El Quiebre

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

EL FRENTE EN LA ENCRUCIJADA

El descubrimiento de las armas de Carrizal Bajo, el fracaso de la emboscada contra Pinochet y la Operación Albania significaron descalabros de los que el FPMR no volvería a recuperarse. Entre agosto y septiembre de 1986 algunos de sus mejores combatientes fueron detenidos. A ellos les siguieron decenas de cuadros comunistas, implicados en ambas operaciones. La colectividad llegó a perder un militante cada ocho horas, ya sea porque era arrestado o porque debía salir del país tras ser identificado por los organismos del régimen.

Para la dirigencia comunista, enfrentada a la peor debacle de los últimos diez años, no sólo habían quedado al descubierto las febles medidas de seguridad de los frentistas. También se hizo evidente que sus mandos habían empleado a militantes sin experiencia, desoyendo la instrucción del partido de sólo recurrir a sus combatientes más fogueados.

De un golpe, la colectividad había perdido la confianza en la cúpula del FPMR. A juicio de líderes como Luis Corvalán y Gladys Marín, era urgente dar un golpe de autoridad que asegurara al partido el control de su aparato armado. La Unión Soviética, según informes de inteligencia norteamericana, presionaba por lo mismo.

Para historiadores cercanos al PC como Ivan Ljubetic, las causas previas de la crisis estaban posiblemente en el fracaso de las operaciones de Carrizal y la emboscada a Pinochet. Pero la causa de fondo del desentendimiento era a juicio de los jerarcas del partido el bajo nivel político-ideológico de la mayor parte de los comandantes y de gran cantidad de miembros del Frente. “En la formación de los primeros, la mayoría instruidos en Cuba, se privilegió su formación militar por encima de una sólida educación política-ideológica”, indica Ljubetic.

Para los frentistas, en cambio, la razón de la crisis era clara. El PC había determinado súbitamente renunciar a la vía armada, aquella que tanto habían apoyado en el pasado y que ahora desconocían.

Hasta junio de 1987, el alto mando del FPMR estaba integrado por seis comandantes: “José Miguel” (Raúl Pellegrín), “Ernesto” (José Valenzuela Levi), “Aurelio” (Roberto Nordenflycht), “Benito” (Ignacio Valenzuela), “Daniel Huerta” (Martín Pascual) y “Aureliano” (Luis Arriagada Toro). Cuando en los primeros meses de 1987 el PC informó que tres de los seis mandos serían reemplazados por hombres de la absoluta confianza del partido, se iniciaron los problemas.

El objetivo del PC era acabar con el predominio de Raúl Pellegrín, cuyos cercanos copaban el alto mando del aparato. Integrado por los primeros oficiales formados en Cuba -y que luego pelearon contra Somoza en Nicaragua- el núcleo del líder máximo frentista planteaba que la única forma de reponer la movilización de masas era mantener el eje de las acciones armadas. En cambio, el partido y los frentistas menos sometidos al influjo cubano estimaban que lo que había que producir eran “hechos políticos que reactivaran la movilización”.

Enterado de que el FPMR iba a ser “intervenido”, un indignado Pellegrín dirigió una carta de circulación restringida a la directiva, denunciando que el partido estaba a punto de “hacer abandono” de su política militar.

“Existen responsabilidades personales que la historia del movimiento revolucionario en Chile no podrá olvidar. Si se ponen jefes militares que la base no respeta, los militantes del Frente no se subordinan a ellos”, advertía el líder máximo del FPMR.

El momento por el que atravesaba el Frente, fue expuesto crudamente por el propio Pellegrin en una larga intervención que realizó ante la comisión militar del Partido Comunista, durante el primer semestre de 1987, y cuyo resumen fue transcrito por el periodista Manuel Salazar; ”

-“El 85 íbamos por el camino de la Sublevación Nacional; el 86 caminábamos más cerca que nunca de la Sublevación Nacional. ¿Quién y con qué derecho nos ha apartado de ese camino? ¿Por qué se ha impuesto en el Partido una tendencia que no es mayoritaria?”.

-“Desde hace meses hemos señalado que en el Frente Patriótico, en el Frente Militar y en el Partido, existen serias dudas sobre los pasos dados por el propio Partido en estos ocho meses, respecto a la implementación de la Sublevación Nacional, período caracterizado por la indecisión, por el cambio inexplicable de opinión, de falta de claridad, por lo contradictorio de los informes, que se asemeja mucho a la falta de dirección. Sin duda el Frente se ha transformado en algo molesto para una nueva política que no se tiene la valentía de expresar”.

-“En el partido circulan opiniones lapidarias sobre nosotros. Se habla de un grupo fríamente calculador, que aplica mecánicamente el proyecto nicaragüense y cubano, que pretende cambiar a la Dirección del Partido. Además se nos tilda de ser compañeros de “bajo nivel político”; ésta no puede ser la respuesta a nuestras inquietudes”.

