quiso supervisar personalmente la entrega. Cuando se juntaron con los chilenos en alta mar había marejadas que dificultaron el traspaso, pero todo resultó bien. Rigoberto Cruz me mostró una foto de Ronda sonriendo, en la cubierta”, recuerda el ex oficial cubano Lázaro Betancourt. Tal es así que cuando los oficiales cubanos a cargo de la misión volvieron a La Habana después de su exitosa entrega, fueron recibidos con una ceremonia. “En la sede central de Tropas Especiales, hubo una celebración, donde todos los participantes en el desembarco de armas fueron condecorados”, relata Lázaro Betancourt. Norberto Fuentes agrega: “Fidel los premió con automóviles y otros regalos”.

“Infiltrar tantas toneladas de armas dos veces en un mismo punto fue demasiado arriesgado. De haber sido menor la cantidad, como para hacer sólo dos viajes, no nos hubiesen descubierto”, reconoce un ex jefe frentista.

En esa línea, al interior del FPMR circuló durante años la versión de que el entonces ministro del Interior cubano, José Abrantes, apostó, de propia iniciativa, por entregar más armas de las que el FPMR era capaz de ocultar. Ello le habría costado una durísima reprimenda de Fidel Castro cuando vino el descalabro. Esta versión, sin embargo, es desmentida por Norberto Fuentes: “Abrantes sólo cumplió órdenes. Quien decidió la cantidad de armas, quien puso a Ronda a cargo, y quien después pidió un completo informe del fracaso se llama Fidel Castro Ruz. Todos los demás cubanos implicados fueron instrumentos”.

Cuando la CNI dio con la punta del iceberg, menos del 10 por ciento del armamento había sido distribuido. El golpe fue devastador. El FPMR no sólo se quedó sin armas para la “Sublevación Nacional”; también la ineficiencia demostrada por el equipo de tierra calaría hondo en la cúpula del Frente y entre los cubanos.

Si bien pequeños ingresos posteriores de armamento a través de la frontera con Argentina, paliaron en algo el fracaso, el FPMR nunca pudo recuperarse. “Además, las pocas armas salvadas no estaban pensadas para la vida urbana en Chile. Portar un M-16 en la calle era un suicidio. Hubo que cortar algunos en tornerías del partido”, cuenta un ex combatiente.

Las armas fueron exhibidas inmediatamente a la opinión pública

Según recuerda el ex fiscal Fernando Torres Silva, cerca de 150 hombres participaron en la operación, todos los cuales hoy se encuentran en libertad; “Existía gente con instrucción guerrillera, como (Alfredo) Malbrich, un hombre brillante, que tenía a su cargo las comunicaciones. Recuerdo que a través de un satélite que pasaba día por medio a través del meridiano de Copiapó se contactaba con Cuba. Nosotros siempre captábamos lo que se transmitía, pero nunca logramos quebrar los códigos para entender la información”.

Torres Silva agrega; “Si bien ni las armas, ni los hombres, alcanzaban para derrocar al Régimen, con todo ese arsenal podrían haber provocado una suerte de enfrentamiento. Estamos hablando de M16, que es un armamento de guerra, de muchos kilos de un explosivo que es el T4, le llamaban “la bomba atómica de bolsillo”. Un trozo del porte de una pelota de tenis vuela un edificio. Los cohetes Law que fueron usados en el atentado contra el general Pinochet. Era suficiente para haber armado a 10 mil hombres. Estimo que eso no hubiera sido suficiente para derrocar al régimen militar, pero sí lo suficiente para haber provocado una serie de atentados y los muertos habrían sido por lado y lado y por varios miles”.

Alfredo Malbrich no coincide con los cálculos del ex fiscal; “Con el armamento que había ahí alcanzaba para que combatieran 3.000 hombres durante 30 minutos, y ustedes comprenderán que nadie gana una guerra en ese lapso”.

Con los años se especuló que para la policía chilena fue vital la colaboración de los EEUU, cuyos servicios de inteligencia habrían detectado por satélite los desembarcos de armas, permitiendo la acción de los militares. Esta versión es desmentida por Pablo Flores, uno de los frentistas que participo en la operación; “Eso es mentira, nosotros caímos por nuestros propios errores, no por un satélite”.

Se cree también que la operación que descubrió la internación fue posible gracias a informaciones entregadas por Humberto, un miembro de los servicios de seguridad cubanos que trabajó para la CIA.

Los fusiles M-16 ingresados por Carrizal, que fueron incautados, fueron incorporados por algunas unidades de las Fuerzas Armadas, siendo definitivamente destruidos en el año 2001. Sin embargo, existe una “cifra negra” de este armamento que no fue encontrado y que el FPMR siguió utilizando durante años para sus operaciones. Muchos han sido decomisados, pero otros tantos, no cuantificados, aún siguen circulando. La investigación original prescribió a fines de los noventas y todos los involucrados se encuentran hoy libres o fuera del país.

La Operación Albania

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

LA GÉNESIS DE UNA MATANZA

Entre el 15 y la madrugada del 16 de junio de 1987, doce miembros del FPMR murieron acribillados a manos de agentes de la CNI, en lo que pasó a ser uno de los operativos antisubversivos más oscuros del régimen militar, conocido como la “Operación Albania”.

El germen de la “Operación Albania” radicó en la preocupación que anidaba en las filas de los aparatos de seguridad tras el atentado a Pinochet y en el cada vez más consistente trabajo de seguimiento que tenía ubicada a buena parte de la plana mayor del FPMR en Santiago, hacia comienzos del año 87.

A comienzos de junio de ese año, Álvaro Corbalán, jefe del estamento operativo de la CNI, recibió una información que fue clave para lo que siguió. El oficial a cargo de la Brigada Verde encargada de neutralizar al Frente Patriótico, Krantz Bauer dio cuenta de que había una concentración inusitada de frentistas en Santiago.

En esos días, la Dirección Nacional del FPMR había fijado una importante reunión de sus máximos líderes. Tal era la oportunidad que habría estado esperando la CNI para atrapar a la mayor cantidad de líderes del Frente de una sola vez. La idea era darle un golpe mortal al FPMR, de tal naturaleza que ya no pudiera volver a levantarse.

De acuerdo con antecedentes del proceso, el operativo partió en la oficina de Bauer, que se percató de la extraña efervescencia que se vivía entonces en las filas del grupo, situación que informó a sus superiores. En su calidad de analista de inteligencia, Bauer creía poseer un completo panorama de la organización izquierdista. De hecho, sus hombres habían logrado identificar al menos a dos de los seis miembros de la Dirección Nacional del Frente.

“Llegué a tener una información de aproximadamente quinientos componentes profesionales del Frente Manuel Rodríguez en Santiago, lo que estimé que era mucha gente y que ese movimiento nos podía indicar la preparación para una actividad que podría ser de graves consecuencias para el país”, declaró Bauer en el proceso.

Gran parte de los datos de la CNI llegaban gracias a la información obtenida tras los fracasos de la internación de armas en Carrizal Bajo y el atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo, ocurridas meses antes, operaciones en las que decenas de frentistas y militantes del PC cayeron detenidos. Además, de acuerdo con una versión extendida posteriormente entre los familiares de las víctimas de la Operación Albania, uno de los apresados, mas algunos infiltrados, habrían pasado a colaborar con la CNI.

La cúpula del Frente había comenzado entonces un trabajo de contrainteligencia para detectar a los infiltrados. En enero de 1987, ya figuraba en la tabla de una de las reuniones de la Dirección Nacional el punto que ellos mismos calificaron como “infiltración”.

En marzo de 1987, tres altos dirigentes frentistas se reunieron en una casa de seguridad en Santiago, con el fin de analizar detalladamente los videos grabados de los actos y reuniones realizados por el FPMR en esos meses. Con lápiz y papel en mano fueron observando las imágenes e identificando a los asistentes a los actos, chequeando sus nombres, su tiempo de pertenencia a la organización y su grado de confiabilidad.

En mayo de ese año, es decir apenas un mes antes de las muertes masivas en la “Operación Albania”, la cúpula del FPMR ya tenía serias sospechas de militantes específicos de sus filas. Incluso, pensaban que la infiltración podría haber llegado a un alto nivel dentro de la organización. Sin embargo, la Operación Albania puso fin a ese trabajo de contrainteligencia. Según un ex frentista, los dardos indicaban a un combatiente que se había formado militarmente en Bulgaria, de quien más tarde se supo que era familiar de una funcionaria de la CNI y que luego colaboró con “La Oficina”, el organismo de inteligencia creado por la administración Aylwin en 1991.

Gracias a este informante y a su propio trabajo de inteligencia, los hombres de la CNI tuvieron claridad respecto de las personas que debían ser detenidas y, eventualmente abatidas, iniciando a principios de 1987 una exhaustiva ronda de seguimientos y puntos fijos sobre importantes miembros del FPMR. Según un consultado allegado al proceso, para algunos efectivos de la CNI esto implicaba “levantarse y acostarse durante semanas” siguiendo al hombre a su cargo.

Uno de los logros más importantes de esta labor fue la identificación de José Valenzuela Levi, quien con el nombre de “Ernesto” comandó el fallido atentado a Augusto Pinochet. En los ficheros de la CNI, Valenzuela era llamado “Rapa Nui”, debido a que fue visto por primera vez saliendo de una vivienda en una calle con ese nombre. Por su parte otro líder frentista, Ignacio Recaredo Valenzuela, era “Chaqueta de cuero”, por la vestimenta que usaba al momento de su primera detección.

Desconociendo que el FPMR estaba a punto de separarse del Partido Comunista, Bauer habría interpretado la alta concentración de frentistas en la capital como un signo de que el grupo preparaba un nuevo golpe. Con esta certeza, Bauer hizo patente sus inquietudes a su superior, el mayor Álvaro Corbalán. La decisión fue desarticular este creciente movimiento en las huestes del Frente con un operativo de gran envergadura.

Corbalán obtuvo del entonces director de la CNI, el general Hugo Salas Wenzel, la orden para que efectivos de todas las brigadas a su cargo procedieran, apoyados por la Unidad Antiterrorista del Ejército y por funcionarios de Investigaciones. De acuerdo con la confesión posterior de Corbalán, la orden de Salas Wenzel implicaba acabar con la vida de todos los frentistas que fueran detenidos. Es decir, “reventar” definitivamente al FPMR, según la jerga de esos días.

Álvaro Corbalan (arriba) y Hugo Salas Wenzel, jerarcas de la Operación Albania

Según consta en el primer documento de los 30 tomos del expediente, el mismo 15 de junio el fiscal militar Luis Acevedo había autorizado todas las detenciones y allanamientos. Como un aviso de lo que vendría, en la mañana del 15 de junio, varios frentistas alcanzaron a huir durante un allanamiento a un inmueble en calle Héroes de la Concepción, en Recoleta.

LA MUERTE DE “BENITO”

Ignacio Recaredo Valenzuela Pohorecky era seguido desde marzo de 1987. La CNI sabía que era importantísimo dentro del FPMR. Valenzuela era un destacado ingeniero y académico, en la vida pública. En la privada, el “comandante Benito” era uno de los seis más altos oficiales del Frente, para esa época. Reconocido por su arrojo, la CNI sabía que había participado en el asalto a una armería y se había enfrentado a funcionarios de seguridad en varias ocasiones.

Ignacio Recaredo Valenzuela, el “comandante Benito”

Aquella mañana del 15 de junio de 1987 sería una de las más heladas del último siglo. La CNI ya esperaba afuera de la casa de Valenzuela, en la remodelación San Borja, desde cerca de las 6 de la mañana.

La madre de Ignacio Valenzuela, Adriana Pohorecky, recuerda: “Ignacio me llamó como a las diez de la mañana y me dijo que como en media hora o en una hora estaría acá y pasaba el tiempo y no llegaba…”

Valenzuela fue muerto al mediodía en la calle Alhué, de Las Condes, por disparos de agentes de la CNI efectuados a unos 25 metros de distancia, desde un furgón, cuando caminaba por la citada calle. Recibió tres impactos, uno de ellos en el tórax, que le resultó mortal; otro en el glúteo y el tercero en el pie. Además, un árbol tras el que se refugió registró cuatro impactos de bala y la casa por donde él iba pasando también evidenció balazos.

Valenzuela estaba a escasos 30 metros de la casa de su madre, cuando fue interceptado, según el relato judicial de René Valdovinos, uno de los agentes de la CNI que actuó en ese operativo. Este mismo agente declaró en el proceso; “Lo teníamos rodeado y estábamos armados. Honestamente pensé que se iba a rendir frente a esa desventaja en que se encontraba, lo que no hizo y al contrario, tomó la pistola con la intención de repeler la detención y por lo tanto todos disparamos en su contra y varios disparos a la vez, cayendo éste al suelo”.

Eran las 12:10 del 15 de junio y la existencia de Ignacio Valenzuela se extinguió casi instantáneamente.

Adriana Pohorecky: “Me asomé a ver qué pasaba y vi la calle llena de vehículos, llena de gente y un hombre en el suelo, su ropa me resultó familiar, pero no quise creer que podía ser él, trate de acercarme para cerciorarme pero no me dejaron, andaba gente de la CNI, había mucha policía, y no me dejaron seguir por lo que decidí volverme a la casa”.

El cuerpo sin vida de Ignacio Valenzuela

Los primeros días luego del incidente, el entonces abogado de la Vicaría de la Solidaridad, Sergio Hevia, comenzó a encontrar cosas extrañas en la muerte de Valenzuela; “En realidad nunca pude encontrar alguien que dijera que estuviese armado. Aunque tampoco lo descarto, por la opción política que el tenía”.

Adriana Pohorecky: “Es más, él intentó ocultarse detrás de un árbol cuando lo atacaron, entiendo que fue fuego cruzado, o sea, no había nada que el pudiera hacer”.

La operación de encubrimiento de la policía comenzó ya al día siguiente, cuando en un medio de prensa escrito apareció una mujer asegurando que su hijo vio como Valenzuela sacaba un arma para enfrentarse a los agentes.

El abogado Nelson Caucoto, cuenta; “Se dejó lanzada la tesis de que allí Valenzuela habría repelido el fuego. Bueno, se hizo la investigación, la señora citada por el diario nunca existió, no tenia existencia legal, y el domicilio donde se dice que ella vivía nunca fue ratificado porque lo negó la propia dueña del inmueble citado. Y eso no es todo, pues en un periódico de la época, llamado “A Fondo” apareció un titular señalando: “Habla testigo clave, que vio enfrentamiento”. La persona existía, pero después fue personalmente a reclamar a la fiscalía militar, como consta en el expediente, indicando que él nunca declaró ni vio nada. Hasta ahí todo parece un lío entre la prensa y algún afectado, pero el tema tiene un matiz distinto, investigando quiénes están detrás de la revista A Fondo, apareció Álvaro Corbalán como el dueño de la revista”.

