Las Armas de Carrizal

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

Algunos integrantes del grupo operativo de Carrizal

El Plan Armamentista

En qué momento de 1985 el círculo de hierro del Partido Comunista decidió dar luz verde a la operación de Carrizal Bajo, aún es uno de los secretos mejor guardados por los sectores de izquierda chilenos. Sin embargo, desde aquel día en que Gladys Marín, Guillermo Teillier y sus hombres más cercanos dieron su venia para que el FPMR internara 80 toneladas de armamento y explosivos en las propias narices de los militares chilenos, comenzó a tejerse una enorme red de contactos mundiales, que involucraría a todos los actores que desde 1974 contribuyeron a la vía armada de la izquierda chilena: la Unión Soviética, Europa Oriental y Cuba.

“Muchas veces se ha querido responsabilizar de esto a Cuba, -ha declarado Guillermo Tellier- pero no, todo lo de la internación se decidió acá, fue un acuerdo político nuestro”.

Así lo corrobora en parte el escritor cubano Norberto Fuentes; “En Chile tuvieron la idea y en Cuba se perfeccionó. El departamento América, la DGI, e incluso el Ministerio de Defensa Cubano, colaboraron con los chilenos”.

Tellier agrega; “Yo conversé efectivamente con Fidel Castro, así como conversé también con Eric Honecker, y con gente importante de los países occidentales, pero no voy a dar nombres. En el caso de Castro, yo solo iba a pedirle ayuda. Y en los primeros intercambios, con la experiencia que el tenía, nos trató de desalentar, porque había una experiencia muy amarga en América latina de intentos de ingreso de armas”.

Finalmente el régimen de Castro aceptó colaborar con los chilenos. Experimentados oficiales cubanos estuvieron a cargo de la adquisición y el traslado del armamento hacia las costas chilenas en el carguero “Río Najasa”.

Pero si los cubanos aportaron su vasto conocimiento en operaciones encubiertas y la mayor parte del arsenal, la Unión Soviética y otros países socialistas entregaron los fondos e, incluso, parte menor del armamento. Con un costo total estimado en US$ 30 millones, la más osada y secreta acción del PC hasta entonces habría obligado a Gladys Marín a viajar reiteradamente a Moscú en busca de recursos acompañada de una delegación de la dirección interna y de altos mandos del FPMR radicados en Europa. Las toneladas de explosivo plástico T-4 -fabricado exclusivamente en Checoslovaquia- y los lanzacohetes RPG-7 rusos encontrados posteriormente confirman que detrás de Carrizal Bajo hubo una paciente recolección de armas de distinto origen. De todo ello se encargaron los cubanos.

La historia de cómo se montó la operación se habría iniciado a principios de 1985. Según un ex comandante del FPMR, el apoyo cubano para llevarla a cabo se consiguió en La Habana, durante un encuentro regado con mojitos entre el general Alejandro Ronda -jefe de la división de Tropas Especiales del ministerio del interior cubano- y el propio Guillermo Tellier, alias “Sebastián Larraín”, jefe de la comisión militar del PC, apodado también “El Príncipe”. El primer eslabón de la cadena lo constituyó el general Patricio de la Guardia, en ese entonces jefe del Estado Mayor del ministerio del interior cubano, Minint.

“Las gestiones en Vietnam para adquirir las armas de origen norteamericano las hizo De la Guardia”, asegura Norberto Fuentes, quién perteneció a la nomenclatura de La Habana y fue amigo de De la Guardia antes de asilarse en Estados Unidos.

Hermano gemelo de “Tony” -el legendario ranger de Castro-, Patricio se encargó de una transacción que constituiría el grueso del cargamento. Sin embargo, el general cubano no realizó esas gestiones específicamente para el FPMR chileno. “El se hizo cargo, a mediados de los años ’70, de las negociaciones para que Vietnam le cediera a Fidel Castro gran cantidad de armamento abandonado por los estadounidenses para la guerrilla latinoamericana. De allí provino la mayoría de las armas de Carrizal”, relata el ex colaborador del departamento América, Jorge Masetti.

Documentos desclasificados recientemente por los norteamericanos confirman la tesis de Masetti. En un informe secreto del Departamento de Estado referente a Carrizal, se consigna; “Hanoi no ha vendido a comerciantes privados las armas norteamericanas capturadas. Ellas aparecieron en Cuba como abastecimiento para la guerrilla regional”.

Tiempo después, el coronel Roberto Márquez, jefe de la unidad operativa de Tropas Especiales, y otros oficiales del comando de elite dieron inicio a varias maniobras en la costa norte de Cuba. “Los hombres de Ronda esperaron las condiciones más parecidas al mar chileno para entrenarse”, relata el escritor Norberto Fuentes.

Desembarco En Carrizal

A mediados de 1985 el FPMR inició la búsqueda de una franja de litoral que reuniera las condiciones necesarias para el desembarco, específicamente en las costas del norte del país.

Los frentistas Claudio Molina Donoso, Alfredo Malbrich, Abelardo Moya, y el jefe directo de la operación, Orlando Bahamonde, más conocido como “Pedro”, recorrieron la costa chilena desde Antofagasta a Valdivia, esperando encontrar el sitio preciso para ingresar el armamento.

Alfredo Malbrich recuerda al respecto; “Habían algunos lugares que no daban la profundidad, porque había que acercarse con el barco lo mas posible a la costa. Tenía que ser necesariamente una playa profunda”.