-“Más de alguien estará feliz de que el Frente se vaya del Partido. O más bien, que el Partido se vaya del Frente. Varios compañeros y varias jefaturas consideramos que este es el momento de dar paso al accionar a la lucha decidida y resuelta en perspectiva de la Sublevación Nacional, que seguimos considerando como la única estrategia válida para resolver los problemas de nuestro país”.

También el “comandante Ramiro” relató años mas tarde la visión que había en ese momento en las filas del Frente respecto de los líderes del Partido; “En general, nuestra apreciación de ellos en los tiempos de la ruptura fue de mucha decepción, por la renuncia que hicieron de una política que ellos mismos habían impulsado y que para el Frente seguía válida en sus formas y moralmente”.

A cargo de las tensas conversaciones con los rebeldes, la postura del dirigente comunista Jorge Insunza era inflexible: “No hay alternativa. El año decisivo falló y el FPMR debe desmontarse”. En uno de los encuentros, Pellegrín lo encañonó con su pistola. Otro jefe frentista, “Daniel Huerta”, desenfundó un revólver en defensa del dirigente comunista. Aunque el tenso momento se diluyó cuando “José Miguel” bajó su arma, era claro que la convivencia estaba definitivamente rota.

Al respecto, un informe de la CIA sostiene que en julio de 1987 jóvenes de la facción rebelde del FPMR “fueron instruidos por altos oficiales frentistas para ejecutar a un militante del PC cuyo único crimen había sido estar en desacuerdo con la línea militar”. El documento no especifica el nombre de la eventual víctima y cita una fuente al interior del partido, pero su veracidad nunca pudo ser confirmada.

Otras situaciones de tensión se vivieron en Cuba y Nicaragua, donde el FPMR contaba con casas de seguridad y otros medios. En La Habana, los cubanos se vieron obligados a disponer de residencias separadas para cada bando. Un dirigente socialista entonces asentado en la isla, recuerda que en el elegante barrio de Miramar los frentistas protagonizaron un altercado con armas desenfundadas y una persecución en automóvil. “No hubo heridos porque todos terminaron detenidos por la Seguridad del Estado cubana”, afirma este consultado.

La facción rebelde comenzó a autodenominarse FPMR-Autónomo e inició una rápida ofensiva por tomar el control del armamento y la infraestructura en disputa.

“Nos decían que ellos eran el pueblo y que los fierros tenían que pertenecer al pueblo”, sostiene un ex frentista hoy establecido en Europa y a quien un alto comandante “autónomo” llegó a ponerle un arma en la sien. “O entregai las armas o te mato…”, lo amenazó. “El desorden era mayúsculo. Hasta hoy hay barretines perdidos”, sostiene.

Al producirse la división, el sector rebelde también se anotó un triunfo estratégico; además del armamento, en pocos días el FPMR Autónomo quedó en poder de casi la totalidad de la estructura de apoyo que tenía el aparato en Argentina, Uruguay y Brasil.

“Se llevaron absolutamente todo. Quedaron con una plataforma que se había trabajado durante años y que le serviría para sus acciones futuras. Lo que había en aquellos países eran bases de apoyo logístico, pero orientadas en función de un trabajo al interior de Chile”, afirma otro ex combatiente, vinculado por entonces a la red internacional del aparato.

A esas alturas el conflicto ya había traspasado las fronteras. Un informe de inteligencia de la Stassi alemana fechado el 10 de septiembre de 1987 daba cuenta de estos tensos momentos. En el se detalla una reunión entre Rodrigo Rojas, jefe de la oficina del PC en la RDA, y Hermann Axen, miembro del buró político del SED: “El compañero Rojas informó que existen serios problemas con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Ellos acusan al PC de haber abandonado la doctrina Corvalán (rebelión popular). La mayoría de los dirigentes del Frente han abandonado el PC y se niegan a obedecerle. Hoy día, existen de facto dos Frentes. La dirigencia considera la actual situación como una de las más difíciles en toda la historia del PC”.

La Postura Cubana

Para el Partido Comunista, la gran incógnita ante el quiebre era saber a qué sector entregarían su apoyo los cubanos. Por ello, en julio de 1987 una alarmada Gladys Marín instruyó a una pequeña comitiva para que informara personalmente a Fidel Castro en La Habana.

Los enviados llevaban una carta de Luis Corvalán en que el dirigente hablaba del “enorme dolor” que el quiebre les provocaba, tildaba a los rebeldes de “revolucionarios equivocados” y manifestaba que aún era posible “recuperarlos”, para lo cual esperaba la ayuda cubana.

Pese al alto nivel de secreto con que habían realizado el viaje, muy pronto los emisarios comprobaron que los autónomos conocían perfectamente sus pasos, al igual que todas las desesperadas maniobras del PC para aislarlos. Gracias a sus contactos en La Habana, uno de los emisarios supo que Raúl Pellegrín había llegado varios días antes y que ya se había entrevistado con Castro. En la reunión el “comandante José Miguel” explicó a los jerarcas de la isla los verdaderos motivos de la división y solicitó que se mantuviera el apoyo político y económico para la entidad que nacía.