El 9 de noviembre de 2000, el ex agente de la CNI, Manuel Morales Acevedo, agregó un nuevo antecedente que fue crucial para entender el montaje que se estaba llevando adelante; “Si bien la misión era detener a este sujeto, el intentó sacar un arma, la tomó y hubo que disparar en su contra y el arma efectivamente la portaba el sujeto, sin perjuicio que para darle mayor efectividad se le cargó, colocándole entre sus ropas una granada”.

La CNI informó en su momento que Valenzuela portaba una pistola y la citada granada. Pero los testigos afirmaron que no iba armado y que sólo atinó a darse vuelta, por lo cual le dispararon en un glúteo y en un pie. Los testigos señalaron que minutos antes de los hechos fueron advertidos de que iban a producirse disparos y que debían alejarse del lugar.

LA MUERTE DE PATRICIO ACOSTA

Ese mismo 15 de junio, seis horas más tarde, otro numeroso grupo de agentes tenía copado el lado poniente de la calle Varas Mena. Los agentes acechaban a “Jirafales”, como le decían por su altura a Patricio Acosta Castro, un importante oficial del FPMR.

Patricio Acosta Castro

Según los numerosos testimonios disponibles en el expediente, ese día la mencionada calle estaba siendo vigilada por sujetos que se desplazaban en automóviles, algo que los vecinos habían notado que sucedía desde hacía una semana. Debido a ello, habían llamado a Carabineros, los que conminaron a los sujetos a identificarse. Cuando estos lo hicieron se supo que pertenecían a la CNI.

La vecina Carmen Barrera, pudo ver claramente desde su casa que había gente extraña en su cuadra; “Sí, había un movimiento inusual, porque habían vehículos parados aquí en la esquina que uno no los conocía y como que había una tensión, algo raro”.

Patricio Acosta llevaba una vida pública normal e incluso se había hecho cargo de su hijo Sebastián, tras separarse de otra integrante del Frente, Patricia Quiroz.

Esa tarde salió de su casa cerca de las 18 horas con su hijo. Ya era férreamente seguido. Los vecinos declararon que solían verlo solo y que lo único que sabían de él era que tenía un hijo y que era profesor.

Los amigos como Elizabeth Muñoz le decían Pacho. Ella recuerda ese día: “Él pasó al negocio a comprar cuchuflís, inclusive le pidió a mi hermana que lo acompañara, mi hermana le dijo que no podía, porque mi mamá no estaba y no había nadie más que se pudiese quedar en el negocio. Y el niño que era Sebastián no quiso acompañarlo y se quiso quedar aquí en el negocio”.

De lo que vino después todos los agentes, casi sin excepción, inculpan al agente de la CNI, Francisco Zúñiga.

El agente Juan Jorquera declaró en el proceso; “Alrededor de las 18:00 a 19:00 horas salio de esa casa un individuo alto, de bigotes y que por las características físicas correspondía el sujeto a quien se buscaba, por lo que lo seguí hasta Santa Rosa, desde donde éste se devolvió hacia la casa y lo seguí a pie, quedando mi equipo estacionado allí en Santa Rosa. Se me ordeno detenerlo, pero yo no podía hacer esa detención solo, por la gran contextura física del sujeto. Es del caso que, mientras lo seguía, a cierta distancia observe que en sentido contrario venía el Capitán Zúñiga con otros agentes, por lo que pensé que ellos iban a proceder a la detención. Sin embargo, en un momento dado y cuando el sujeto se encontraba más o menos a unos cinco metros de distancia de mi, sin advertencia alguna y con riesgo de mi integridad física porque yo me acerque al sujeto para apoyar la detención, el Capitán Zúñiga le disparó de improviso a unos siete metros de distancia y éste cayo al suelo. Luego sentí dos disparos y me di cuenta que allí se había cometido una embarrada”

Según testimonios de testigos, la víctima cayó arrodillada. Entonces lo rodearon alrededor de ocho sujetos, entre ellos Zúñiga. Ya reducido, en vez de ser llevado a un centro asistencial, Acosta fue acribillado. El propio Zúñiga le disparó en la cabeza, mientras otro lo remató con una ráfaga de metralleta. Una vez muerto, un agente de la CNI le puso en sus manos un revólver y un gorro pasamontañas. En esa posición lo filmaron y le sacaron varias fotografías.

Esta versión, de que Zúñiga le disparó cuando ya estaba muerto, fue confirmada por al menos tres agentes de la CNI, entre ellos quién era su subalterno, Jorge Vargas Bories.

Carmen Barrera: “Ya estaba tirado y después lo siguieron acribillando y el cuerpo saltaba. Fue muy impactante. Después ya llegó el Ejército, Carabineros, Investigaciones, cerraron las calles y después vinieron las fotos y lo desnudaron, pero antes de todo a él le pusieron un arma en la mano”.

Increíblemente, el oficial a cargo de los operativos asume hoy que es posible que se haya “cargado” a Acosta con armas, tras ser asesinado. En su declaración judicial, el acusado, ex oficial de la CNI, Krantz Bauer, relata que: “Tratándose de personas del Frente, a pesar de que en nuestras actuaciones de enfrentamiento no se preparaba el sitio de suceso, y nunca se llevaban armas para “cargar” a una persona, puede ser que en este caso a lo mejor, conociendo como fue Zúñiga, haya cargado al muerto”.

Francisco Zúñiga, agente de la CNI

Lamentablemente, Francisco Zúñiga no pudo ni en éste ni en los casos que vinieron, defenderse. El cadáver de este ex agente fue hallado en 1991 en el radiotaxi que manejaba. Aparentemente se había suicidado.

Según testimonios judiciales de uno de lo propios agentes que llegaron posteriormente al lugar de los hechos habían detalles que no coincidían con un “enfrentamiento” como se le catalogo. Uno de ellos declaró en el proceso: “La verdad, lo que me impresionó fue que ese sujeto estaba armado con un revólver calibre 22. Uno pensaba hasta qué punto podía andar armado con un revólver de esa naturaleza y enfrentar a fuerzas de seguridad, salvo que lo hayan pillado”.

Así, Patricio Acosta dejó huérfano a su único hijo Sebastián, con el que vivía desde que se había separado. A los 5 años, el pequeño perdería pocas horas después a su madre.

Mientras, Carmen Barrera, la testigo que vio como Acosta fue rematado y cargado con armas, declaró desde el primer momento y terminó siendo por algunas horas, la primera detenida del caso, junto a otra mujer. El abogado querellante Nelson Caucoto lo ratifica: “Los únicos detenidos en la Operación Albania, mientras estuvo en poder de la Justicia Militar fueron estos testigos”.

ENFRENTAMIENTO EN VARAS MENA

Esa misma noche, agentes de la policía civil llegaron hasta el inmueble de calle Varas Mena 417, uno de los varios que a las 23 horas de esa noche la CNI decidió allanar. Allí se produjo el primer y único enfrentamiento reconocido por todos.

En el interior de la vivienda, que era utilizada como casa de seguridad y centro de instrucción, había cerca de una docena de combatientes del FPMR. Santiago Montenegro era uno de ellos. Había llegado como todos, con sus ojos cerrados, para no saber dónde estaba, por medidas de seguridad. Llevaba apenas un día en la casa, que públicamente aparentaba ser un inmueble arrendado por un joven matrimonio con un pequeño hijo.

“Allí vivían compañeros que eran buscados por los aparatos de seguridad de la dictadura; ellos como habían pocas casas, utilizaban la de Varas Mena, que estaba destinada a la instrucción. Habían además compañeros que hacían las veces de dueño de casa y al fondo estábamos los que andábamos con problemas”, cuenta Montenegro.

Quien hacía las veces de dueña de casa era otra militante rodriguista, Cecilia Valdés, que estaba acompañada de su hijo, de dos años. La supuesta pareja de Cecilia era el oficial del Frente Juan Waldemar Henríquez, un ingeniero de 28 años, con instrucción militar en Alemania y Cuba.

La fachada de los frentistas había resultado para la vecina del costado poniente del inmueble, Eugenia Torres; “Yo siempre vi un joven que llegaba en un furgón que lo descargaba siempre adentro, una niña joven con un niño de como unos 2 años 9 meses. Nunca vi más gente, ni tampoco ruido, nada. Era todo normal, como cuando uno se cambia, que hace arreglos, martillazos y cosas así pero nunca vi que hubiera tanta gente como dijeron que había”.

Estrictas medidas de seguridad obligaban a los rodriguistas a permanecer en silencio buen parte del día, recluido al fondo del inmueble y repartido en literas. Cecilia tenía prohibido el acceso a esa parte y ni siquiera conocía a quienes permanecían escondidos. Ella, junto a Juan Waldemar Henríquez, eran los únicos visibles para los vecinos.

Esa noche dentro de la casa ya se sabía de la muerte de Ignacio Valenzuela y, más aún, de Patricio Acosta a pocas cuadras. Juan Waldemar Henríquez llegó cerca de las 10 de la noche con noticias inquietantes a Varas Mena 417.

Juan Waldemar Henríquez, el “comandante Arturo”

Cecilia Valdés: “El comentó que había mucha gente extraña afuera, que había mucho auto y que algo raro estaba pasando”.

Santiago Montenegro: “En un principio, cuando mataron a Patricio Acosta, nosotros no nos enteramos, y lo asesinaron solo a unas pocas cuadras de donde nosotros estábamos. Los compañeros que estaban a cargo de la seguridad no nos lo quisieron decir, obviamente para no causar alarma. Cuando ellos supieron que habían matado a Patricio, no lo relacionaron necesariamente con que nuestra casa estuviera ubicada. Es más, por la cantidad de agentes que se paseaban, se podía pensar que era por el compañero que había muerto. Nosotros nos enteramos a eso de las 11 de la noche que la casa estaba rodeada por agentes de la CNI; en ese momento, los encargados de seguridad de la casa nos informaron que se podía producir un enfrentamiento. Era complicado porque no sabíamos que tanto sabía la CNI de nosotros, ya que cabía la posibilidad de que ellos no supieran de nuestro paradero. En ese momento salir era más suicida que quedarse, pensar que iban a atacar la casa era sólo una posibilidad entre muchas otras. Ahí empezó una discusión de si nos retirábamos esa misma noche o permanecíamos hasta el día siguiente. Nosotros decidimos esperar”.

“Cuando llegaron, vimos la posibilidad de sacar a nuestros compañeros en auto, pero no teníamos ningún vehículo, por lo cual decidimos esperar hasta el otro día. La decisión fue común, la consultamos y todos opinamos que durmiésemos ahí y al otro día nos fuéramos de a poco y por lo tanto nos acostamos. Ahora bien, si pasaba algo teníamos preparada una vía de escape”, agrega Montenegro.

Según la versión de los vecinos de los costados, temprano esa noche sus casas se empezaron a llenar de agentes. Laura Valenzuela era la vecina del costado oriente de Varas Mena 417 recuerda; “Entraron primero dos individuos altos de negro que eran como una especie de francotiradores con armas largas, después ya entró el choclón, gente de jeans, mal vestida con brazaletes y ellos venían con metralletas y qué se yo. Fácil tienen que haber sido más de 10 personas”.

Cada paso y quién debía darlo estaba programado cuidadosamente por los frentistas, en caso que la CNI ubicara la casa de seguridad. Juan Waldemar Henríquez debía ser secundado a la hora de repeler a funcionarios de seguridad, por uno de los combatientes. Eso se decidía por turno. Ese día le tocó a Wilson Henríquez.

Cecilia Valdés: “como las 12:00 de la noche yo estaba viendo las noticias en el living de esta casa que está al final. Sentimos primero un aviso por el timbre y yo me levanté del sillón, porque era la única que estaba despierta a esa hora, en esta parte de la casa. No sé, yo tuve en ese momento un presentimiento, golpearon la puerta súper fuerte; yo corrí a avisarle a mis compañeros, se sintió un estruendo en el portón y dimos el aviso de escape, lo que permitió que se salvaran todos los compañeros, excepto los jefes que estaban a cargo, que fueron los que se quedaron a cubrir la retirada.”

Santiago Montenegro: “Sí, sentimos un golpe tremendo, casi echaron abajo el portón, se escucharon gritos y de repente sentí un timbre. Recuerdo que si se accionaba ese timbre había que efectuar la retirada, era nuestra alarma. Y empezó a sonar el timbre”.

No hay acuerdo sobre quién disparó primero. Según los CNI y los funcionarios de Investigaciones que les tocó acompañarlos, los disparos partieron desde dentro. Según Krantz Bauer, ex oficial de la CNI: “La policía se presenta al domicilio, golpea, le preguntan de qué se trata, ellos se identifican como policías y en un momento dado son atacados por disparos desde el interior”. En las casas colindantes los vecinos eran testigos de una feroz balacera.

Eugenia Torres: “De repente un tipo entró y dijo tírense al suelo y quédense ahí, no se muevan, y empezaron a disparar, y disparaban de adentro de mi casa hacia fuera, hacia la casa del lado por una ventana, por el patio hacia atrás y del techo hacia arriba”.

Cecilia Valdés: “Tome a mi hijo, le avisé a Héctor Figueroa y él tocó el timbre acordado. Luego nos reunimos con Juan y otro compañero, y acordamos evacuar por el peligro inminente que representaba la entrada de los allanadores. En el momento que nos dirigíamos por el pasillo para abandonar el inmueble se produjo una especie de silencio, cesando la balacera, y allí nos percatamos de la existencia de compañeros heridos. Subimos por la escalera con Juan, luego un alumno -que después supo era Santiago Montenegro-, yo y mi hijo, y atrás Héctor Figueroa. Al asomarse al techo Santiago recibió un balazo en la cabeza y yo caí al piso con él, y todos los que venían detrás, con excepción de Juan que estaba en el techo, con las rodillas flectadas y tenía en sus manos un arma corta, pero que no disparaba.”

Santiago Montenegro: “Y de repente empezó la respuesta desde acá adentro y ahí aprovechamos de correr, ahí me toca subirme a la mesa, junto a un compañero rompimos esa calamina plástica y justamente era plástica para en la oscuridad ver el espacio, la luz que llegaba desde afuera. La rompimos y cuando yo salgo ahí fui herido, el disparo me entró en la región occipital, todavía tengo ahí alojado parte del proyectil. Con el golpe me caigo para dentro nuevamente. La tensión del momento, la adrenalina todo eso me impidió sentir dolor, sufrí un rasguño en la caída en la oscuridad, me caí arriba de la mesa y la mesa cayó al suelo y cuando estaba en el suelo me recuerdo que me pase la mano por la cabeza y sentí lo tibio de la sangre, y lo espeso, pero también me di cuenta que no era grave, porque estaba bien”.