Alfredo Malbrich, 20 años después

Finalmente el grupo centro su atención en la zona comprendida entre Caldera por el norte y La Serena por el sur. Un área vasta en territorios, con escasez de pobladores e infinidad de caletas próximas a la carretera Panamericana. Mediante fotos y mapas se determinó que las playas más seguras y aisladas eran las aledañas a Carrizal Bajo. Con estos antecedentes, en octubre de 1985, se decidió que el primer desembarco sería en Caleta Corrales.

“Ahí se me entrega la tarea de volver a Santiago y comprar las parcelas donde construiríamos los barretines para guardar las armas”, dice Abelardo Moya, en ese momento encargado militar del FPMR en la zona sur de Santiago. “A través de avisos del diario compramos alrededor de cuatro o cinco parcelas y para mantener la normalidad trasladamos a algunos voluntarios a vivir en ellas”, agrega.

Abelardo Moya Toro

En tanto, Claudio Molina Donoso, “el Rucio”, fue el encargado de buscar piques mineros para esconder las armas en forma provisoria. Entre noviembre y diciembre del 85, Molina seleccionó cinco minas, las que además debían funcionar con una fachada, es decir, con cierta legalidad.

Claudio Molina; “y eso significaba que afuera de los piques poníamos a dos viejitos pirquineros que sacaban oro, o lo que fuera, porque tenían que demostrar que estaban trabajando”.

Claudio Molina Donoso, “el Rucio”

Con los dineros provenientes del apoyo europeo, más los obtenidos en algunos asaltos bancarios los frentistas compraron y arrendaron inmuebles, organizaron casas de seguridad, pagaron pasajes de avión y contrataron albañiles, marineros y cuidadores.

En el norte las operaciones eran dirigidas por “Pedro” desde una casa arrendada en Vallenar. Además, en el subterráneo de otra propiedad en Huasco, se construyó un espacioso barretín para guardar provisoriamente las armas e instruir a varios de los participantes en la operación. Estos se sumaban aun tercer barretín que se ubicaba junto a la carretera, bajo la posada “Árbol de Marañon”.

Los frentistas adquirieron además las goletas Chompalhue y Astrid Sue, 16 vehículos -incluido un camión Cisterna- botes de goma, generadores, y sofisticados equipos de radio y navegación, más los permisos para montar en la zona varias empresas de fachada. Al sur de Carrizal, en la Herradura, se estableció el centro de apoyo para el desembarco guardándose allí botes de goma, motores fuera de borda y equipamiento marino. El costo de estos aspectos operativos y logísticos habría alcanzado los US$ 4 millones.

La “Chompalhue”, goleta que realizó el primer desembarque

En octubre, el Biólogo Marino Víctor Fernández creó junto a Alexis Texier la empresa de cultivos marinos “Chungungo Ltda.”. Ambos frentistas, junto a Vilma Olivares y dos pescadores, iniciaron legalmente las actividades de esta empresa de fachada que se ubicó en Caleta Corrales.

La entonces alcaldesa de Carrizal, Magaly Salinas recuerda al respecto; “No había nada que los delatara que no fueran mas que cultivadores de ostiones. Se notaban personas muy educadas y recuerdo que había una chica con ellos, Vilma, que tuvo mucho acercamiento con la gente, era una niña muy dulce y encantadora”.

De aspecto dulce y con una familia que había sufrido persecuciones políticas, Wilma Olivares participó desde joven en acciones armadas. Junto a su pareja, Víctor Fernández, habían llegado a Carrizal siguiendo su sueño de cambiar a Chile.

En febrero de 1986 también comenzó sus actividades en pleno centro de Vallenar una segunda firma denominada “Productos del Mar”, dedicada a comercializar algas marinas. Esta empresa estaba dirigida por Diego Lira y Sergio Buschmann, alias “el Pelado” o “don Ricardo”.

Sergio Buschmann Silva

Estas “empresas” permitieron destacar en el lugar en forma permanente a numerosos militantes que simulaban ser algueros. Buschmann empezó a comprar huiros y mariscos, los que acopiaba en una bodega de Carrizal y luego vendía en Caldera. Así se justificaba el constante desplazamiento vehicular hacia la perdida caleta.

Aunque la comunicación entre ambas era constante, las empresas de La Herradura y Corrales pretendían no conocerse y disciplinadamente se dedicaban a sus trabajos. Además eran generosos; compraban algas, entregaban agua e incluso colaboraron con luz a la población.

Aníbal Niedblasky, un audaz chofer del Frente conocido como “Fitipaldi” recuerda; “Íbamos donde los Huiremos, y les llevábamos víveres. Estuvimos un buen tiempo preparando el terreno, al final ya nos conocían todos”.

En algunos casos el nexo con los pobladores fue demasiado estrecho. Sergio Buschmann había entablado amistad con la propia alcaldesa Magaly Salinas, invitándola a cenar, e intentando con ella negocios que finalmente se frustrarían.

Aferrados a una rígida compartimentación los frentistas solo se nombraban por sus apodos. Como medida de seguridad, debían saber solo lo necesario.

Pablo Flores, fue uno de los frentistas encargados del desembarco; “Cuando yo ingreso a Carrizal, lo hago en la madrugada y con la vista vendada. En mi grupo éramos tres y nos dividíamos en turnos para hacer guardia y dormir. Nuestra organización corría con la alimentación y el vestuario, que nos llegaba a través de botes”.

