El FPMR en Democracia

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Traicion a nuestro pueblo trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas) Ampuero, La Oficina y Otros han entregado valiosa informacion del “FPMR” a los aparatos de inteligencia chilena, Pese a su contenido nos parece importante el contenido historico, No olvidar que este trabajo proviene del enemigo !! Para una mayor credibilidad de lo ocurrido en aquellos tiempos leer el libro de Luis Rojas Nuñez.. “De la revelión popular a lasublevacion imaginada”

 

 

La Muerte en Vivo y en Directo

Eran las 7 de la mañana de lo que sería un caluroso miércoles 22 de enero de 1992. Un día que conmovería a la sociedad chilena por un espectacular atraco protagonizado en pleno campus oriente de la Universidad Catolica y cuyo trágico epilogo fue transmitido en vivo y en directo por todos los canales de televisión.

Esa mañana tres jóvenes integrantes del FPMR -Fabián López Luque y los hermanos Alexis y Pablo Muñoz Hofmann- se reunieron en las inmediaciones de la casa de estudios con un fin específico; asaltar el camión de valores Brinks que debía entregar los fondos para el pago de los funcionarios de la universidad.

El plan era simple, Alexis Muñoz actuaria en las inmediaciones del lugar, y debía dar el aviso cuando apareciera el camión con un gesto disimulado, como si se arreglara el cabello. En tanto su hermano Pablo y Fabián Lopez ejecutarían la acción en el hall principal, reduciendo a los dos guardias antes que ingresaran a las dependencias y escapando con el dinero. En ese momento, y en punto pre fijado apareceria un cuarto frentista conduciendo un automovil que los evacuaria del lugar.

Pero lo que parecia una estrategia simple se transformaria pronto en una pesadilla. Todo comenzo a complicarse para los frentistas cuando uno de los guardias trato de oponer resistencia al asalto y escapar. Dicha huida fue rapidamente interrumpida por un certero disparo de Lopez, que dejo al guardia tendido en medio del campus.

– ¡Quedate quieto! ¡quedate quieto!, le repetia Pablo Muñoz al otro guardia que yacia tendido a su lado, mientras le quitaba su revolver.

En ese momento Alexis Muñoz comenzó a disparar con un M-16 sobre el blindado que se encontraba ya en la puerta de salida tratando de evadir la emboscada. Su hermano Pablo hizo lo propio, mientras corría tras el el camión, en tanto la pistola de López se había quedado sin municiones, pues estas se le habían caído al comenzar a correr, unos metros atrás.

Alexis Muñoz Hofmann

Cuando lo alcanzaron, el chofer del Brinks trato de embestir a los asaltantes, en un ultimo intento de salvar su integridad. Ante los hechos, y luego de evaluar la situación los rodriguistas decidieron escapar. El plan había fracasado y la cadena de desgracias recién empezaba.

Luego de correr algunos metros llegaron a la esquina de Battle Ordoñez y Regina Pacis. Ese era el punto donde los debía recoger el automóvil dispuesto para la huida. Al llegar allí los tres, aun con las armas en la mano, simplemente se miraron. El auto no estaba. Esperaron unos minutos, y cuando ya era evidente que el cuarto integrante del grupo no llegaría, decidieron seguir a pie.

– “Vamos caminando separados y a lo que venga”, dijo Pablo Muñoz con un dejo de desesperación.

No alcanzaron a caminar mucho, pues pronto se vieron interceptados por un furgón policial que les cerró el paso en la esquina de Pacis con Holanda. Los tres se parapetaron tras unos automóviles y comenzaron a disparar a los policías.

El primero en caer herido por las ráfagas de carabineros fue Pablo Muñoz. Un certero disparo prácticamente le destrozó la pierna. Luego de intentar cargarlo -a lo que Muñoz se resistió- sus dos compañeros decidieron continuar la huida. Tendido en plena calle, Pablo Muñoz fue reducido por carabineros con ráfagas de metralleta y conducido a un hospital en estado grave. Este hecho finalmente le salvó la vida.

Pablo Muñoz Hofmann luego de ser detenido

Su hermano Alexis y Fabián López continuaron corriendo un par de cuadras, pero al percatarse de su inminente captura decidieron ingresar a una casa del pasaje Alonso de Ercilla. Allí tomaron como rehenes a los integrantes de la familia Riveros Calderón. La casa ocupada fue prontamente rodeada por efectivos de carabineros y funcionarios del GOPE. Una vez cercados por los efectivos policiales, los frentistas señalaron desde un principio, a través de comunicaciones telefónicas, la motivación de la acción y su deseo de permanecer en el domicilio. Relatos posteriores de los dueños de casa acentúan el buen trato que recibieron por parte de los jóvenes.