Prácticamente una decena de rodriguistas escapaba en medio de la balacera. Entre los que escaparon por los techos de las casas vecinas, para luego ser capturados, se encontraban Cecilia Valdés, Santiago Montenegro y Héctor Figueroa Gómez. Este último posteriormente enfrentó la pena de muerte por su anterior participación en el atentado al general Augusto Pinochet. Después fue condenado a presidio perpetuo y, finalmente exiliado a Bélgica en 1994.

Héctor Figueroa Gómez, luego de ser detenido en la “Operación Albania”

Entretanto, desde los mismos techos, Juan Waldemar Henríquez y Wilson Henríquez, respondían el ataque policial con sus armas.

Eugenia Torres: “Dentro de la balacera yo sentí un cuerpo caer, algo cayó del techo, yo no supe qué era”.

El que había caído era Juan Waldemar Henríquez, quien ya estaba herido. Este se encontraba cubriendo la retirada de sus compañeros disparando desde el techo de la casa vecina signada con el N° 415. En un momento dado la techumbre cedió y Henríquez cayó herido al interior de la vivienda, en medio del comedor, donde fue encontrado mas tarde por la dueña de casa. Henríquez le solicitó ayuda, pero ésta se negó por temor a la acción policial. En el baño quedaron rastros de sus heridas, donde intentó evitar un desangramiento.

Luego ingresaron los policías al inmueble encontrando a Henríquez tendido en el piso, y a esas alturas sin ofrecer resistencia. Sin embargo, fue rematado por ráfagas de disparos en el mismo lugar. Una de las balas le atravesó el tórax y le comprometió el corazón. La bala entró justo por debajo de la axila.

Luego lo sacaron a la calle donde le dispararon nuevamente. El cadáver de Juan Waldemar Henríquez quedó tendido toda la noche en la calle, junto a un árbol.

La mujer, quien se refugió en su dormitorio lo relataría así: “Desde la pieza sentimos como arrastraban un bulto, luego oímos mas balazos”. Algunos testigos señalaron que Henríquez se había rendido y que estaba con los brazos en alto cuando fue ultimado.

Cecilia Valdés recuerda sobre los compañeros que cubrieron la retirada; “Bueno a mí me tocó trabajar con ellos más directamente. Yo tuve la posibilidad de hablar con Juan, ya que como una de las encargadas de seguridad tenía que quedarme en la casa, pero, en conversaciones con Juan se acordó que yo debía abandonar la casa junto con mi hijo, fue la última vez que hable con él, no nos dijimos ni chao ni adiós, sino sólo conservo su mirada que queda para siempre.”

Con la muerte de Juan Waldemar Henríquez, no se acabaron las escaramuzas. En el caso de Wilson Henríquez, quien se encontraba herido a bala, fue rodeado por agentes de la CNI en el patio de otra casa, la numero 419, donde se había refugiado. Ahí fue visto por la familia de la casa quienes le indicaron que debía entregarse, a lo que él se negó.

Laura Valenzuela y su madre hallaron a Wilson Henríquez en el patio de su casa antes de que fuera capturado por los agentes. Laura recuerda:”Mi mamá le preguntó si estaba armado y él dijo que no. Era muy joven, o sea yo en ese tiempo lo veía como un joven bien débil, indefenso, y se notaba que estaba herido. Mi mamá le dijo “pero entréguese, porque o si no aquí es obvio que lo van a matar, vamos yo lo acompaño para que se entregue, para que no le hagan nada”. Él no quiso, dijo no déjenme aquí no más, porque o si no los van a matar a todos”.

Wilson Henríquez Gallegos

Laura y su madre decidieron dejar el patio y volvieron a entrar a su casa. Testimonios indican que al rato ingreso un grupo de agentes e hizo a la familia introducirse en el dormitorio. Apresaron a Wilson Henríquez y comenzaron una suerte de juego con él, lo golpearon, lo sacaron a la calle arrastrándolo, dijeron que lo iban a volver a entrar para que no se resfriara y luego lo mataron, registrando su cuerpo según el protocolo de autopsia 21 orificios de bala.

Laura Valenzuela; “Volvió a entrar ese grupo de gente con gritos y nos volvieron a encerrar en la pieza, o sea dijeron aquí está y qué se yo y lo tomaron a él ahí. Nosotros estábamos en la pieza, que tenia una ventana que daba al patio. Desde ahí se veía solamente sombra y escuchamos todos los golpes que le dieron. Le pegaron con armas, patadas, lo del dolor se sintió”.

El ex agente Manuel Morales relató varios años después en el proceso, lo que vio en ese patio; “Y lo vi que tenía lesiones en la pierna, en la parte del tórax o del estómago y en el cuello, heridas que se tapaba con la mano”.

Laura Valenzuela: “Después de pegarle bastante, se escucharon balazos. De pronto se acabó la bulla, y se sentía que arrastraban algo. Nosotros queríamos salir de la pieza, pero no nos dejaron. Pusieron un gorila en la puerta que nos garabateaba todo el rato para que no saliéramos de la pieza”.

El ex agente Morales no hace mención a la golpiza, pero recuerda lo que vino después. “Le alcancé a colocar la esposa en la mano derecha y lo tiré al suelo. En ese momento apareció el capitán Velasco, que es Belarmino Quiroz, se metió entremedio y con una subametralladora HK, americana, con silenciador, le disparó de tres a cuatro balazos, diciendo mátalo, mátalo”. El 20 de octubre del 2000, en su declaración judicial, el ex oficial Quiroz negó haber ultimado a Wilson Henríquez.

Flavio Oyarzún era un detective de Investigaciones en esa época y declaró en el expediente que patrullaba el sector y al escuchar los tiroteos entró a la casa donde acababan de balear a Wilson Henríquez; “En la cama de abajo había un individuo que se quejaba, dándome la impresión que estaba herido, entonces se dio la orden de tomarlo de las manos y de los pies y yo, siempre pensando en ayudar, lo tomé de uno de los pies y lo trasladamos al fondo del pasillo, donde hay un patio con piso de tierra y lo dejamos en el suelo tendido. En ese momento apareció el que daba las órdenes por señales, que andaba con una metralleta o fusil, pero era un arma larga y se acerca al individuo y sin decir nada le dispara matándolo”.

El relato de Laura Valenzuela continúa “Y después se siente que lo van sacando, lo arrastran y lo llevaban en andas. Alguien dice este huevón quedó vivo y lo vuelven a entrar y en eso lo tiran seguramente en el patio nuevamente; y hacen ruidos y empiezan a golpear las ventanas para apaciguar un poco la bulla que metían”.

Detrás de Varas Mena 417, Cecilia Valdés había logrado llegar a la calle por los techos, junto a Héctor Figueroa y su hijo, pero fue interceptada por una patrulla de la CNI.

Cecilia Valdés; “Yo salí por los techos con mi hijo y con otro compañero y cuando llegamos a una calle, nos encontramos con un vehículo de la CNI. En ese momento mi hijo tenía dos años y medio. Cuando nos detuvieron, nosotros dijimos que íbamos al hospital, pero no nos creyeron. A mi hijo lo pusieron en la camioneta y a mi me llevaron hacia una esquina para asesinarme.”

Cecilia Valdés continúa; “Me empiezan a golpear en la calle, me empiezan a pegar cachetadas, golpes en la cabeza, a tironear y me empiezan a preguntar de dónde había salido, pero como yo no les respondía, ellos me dijeron que me iban a fusilar y me hacen caminar de ahí hasta una esquina. La cosa es que pasó bala el tipo, que tenía una cara desorbitada, súper alterado y después hay una discusión entre ellos, y justo en ese momento pasó un vehículo lleno de hombres, tal vez pensaron que eran compañeros que venían a rescatarnos, se asustaron y nos devolvieron nuevamente a la casa, lo que a la postre salvó mi vida.”

Uno de los frentistas que logró escapar de Varas Mena declaró para “El Rodriguista”; “Sonó la alarma y al mismo tiempo los disparos; se implementa el plan de evacuación. Hay que improvisar y salir con lo que teníamos puesto, salvar en lo posible el armamento. Para subir al techo hubo que repeler el ataque enemigo. Tengo viva la imagen de Arturo, parapetado en la parte delantera de la casa efectuando la contención que nos permitió evacuar por los tejados. Nos arrastramos por los techos, cruzamos patios, hasta que finalmente llegamos a la calle, todo ello en medio de disparos, gritos, sirenas… En la calle correr, saltar un muro cuando las fuerzas y el nerviosismo no se soportan. Llegamos a una bodega abandonada, llena de fierros, palos y no se cuantas cosas… se mantienen los ruidos, disparos, sirenas, gritos y pasos. ¡Ahí vienen!, entran a la bodega, el M16 preparado, la luz de su linterna nos ciega. ¡No nos vieron!… se alejan los pasos… se van”.

Herido en su cabeza, Santiago Montenegro fue el último en huir por los techos desde la casa de Varas Mena; “Cuando ya salí de la casa, en la calle no quedaba nadie de nosotros y de pronto me disparan, no sé si de un pasaje vecino o del fondo. Nos dispararon por todos los flancos; luego aparece una camioneta, me enfoca y me dispara nuevamente. Yo quedé herido, recibí un balazo en el hombro y aún tengo una bala incrustada en el cráneo. A pesar de eso logré salir del cerco”.

Santiago llegó apenas al final del pasaje Gengis Khan, ya sin fuerzas para saltar la muralla. Le pidió ayuda al vecino de la penúltima casa, pero éste aterrorizado, se la negó. A través de un pasadizo, Santiago logró escabullirse igual en la casa del vecino que le había negado ayuda. Santiago se desangraba en el patio trasero de la casa, cuando fue descubierto por otra vecina que llamó a Carabineros, que habían reemplazado a la CNI en los alrededores.

Santiago Montenegro;”El carabinero viene y le dice al teniente: “Mi teniente, la CNI está buscando al detenido”, y él le dice: “No, no lo vamos a entregar”. Montenegro es rápidamente retirado del lugar por Carabineros y llevado a una comisaría.

Santiago Montenegro: “La verdad es que los que participaron en estos hechos estaban con órdenes de matar a toda la gente del Frente que encontraran; el error para ellos fue que carabineros me llevó a la comisaría y me anotó en el libro de guardia. Entonces, cuando la CNI me fue a buscar para matarme yo escuchaba la conversación, ellos decían: mira huevón, lo echamos arriba de la camioneta y lo matamos; pero el teniente que estaba a cargo decidió llevarme a la Posta.”

Al igual que Cecilia Valdés, Santiago Montenegro pasó casi tres años preso. Sólo salió casi agónico, debido a una tuberculosis, no tratada. Fue esa enfermedad la que le impidió fugarse el año 90, junto a otros 49 presos políticos desde la Cárcel Pública.

LA MUERTE DE JULIO GUERRA

Casi simultáneamente a los sucesos de Varas Mena, otro centenar de agentes y policías, rodeó el dúplex 213, del block 33 de la Villa Olímpica, en Ñuñoa. Allí Julio Guerra Olivares arrendaba una pieza a Sonia Hinojosa. Estaba clandestino desde su participación como fusilero en el atentado a Pinochet, nueve meses atrás.

Julio Guerra Olivares, “Guido”

Eran alrededor de las 12 de la noche y el ex agente de la CNI Iván Cifuentes recuerda así lo que sucedió, tras forzar la puerta del departamento; “Ahí entro primero yo y estaba oscuro, pero sin embargo desde el segundo piso de este duplex vi dos fogonazos que correspondían a dos disparos que se hicieron desde arriba. En ese momento sale una mujer despavorida gritando por las escaleras que la iban a matar”. Era la dueña de casa, Sonia Hinojosa.

El abogado de la Vicaría de la Solidaridad, Sergio Hevia: “Ella bajó para tratar de saber qué pasaba, la tomaron, la sacaron afuera y empezaron a gritarle a Guerra, para que saliera. Eso es todo lo que ella recuerda.”.

El oficial de la CNI decidió lanzar al interior del dúplex una bomba lacrimógena militar. Mientras esperaban que Guerra saliera, llegó otro equipo de seguridad. Uno de ellos, el ex agente Fernando Burgos, valiéndose de una máscara anti gas, debido a que en el interior estaba irrespirable, llegó hasta el baño del segundo piso.

Fernando Burgos; “Y de un puntapié abro la puerta, observando que agazapado cerca del WC, se encontraba un sujeto con un arma en la mano y, por lo tanto, sin pensarlo le disparo inmediatamente alrededor de cuatro disparos, con mi arma de servicio, que era una pistola CZ e inmediatamente lo tomo y lo saco de ese lugar, dejándolo cerca de una baranda”.

Detrás de Burgos iba su jefe, el oficial Arturo Sanhueza, que reaccionó como él mismo explica en su declaración; “En esas condiciones yo subo al segundo piso y observo que el sujeto estaba como medio muerto y en un estado de mucha presión y confusión, yo le disparo también un tiro hacia el pecho”. Luego, el cadáver de Julio Guerra apareció con los ojos baleados.

Continúa Sanhueza: “Y si esta persona posteriormente apareció en el descanso de la escalera con otros disparos en el rostro, debo señalar enfáticamente que alguien lo puso en esa posición y disparado más balazos”.

Al primero que le tocó investigar este caso fue al abogado Guillermo Hevia. “La primera sensación es que no hubo enfrentamiento. Los disparos, no soy experto en balística, pero algo sé, estaban direccionados en un sólo lugar, hacia abajo, o sea Guerra fue rematado en el suelo”.

La autopsia de Julio Guerra demostró que tenía disparos a corta distancia, siempre de arriba hacia abajo y de atrás hacia adelante. Dos de ellos en los ojos. Además se comprobó que el frentista no estaba armado.

Como anécdota, el revólver que apareció colocado junto al cuerpo de Julio Guerra, en Villa Olímpica, tenía una inscripción que decía “Carabineros de Chile”.

LA MASACRE DE CALLE PEDRO DONOSO

El último capítulo de la Operación Albania se escribió en un abandonado inmueble de la calle Pedro Donoso, en Conchalí. Esa noche aún faltaba decidir el destino de siete frentistas que aguardaban detenidos en el cuartel de calle Borgoño.

Álvaro Corbalán, recuerda en el expediente que le pidió instrucciones al director de la CNI, general Hugo Salas Wenzel, de qué hacer con los detenidos; “Y se me comunica por parte del general Salas Wenzel que no cabían posibilidades con respecto de aquellos que resultaron ser importantes dentro del Frente y por lo tanto había que eliminarlos”.