Desde Cuba y provisto de un pasaporte falso llegó en enero de 1986 Juan de Dios Márquez, alias “el Pollo”. El asumió como jefe de vigilancia en Corrales; “Mandábamos a algunos de nuestros trabajadores a conversar con los huiremos del sector. Llevaban una botella de vino o de pisco y se ponían a conversar con ellos, y eso nos permitía obtener información sobre lo que pensaban o lo que sabían de nosotros, porque después de unos tragos la gente se suelta. Eso formaba parte también de la seguridad misma”, dice Márquez.

Juan De Dios Márquez, “El Pollo” encargado de seguridad

Abel Rojas fue el huirero que mas trago tomó a cuenta del Frente. Estaba feliz con “don Ricardo”, quien les suministraba agua y les pagaba más que otros compradores por el precio del huiro, “Incluso para vísperas de pascua él nos hizo un préstamo”, recuerda Rojas.

A pesar de su fachada de huireros los frentistas se dedicaban principalmente a probar sistemas de comunicación y navegación, practicaban buceo y recibían instrucción en guerrilla urbana. Cantaban, tocaban la guitarra y además se fotografiaban, suponiendo tal vez que allí estaba la semilla de un triunfador ejército revolucionario. No imaginaban que esas fotos más tarde serían su perdición; “No debían haber tomado esas fotos. Y esa era una recomendación que incluso la teníamos nosotros como partido para nuestro trabajo clandestino”, dice al respecto el dirigente comunista Guillermo Teillier.

 

Algunas de las polémicas fotos

Por las noches los frentistas captaban regularmente mensajes radiales cubanos encriptados que descifraban con un código especial. Todas estas operaciones eran cuidadosamente supervisadas por “Pedro”, uno de los jefes del Frente, cuya verdadera identidad -Orlando Bahamonde- solo pudo ser conocida hasta hace poco tiempo; “De las pocas veces que me junté con él recuerdo que era muy bueno para comer, un sibarita, pero a la vez un tipo muy inteligente y muy hábil”, reconoce Guillermo Teillier.

Orlando Bahamondes Barría, “Pedro” el jefe máximo de la operación

El 3 de diciembre de 1985, cubanos y chilenos reunidos en La Habana finalmente determinaron que el primer desembarco se realizaría el día de año nuevo. Los mejores hombres de Fidel Castro, encabezados por el general Alejandro Ronda, se abocaron de lleno a la arriesgada misión; “El barco salió de Cuba y dio toda la vuelta al mundo, llegando incluso a Asia, como forma de despistar a la Inteligencia norteamericana”, señala el escritor Norberto Fuentes.

Pero entre las celebraciones de fin de año, la operación se vio frustrada al perderse el bote que llevaba a los jefes del Frente hasta la Chompalhue, que ya había zarpado de Caldera y que debía encontrarse en aguas internacionales con el mercante cubano. Hubo un segundo intento, pero la impericia, unida a un mar tempestuoso hicieron zozobrar a un bote Zódiac y casi mata a sus tripulantes. Las críticas apuntaron inmediatamente contra Alfredo Malbrich y Gerardo Alvear, el improvisado capitán de la Chompalhue.

Los pasos siguientes fueron revelados por un informe de la CNI fechado en noviembre de 1986; “Con posterioridad al desembarco frustrado, “Pedro” decidió enviar a Alfredo Malbrich nuevamente a Cuba para coordinar una segunda operación, viajando el nombrado con fecha 8 de enero de 1986 para regresar el día 25 del mismo mes, decidiéndose entonces la realización del primer y efectivo desembarco de armas en Caleta Corrales para mediados de mayo”.

El éxito de la misión dependería ahora de un Ingeniero en navegación llamado Manuel Santana. El se haría cargo de la Chompalhue.

En tanto, el equipo en tierra comenzó a preparase para el nuevo intento. Las decenas de voluntarios eran trasladados secretamente desde Santiago, en camionetas y vehículos cerrados hacia el norte del país. Guillermo Tellier recuerda; “Debe haber habido un centenar de personas trabajando allí. Eran gente de todos lados, que salían de las poblaciones, que se reclutaban en las protestas, de las juventudes comunistas, en fin, eran gente con una tremenda disposición para una acción que era altamente riesgosa”.

El 23 de mayo la goleta Chompalhue zarpó finalmente desde Caldera. A la tripulación se unieron Alfredo Malbrich y otros tres rodriguistas especializados en navegación y comunicaciones. El barco cubano con el general Ronda se aproximaba nuevamente a las costas chilenas. El encuentro entre ambas naves estaba programado para las 11 de la noche, aprovechando las ventajas de la oscuridad. Al atardecer de su segundo día de navegación la Chompalhue llegó a las coordenadas establecidas y comenzó la espera del carguero cubano “Río Najasa”.

Manuel Santana; “Le digo a Alfredo (Malbrich) que faltaban como dos horas para el encuentro, y el se paseaba como león enjaulado. Increíblemente, justo como a los dos horas, en el borde del horizonte, comenzamos a divisar el barco”.

Luego de cuidadosas maniobras la Chompalhue se arrimó al “Río Najasa”. La maniobra resultó perfecta iniciándose la noche del día 24 la inmediata estiba de las armas, perfectamente engrasadas y envuelta en plástico. En una labor que duró casi 12 horas, el pesquero chileno almacenó en sus bodegas y cubierta unas 35 toneladas de armas.

Siguiendo rigurosas instrucciones los chilenos tuvieron escaso contacto con la tripulación cubana. Terminada la descarga los frentistas se aprestaron a volver a Caleta Corrales. Para enfrentar un posible ataque en el mar, estaban premunidos de fusiles M-16, ametralladoras y lanzacohetes. Pero el viaje de regreso deparaba nuevos riesgos.