Las horas comenzaron a transcurrir y las negociaciones entre los improvisados secuestradores y la policía resultaban infructuosas. A esas alturas la noticia ya era transmitida en vivo por todos los canales de televisión. De nada sirvieron los intentos de los frentistas por obtener una salida negociada, que incluso incluyó la demanda de entregar comida en las poblaciones pobres del gran Santiago.

Al caer la noche los frentistas decidieron liberar a los dos niños de la familia. La señal era clara. No querían dañar a los rehenes, pero exigían garantías para salvaguardar su seguridad. Pese a ello los policías que negociaban telefónicamente con los secuestradores se mostraron inflexibles. El país entero no perdía detalle de la trama.

Alrededor de las 22.00 horas de esa noche el nerviosismo y el cansancio hicieron mella en los frentistas. Luego de mucho meditar decidieron entregarse y afrontar la difícil situación. Enviaron un ultimo mensaje a la policía; dejarían salir al matrimonio y luego ellos harían lo propio. Saldrían desarmados y ondeando una pañoleta blanca, a manera de rendición.

Pero el gobierno de la época había decidido dar una señal clara sobre este tipo de hechos. La orden de actuar nació desde el interior de La Moneda, a manos del entonces ministro de Interior, Enrique Krauss y el subsecretario Belisario Velasco.

Aunque la versión policial indico que los secuestradores habían salido disparando, lo cierto es que apenas los dos frentistas hubieron asomado por la puerta del inmueble fueron brutalmente abatidos por ráfagas de metralleta. Los cuerpos sin vida de Alexis Muñoz Hofmann y Fabián López Luque quedaron tendidos en el antejardín de la casa de la familia Riveros.

Fabián López Luque, muerto en la casa de Ñuñoa

La jueza Maria León Neira, a cargo de la investigación del caso, manifestó desde un primer momento sus dudas respecto al desenlace de la operación policial: “No tengo ninguna certeza que ellos salieran disparando, existen dudas por que no se sabe si realmente se enfrentaron o fue otra cosa. Cuando llegué al sitio del suceso la policía uniformada ya había avanzado los peritajes y entonces yo di la orden que se coordinaran con Investigaciones, pero no he establecido que es lo que sucedió”.

La autopsia determinaría que Alex Muñoz recibió diez impactos de bala en la región toráxica. Su muerte no fue instantánea. Agonizó por al menos quince minutos. Fabián López presentaba siete impactos. Uno en la cabeza, otro en el maxilar y los restantes en el tórax, abdomen y piernas.

Aprovechando la cobertura mediática, el mensaje del gobierno a los grupos de izquierda era estremecedor. No habría tratos ni concesiones con los extremistas que actuaran en democracia.

Para las filas del FPMR el golpe nuevamente era demoledor. El plan de “recuperación de dineros” para solventar las operaciones de la organización había fracasado estrepitosamente.

Más tarde, en fuentes rodriguistas se sabría que el propio “Chele”, Juan Gutiérrez Fischmann, había actuado como jefe operacional en el frustrado atraco, logrando no ser detectado y eludir el cerco policial. Respecto al enigmático cuarto integrante, quien debía evacuar a los frentistas en el automóvil, solo se supo que no llego al punto simplemente porque “se perdió”.

El Topón de Colliguay

Con posterioridad a la liberación de Cristian Edwards y con el objeto de celebrar el éxito de sus más recientes acciones, los principales miembros del Frente, participes del secuestro y del asesinato del senador Guzmán, se dirigieron a la quinta región. Esta celebración se desarrollaba en plena normalidad, hasta que Mauricio Hernández Norambuena inicio una aventura amorosa con una joven profesora de la región. Su nombre era Ingrid Flores, hija de un ex-detective porteño apodado el “Tata Flores”.

El idilio entre el frentista y la hija del detective culminó abruptamente cuando la joven fue encontrada ahogada en el mar tras caer desde un acantilado en el litoral central. Este hecho, que atraería la atención de la policía, motivó que los frentistas abandonaran la costa y se trasladaran rápidamente al interior, específicamente a Colliguay. Incluso se supo que antes de irse, los frentistas quemaron la cabaña en que había permanecido la joven con “Ramiro” a fin de que no quedara ninguna huella del “comandante”, que lo vinculara con la joven.

Mientras tanto, y en conocimiento de algunas pistas en relación al paradero de los frentistas, la BIOC, a cargo del subcomisario Jorge Barraza, centró su vigilancia en las principales carreteras de la quinta región.