En los calabozos de Borgoño estaban quiénes eran considerados importantes como José Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto” y Esther Cabrera Hinojosa. Pero también se encontraban Ricardo Rivera Silva, Ricardo Silva Soto, Manuel Valencia Calderón, Elizabeth Escobar Mondaca y Patricia Quiroz Nilo, dirigentes que no tenían gran relevancia para los agentes. Todos habían sido detenidos en las horas previas.

José Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto”

Valenzuela Levi, Ricardo Rivera y Ricardo Silva habían sido capturados esa tarde cuando salían de una reunión en una casa del paradero 21 de Vicuña Mackenna, Esther Cabrera había sido abordada luego de salir de la casa de un amigo, y Manuel Valencia había sido aprendido en la calle cuando se dirigía a realizarse unos exámenes médicos.

En el 2004 el coronel Iván Quiroz, quien participó de la operación, declaró ante el tribunal: “Alrededor de las 3 de la mañana Corbalán llamó al general Salas Wenzel para preguntarle si el asunto de los siete frentistas que todavía quedaban vivos detenidos en el cuartel Borgoño se mantenía en pie, el general Salas le respondió a Corbalán que sí”. “El asunto” se refería, según Quiroz, a la eliminación inmediata de los siete detenidos.

“Yo estaba en la oficina de Corbalán en ese momento, y escuché cuando él preguntó al general Salas si la orden se podía postergar para seguir investigando a los detenidos”, dijo Quiroz. Y agregó que luego escuchó de Corbalán un cortante “a su orden mi general, será cumplido de inmediato”. Acto seguido, dijo que Corbalán le ordenó que eligiera a cinco oficiales para que se hicieran responsables de juntar a su gente para llevar a cabo la eliminación de los siete detenidos, que fueron trasladados a la calle Pedro Donoso.

La madrugada del 16 de junio de 1987, los detenidos fueron trasladados en caravana a la casa deshabitada de Pedro Donoso 582, que la CNI ya tenía identificada. El mayor Álvaro Corbalán había encargado al capitán Francisco Zúñiga elegir el lugar donde los frentistas serían acribillados. Luego de meditarlo, el oficial optó por el inmueble deshabitado del cual la CNI sospechaba que en ocasiones funcionaba como una casa de seguridad frentista.

La casa de calle Pedro Donoso.

El abogado Nelson Caucoto: “Los agentes de la CNI hicieron un verdadero show frente a esa casa, una casa en que ya cerca de las 10:00 de la noche comenzó a circular mucha gente con zapatillas, vestidas de sport, llegaban Carabineros, se retiraban, llegaban vehículos no identificados, se bajaban sujetos. Hasta que de repente aparecen unos equipos de televisión, entonces la gente pensaba que irá a pasar acá y era precisamente los preparativos para un enfrentamiento entre comillas, en que uno de los bandos contendientes llega con aparatos de televisión para filmar los hechos”.

Una de las primeras en ser trasladada hasta Pedro Donoso fue Esther Cabrera, la “Chichi”. La condujo el comando de élite del Ejército Erich Silva Reichart. “No la vi nerviosa, la vi tranquila, no estaba esposada ni vendada, y le dije que bajara la vista y que estuviese tranquila. Esta persona no habló nada, ni hizo ningún comentario y se fue sentada en el asiento trasero”. El trayecto hasta Pedro Donoso no duraba a esa hora de la madrugada más de 10 minutos.

Esther Cabrera Hinojosa, la “Chichi”

El matrimonio Berríos-Vergara vio movimientos extraños casi toda la noche, frente a su casa. Edith Vergara: “Como a las 4 y media empezaron a llegar más vehículos, se iban, volvían, después fue cuando bajaron las cajas, dos cajas grandes muy pesadas que la tomaron una de cada lado. Luego llegaron los furgones que se estacionaron por el lado de nosotros, donde traían la gente. Las personas que iban detenidas, estaban descalzas con los brazos atados atrás a la espalda, amarrados y la vista vendada”.

El sargento Arturo Quiroz y el capitán Francisco Zúñiga fueron encomendados para designar a parejas de oficiales que ejecutarían a cada uno de los siete frentistas detenidos.

El abogado Nelson Caucoto: “Los colocan a cada uno de ellos en sus respectivas habitaciones, al interior de la casa y en algún minuto se supone que ingresan sólo los ejecutores, o sea 14 hombres de la CNI para matar a 7 personas”.

Mientras eso ocurría dentro de la casa abandonada, afuera los vecinos comenzaron a ser testigos de la primera parte, de lo que sería un gran montaje de encubrimiento.

Edith Vergara: “Después gritaron, por alto parlante, que estaban todos rodeados, que se rindieran”.

La misma CNI calcula que esa noche había cerca de un centenar de agentes, carabineros y detectives dentro y fuera de la casa. La orden para que los efectivos asignados a cada víctima percutara sus armas, se dio lanzando un ladrillo en el techo, mientras el resto de los agentes disparó al aire y gritó para dar a los vecinos la idea de un enfrentamiento. Alrededor de las 05.30 AM, los siete frentistas fueron acribillados.

El oficial Iván Cifuentes, que tenía a cargo a Valenzuela Levi, fue el primero en disparar. “En ese momento procedimos a dispararle, lo que motivó que empezaran a hacer fuego los que estaban afuera, en el exterior de esa casa y el resto de los otros agentes para eliminar a los otros detenidos”.

Todos fueron asesinados simultáneamente. De los 14 ejecutores, él único que ha negado haber disparado es el detective Hugo Guzmán Rojas, quien tenía a su cargo a Patricia Quiroz. “Una vez que el agente Pérez dispara el primer tiro, la mujer, a mi juicio, fallece en forma instantánea y cuando termina su accionar, Pérez dirige su arma hacia mí con un claro propósito intimidatorio y con un gesto me ordena dispararle a la mujer, cosa que no hice”.

Después, entró en acción Francisco Zúñiga, según varios agentes. Manuel Morales Acevedo, ex agente de la CNI: “Y Zúñiga con mi pistola y con otra que él llevaba en la otra mano, remató a las víctimas que estaban en la pieza mía, recordando que a Valenzuela Levi debió haberle disparado unos seis tiros a la cabeza y luego siguió en la misma misión con el resto de las personas que estaban al interior de la casa, porque siguieron los disparos”.

Manuel Morales Acevedo, confesó expresamente que se premeditó el montaje. “También recuerdo que se hicieron mucho más disparos en el interior de la casa y había también personas encargadas de disparar desde afuera de la casa para aparentar un enfrentamiento”.

En el primer dormitorio quedaron los cuerpos de Ricardo Rivera Silva, con cinco impactos recibidos a mediana distancia, y de José Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto” con 16, efectuados a corta distancia.

Ricardo Rivera Silva

En el primer pasillo fue muerto Manuel Valencia Calderón, con 14 disparos hechos desde unos tres metros, en ráfaga. Del informe balístico y de la autopsia se concluye que fue colocado al final de este pasillo, donde había una puerta abierta, y fusilado.

El cuerpo de Ester Cabrera Hinojosa, con cinco impactos de bala, fue encontrado en el interior de la cocina. En ese lugar no hay huellas de disparos. Del análisis de los peritajes se concluye que la víctima fue fusilada en un pasillo lateral y que, posteriormente, su cuerpo fue dejado en la cocina.

El cuerpo de Ricardo Silva Soto, presentaba 10 impactos de bala. De acuerdo con los informes periciales, fue baleado dentro del segundo dormitorio y rematado en el suelo, según revelan varios impactos en el piso de la pieza. Un detalle significativo de que no hubo enfrentamientos es el hecho de que Ricardo Silva presentaba heridas de bala en las palmas de sus dos manos, en un intento instintivo de protegerse, desde el suelo, de las balas con que finalmente lo mataron.

Ricardo Silva Soto

Muy cerca del cuerpo de Ricardo Silva fue encontrado el de Elizabeth Escobar Mondaca, con 13 impactos de bala, 10 de los cuales fueron efectuados a muy corta distancia, según la autopsia. La joven, igual que Ricardo Silva, fue baleada primero dentro del segundo dormitorio y, posteriormente, rematada a menos de un metro de distancia, con varias ráfagas, contra un muro de una habitación deshabitada. El cuerpo de Patricia Quiroz Nilo apareció al fondo del extenso pasillo interior de la casa de Pedro Donoso y presentaba 11 impactos de bala.

Uno de los peritajes balísticos revela, en primer lugar, que de los casi 200 balazos dentro de la casa, no hay ninguna bala disparada desde el interior hacia el exterior, no obstante que la CNI dijo que en Pedro Donoso las víctimas contaban con dos fusiles M-16, una subametralladora, tres revólveres, tres pistolas, cuatro granadas, dos cartuchos de amongelatina y un kilo de amonio para fabricar explosivos. Pese a tan alto poder de fuego, todas las trayectorias de las balas incrustadas en la casa son de adentro hacia afuera. Tampoco hay ningún rastro de enfrentamiento dentro de la casa.

Otro peritaje determinó que las armas de los frentistas nunca fueron percutadas. En segundo lugar, resulta curioso observar que el mayor poder de fuego que supuestamente tenían los frentistas -una subametralladora- lo habría portado Patricia Quiroz (cuyo cuerpo apareció al fondo de la casa), en circunstancias que con esa arma debería haber estado en la ventana disparando contra sus agresores y no Ricardo Rivera, quien lo hacía presumiblemente con una pistola.

Un policía que estuvo en todos los lugares donde murieron las personas en la “Operación Albania”, declaró en el proceso que todos los sitios del suceso estaban profundamente alterados y que al llegar a ellos los impactos de bala en los muros habían sido removidos. También le llamó la atención que “todas las armas de las víctimas estaban colocadas en la mano izquierda”.

Según el agente Iván Quiroz tanto el como Alvaro Corbalán llegaron al lugar después de ocurridos los hechos; “Llegamos y recuerdo que había mucha gente. Carabineros había acordonado el lugar, había cámaras de televisión. Una vez que entramos se observaban algunos cadáveres destrozados, muy destrozados. Esas fotos están en el proceso”.

EL RECUERDO DE LA VÍCTIMAS

A todas las familias de las victimas, cuál más cual menos, se les quebró la vida y siempre habrá un antes y un después.

Ruth Cabrera, hermana de Esther: “Se llevaron todo lo que sabían que era de ella, no dejaron nada. Nosotros no tenemos ni siquiera fotos, hay una que circula que la tenía un amigo, era un negativo de tamaño carnet. Dejaron como limpio, rastro de ella no quedo nada, sus cuadernos, sus cosas, se llevaron todo. Es como si hubiera desaparecido”.

Un documental sueco sobre una de sus mejores amigas, “Chela”, registró unos pocos segundos de su existencia, dos años antes de su asesinato.

Para Ruth, que hoy recorre la casa que alguna vez habitó la “Chichi”, su hermana fue otro ejemplo de fuerza y decisión, sólo siente no haber estado con ella en esa fría madrugada de junio; “La pena a lo mejor es porque no está con uno, porque quizás le faltó la hermana, la tía, todas esas cosas que uno se imagina. El si yo hubiese estado, pero bueno así es la vida no más”.

Diecisiete años después de la muerte de Manuel Valencia, su madre Eliana Calderón, aún necesita apoyo psicológico. Completamente entregados a su vida en la Iglesia, sólo se enteraron que su hijo era del Frente al día después de su muerte. Hastiado, dicen de la violencia en la poblaciones, Manolo ingresó a las juventudes comunistas.

Eliana: “Cuando habían muerto a este compañero en la Victoria, el lloraba conmigo, me decía “mamá hasta cuando, hasta cuando vamos a soportar esto mamá, esto no se puede seguir soportando, tenemos que luchar para que esto termine si no van a haber más y más muertos”. Y lloraba conmigo, me tomó de las manos me acuerdo y lloraba conmigo, con una impotencia, con una rabia muy grande”.

Para los padres de Manuel Valencia, asesinado en Pedro Donoso, sólo quedaron sus fotos y un cassette que Manolo grabó a los 14 años para su padre.

Manuel Valencia Calderón

Eliana: “Hay una parte de nosotros que murió, y en mi especialmente mi calidad de mujer murió, se fue con mi niño, mi calidad de madre es una cosa que me llevaron, la mitad de mi ser. Ya no lloro, no tengo lagrimas, puede estar pasando lo más terrible, puede estar todo el mundo llorando, en esos momentos se me aprieta la garganta, pero no puedo llorar”.

Hasta hoy sus padres no entienden la violencia desatada contra el joven de 20 años, que ni siquiera estaba en los antecedentes de la CNI y recibió 14 balazos.

Eliana: “Se le había corrido la venda y ahí yo casi me espanté porque era un hoyo profundo el que tenia, porque la salida de bala era como una rosa para afuera, y su cara… le habían volado la mitad de su carita”.

Ricardo Silva, era el segundo hombre del Frente en Concepción, y sabía que su vida corría peligro. Su hermana recuerda que su principal preocupación era su hijo.

Patricia Silva: “Ricardo me decía, “mira yo lo único que pido es que si me van a matar me den un minuto para pensar en Cristián”, así era el. Cuando hubo que reconocerlo, él estaba con una expresión de rabia muy marcada en su rostro, con los ojos abiertos como mirando a sus asesinos. Sabemos que el estaba en el suelo y que le dispararon en esa posición, entonces creo que si llego a tener el tiempo que el quería para pensar en su hijo”.

Aun hoy, Vicky Ormeño no logra superar el dolor y la rabia de perder a su esposo, Juan Waldemar Henríquez, muerto en Varas Mena 417. A ella y a su hijo de nada les ha servido que sea considerado un héroe.

La familia de otra de las victimas, Wilson Henríquez, es una de las que más férreamente ha luchado para que se haga justicia, a pesar del miedo que sintieron incluso en sus funerales.

Raquel Arias: “Así que ahí estuvimos, dignamente creo, como hermanos al lado de él, para que supiera que (se emociona) los sueños no mueren, ni aunque lo hayan dejado de esa manera y que si nos faltaron cosas por decir, cosas que contarnos, éramos hermanos y nos íbamos a saber entender”

Adriana Pohorecky, madre de Ignacio Valenzuela, asesinado en la calle Alhué, ha hecho de su vida un duelo y su único objetivo es hacerle justicia a su hijo. Por eso, en su antejardín, conserva el tronco del árbol que nunca protegió a Ignacio y por eso sigue viviendo a ínfimos metros del lugar de su muerte. “Realmente cuando mataron a mi hijo, me mataron a mí también, no me mataron físicamente, pero en espíritu me mataron”.