Mario Vega era uno de los tripulantes de la Chompalhue aquel día; “Íbamos de vuelta, cuando de repente le digo a Malbrich que a lo lejos se veía algo parecido a un buque de guerra. El me dice que no, que era imposible. Entonces me hacen subir a un mástil y veo que sí, efectivamente era un buque de guerra. No lo podíamos creer”.

Ese buque de guerra era en realidad un destructor de la armada, como se confirmó después. Los frentistas evaluaron sus opciones. No había muchas.

Alfredo Malbrich; “Nos preparamos para lo peor, porque que mas podíamos hacer, no teníamos ninguna posibilidad. Yo pregunté en un momento si podíamos cambiar de rumbo, pero eso se descartó porque hubiera aumentado las sospechas. Además teníamos un acuerdo de orden moral, por así decirlo, y era que por ningún motivo entregábamos el barco cargado con armas. Por lo menos teníamos con que defendernos o en último caso había que hundirlo si nos iban a detener”.

Manuel Santana agrega; “Fue como una hora de una tensión increíble. Se habló incluso de un abordaje, pero el nuestro era un barco tan chico que ni siquiera hubiéramos llegado a la altura de la borda del otro buque, entonces como podíamos abordarlo?, y mas aún, estando arriba, que hacíamos? Era peor que lo de Prat. Fue una idea loca que nos duro muy poco. La decisión final fue hacerse los tontos y seguir navegando”.

Sorpresivamente el buque de la armada, que se había acercado peligrosamente a la Chompalhue, sin mediar comunicación alguna continuó el rumbo de su navegación. Los rodriguistas, que se habían alistado para el inminente combate, se sintieron aliviados. Sin otros contratiempos la embarcación siguió viaje con su preciada carga, arribando finalmente a Caleta Corrales al anochecer del día 25 de mayo.

Pablo Flores; “Yo fui el primero en ver que venía acercándose nuestra goleta, informé por radio a los demás y se hizo una fogata para que ellos vieran el lugar donde tenían que llegar”.

La descarga comenzó esa misma noche. Luego de fondear la embarcación apareció un bote zódiac en el que se procedió a hacer el primer trasvasije. Sergio Buschmann; “Fue una emoción muy grande. Cuando se produce la bajada del primer paquete, alguien parte con el himno nacional y se transforma en toda la cadena cantando, pero así, cantando desde el alma”.

Pablo Flores; “Se hacía una cadena de personas y nos traspasábamos las armas. A muchos allí se nos caían las lágrimas. Pasamos toda la noche en el agua, cantando el himno nacional y la internacional comunista”.

Claudio Molina también recuerda la emoción de la gente; “Recuerdo que un minero me pasó un fierro y me dijo ¡ahora sí que ganamos compañero!, con mucha fuerza, y claro… el viejo había estado preso para el 73, le habían pateado el culo, y ahora decía pucha… tengo como!”.

Luego del desembarque las armas fueron depositadas en un jeep cubierto con huiros, que las transportaba hacia los escondites que se habían construido en socavones mineros próximos. Pero aún quedaba un largo camino para trasladarlas hasta Santiago, como estaba planificado. Recién se cumplía el primer paso de una operación que revestía cada vez más riesgos.

El traslado constaba de tres etapas. En primer lugar Patricio Ruilova, junto al equipo permanente de Carrizal, guardaban el armamento en barretines cercanos al sector en forma transitoria. Luego éstas eran llevadas a piques mineros más profundos, elegidos por Claudio Molina, para finalmente ser trasladadas a la capital. En el trayecto a Santiago los vehículos frentistas debían sortear nuevos y riesgosos obstáculos, como los controles policiales carreteros. Pese a ello nunca fueron descubiertos.

Patricio Ruilova; “Acomodábamos las armas en las paredes de una camioneta y la cerrábamos con una tapa de aluminio. Luego la llenábamos con verduras. También llenábamos los neumáticos con granadas y explosivos. Si la policía hubiese sido más astuta, tal vez nos hubieran pillado antes”.

Otra cantidad de armas fueron llevadas directamente a los barretines de Huasco y a los subterráneos de la posada Árbol de Marañón. Aníbal Niedblasky participó de aquella faena; “Cuando bajamos y tiramos las armas al barretín nos dimos cuenta, y decíamos pucha, estas son las armas! Ah que bueno, bravo por el Frente!.

Erasmo Mayoringa, también testigo de la escena, era el frentista mas veterano del grupo; “Cuando estaba en esa casa de seguridad y llegaron las armas, yo las tomaba y las miraba, y me gustaban, hasta las hallaba bonitas, no lo podía creer”.

La Chompalhue fue trasladada a Bahía Inglesa donde su cubierta y bodegas fueron lavadas para borrar todo rastro de lo transportado. El denominado “Año Decisivo” iba en serio y los rodriguistas comenzaban a entrenarse con las mismas armas que los vietnamitas habían derrotado a los norteamericanos.

Pese a que el primer desembarco había pasado inadvertido entre los pobladores de Carrizal, pronto comenzaron a aparecer algunas señales que despertaron suspicacias entre los lugareños. En el pueblo ya se rumoreaba de movimientos extraños o algún tipo de contrabando.

Pablo Flores; “Los compañeros que bajaban a los cabarets, se tomaban su trago y tal vez ahí, con alguna de las niñas se les soltaba la lengua”.