Lo mismo había hecho “Salvador”, Galvarino Apablaza, líder natural de los oficiales formados en La Habana y partidario de los Autónomos, quien por entonces estaba establecido en la isla.

El 28 de julio de 1987, Fidel y Manuel Piñeiro recibieron por fin a los hombres del PC en el Palacio de la Revolución. Dando por sentado que estaba en conocimiento de las amenazas entre cada bando, Castro comentó que había estado muy preocupado por la seguridad del grupo durante el viaje, por lo que dijo alegrarse de verlos.

Días antes, Castro había recibido a María Maluenda, la madre de José Manuel Parada, uno de los tres comunistas brutalmente asesinados por agentes del régimen chileno en marzo de 1985. La mujer había viajado a La Habana para solicitar al líder cubano que ayudara a detener la aventura armada del FPMR.

Aunque es imposible saber si lo hizo tomando en cuenta esta petición, Castro señaló a los enviados del PC que la postura de La Habana sobre Chile había sufrido un vuelco radical: tomando en cuenta los fracasos de Carrizal Bajo y el atentado les reconoció que la acción del FPMR ya no tenía sentido.

“Atentaría contra las más básicas leyes de la sicología pedirle una salida revolucionaria al pueblo chileno”, recalcó Castro, siendo respaldado por el intrépido “Barbarroja” Piñeiro, su más cercano colaborador, también presente.

En referencia a los autónomos, dictaminó: “Ellos son muy jóvenes y tienen un deseo demasiado vehemente por hacer la revolución. Para nosotros son como nuestros hijos. Esta pugna es lo más doloroso que nos ha pasado”.

Pero lo cierto es que el gobierno cubano estaba lejos de tener una postura única al respecto. Apenas se produjo el quiebre del FPMR, sus organismos habían tomado partido en favor de uno y otro grupo. “La Cancillería y el Ministerio de Defensa apoyaban al FPMR-PC, pero Tropas Especiales y el Departamento América se jugaron a fondo por el FPMR-Autónomo”, reconoce un diplomático socialista que vivió por años en La Habana. En una conversación posterior con uno de los enviados por Gladys Marín, el propio “Barbarroja” tuvo una frase decidora: “Tal cual como el Frente, nosotros también estamos divididos”

El apoyo que estaban prestando sectores del gobierno cubano a los frentistas escindidos preocupaba sobremanera al PC, cuya dirigencia veía como última carta la intervención del propio Castro para poner fin a ese peligro. De hecho, una de las principales tareas encomendadas por Gladys Marín al grupo era denunciar a Castro la cooperación de altos oficiales de su Ministerio del Interior al FPMR-Autónomo.

Los enviados tenían antecedentes concretos al respecto. “Comandante -le explicó uno de los chilenos-, la gente de Tropas Especiales y su jefe, el general Alejandro Ronda, los apoya, les da dinero y financia sus bases en Argentina”.

Castro sonrió y los acompañó a la puerta. Antes de despedirse, zanjó el conflictivo punto aseverando al dirigente comunista de nombre político “Ernesto Contreras”: “En esta isla no se hace nada sin que yo lo sepa”.

Otro asistente a aquella reunión avala que esas fueron las últimas palabras de Castro. Sin embargo, también recuerda que el líder cubano recalcó que su discrepancia con el camino elegido por el FPMR Autónomo no significaba que los abandonaría a su suerte. “No vamos a dejar solos a esos muchachos”, dijo alzando la voz en un momento de la cita.

Un informe de inteligencia de la Stassi alemana fechado en agosto de 1987 confirmaba estas discrepancias; “El PC tiene la impresión que Cuba apoya al Frente disidente, no obstante que digan lo contrario. Así, por ejemplo, le permitieron al comandante “Salvador” tomar contacto con hombres del PC que siguen instrucción militar en Cuba”.

Consultado en su momento el propio “comandante Salvador” aclaro las razones del quiebre: “En 1987 el PC entra en una crisis interna, del conflicto entre su política del pasado y la rebelión popular. A juicio de muchos, la política de rebelión popular los aleja de la vía democrática. Nosotros éramos elementos que representábamos esa política y había que diseminarnos, no diré destruirnos, pero en el fondo era lo mismo. El PC se obstina en decir que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez no es parte suya. Se produce una confusión que deja a los nuestros en el aire y en la indefensión. Antes del quiebre, comienzan los relevos y los reemplazos por gente “políticamente más confiable” para la dirección del PC. Por eso, se produce la separación.”

En definitiva, parte de los integrantes del Frente decidieron replegarse, regresando a su actividad político partidista, específicamente al Partido Comunista, autodenominándose Frente-Partido, dirigidos por el “comandante Daniel Huerta”, lo que posteriormente daría lugar al llamado “Movimiento Manuel Rodríguez”.

El ala continuista de la política militar derivo al FPMR Autónomo y estaba encabezada por Raúl Pellegrin Friedmann, el “comandante José Miguel” y la estrategia a implementar se denominó “Guerra Patriótica Nacional”. Este sector se llevó la mayor parte de las armas y la elite de los cuadros militares.

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