Hoy, las familias no tienen un sentimiento común para con los acusados.

Ruth Cabrera: “Yo te lo estoy hablando en forma muy personal, a esta altura que sean reconocidos los asesinos y que digan estos fueron los que los mataron, ya eso es castigo suficiente, porque yo creo que ellos también tienen familia, tienen otro drama. Por último para uno el drama es una pérdida, pero no es una vergüenza, y yo pienso en la familia de todos esos que están ahora confesos, que deben tener hijos, señora, madre”

En su trabajo como médico en la Posta Central, a Avelina Cisternas, pareja de José Valenzuela Levi, le tocó atender, sin saberlo en un principio, a uno de los acusados en la Operación Albania; “Dios me puso en la situación más difícil que me podía poner alguien, me lo puso en la situación de paciente, y en la situación de paciente reaccioné como médico, no hice nada, me quedé callada, al día siguiente lo fui a ver. Hoy día siento pena por ellos y que bueno que así sea, me dan pena, me dan lástima. Pobre gente, que en realidad no se dieron cuenta que estaban cometiendo un asesinato”.

Hasta hoy, una cincuentena de ex agentes de la CNI han declarado en el caso. Pese a ello ha resultado muy difícil para la justicia, por una u otra razones, poner a los responsables de este gran montaje tras las rejas.

Con el tiempo, y con el convencimiento de que la masacre fue un hecho fríamente premeditado por los organismos de seguridad del gobierno militar, la opinión publica rebautizaría la acción de los agentes denominándola “La Matanza de Corpus Christi”.

El Quiebre

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

EL FRENTE EN LA ENCRUCIJADA

El descubrimiento de las armas de Carrizal Bajo, el fracaso de la emboscada contra Pinochet y la Operación Albania significaron descalabros de los que el FPMR no volvería a recuperarse. Entre agosto y septiembre de 1986 algunos de sus mejores combatientes fueron detenidos. A ellos les siguieron decenas de cuadros comunistas, implicados en ambas operaciones. La colectividad llegó a perder un militante cada ocho horas, ya sea porque era arrestado o porque debía salir del país tras ser identificado por los organismos del régimen.

Para la dirigencia comunista, enfrentada a la peor debacle de los últimos diez años, no sólo habían quedado al descubierto las febles medidas de seguridad de los frentistas. También se hizo evidente que sus mandos habían empleado a militantes sin experiencia, desoyendo la instrucción del partido de sólo recurrir a sus combatientes más fogueados.

De un golpe, la colectividad había perdido la confianza en la cúpula del FPMR. A juicio de líderes como Luis Corvalán y Gladys Marín, era urgente dar un golpe de autoridad que asegurara al partido el control de su aparato armado. La Unión Soviética, según informes de inteligencia norteamericana, presionaba por lo mismo.

Para historiadores cercanos al PC como Ivan Ljubetic, las causas previas de la crisis estaban posiblemente en el fracaso de las operaciones de Carrizal y la emboscada a Pinochet. Pero la causa de fondo del desentendimiento era a juicio de los jerarcas del partido el bajo nivel político-ideológico de la mayor parte de los comandantes y de gran cantidad de miembros del Frente. “En la formación de los primeros, la mayoría instruidos en Cuba, se privilegió su formación militar por encima de una sólida educación política-ideológica”, indica Ljubetic.

Para los frentistas, en cambio, la razón de la crisis era clara. El PC había determinado súbitamente renunciar a la vía armada, aquella que tanto habían apoyado en el pasado y que ahora desconocían.

Hasta junio de 1987, el alto mando del FPMR estaba integrado por seis comandantes: “José Miguel” (Raúl Pellegrín), “Ernesto” (José Valenzuela Levi), “Aurelio” (Roberto Nordenflycht), “Benito” (Ignacio Valenzuela), “Daniel Huerta” (Martín Pascual) y “Aureliano” (Luis Arriagada Toro). Cuando en los primeros meses de 1987 el PC informó que tres de los seis mandos serían reemplazados por hombres de la absoluta confianza del partido, se iniciaron los problemas.

El objetivo del PC era acabar con el predominio de Raúl Pellegrín, cuyos cercanos copaban el alto mando del aparato. Integrado por los primeros oficiales formados en Cuba -y que luego pelearon contra Somoza en Nicaragua- el núcleo del líder máximo frentista planteaba que la única forma de reponer la movilización de masas era mantener el eje de las acciones armadas. En cambio, el partido y los frentistas menos sometidos al influjo cubano estimaban que lo que había que producir eran “hechos políticos que reactivaran la movilización”.

Enterado de que el FPMR iba a ser “intervenido”, un indignado Pellegrín dirigió una carta de circulación restringida a la directiva, denunciando que el partido estaba a punto de “hacer abandono” de su política militar.

“Existen responsabilidades personales que la historia del movimiento revolucionario en Chile no podrá olvidar. Si se ponen jefes militares que la base no respeta, los militantes del Frente no se subordinan a ellos”, advertía el líder máximo del FPMR.

El momento por el que atravesaba el Frente, fue expuesto crudamente por el propio Pellegrin en una larga intervención que realizó ante la comisión militar del Partido Comunista, durante el primer semestre de 1987, y cuyo resumen fue transcrito por el periodista Manuel Salazar; ”

-“El 85 íbamos por el camino de la Sublevación Nacional; el 86 caminábamos más cerca que nunca de la Sublevación Nacional. ¿Quién y con qué derecho nos ha apartado de ese camino? ¿Por qué se ha impuesto en el Partido una tendencia que no es mayoritaria?”.

-“Desde hace meses hemos señalado que en el Frente Patriótico, en el Frente Militar y en el Partido, existen serias dudas sobre los pasos dados por el propio Partido en estos ocho meses, respecto a la implementación de la Sublevación Nacional, período caracterizado por la indecisión, por el cambio inexplicable de opinión, de falta de claridad, por lo contradictorio de los informes, que se asemeja mucho a la falta de dirección. Sin duda el Frente se ha transformado en algo molesto para una nueva política que no se tiene la valentía de expresar”.

-“En el partido circulan opiniones lapidarias sobre nosotros. Se habla de un grupo fríamente calculador, que aplica mecánicamente el proyecto nicaragüense y cubano, que pretende cambiar a la Dirección del Partido. Además se nos tilda de ser compañeros de “bajo nivel político”; ésta no puede ser la respuesta a nuestras inquietudes”.

-“Más de alguien estará feliz de que el Frente se vaya del Partido. O más bien, que el Partido se vaya del Frente. Varios compañeros y varias jefaturas consideramos que este es el momento de dar paso al accionar a la lucha decidida y resuelta en perspectiva de la Sublevación Nacional, que seguimos considerando como la única estrategia válida para resolver los problemas de nuestro país”.

También el “comandante Ramiro” relató años mas tarde la visión que había en ese momento en las filas del Frente respecto de los líderes del Partido; “En general, nuestra apreciación de ellos en los tiempos de la ruptura fue de mucha decepción, por la renuncia que hicieron de una política que ellos mismos habían impulsado y que para el Frente seguía válida en sus formas y moralmente”.

A cargo de las tensas conversaciones con los rebeldes, la postura del dirigente comunista Jorge Insunza era inflexible: “No hay alternativa. El año decisivo falló y el FPMR debe desmontarse”. En uno de los encuentros, Pellegrín lo encañonó con su pistola. Otro jefe frentista, “Daniel Huerta”, desenfundó un revólver en defensa del dirigente comunista. Aunque el tenso momento se diluyó cuando “José Miguel” bajó su arma, era claro que la convivencia estaba definitivamente rota.

Al respecto, un informe de la CIA sostiene que en julio de 1987 jóvenes de la facción rebelde del FPMR “fueron instruidos por altos oficiales frentistas para ejecutar a un militante del PC cuyo único crimen había sido estar en desacuerdo con la línea militar”. El documento no especifica el nombre de la eventual víctima y cita una fuente al interior del partido, pero su veracidad nunca pudo ser confirmada.

Otras situaciones de tensión se vivieron en Cuba y Nicaragua, donde el FPMR contaba con casas de seguridad y otros medios. En La Habana, los cubanos se vieron obligados a disponer de residencias separadas para cada bando. Un dirigente socialista entonces asentado en la isla, recuerda que en el elegante barrio de Miramar los frentistas protagonizaron un altercado con armas desenfundadas y una persecución en automóvil. “No hubo heridos porque todos terminaron detenidos por la Seguridad del Estado cubana”, afirma este consultado.

La facción rebelde comenzó a autodenominarse FPMR-Autónomo e inició una rápida ofensiva por tomar el control del armamento y la infraestructura en disputa.

“Nos decían que ellos eran el pueblo y que los fierros tenían que pertenecer al pueblo”, sostiene un ex frentista hoy establecido en Europa y a quien un alto comandante “autónomo” llegó a ponerle un arma en la sien. “O entregai las armas o te mato…”, lo amenazó. “El desorden era mayúsculo. Hasta hoy hay barretines perdidos”, sostiene.

Al producirse la división, el sector rebelde también se anotó un triunfo estratégico; además del armamento, en pocos días el FPMR Autónomo quedó en poder de casi la totalidad de la estructura de apoyo que tenía el aparato en Argentina, Uruguay y Brasil.

“Se llevaron absolutamente todo. Quedaron con una plataforma que se había trabajado durante años y que le serviría para sus acciones futuras. Lo que había en aquellos países eran bases de apoyo logístico, pero orientadas en función de un trabajo al interior de Chile”, afirma otro ex combatiente, vinculado por entonces a la red internacional del aparato.

A esas alturas el conflicto ya había traspasado las fronteras. Un informe de inteligencia de la Stassi alemana fechado el 10 de septiembre de 1987 daba cuenta de estos tensos momentos. En el se detalla una reunión entre Rodrigo Rojas, jefe de la oficina del PC en la RDA, y Hermann Axen, miembro del buró político del SED: “El compañero Rojas informó que existen serios problemas con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Ellos acusan al PC de haber abandonado la doctrina Corvalán (rebelión popular). La mayoría de los dirigentes del Frente han abandonado el PC y se niegan a obedecerle. Hoy día, existen de facto dos Frentes. La dirigencia considera la actual situación como una de las más difíciles en toda la historia del PC”.

La Postura Cubana

Para el Partido Comunista, la gran incógnita ante el quiebre era saber a qué sector entregarían su apoyo los cubanos. Por ello, en julio de 1987 una alarmada Gladys Marín instruyó a una pequeña comitiva para que informara personalmente a Fidel Castro en La Habana.

Los enviados llevaban una carta de Luis Corvalán en que el dirigente hablaba del “enorme dolor” que el quiebre les provocaba, tildaba a los rebeldes de “revolucionarios equivocados” y manifestaba que aún era posible “recuperarlos”, para lo cual esperaba la ayuda cubana.

Pese al alto nivel de secreto con que habían realizado el viaje, muy pronto los emisarios comprobaron que los autónomos conocían perfectamente sus pasos, al igual que todas las desesperadas maniobras del PC para aislarlos. Gracias a sus contactos en La Habana, uno de los emisarios supo que Raúl Pellegrín había llegado varios días antes y que ya se había entrevistado con Castro. En la reunión el “comandante José Miguel” explicó a los jerarcas de la isla los verdaderos motivos de la división y solicitó que se mantuviera el apoyo político y económico para la entidad que nacía.

Lo mismo había hecho “Salvador”, Galvarino Apablaza, líder natural de los oficiales formados en La Habana y partidario de los Autónomos, quien por entonces estaba establecido en la isla.

El 28 de julio de 1987, Fidel y Manuel Piñeiro recibieron por fin a los hombres del PC en el Palacio de la Revolución. Dando por sentado que estaba en conocimiento de las amenazas entre cada bando, Castro comentó que había estado muy preocupado por la seguridad del grupo durante el viaje, por lo que dijo alegrarse de verlos.

Días antes, Castro había recibido a María Maluenda, la madre de José Manuel Parada, uno de los tres comunistas brutalmente asesinados por agentes del régimen chileno en marzo de 1985. La mujer había viajado a La Habana para solicitar al líder cubano que ayudara a detener la aventura armada del FPMR.

Aunque es imposible saber si lo hizo tomando en cuenta esta petición, Castro señaló a los enviados del PC que la postura de La Habana sobre Chile había sufrido un vuelco radical: tomando en cuenta los fracasos de Carrizal Bajo y el atentado les reconoció que la acción del FPMR ya no tenía sentido.

“Atentaría contra las más básicas leyes de la sicología pedirle una salida revolucionaria al pueblo chileno”, recalcó Castro, siendo respaldado por el intrépido “Barbarroja” Piñeiro, su más cercano colaborador, también presente.

En referencia a los autónomos, dictaminó: “Ellos son muy jóvenes y tienen un deseo demasiado vehemente por hacer la revolución. Para nosotros son como nuestros hijos. Esta pugna es lo más doloroso que nos ha pasado”.

Pero lo cierto es que el gobierno cubano estaba lejos de tener una postura única al respecto. Apenas se produjo el quiebre del FPMR, sus organismos habían tomado partido en favor de uno y otro grupo. “La Cancillería y el Ministerio de Defensa apoyaban al FPMR-PC, pero Tropas Especiales y el Departamento América se jugaron a fondo por el FPMR-Autónomo”, reconoce un diplomático socialista que vivió por años en La Habana. En una conversación posterior con uno de los enviados por Gladys Marín, el propio “Barbarroja” tuvo una frase decidora: “Tal cual como el Frente, nosotros también estamos divididos”

El apoyo que estaban prestando sectores del gobierno cubano a los frentistas escindidos preocupaba sobremanera al PC, cuya dirigencia veía como última carta la intervención del propio Castro para poner fin a ese peligro. De hecho, una de las principales tareas encomendadas por Gladys Marín al grupo era denunciar a Castro la cooperación de altos oficiales de su Ministerio del Interior al FPMR-Autónomo.

Los enviados tenían antecedentes concretos al respecto. “Comandante -le explicó uno de los chilenos-, la gente de Tropas Especiales y su jefe, el general Alejandro Ronda, los apoya, les da dinero y financia sus bases en Argentina”.

Castro sonrió y los acompañó a la puerta. Antes de despedirse, zanjó el conflictivo punto aseverando al dirigente comunista de nombre político “Ernesto Contreras”: “En esta isla no se hace nada sin que yo lo sepa”.

Otro asistente a aquella reunión avala que esas fueron las últimas palabras de Castro. Sin embargo, también recuerda que el líder cubano recalcó que su discrepancia con el camino elegido por el FPMR Autónomo no significaba que los abandonaría a su suerte. “No vamos a dejar solos a esos muchachos”, dijo alzando la voz en un momento de la cita.