Inevitable fue que los marineros frentistas buscaran entretención en prostíbulos de la región. Las visitas podrían incluso ayudar como fachada; “Empezó la inquietud de porque estos huiremos no iban a casas de puta, no serán maricones estos gallos?, entonces había que ir a estos lugares”, confiesa Sergio Buschmann.

Pese a todo, los más de mil M16, las toneladas de explosivos y lanzagranadas ya ingresados no parecieron suficientes para el Frente por lo que las jefaturas decidieron sobre la marcha preparar un segundo desembarco. El plan original organizado por “Pedro” y el resto de la jefatura frentista contemplaba un único desembarco, pero al constatar la facilidad con que había resultado el primero cundió el entusiasmo y en una reunión realizada en Vallenar se decidió realizar un segundo desembarco.

Juan de Dios Márquez, encargado de la seguridad del enclave frentista reconoce su sorpresa cuando se enteró de que una segunda operación estaba en marcha; “Cuando terminamos el primer desembarco se ordenó limpiar todo y salir. Entonces yo me volví para Santiago. Pero luego, cuando me comunico telefónicamente con un compañero y me dice que viene la segunda operación, yo le digo, pero como!, protesto!, y él me dijo, bueno, esa es la orden. Luego en Vallenar me encuentro con Rafael Pascual y lo primero que me dice es, bueno y quién cresta dio la orden para esto?, esto está quemado!”.

Un informe de la CNI da cuenta de la reunión en que se decidió la internación del segundo cargamento; “Entre junio y julio de 1986 se efectuó una reunión en la casa de calle Serrano 701 de Vallenar, con la asistencia de “Pedro”, Alexis Texier, Sergio Buschmann, Claudio Molina y el inculpado prófugo conocido como “Pato Lucas”, planificándose un segundo desembarco que tuvo lugar en el mes de julio, esta vez con el uso del pesquero “Astrid Sue”, con su tripulación incrementada con los marineros Manuel Gallardo Olate y Aliro Piña Rojas , pero con la exclusión de Mario Vega Vargas que había abandonado la nave por desavenencias con Manuel Santana y Alfredo Malbrich”.

Efectivamente el 20 de julio, alrededor de las 19.00 hrs., zarpó desde Huasco el pesquero “Astrid Sue”. En Corrales lo abordaron otros jefes y expertos en navegación satelital, dirigidos ahora por Juan Ruilova Maluenda, el “Loco Toño”, quien había sustituido a Alfredo Malbrich. Al zarpar, “Pedro” dirigió una arenga a la tripulación, que no era conformada exclusivamente por militantes comunistas. Alex Castro, uno de los navegantes frentistas, notó en ese momento la incertidumbre de algunos; “Ahí recién muchos marineros se dieron cuenta de lo que estaba pasando y yo les decía que solo era un contrabando, que les íbamos a pagar, con tal de quitarles el miedo”.

Luego de varias horas en altamar, y pasadas las 200 millas de navegación, se produjo el segundo encuentro. El barco cubano esta vez era de 45 toneladas, por lo que la capacidad de la goleta frentista se vio ampliamente sobrepasada. Pese a ello, inmediatamente se inició el traspaso de las armas.

En esa situación el marinero Yuri Forte sufrió un golpe en la cabeza y Patricio Ruilova decidió subirlo al barco cubano para que recibiera curaciones. Allí hablaron con los enviados de Fidel Castro. “Solo supe que eran cubanos por el acento”, dice Forte.

A diferencia del viaje de la Chompalhue, en su regreso la Astrid Sue debió resistir los embates de un temporal que estuvo a punto de hacer zozobrar la embarcación. Yuri Forte; “Ese barco se salvó solo por maniobra, porque en un momento dado teníamos la cubierta llena de agua y el barco se nos hundía. Ahí empezaron los gritos para acá, para allá, y hubo que botar algunas armas al mar. Yo no sé de tonelaje, pero me da la impresión de que traíamos mucho más de lo que aguantaba el barco. Ese regreso fue una odisea”.

Sorteando el temporal y los peligros, la Astrid Sue se aproximó a Caleta Corrales al atardecer del 26 de julio. Arribaba con 40 toneladas de armamento, sobrepasando ampliamente su capacidad de carga. La única diferencia con el primer desembarque fue que ahora eran 120 personas las que esperaban el arribo de las armas, lo que facilitó su rápido traslado.

Luego de esta segunda operación la Chompalhue y el Astrid Sue continuaron en poder del Frente, aparentemente en espera de realizar nuevos desembarcos, a pesar de que en la zona seguían proliferando las señales de alarma.

Muchas de las armas llegaron finalmente a Santiago, aunque había pocos barretines listos para su acopio. En Corrales siguieron almacenados 300 M-16 y varios lanzacohetes. “La idea era hacer una operación relámpago y evidentemente no funcionó”, dice Juan de Dios Márquez.

Cientos de militantes participaron en los desembarcos sin ninguna filtración y los poderosos aparatos de seguridad del régimen habían sido burlados. Los cubanos volvían a casa ligeros de equipaje, mientras cundía la satisfacción en La Habana y Europa Oriental. Pero el éxito aflojó la disciplina y la gente de Carrizal seguiría murmurando.

La Punta Del Iceberg

Magaly Salinas, la alcaldesa de mar que tuviera una efímera amistad con Sergio Buschmann, siguió conjeturando sobre lo que ocurría en la caleta y decidió finalmente compartir sus inquietudes con la alcaldesa de Huasco. Esta su vez pidió a la intendente de Atacama que investigara los rumores. Se dispuso la investigación para el 6 de agosto.

Juan de Dios Márquez; “Nosotros teníamos que haber retirado lo que nos quedaba de armamento el 5 de agosto, pero por X razón el camión no llegó. Pecamos de confianza y dejamos sólo un lanzacohetes y un M16 a los guardias que quedaron en el lugar”.

Luego de hablar con la alcaldesa de mar, ese 6 de agosto cuatro agentes de la CNI se dirigieron a Caleta Corrales. Después del mediodía descendieron por la sinuosa senda, sin que el guardia Italo Moya se percatara de la intrusión.

Italo Moya; “Yo estaba en una parte alta y vi movimientos raros. Entonces pensé que eran gente que compraba huiros y decidí esperar sentado hacia la playa, cuando de improviso me sorprenden por detrás. Luego me amordazaron y me vendaron”.

Juan de Dios Márquez; “La orden que tenía la guardia era que si entraba alguien o un vehículo extraño, tenía que hacer un disparo al aire, pero no se supo que cresta pasó, porqué no actuó”.

Entre los roqueríos cercanos a la playa se encontraban ese día los frentistas Juan de Dios Márquez, Pablo Flores, Rafael Pascual y Gonzalo Valenzuela, acompañados por Abel Rojas, el alguero que les vendía huiros.

Pablo Flores; “A esa hora llegó el Jeep hasta donde mismo estábamos nosotros, en la playa. Como te digo estábamos tomando desayuno y con una guitarra en la mano. Ellos empezaron a revisar el lugar, porque juraban ciegamente que éramos traficantes de locos”.

En la frenética revisión aparecieron documentos y vainillas de balas. Más que un contrabando de locos, la situación se asimilaba a una red de espionaje internacional. La compleja operación comenzaba a ser desbaratada.

Pablo Flores; “y después siguen haciendo un rastreo y en algún momento uno de ellos encuentra entre las rocas un fusil M16. Ahí les cambio la cara y empezaron a gritar que éramos terroristas”.

Juan de Dios Márquez; “Me pegaron una patada en los testículos y nos tiraron a todos a tierra. Nosotros estábamos sorprendidos, no lo esperábamos”.

Después de ordenar a dos de sus hombres quedarse en el lugar junto Moya, Valenzuela y al huirero Abel Rojas, René Alfaro -el nombre de chapa del jefe del grupo de la CNI- y un subordinado trasladaron a Vallenar a tres de los detenidos tendidos en el piso del jeep. Mientras viajaban a Vallenar con los detenidos, el jeep de la CNI se cruzó en el camino con el que conducía Sergio Buschmann, quien iba hacia la playa. Sin imaginar lo ocurrido los frentistas llegaron a la quebrada y Buschmann bajó solo hasta los roqueríos.

Con bastante alcohol en el cuerpo, Abel Rojas fue utilizado como cebo para atrapar a Buschmann, quién desprevenidamente llegaba al lugar.

Abel Rojas; “Entonces ahí me pusieron de sapo, cuando de repente por un camino empieza a bajar alguien. Cuando se acercó me di cuenta que era Buschmann, el pez gordo. Ahí ellos le dijeron ¡manos arriba! y él les dijo ¡nunca alzo las manos! y siguió discutiéndoles”.

Sin amedrentarse ante la sorpresa, confundiendo a los agentes con gestos y palabras y utilizando todos sus dotes histriónicos, Buschmann se negó a ser detenido; “… y me dicen te estábamos esperando viejo tal por cuál, tu eres el director de la escuela de guerrillas y de inmediato me ponen una pistola en la cabeza. Entonces al tipo que me apuntaba le di un empujón y comencé a correr a los roqueríos, porque si tu estás en el campo o en un lugar abierto, el arma corta no te sirve”.

Buschmann logró volver al jeep y retornar a Vallenar para alertar a sus compañeros. Anochecía y la CNI, sus tres presos, y el huirero quedaron en la playa. Pero la aparente tranquilidad se vio pronto interrumpida, cuando capitaneados por Buschmann, varios frentistas volvieron al rescate de sus compañeros, ahora premunidos con fusiles M-16.

Buschmann; “Les gritamos que entregaran a los presos y que si nuestros compañeros no subían, iba a empezar el baleo”.

La balacera no tardó en desatarse, prolongándose durante media hora. En medio de la refriega, agentes, huiremos y hasta los presos -que ya habían logrado desatarse- huyeron, mientras la noche se espesaba en el desierto. Buschmann y sus hombres, conscientes que había comenzado un cerco en torno a la caleta, abandonaron el jeep perdiéndose entre las montañas.

Otro vehículo comandado por Diego Lira, y que intentaba llegar con refuerzos, se enfrentó con carabineros recibiendo decenas de proyectiles. Los frentistas resultaron indemnes del enfrentamiento regresando a La Herradura. Allí Vilma Olivares, Víctor Fernández, y otros miembros de la empresa de fachada enterados del allanamiento, abordaron un bote de goma iniciando una desesperada fuga por la costa, tratando de evitar a los buques de la armada que ya habían sido alertados. Navegaron dos días hasta que se les acabó el combustible y debieron bajar a tierra donde continuaron escapando.

Claudio Molina; “y por la necesidad de salir rápidamente de ese punto en el bote, es que se les queda olvidada la cámara”. El olvido de esa cámara, con numerosas fotos de los implicados en la operación, permitiría más tarde la identificación y captura de muchos de ellos. Sin agua ni alimentos, muchos frentistas deambularon durante días por el desierto, ocultándose en puentes y alcantarillas.