Un informe de inteligencia de la Stassi alemana fechado en agosto de 1987 confirmaba estas discrepancias; “El PC tiene la impresión que Cuba apoya al Frente disidente, no obstante que digan lo contrario. Así, por ejemplo, le permitieron al comandante “Salvador” tomar contacto con hombres del PC que siguen instrucción militar en Cuba”.

Consultado en su momento el propio “comandante Salvador” aclaro las razones del quiebre: “En 1987 el PC entra en una crisis interna, del conflicto entre su política del pasado y la rebelión popular. A juicio de muchos, la política de rebelión popular los aleja de la vía democrática. Nosotros éramos elementos que representábamos esa política y había que diseminarnos, no diré destruirnos, pero en el fondo era lo mismo. El PC se obstina en decir que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez no es parte suya. Se produce una confusión que deja a los nuestros en el aire y en la indefensión. Antes del quiebre, comienzan los relevos y los reemplazos por gente “políticamente más confiable” para la dirección del PC. Por eso, se produce la separación.”

En definitiva, parte de los integrantes del Frente decidieron replegarse, regresando a su actividad político partidista, específicamente al Partido Comunista, autodenominándose Frente-Partido, dirigidos por el “comandante Daniel Huerta”, lo que posteriormente daría lugar al llamado “Movimiento Manuel Rodríguez”.

El ala continuista de la política militar derivo al FPMR Autónomo y estaba encabezada por Raúl Pellegrin Friedmann, el “comandante José Miguel” y la estrategia a implementar se denominó “Guerra Patriótica Nacional”. Este sector se llevó la mayor parte de las armas y la elite de los cuadros militares.

Los Autónomos

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

El Rediseño de Pellegrín

Luego de producido el quiebre, Raúl Pellegrín se dedicó a captar apoyo de diversos sectores para el naciente Frente Autónomo, que el mismo encabezaba. Por ello, en esa época eran constantes sus viajes a Cuba, donde comenzó a crear una red de apoyo, con el visto bueno del propio Fidel Castro y de otros altos personeros de la isla. Además en la Habana también se encontraba Galvarino Apablaza, “Salvador”, quien colaboraba estrechamente con Pellegrin.

Ya en octubre de 1987, el “comandante José Miguel” auguraba a sus compañeros las dificultades que acarrearía la separación; “No tenemos derecho a renunciar a esta lucha que nos trasciende y que es patrimonio de Chile y su Pueblo. El camino no será fácil, en un inicio será más duro, el peso del PC es grande y no lo subestimamos. Sus militantes son valiosos y revolucionarios. Aquí se trata de diferencias con la dirección del PC y no con el PC. Pero nos asiste la razón, la autoridad moral que es hermana de nuestros héroes, mártires, de nuestra lucha diaria y la enorme simpatía con que contamos entre el pueblo y el propio PC. La hora es difícil, y nos obligan a dar un paso que implica asumir responsabilidades que debía asumir el PC. No queremos ser sólo un grupo de “valientes equivocados”, sino vencer. Como ya hemos dicho, tenemos que consolidar a los cuadros Rodriguistas, que sepan que han escogido el camino más duro, pero el único realmente digno y que conduce a la victoria.

Otra nueva preocupación de Pellegrín fue abocarse de lleno al rediseño de la organización, lo cual implicaba cambiar la mayoría de las estrategias implementadas hasta ese momento por el FPMR.

El siguiente es el extracto de un documento elaborado por Pellegrín en La Habana a fines de 1987 o comienzos de 1988. Es la trascripción original de una grabación hecha por él. El tema son las grandes transformaciones que intentó con el FPMR posterior a la separación del Partido Comunista.

Me voy a referir mas al Rediseño, que a otro tema, pues es lo que me interesa en esta oportunidad tocar. Todas estas son cosas que las veníamos sintiendo previo a la separación del PC. Yo mencionaba la vez anterior como síntomas las expresiones de nuestros combatientes, o incluso las propias acciones del enemigo dándonos golpes producto de los cuales no lográbamos avanzar. En estas cosas se nos fue demostrando claramente de que esto es lo que quería el Frente y por ende lo que quería el pueblo. Y nosotros confiamos ciegamente en el pueblo y en el Frente. Yo noto ahora un entusiasmo en general; en las conversaciones individuales con los compañeros he notado eso; es algo a lo que aspirábamos y bueno, eso ratifica la justeza del paso.

Ahora bien, la dirección del PC se niega a tener relaciones orgánicas con el Frente. A eso, yo creo, no debemos tenerle ningún temor, es más, si en algún momento decidimos autorizar a alguien de ellos a ir a conversar con nuestros combatientes, no hay que tener ningún recelo, al contrario yo creo que como están las cosas, eso hasta reafirma a nuestros combatientes. Yo no tengo ningún temor, pero si creo que como organización uno tiene que exigir respeto. No se puede permitir que se vayan a meter a las casas de los militantes, ya ese es un problema de seguridad que hay que establecer con estos organismos. Pero yo creo que la actitud de nuestros militantes debe ser absolutamente abierta al PC; debe ser con mucha altura, ni siquiera hablamos del saludo, eso es obvio, hablamos de la discusión. Si se nos acercan, nuestros militantes deben mantener discusiones con altura, deben escuchar, porque tenemos la razón. Entonces yo creo que hay que poner énfasis en esto a nuestros compañeros. La dirección del PC se niega a tener relaciones con la dirección del Frente a pesar de que se les ha solicitado en reiteradas ocasiones. Incluso, miren ustedes, que nosotros hemos llegado a decir que queremos relaciones para avisarles cuándo vamos a hacer acciones grandes, en función de la seguridad de la dirección del PC. Ese fue el único objetivo del vínculo que en un momento propusimos y la dirección del PC se negó.

Respecto a la autocrítica, escuchando los otros días a un compañero, a un Comandante salvadoreño, me parece que nos hemos quedado cortos en eso. Hay que incorporar con mucha más fuerza y como un elemento que apunte mucho más a ser irreversible este proceso, la crítica, la autocrítica como un elemento permanente. Es más, yo creo que el reglamento debe fijar como punto insustituible, como el primero o el último de cada reunión de cada estructura, la crítica y la autocrítica. Tú decías que los combatientes lo hacen en general, pero también sabemos que si se hace formal, se piensa “si es mi hermano, es mi compañero, lo quiero tanto, como lo voy a criticar”. Es cierto, nos cuesta terriblemente eso, pero en la medida que vamos consiguiendo ese clima de confianza, la crítica se va transformando en un elemento que fortalece la hermandad.

Tenemos que hacer del Frente una organización amplia, de masas, que incorpore a marxistas, cristianos, comunistas, militantes del PC, etc. Como tenemos que incorporar a todos esos, es que nosotros hablamos del Rodriguismo, como una expresión de política amplia, o como se decía ayer, Independentista.

El otro día discutíamos con un compañero que quizás hubiera sido hasta mejor, en vez de haber hablado de política de Liberación Nacional, haber hablado de política de Independencia Nacional. No digo cual sería mejor, pero se rescata el hecho de que estamos hablando de la independencia, de una segunda independencia, rescatando los valores históricos y poniendo la división entre los patriotas y los antipatriotas.

Ahora, también nos hemos planteado para el año 88 un plan que ustedes conocen; un objetivo de carácter político militar que parte de la conclusión de que no tenemos la fuerza para derrotar a Pinochet este año, aun existiendo las condiciones objetivas. Incluso leyendo un documento por allí, me parece que en torno al plebiscito se va a crear algo que pudiéramos llamar una “situación revolucionaria” de desenlace inmediato; sin embargo, como no existe la fuerza de vanguardia, capaz de transformar eso en la caída de Pinochet, nosotros nos planteamos como objetivo para el Frente alcanzar en ese período niveles de lucha muy altos, tan altos como los más altos que hemos tenido. Nos planteamos alcanzar expresiones insurreccionales en función de obstaculizar a tal grado el plebiscito, que nos deje en un pie inmejorable para el próximo paso que nos propongamos, que apunten hacia la sublevación popular. Para ello primero tenemos fuerza. Además un núcleo de cuadros Rodriguistas, que están concentrados en determinados lugares, las principales ciudades, principales pueblos. Entonces tenemos cuadros extraordinariamente buenos y con la experiencia de lo menos cuatro años de combate, algunos con más, y eso pocos movimientos lo han tenido.

Hemos logrado unidades que han desarrollado la táctica a niveles difícilmente superables, que es muy difícil hacer de eso más. Decía un compañero el otro día, más que el atentado, que? otro atentado?. O sea, hemos alcanzado niveles altísimos en términos de accionar y eso es un potencial que tenemos.

Por otra parte tenemos que lograr más eficiencia en el accionar, tenemos que lograr más con menos, es decir, más resultados con menos inversión de esfuerzos, lograr más que cantidad en el accionar, calidad. Un compañero decía ayer, aprovechar más el ingenio, la audacia. Yo hoy diría que hay que aprovechar más los datos que podemos extraer del enemigo y replantearnos el accionar en términos de obtener más resultados con menos esfuerzos en medios y en gente. En muchas acciones, que hasta ahora hacemos con 5 o con 10 es probable que podamos hacerla con 1, con dos, partiendo del hecho de que cuando conocemos el terreno, aprovechamos la información que tenemos, o aprovechamos mejor esa audacia, o el ingenio de un compañero. Por poner un ejemplo, que un compañero se disfrace de milico, se meta a una Unidad y ponga una bomba, será mucho más efectivo que el que ataquemos 2 grupos, con 10 hombres.

No utilizamos suficientemente las posibilidades que nos da el armamento casero -eso lo hemos dicho- u otros medios más efectivos, por ejemplo los caza bobos, que son tremendamente efectivos, y no arriesgamos ni siquiera un hombre. Hemos usado solamente el armamento industrial. No podemos supeditar todo al armamento industrial, pues eso significa que el grupo operativo que tenemos en San Vicente, o en Cabildo, tiene que esperar a que le llegue el explosivo para poder hacer una acción, porque nosotros no hemos orientado a que ahí se aprenda a hacer el explosivo y se resuelvan todos los problemas de forma casera, lo que le va a dar a ese grupo mayores posibilidades.

Hay que reorientar el trabajo logístico, porque es lo más retrasado que tenemos, poniendo énfasis en esto. En que se desarrollen armas de alta eficacia, es decir, de poco desgaste y de mucho efecto como son: trampas, minas, y espoletas. Del cuidado, de la preparación, del mantenimiento de nuestro armamento, creo que hay que elevar el rango por el valor que tiene un arma para nosotros hoy. Se tiene que elevar su cuidado, su preservación, la propia defensa de esa arma, tiene que ser a un nivel superior. Creo que también hay que poner énfasis en medios que sirvan a los francotiradores. El francotirador es un hombre que no puede lograr tremendos resultados solo, bueno la logística tiene que apuntar hacia el apoyo de los francotiradores.

Incluso creo que en este ámbito entra el aseguramiento médico, porque si hablamos de extendernos a todo territorio nacional, si creemos que cada lugar tiene que ser capaz de auto-resolver determinadas cuestiones, bueno, hasta esas cosas debemos preverlas, porque tenemos que tener nuestros cuadros capacitados para eso.

Hay otras áreas que hablamos, estas son las discusiones que han habido estos días con los compañeros que el trabajo de preparación de cuadros que hacemos acá en La Habana, también hay que situarlo en el viraje, hay que aprovecharlo. No significa que lo anterior sea malo, si no que significa que dejó de ser vigente, hay que profundizarlo. Digamos que los militantes tienen que volver como si hubieran pasado por escuelas de cadetes, desde el punto de vista del conocimiento político y militar. Por poner un ejemplo, más sencillo y personal, yo no sé hacer una espoleta casera, y me imagino que muchos de ustedes tampoco saben. Sin embargo a todos nos han mostrado espoletas caseras. Entonces el salto cualitativo de esto tiene que ser que los compañeros regresen para allá dominando por ejemplo, el armamento casero, dominando y, entendiendo la política del Frente, dominando, entendiendo elementos de carácter militar, que van más allá de los que reciban acá. Esto nos implica una tremenda exigencia, en cuanto a los cuadros y a los combatientes que preparamos, esto implica fortalecer el carácter político militar en ellos; significa entregarle los muchos conocimientos que hoy estos cuadros no tienen, como que tengan criterios para relacionarse con la población en el lugar donde tengan que ir, en esa ciudad o en ese pueblo con pocas comunicaciones, es decir, esto eleva enormemente las exigencias de la preparación de estos cuadros

Otro ejemplo personal para hablar del fenómeno -estas cuestiones son difíciles de entender en la medida que no avancemos de forma práctica- voy a un lugar, me muestran 18 espoletas y 5 control-remoto, digamos protocolo, saludos, que se yo. Voy, las veo, me retiro, pero yo no aprendí a hacer nada de eso, entonces qué conocimientos he adquirido.

Otra área, que me parece hay que prestarle gran atención es el asunto del trabajo hacia el enemigo, el trabajo de inteligencia, de información. Nosotros no hemos trabajado en la práctica, no hemos hecho sistemático el trabajo hacia el enemigo. Yo creo que donde ha habido esfuerzo ha habido resultado. Ya estudiando hemos tenido conocimientos de un montón de cosas de la CNI, a cada nivel hay que crear redes de información, incluso meterse a las unidades del enemigo, incluso, hemos hecho desertar conscriptos, es más, hemos tenido que aguantar conscriptos para que no deserten. Entonces hay muchas posibilidades de entrar en las unidades del enemigo

Es más, yo pienso que este año, más que plantear acciones a las unidades, tenemos que plantear líneas de acción, centrándonos en algunas cuestiones del enemigo, y esto lo iremos midiendo según la situación política. El enemigo es la CNI en un momento, el paso que sigue al enemigo es el soplón, después es carabineros, después es el ejercito, etc., gradualmente según la situación política, pero el enemigo al fin.

Hay otro ámbito en que también tenemos que romper esquemas, que es el trabajo de propaganda hacia las masas. Tenemos que hacer algún trabajo público, romper el que somos una organización clandestina. Otra, tenemos medios de prensa que son del Frente, sin ser del Frente, eso lo vamos a elevar. Se saca el Rodriguista, y si nosotros nos proponemos llegar a todo el país, significa en la práctica que tenemos que sacar 3 millones de Rodriguistas, lo cual en la práctica es imposible; en un país donde se imprime y distribuye de forma clandestina, es absolutamente impensable. Entonces indispensablemente la propaganda hacia las masas debe descentralizarse.