Víctor Fernández; “El hambre era tremenda. En ese deambular incluso nos tuvimos que comer una mula que encontramos y gracias a eso nos alimentamos durante diez días”.

Gonzalo Valenzuela, Manuel Santana, Patricio Ruilova y Víctor Fernández lograron eludir el cerco y nunca fueron capturados. Distinta suerte corrieron Alfredo Malbrich -quien fue atrapado al salir de la casa que arrendaba en Vallenar- e Italo Moya, quién fue detenido dos días después en una mina abandonada.

Sergio Buschmann junto a Diego Lira, Aníbal Niedblasky y otros dos frentistas, después de escapar de la playa huyeron hacia los cerros cercanos. Pasaron cincos días intentando eludir el cerco policial, días en que sufrieron los rigores del desierto. Finalmente fueron capturados.

La zona de Carrizal se convirtió en una ratonera, con un masivo despliegue de aviones, helicópteros, uniformados y CNI. La razzia contra los hombres del FPMR estaba desatada.

La Sombra del Fracaso

En la segunda semana de agosto de 1986, un alto mando frentista charlaba con otros compañeros en uno de los principales refugios del FPMR en Europa Occidental. Sin entrar en detalles, anunció importantes golpes para los meses siguientes. La conversación se interrumpió cuando el televisor de la sala difundió un acontecimiento de Chile. Consternado, el jefe frentista se echó a llorar. A miles de kilómetros, el régimen de Pinochet informaba al mundo sobre el hallazgo de un gigantesco arsenal de armas en las costas de la tercera región, en una pérdida caleta llamada Carrizal Bajo. El desconsolado “comandante” era uno de los pocos que conocía íntegramente la magnitud de la desbaratada operación.

Carrizal Bajo fue la mayor operación del FPMR desde su génesis hasta 1986. Con decenas de hombres comprometidos, era también su acción más secreta. Pese a ello, increíbles errores hicieron que, pese al éxito de la misión cubana, el 6 de agosto de 1986 todo fuera descubierto por la CNI, que en dos semanas incautó 3.115 fusiles, más de 300 lanzacohetes, unas dos mil granadas de mano, decenas de ametralladoras pesadas y toneladas de explosivos. Tan sólo en los primeros cinco días del hallazgo, 21 implicados cayeron detenidos.

En una faena que duró casi una semana, la CNI detuvo a importantes participes de la internación, entre ellos a Alfredo Malbrich, Sergio Buschmann y Diego Lira Matus, quienes aparecían como los cabecillas o “coordinadores”. Al mes siguiente, en Santiago fue detenido Claudio Molina Donoso, “El Rucio”, quien estaba a cargo de la recepción y distribución del armamento en tierra. Luego de esta diligencia se incautaron más armas en Paine y La Pintana.

Diego Lira fue detenido junto a Buschmann y otro compañero tras un enfrentamiento con los militares, luego de deambular siete días por el desierto. Los agentes los tiraron a unos cactus y fueron torturaron en La Serena y en el cuartel CNI de Borgoño en Santiago.

Alfredo Malbrich: “Yo creo que todos escuchamos las torturas a las que fue sometido Sergio (Buschmann), porque a él lo tuvieron mucho tiempo colgado en el patio del cuartel”.

La falta de preparación del equipo designado para recibir las armas fue evidente. Muchos tenían una pobre formación política y escasa experiencia en operaciones de esa índole. “Algunos ni siquiera eran frentistas. Incluso, varios ni siquiera estaban familiarizados con los medios y los montos de dinero que se les confió para que la operación fuera un éxito”, comenta un ex oficial frentista hoy radicado en Europa.

Ya en los primeros días de su llegada a Carrizal, la gente de la zona comenzó a recelar de los afuerinos, quienes ostentaban grandes sumas de dinero. “Un miembro del equipo hasta empezó a pololear con una niña de la zona”, reconoce otro ex frentista.

Cuando ya las armas estuvieron en tierra, las irresponsabilidades se acentuaron. Luego que la operación fue descubierta por la CNI, Claudio Molina Donoso, el jefe del equipo de tierra, fue acusado por algunos compañeros de celebrar la llegada de las armas arrendando una avioneta para viajar con un grupo a Caldera.

“Allá llegaron con fajos de billetes y se encerraron en un prostíbulo, cantando la Internacional Comunista y despertando las sospechas de todos”, narra un ex oficial del FPMR, cuya versión es confirmada por otros tres ex frentistas. Una vez que se supo que el arsenal había sido descubierto, los cubanos no ocultaron su indignación por la incompetencia chilena. “Toda la parte cubana de la operación fue un éxito, los que fallaron fueron los chilenos”, asegura el escritor cubano Norberto Fuentes.

“El mayor cubano Rigoberto Cruz, amigo mío y oficial de tropas especiales, iba a bordo del Río Najasa. El viajó junto al general Ronda, quien quiso supervisar personalmente la entrega. Cuando se juntaron con los chilenos en alta mar había marejadas que dificultaron el traspaso, pero todo resultó bien. Rigoberto Cruz me mostró una foto de Ronda sonriendo, en la cubierta”, recuerda el ex oficial cubano Lázaro Betancourt. Tal es así que cuando los oficiales cubanos a cargo de la misión volvieron a La Habana después de su exitosa entrega, fueron recibidos con una ceremonia. “En la sede central de Tropas Especiales, hubo una celebración, donde todos los participantes en el desembarco de armas fueron condecorados”, relata Lázaro Betancourt. Norberto Fuentes agrega: “Fidel los premió con automóviles y otros regalos”.

“Infiltrar tantas toneladas de armas dos veces en un mismo punto fue demasiado arriesgado. De haber sido menor la cantidad, como para hacer sólo dos viajes, no nos hubiesen descubierto”, reconoce un ex jefe frentista.

En esa línea, al interior del FPMR circuló durante años la versión de que el entonces ministro del Interior cubano, José Abrantes, apostó, de propia iniciativa, por entregar más armas de las que el FPMR era capaz de ocultar. Ello le habría costado una durísima reprimenda de Fidel Castro cuando vino el descalabro. Esta versión, sin embargo, es desmentida por Norberto Fuentes: “Abrantes sólo cumplió órdenes. Quien decidió la cantidad de armas, quien puso a Ronda a cargo, y quien después pidió un completo informe del fracaso se llama Fidel Castro Ruz. Todos los demás cubanos implicados fueron instrumentos”.

Cuando la CNI dio con la punta del iceberg, menos del 10 por ciento del armamento había sido distribuido. El golpe fue devastador. El FPMR no sólo se quedó sin armas para la “Sublevación Nacional”; también la ineficiencia demostrada por el equipo de tierra calaría hondo en la cúpula del Frente y entre los cubanos.

Si bien pequeños ingresos posteriores de armamento a través de la frontera con Argentina, paliaron en algo el fracaso, el FPMR nunca pudo recuperarse. “Además, las pocas armas salvadas no estaban pensadas para la vida urbana en Chile. Portar un M-16 en la calle era un suicidio. Hubo que cortar algunos en tornerías del partido”, cuenta un ex combatiente.

Las armas fueron exhibidas inmediatamente a la opinión pública

Según recuerda el ex fiscal Fernando Torres Silva, cerca de 150 hombres participaron en la operación, todos los cuales hoy se encuentran en libertad; “Existía gente con instrucción guerrillera, como (Alfredo) Malbrich, un hombre brillante, que tenía a su cargo las comunicaciones. Recuerdo que a través de un satélite que pasaba día por medio a través del meridiano de Copiapó se contactaba con Cuba. Nosotros siempre captábamos lo que se transmitía, pero nunca logramos quebrar los códigos para entender la información”.

Torres Silva agrega; “Si bien ni las armas, ni los hombres, alcanzaban para derrocar al Régimen, con todo ese arsenal podrían haber provocado una suerte de enfrentamiento. Estamos hablando de M16, que es un armamento de guerra, de muchos kilos de un explosivo que es el T4, le llamaban “la bomba atómica de bolsillo”. Un trozo del porte de una pelota de tenis vuela un edificio. Los cohetes Law que fueron usados en el atentado contra el general Pinochet. Era suficiente para haber armado a 10 mil hombres. Estimo que eso no hubiera sido suficiente para derrocar al régimen militar, pero sí lo suficiente para haber provocado una serie de atentados y los muertos habrían sido por lado y lado y por varios miles”.

Alfredo Malbrich no coincide con los cálculos del ex fiscal; “Con el armamento que había ahí alcanzaba para que combatieran 3.000 hombres durante 30 minutos, y ustedes comprenderán que nadie gana una guerra en ese lapso”.

Con los años se especuló que para la policía chilena fue vital la colaboración de los EEUU, cuyos servicios de inteligencia habrían detectado por satélite los desembarcos de armas, permitiendo la acción de los militares. Esta versión es desmentida por Pablo Flores, uno de los frentistas que participo en la operación; “Eso es mentira, nosotros caímos por nuestros propios errores, no por un satélite”.

Se cree también que la operación que descubrió la internación fue posible gracias a informaciones entregadas por Humberto, un miembro de los servicios de seguridad cubanos que trabajó para la CIA.

Los fusiles M-16 ingresados por Carrizal, que fueron incautados, fueron incorporados por algunas unidades de las Fuerzas Armadas, siendo definitivamente destruidos en el año 2001. Sin embargo, existe una “cifra negra” de este armamento que no fue encontrado y que el FPMR siguió utilizando durante años para sus operaciones. Muchos han sido decomisados, pero otros tantos, no cuantificados, aún siguen circulando. La investigación original prescribió a fines de los noventas y todos los involucrados se encuentran hoy libres o fuera del país.

comentarios
  1. gigio dice:

    q paso con las armas del pueblo ??? sabemos q lo q se esntrego es un tercio done esta lo demas??? sera q todavia estan en melipilla y pirque sera necesario armarnos denuevo??

  2. Oficialmente las armas fueron destruidas todas, pero existennotas sobre el Comando Hernan Triziano -grupo paramiltar ultra-derechista que acciona en contra del Pueblo Mapuche en la Araucania, formado por ex CNI, Patria y Libertad y Civiles con apellidos como el de Luchsinguer- en la que se ven armas que segun afirman algunos habrian sido de Carrisal. Puede snorar extraño que una dictadura en la que funcionaban grupos paramilitares clandestinos con miembros del propio ejercito y miembros de los servicios (dina/cni) destruya las armas que puede utilizar para sus actividades clandestinas de terrorismo. Hoy ya nadie duda de estas operaciones por parte de la dictadura, existen desde confesiones de miembros del ejercito hasta documentos desclasificados de la propia CIA, incluso hay pruebas del plan Condor.
    En este msimo post se dice que parte de las armas fueron incorporadas por las fuerzas armadas de Chile, detalle no menor para sospechar sobre la destruccion de la totalidad de las armas y con ello sobre la posibilidad de que algunas esten aun en funcionamientos en grupos operativos como el Comando Hernan Trizano .

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