Compañeros: estos son algunos de los problemas de mayor actualidad. Todo el frente debe incorporarse a la búsqueda de soluciones. Cada día se reafirma nuestra decisión de seguir adelante en este camino, duro, difícil, largo quizás, hacia la libertad de nuestra patria y la revolución.

La Misteriosa Laura

Por cerros, mar y tierra buscaba la CNI a una tal Laura, el 14 de agosto de 1987, para dar con el paradero de Sergio Buschmann Silva, Marcial Moraga Contreras, Luís Muñoz Ugarte y Gabriel Espinoza Silva, miembros del FPMR fugados el día anterior desde la cárcel de Valparaíso.

Tras interrogar a unos 50 presos políticos y a los gendarmes de guardia a la hora de la fuga, también detenidos, los agentes encontraron una veta: muchos recordaban haber oído a los fugados hablar de una tal Laura con mucha frecuencia. Ella, pensaron, los llevaría a los fugitivos.

Pero Laura no existía. Era el nombre encubierto con que los frentistas habían bautizado a la operación que se había empezado a planear casi un año antes, la misma noche del arribo de Buschmann al presidio.

Buschmann era hasta ese dia de agosto el preso mas custodiado del pais por su participación en la internación de armas de Carrizal Bajo. Hoy recuerda; “Partimos dividiendo el recinto en cuatro secciones y nos encargamos cada uno de preparar un informe diario que detallara el tipo de vigilancia, las rondas y la presencia de focos de los sectores del patio. A la semana, la conclusión fue que el techo era la única salida”.

Sergio Buschmann, el líder de la fuga

La idea aceptada por el grupo era salir de las celdas a traves de los techos, atravezar el patio en medio de la noche y trepar las murallas que los separaban de la calle. Una tarea nada fácil. Para ello, Buschmann y sus muchachos optaron por un juego temerario; prepararse a la vista de todos. El primer paso fue que el alcaide aceptara que los presos políticos hicieran gimnasia “para eliminar tensiones”, y luego que autorizara, con la entrada del invierno y la excusa del mal tiempo, trasladar los ejercicios al interior de la capilla, lugar donde podrían desplazar un foco de luz para oscurecer la muralla elegida. Luego faltaba una escalera, cosa que no abunda en las prisiones por razones de fácil comprensión: a través de este instrumento es posible alcanzar mayores alturas, como por ejemplo un muro. Esto lo sabía también el alcaide, un hombre de cierta sagacidad.

Sergio Buschmann; “Y en eso estabamos, sin poder conseguir la escalera, cuando, en una visita de inspección de la ONU, se nos ocurrio plantearle al alcaide la idea de pintar el muro para brindar una mejor recepción a las visitas, y para ello le solicitamos una escalera, pero obviamente se negó”.

“¿Cómo quiere que pintemos la parte alta del muro?”, le espetó friamente el frentista. Finalmente, y no sin algunas dudas, el funcionario cedió.

Premunidos de la preciosa escalera, los frentistas se resignaron a esperar la complicidad del tiempo, ojalá una tormenta, para entrar en acción. “Con lluvia el gendarme que esta de guardia se queda en la garita, y con los 20 grados que tiene el cuerpo, más su respiración, se le empañan los vidrios y pierde visibilidad”, dice Buschmann.

En esas condiciones, el día esperado no tardo en llegar. El 13 de agosto, y cuando una lluvia copiosa y feroz se cernía sobre el puerto, la “operación Laura” comenzó su etapa final. Mientras los gendarmes contemplaban absortos la teleserie “Marta a las 8”, los frentistas se aprontaban.

“Teníamos que salir de nuestros modulos, cargar la escalera, luego pasar entre dos garitas y de ahí arrastrarnos por los tejados”, relata el famoso fugado. “Cuando llegamos al muro final, que era altísimo no nos quedo otra que saltarlo, ya estábamos ahí. Calculo que mediría unos cuatro metros. Fue increíble”.

Una vez en la calle, el sonido de un silbato, asociado a la guardia, hizo cambiar precipitadamente el rumbo del plan y el grupo se separó. “Nos sacamos los buzos y después nos separamos. Yo tomé una micro. Una vez en mi guarida, prendí la tele y se me helo la sangre porque volví a escuchar el silbato, pero era de un comercial de ceras. Solo atine a reir”, concluye Buschmann.

En un par de días la totalidad de los fugados fueron sacados del país, la mayoría rumbo a Europa. La ira cundió en el seno del gobierno militar pues suponían que Buschmann era el reo mas custodiado del país. Pero aquella noche de agosto, Laura dijo otra cosa.

Acechando a Torres Silva

La división del FPMR no fue obstáculo para que ni uno ni otro bando dejara de planificar acciones armadas. Sobre todo, si se trataba de eliminar a uno de sus enemigos más aborrecidos: el fiscal militar Fernando Torres Silva, a cargo de las investigaciones sobre Carrizal Bajo, el atentado a Pinochet y el secuestro del comandante Carlos Carreño.

Producto de sus investigaciones el ex fiscal se abocó exclusivamente a perseguir a los miembros del FPMR. Para cumplir su objetivo, no dudo en utilizar todo lo que tenía a su alcance; uso de declaraciones extrajudiciales, prolongadas incomunicaciones y un buen manejo de los medios de comunicación.

Convertido en un “caza frentistas”, Torres Silva incluso confeccionó un organigrama de la organización, que en no pocas ocasiones exhibió a Augusto Pinochet para demostrarle la eficiencia de sus acciones. Sus antiguos camaradas recuerdan que conseguía impresionar a Pinochet con sus investigaciones, las que en realidad eran una extensión del trabajo que venía haciendo la CNI y otros organismos antisubversivos. Torres se jactaba de haber procesado a 120 integrantes del FPMR, y afirmaba que en cualquier momento iba a atrapar a la cúpula. Los detenidos bajo sus órdenes, denunciaron haber sufrido las más aberrantes torturas en cuarteles de la CNI. Torres, sordo a las quejas, aumentaba sus penurias con largas y reiteradas incomunicaciones.

Luego apuntó sus dardos contra la Vicaria de la Solidaridad. Su gran interés radicaba en conocer la identidad de las personas que eran atendidas allí, especialmente los heridos a bala. Por ello en varias ocasiones intentó en vano apoderarse de las fichas médicas de la institución con la esperanza de obtener más datos de la estructura del FPMR.

Por todo ello, según un ex frentista hoy establecido en Europa, hasta un año después de la división entre el Partido y los Autónomos, hubo una verdadera competencia entre ambos grupos por ajusticiarlo.

En esta carrera el FPMR-Autónomo llevó siempre la delantera. De su obra fueron las dos frustradas acciones para acabar con la vida del alto oficial. Ambas fueron llevadas a cabo por la “Fuerza Especial”, grupo operativo de elite al interior del Frente y que era informalmente conocida como “La columna fantasma” debido a que era una estructura separada del resto de la organización.

El primer intento de ajusticiar a Torres Silva se realizó el 27 de mayo de 1988. Cuando el vehículo marca Ford del fiscal circulaba por Eleodoro Yáñez con Los Leones, dos frentistas -Rodrigo Rodriguez Otero, conocido como “Jorge” o “Tarzán” y Luis Arriagada Toro, alias “Aureliano” o “Bigote”- que viajaban a bordo de una motocicleta, le adosaron magnéticamente una bomba a control remoto en un costado del vehículo.

El conductor del fiscal alcanzó a percatarse de la acción y maniobró hasta desprenderse del artefacto, antes de que este hiciera explosión. El hecho desconcertó a los motoristas que se habían cerciorado de la efectividad de la carga explosiva dos veces: la primera en un vehículo que resultó ser del rector de una universidad y la segunda en el auto de un coronel del Ejército, estacionado frente al cine California, en Irarrázaval.

Acto seguido, uno de los escoltas del fiscal disparó sobre los frentistas, hiriendo a Rodriguez Otero en un brazo, luego de lo cual ambos atacantes huyeron del lugar.

El azar salvó a Torres Silva en el segundo intento hasta hoy desconocido, realizado en la segunda mitad de 1988. Los frentistas se habían percatado de que cada vez que llegaba a su domicilio, el uniformado bajaba del coche y caminaba unos metros hasta su casa. “Era una oportunidad de oro para matarlo. Sólo teníamos que contar con un nutrido fuego de fusilería y listo”, explica un ex combatiente.

El mismo día en que los hombres encargados de la acción lo aguardaban a metros de su casa, sin embargo, Torres Silva ingresó a su garaje sin bajar del automóvil. Aunque el FPMR-Partido también llegó a confeccionar otros dos planes contra el fiscal, estos nunca se pusieron en marcha, ya que luego del plebiscito de 1988 el PC paulatinamente desmovilizó al aparato militar que aún continuaba bajo su alero.

Un No a La Impunidad

El 14 de junio de 1989, a las 9 la mañana, Roberto Fuentes Morrison, “El Wally”, salía de su departamento en la Villa Frei de Ñuñoa, cuando fue abordado por dos individuos que portaban armas automáticas. Uno de ellos estaba escondido entre unos arbustos, y el otro en el segundo piso del edificio donde vivía. Luego de unos instantes los individuos procedieron a disparar sobre Fuentes Morrison, abatiéndolo en el lugar. Los sujetos se dieron a la fuga junto a los demás miembros del grupo armado que habían permanecido cubriendo el hecho. El afectado recibió 14 impactos de bala. Su muerte fue instantánea.

Unas semanas antes, el “Wally” había sido tomado camino a su casa por un conductor de taxi, labor que desempeñaba uno de los mejores choferes operativos del Frente. Este hecho fortuito había terminado por sellar su suerte.

Casi un año antes, el boletín “El Rodriguista”, de julio de 1988, había publicado una entrevista a la Dirección Nacional del FPMR donde se decía: “El FPMR quiere dejar muy claro que las veces que hacemos una acción de tipo selectivo, no tenemos que dar grandes explicaciones al país para que el país entienda de quién se trata el objetivo sobre el cual hemos actuado. No necesitamos estar haciéndolo porque aquel que reprime, aquel que comete un crimen, que se ensucia las manos con sangre del pueblo, inmediatamente se está autocondenando y por tanto se convierte para nosotros, sin duda, en un objetivo”.

En el caso de Fuentes Morrison, su trayectoria estaba plagada de operaciones de tortura y muertes de opositores al régimen de Pinochet mientras operaba bajo el amparo del Comando Conjunto primero, y luego en la CNI, organismos del estado que sembraron el terror en el país durante la primera parte de los ochenta.

El FPMR no tardó en adjudicarse el atentado calificándolo como el “ajusticiamiento” a un criminal. En sus escritos se referían a esta operación y se hizo pública una sentencia informal previa, la que había determinado el asesinato; “La mencionada medida se tomó el 2 de mayo de 1989 y se ejecutó el 14 de junio del mismo año, bajo la consigna “Basta De Impunidad”. Fue resuelta en un contexto en que el problema de la impunidad se comenzaba a justificar sobre el manto amnésico del miedo y la supuesta alegría que llegaba, y sin posibilidad alguna de lograr avances jurídicos. No cabe duda que vistos en el tiempo los antecedentes criminales y la impunidad existente hasta ahora en casos similares, el ajusticiamiento del “Wally” fue justo y necesario”, advertían los rodriguistas.

El siguiente es el documento de sentencia que en su momento fuera publicado por los frentistas:

Documento sentencia del asesino Roberto Fuentes Morrison: La Dirección Nacional del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, reunida en una sesión especial el 2 de mayo de 1989, resuelve que:

“En vista de la necesidad imperiosa de someter a juicio y castigar a los culpables de los crímenes contra los derechos humanos cometidos por el régimen dictatorial, la obligación que tiene todo patriota de combatir resueltamente a los ejecutores materiales de la represión sangrienta contra las fuerzas populares y su lucha, la indolencia cómplice del sistema judicial y de los políticos comprometidos con el régimen militar, la gran cantidad de antecedentes acumulados acerca del historial criminal de Roberto Fuentes Morrison, comandante de escuadrilla de la Fuerza Aérea de Chile y actual oficial activo de la Central Nacional de Informaciones, y en el caso de la justicia civil, que -en virtud de la Ley de Amnistía- absolvió de toda culpa a Fuentes Morrison, a pesar de las irrefutables pruebas en su contra que había reunido el Ministro de la Corte de Apelaciones Carlos Cerda, quien incluso fue sancionado por la Corte Suprema al negarse a sobreseer a los asesinos implicados en crímenes contra la humanidad; que por su carácter de instrumento de la dictadura para proteger a los criminales y condenar a los patriotas no está en condiciones ni con la voluntad de hacer justicia a las víctimas de la represión y, en cambio, está concebida para garantizar la impunidad de los asesinos del pueblo.”

“El FPMR dicta la siguiente sentencia en nombre de la dignidad popular: Se condena a la pena de muerte por fusilamiento a Roberto Fuentes Morrison, alias “El Wally”, culpable de numerosos y graves crímenes contra la humanidad y el pueblo chileno. La acción de cumplimiento de esta decisión se llamará “Operación No a la Impunidad”, y es encomendada a nuestras fuerzas especiales Héroes de Corpus Christi, al mando del oficial rodriguista, Capitán Arturo. Para lo cual se fija como plazo máximo de ejecución de esta sentencia, el 15 de junio de 1989, segundo aniversario de la Operación Albania”.

La Operación Exito

El 30 de enero de 1990 los chilenos se despertaron con una noticia sorprendente: 49 presos políticos (entre ellos siete condenados a muerte por Augusto Pinochet) se habían evadido de la Cárcel pública de Santiago a través de un túnel de 60 metros excavado durante 18 meses por 24 militantes del FPMR, del Partido Comunista y de la Juventud Comunista. La mayor fuga de la historia de Chile denominada “Operación Éxito” ridiculizó a una dictadura militar que agonizaba y fue interpretado por sus protagonistas como un saludo a la democracia que el país anhelaba recuperar muy pronto.

El escape comenzó a gestarse un año y medio antes. Luego de la fuga de Sergio Buschmann de la cárcel de Valparaíso, a fines de 1988, las autoridades de la época decidieron convertir el nonagenario edificio General Mackenna en una cárcel de máxima seguridad.

Una de las razones que facilitaron la fuga de estos 49 presos políticos era el desconocimiento por parte de los servicios de inteligencia que por normas de construcción toda edificación que tiene dos estructuras rígidas de cemento, en este caso el pavimento de la calle y el arco del metro, debe tener una capa blanda que las separe, para que ambas no se fracturen.

Miguel Montecinos, acusado de participar en el atentado contra Augusto Pinochet, fue el jefe del operativo de la Operación Éxito. “Tuvimos que romper el piso y estas eran unas construcciones antiguas. En ese momento, cuando nos agrupan allí, esa cárcel la convierten, por así decirlo, en una cárcel de alta seguridad. Se hicieron varios arreglos en función de dejarnos lo más rodeados posible. Remodelada, la cárcel descartaba toda salida por una toma, un asalto o un rescate. La única posibilidad de los prisioneros era por el suelo.”

“La idea no era cualquier tipo de fuga, porque cualquier tipo de fuga significaba irse a sangre y fuego, cosa que nosotros no estábamos de acuerdo en hacer. Queríamos salir limpios de ahí”, comenta Diego Lira Matus.

“Después de hacer un análisis de las posibles vías, empezamos a descartar. En ese tiempo, en Teatinos existía un laboratorio. No nos daba confianza el laboratorio, además que era una estructura nueva. La alternativa que nos quedaba, la única, era hacia el Mapocho, porque nosotros sabíamos que el metro de Santiago de Chile, lo habían hecho los franceses. No iban a ser tan huevones de pegar la loza de la calle con la loza del techo del metro, eso jamás lo iban a hacer los franceses”, relata Manuel Fuenzalida.

La tarea para los presos recién comenzaba. Cada puerta fue bien camuflada. En el caso de la puerta del túnel, sacaron un bloque del muro que separaba su celda con la contigua y bajo esa muralla comenzaron el hoyo. Para encubrirlo fabricaron un pedazo de muro movible: en yeso, con las mismas características del trozo de muralla que rompieron para iniciar la excavación y que sonaba igual al ser golpeado en los allanamientos hechos por gendarmería.

El primer agujero les hizo meditar la necesidad de incorporar más personas a la operación. Allí se integraron Luis González, Daniel Alfaro, Marcelo Osses y los últimos trasladados desde la penitenciaría.

Entre quienes participaron en la fuga también estuvieron Rafael Pascual y Jorge Martín, miembros del FPMR. Pascual y Martín fueron detenidos en 1986, el primero en Carrizal Bajo, cuando el Frente intentó internar en el país un enorme cargamento de armas, y el segundo mientras pretendía vender un vehículo.

“Como no teníamos madera para apuntalar el túnel, optamos por el sistema de bóveda, como hacían los compañeros vietnamitas, pues nos ofrecía mayores garantías ante los derrumbes”, explica Pascual. Por su parte, Martín recuerda que “el túnel era pequeñísimo: tenía cincuenta centímetros de ancho y otros tantos de alto y en algunas partes sólo cuarenta. Sólo cabíamos estirados, era muy claustrofóbico. De hecho, Rafa, otros más y yo tuvimos problemas dentro del túnel y tuvimos que salir”.
Las rudimentarias herramientas (cuchillos, cucharas, tenedores, alambres…) que emplearon para excavar el túnel, con la escasa iluminación que les proporcionaban algunas bombillas de bajo consumo, y los constantes derrumbes, propios de un país tan sísmico como Chile, les obligaron a trabajar dieciocho meses en la construcción del extenso agujero que les devolvió la libertad.

Señala Martín: “Los motores que teníamos para pulir la artesanía los empleábamos para ventilar el túnel a través de una tubería que construimos con los envases de bebidas que nos dieron nuestros familiares. Además, empleamos unos walkman para hacer un sistema de comunicaciones en el túnel”.

Tan importante como camuflar los accesos era ocultar la operación al resto de la población penal. La fuga también contó con un jefe de inteligencia.

Ante la necesidad de proteger su proyecto, crearon también un auténtico lenguaje para la evasión con palabras como “pera” (el túnel), “maleta” (bolsa de plástico llena de tierra -entre ocho y diez kilos-), “lavado” (transporte de la tierra desde la boca del túnel hasta el entretecho), “comida” (trabajo dentro del túnel), “limón” (aire bombeado”).

Asimismo, los equipos artesanales de comunicación que emplearon dentro del túnel les permitían ordenar a los compañeros que trabajaban en él que retornaran al exterior con rapidez cuando lo exigía su seguridad. Al éxito de la operación también contribuyó la libertad de desplazamiento entre las calles y las galerías de la cárcel durante determinadas horas del día que los presos políticos habían logrado tras numerosas huelgas de hambre.

El túnel nacía en una celda de la octava galería y se prolongaba en dirección norte por debajo de otras dos galerías con celdas, dos patios grandes y el terreno de seguridad que antecede a las murallas de la cárcel. Después atravesaba la avenida Balmaceda, el túnel del metro y proseguía hasta los terrenos eriazos de la estación de ferrocarriles.

De todos los obstáculos que enfrentaron, quizás el más difícil fue el de la tierra. La prensa y las autoridades se preguntaban dónde depositaron tanto material, que podía incluso llenar diez camionadas.

El juez Juan Araya, que fue designado como ministro en visita para el caso, investigó la posible colaboración de Gendarmería. Las sospechas se fundaban en el destino de la tierra. Semanas después de la fuga, las autoridades aún no dilucidaban el misterio.

“Lo que pasó es que en un comienzo no se encontraba la tierra. Entonces, había conjeturas: ¿dónde está?. ¿La tierra salió hacia el exterior del penal?. ¿Quién fue el que falló en el control de la salida de ese material?”, reflexiona el magistrado.

“Nosotros teníamos una duda que tenía que ver dónde echar la tierra, el problema del hoyo no era un problema, sabíamos que había que hacerlo hacia el suelo. Pero la tierra, sí que era un problema. Los cálculos hablaban de 50 toneladas de material sólido, y eso no es fácil de guardar en ninguna parte. Entonces la primera parte de la operación fue preparar las condiciones para guardar la tierra. Pasaron algunas semanas en que cada uno fue a ver dónde se podía echar la tierra. Bueno, y en uno de esos días de la cárcel, recuerdo que era un día domingo, cuando salíamos a jugar fútbol a la cancha, yo estaba fuera de ella, mirando a mis compañeros cómo jugaban fútbol, y de repente miro el techo de la cárcel y me da la impresión que tiene una pequeña inclinación”, comenta Miguel Montecinos.

Los reos se dieron cuenta de esta inclinación, y por ende que existía un techo falso, el que les permitiría guardar allí una gran cantidad de tierra. Para ello debían saber cuántos centímetros tenían hacia arriba en el cielo raso.

“Pusimos la tierra en el entretecho de nuestra galería, que tenía una longitud de setenta metros”, explica Rafael Pascual. Para esta tarea se inspiraron en la conocida película La gran evasión y construyeron un carrito similar al que emplearon aquellos detenidos aliados para sacar la tierra a través de unos rieles construidos con maderas. Durante 18 meses, día y noche, en turnos de dos horas como máximo.

Durante aquellos 18 meses sólo tuvieron un pensamiento: “Llegar a ver la luz de la calle”,señala Jorge Martín. Y Rafael Pascual añade: “Todas las cosas que hacíamos eran triunfos diarios. De hecho, en cada pedazo de madera del túnel había leyendas como ‘Cava tu metro de libertad’. Fue un trabajo muy duro porque a veces nos encontramos con rocas que pesaban más de cien kilos y tuvimos que hacer un agujero para enterrarlas”.

A las 22.00 del 29 de enero de 1990 por fin se dio la señal tan esperada por todos.“Salmón”, el código que anunciaba que la vía estaba libre recorrió los 60 metros de túnel donde estaban acostados, uno trás otro, veinticuatro hombres de entre veinte y cuarenta años. Uno a uno, salieron del hoyo, se sacaron la ropa manchada y empezaron a correr, en grupo y despacio. En la esquina, un bus, un colectivo como hay tantos otros en la capital chilena, los esperaba.

Según Rafael Pascual, “A partir de la diez de la noche empezamos a salir al exterior, uno a uno, cada dos minutos e hicimos el contacto con la gente que nos esperaba fuera. Junto al muro que nos hacía invisibles para los gendarmes de la cárcel nos despojamos de las ropas que llevábamos encima de las que íbamos a emplear en el exterior y fuimos subiendo al autobús que nos esperaba.”

Durante este momento, en la cárcel, el rumor de la desaparición de los primeros presos corre por las galerías. “Nosotros que siempre habíamos pensado que era imposible hacer un túnel, empezamos a buscar el hoyo”, cuenta hoy en su departamento de las afueras de París Juan Carlos Cancino. Estará en el segundo grupo de hombres que aprovechan la ocasión, como Lautaro Cruz y Jorge Angulo González. Este último, fue el primero en ir:“Son las 23.40, me hundo en el túnel, no hay luz, no sé si hay trampas, ni adonde llega, llego al final, tengo que salir para darme vuelta, podría irme solo pero vuelvo a buscar a los otros…”

Otros de los fugados recuerda; “La confianza del trabajo realizado se materializó cuando cada uno de nosotros pudo aspirar por fin una bocanada de aire fresco, aunque no muy limpio, a la orilla del Mapocho; pero por lo menos fresco y frío, porque estábamos muy transpirados. La micro que nos esperaba fue un gesto memorable, un elemento original dentro de la organización. Recuerdo con un gran cariño a los compañeros, hombres y mujeres, que estaban en las inmediaciones de la salida. Nunca he sabido quiénes eran. Recuerdo especialmente a uno, que me tomó la mano y me sacó del hoyo. El resto de los compañeros nos estaban protegiendo, muy bien preparados para hacerlo. Hoy se los agradezco”.

Pascual agrega “La operación fue un éxito porque a la medianoche ya estábamos todos en casas de seguridad y los gendarmes no descubrieron el túnel hasta las tres de la mañana”.

La boca del túnel que permitió la libertad a los 49 presos politicos

Además de los 24 evadidos que participaron en la construcción del túnel, otros 25 presos políticos escaparon por él ya que a las ocho y cuarto de la tarde uno de los fugados había comunicado la existencia del túnel a las otras organizaciones presentes en la cárcel (Partido Socialista, MIR.). Sólo 9 de los 49 presos -entre ellos siete condenados a muerte- que escaparon fueron detenidos.

La “Operación Exito” fue el último golpe que la oposición democrática asestó a una dictadura que expiraría seis semanas después cuando Pinochet entregó el poder al presidente Patricio Aylwin.

La Muerte del Coronel Fontaine

Alrededor del mediodía del 10 de mayo de 1990, luego de terminar sus labores cotidianas, el coronel en retiro de carabineros Luis Fontaine se dispuso a abandonar sus oficinas para almorzar. Lo hizo en compañía de su secretaria Margarita Mardones. Como previamente había desechado la opción de que un chofer lo recogiera decidieron caminar unos metros y conseguir un taxi. Al llegar a la altura de calle Santa Isabel ambos abordaron un vehículo. Cuando apenas habían avanzado unos metros, y al llegar a un semáforo, el automóvil fue emboscado por dos sujetos que dispararon repetidamente contra el Coronel. Aturdido por los disparos, Fontaine intento desenfundar el arma que portaba, pero sus atacantes no dieron tregua y luego de inferirle 19 tiros de bala se dieron a la huida. Fontaine murió antes de llegar al hospital y su secretaria quedo en estado grave.

La emboscada que terminó con la vida de Fontaine, había sido cuidadosamente urdida por el FPMR, en el marco de la operación “Capa y Espada” mediante la cual habían decidido ajusticiar a conocidos transgresores de los derechos humanos durante el régimen militar.

El curriculum que seleccionó a Fontaine como objetivo de los frentistas era extenso y escalofriante; había trabajado para la Dicomcar donde se destacó por la violencia con que castigaba a quienes estuvieron detenidos bajo su mando. Se le sindica como uno de los mayores responsables de cientos de muertes y desapariciones de militantes de izquierda durante sus labores en el temido organismo represivo de Carabineros.

Además fue protagonista directo y ejecutor de uno de los casos más bestiales y emblemáticos de aquella época; El secuestro y posterior degollamiento de tres profesores comunistas. El 30 de marzo de 1984, José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero aparecieron muertos en un predio de Quilicura, atrozmente desfigurados por la acción de sus secuestradores. El grupo que realizo la acción pertenecía a la Dicomcar y estaba dirigido por Fontaine.

Para ejecutar la acción el FPMR había seleccionado a dos de sus mejores cuadros operativos; Raúl Escobar Poblete, “Emilio”, y Ricardo Palma Salamanca, “El Negro”.

Para Palma el objetivo era particularmente interesante, pues había sido alumno de José Manuel Parada durante su paso por el colegio Latinoamericano, quedando marcado en ese entonces por la traumática muerte de su profesor.

Ricardo Palma Salamanca, “el Negro”

Ambos se habían encargado de chequear las actividades del coronel durante los dos días previos. Los antecedentes indican que los dos frentistas salieron temprano ese día, luego de pernoctar en la casa de “Emilio”. Decidieron ejecutar la acción -dada su juventud- vestidos de escolares, lo que les permitiría pasar inadvertidos, pues en las cercanías del lugar de la emboscada se ubicaban varios liceos y los estudiantes acostumbraban matar el ocio en una plazoleta ubicada justo en frente de las oficinas de Fontaine.

Una vez allí decidieron calmar la tensión de la espera imitando lo que hacían los muchachos, llegando incluso a pedir dinero a los transeúntes para comprar cigarrillos.

Durante algunos minutos se dedicaron también a chequear la ubicación del automóvil de Fontaine, pero no lo encontraron, lo que les pareció extraño. A las 13.30 de esa tarde finalmente vieron a Fontaine y a su secretaria abandonar la oficina. Prestamente comenzaron a seguirlo, y mientras caminaban intentaban determinar el momento preciso para atacar.

¡Es el tercer día, no se nos puede ir!, le repetía Palma a su compañero.

Raúl Escobar Poblete, “Emilio”.

Una vez que Fontaine detuvo un taxi y lo abordo decidieron que era hora de actuar. Corrieron tras el vehículo algunos metros. Los primeros disparos fueron efectuados por “Emilio” que se había apostado en medio de la calle, algunos metros detrás del objetivo. Inmediatamente se produjeron los disparos de Palma, quien ya se había ubicado a un costado del automóvil para rematar la operación. Una vez que el Coronel no hubo dado señales de vida comenzó la huida.

¡Arranquen que vienen los pacos!, gritó Palma ante la mirada atónita de los transeúntes y escolares que observaban la escena.

La estampida no se hizo esperar. Los frentistas escaparon corriendo en medio de los estudiantes, para posteriormente llegar a calle Portugal donde abordaron un colectivo.

La operación “Capa y Espada” proseguiría posteriormente con la muerte del sargento Víctor Valenzuela Montecinos, y con un objetivo final ampliamente conocido: el senador Jaime Guzmán Errazuriz.

Los brazos ejecutores no habrían de variar, pues las acciones posteriores estarían marcadas con la inconfundible impronta de “Emilio” y “El Negro”.