Es así como días después, en un cruce de la ciudad de Quintero se ubicó el automóvil conducido por Silvia Brzovic Pérez, alias “Natalia”, una de las integrantes del comando que participó en el secuestro de Cristian Edwards.

Silvia Brzovic Pérez, “Natalia”

De esta forma y producto de sucesivos chequeos, los agentes llegaron hasta el camping “Las Vertientes”, ubicado en la localidad de Colliguay, donde finalmente detectaron al grupo de frentistas. Una vez identificados y con el objeto de seguir más de cerca las actividades del grupo, Barraza solicitó un funcionario de Investigaciones de Limache que estuviera dispuesto a ingresar con su familia al camping, sin armas y sin radio, para no despertar sospechas.

Contactado este funcionario y ya al interior del camping, el agente dedicó su tiempo a estudiar las rutinas de los frentistas, la relación jerárquica entre ellos y el armamento que portaban.

El propietario del camping señaló que el grupo de frentistas estaba compuesto por unas siete personas, entre hombres y mujeres, que se presentaron como estudiantes universitarios de vacaciones a cargo de un sujeto semicalvo de unos 35 años que se registró como Miguel Angel Osorio, quien no era otro que el “comandante Ramiro”. Junto al grupo tambien se encontraban Raúl Escobar Poblete, “Emilio”, y Ricardo Palma Salamanca, los autores materiales del asesinato de Jaime Guzmán.

Paralelamente al trabajo del detective en el camping, una pareja de la BIOC desde los cerros aledaños y a una distancia aproximada de 1,5 km, con trajes camuflados, prismáticos y visores nocturnos, filmó y fotografió a los rodriguistas durante siete días. Otro grupo se ubicó a 30 kms del camping, por la única vía de salida que tenían los sospechosos, simulando ser excursionistas.

“Emilio” (Arriba) y “Ramiro” en el camping de Colliguay

Pero un oscuro episodio echaría por tierra los planes de la BIOC. Según Jorge Barraza, el 23 de marzo llegaron a Colliguay, en un vehículo de la dirección general de Investigaciones, dos agentes de inteligencia de la jefatura nacional Antinarcóticos, Juan Salazar Cordero y Oscar Silva Carrasco. Ambos habrían sido enviados por el jefe de inteligencia de Narcóticos, Manuel Valenzuela, con el objeto de detectar un supuesto laboratorio de cocaína.

Barraza más tarde denunció que dicho procedimiento fue una maniobra destinada a desbaratar el operativo para detener a los miembros del FPMR, cuestión de la cual había sido alertado previamente por un amigo. Al día siguiente “Ramiro” fue a buscar al grupo y lo sacó de allí.

Días después de ocurrido este sospechoso hecho, se produjo en el cuartel central de Investigaciones un serio altercado entre Barraza y Valenzuela. En esa ocasión, Valenzuela le manifestó a Barraza que la orden de enviar agentes fue dada por Fieldhouse, para reventar su operativo. Barraza reafirma que fue el suegro de un ex funcionario de Investigaciones quien dio a este organismo el dato del camping.

Según fuentes cercanas a Barraza fue personal del gobierno, vinculado a sus servicios de seguridad pública, a través de “el Chele”, quienes alertaron al grupo frentista de que la BIOC los había detectado en Colliguay. “El Chele” a su vez le habría entregado la información a “Ramiro” para que evacuara el lugar. Barraza sostiene que los frentistas salieron del camping anticipadamente, pues tenían cancelados cinco días más, lo cual ratificaría su tesis.

Tras la huida de los rodriguistas, Barraza ordenó practicar todas las detenciones posibles. Producto de lo anterior, fueron detenidos en los días siguientes José Miguel Martínez, Maritza Jara y Ricardo Palma Salamanca.

La versión del Gobierno es distinta. El ejecutivo sostiene que fue Barraza el que dejo escapar al grupo de rodriguistas de Colliguay en marzo de 1992. Esto con el objeto de que los frentistas cruzaran la frontera hacia Argentina y descubrir de esta forma las redes trasandinas del movimiento.

De no ser, según La Moneda, por una orden de Mery, Barraza no habría detenido en el paso Los Libertadores a Maritza Jara y José Miguel Martínez. Por último, sostienen fuentes de gobierno que subalternos de Barraza han declarado que el ex comisario no quiso detener a los frentistas teniendo medios y motivos para hacerlo. Según la misma fuente, la idea de Barraza era llegar hasta Galvarino Apablaza, el “comandante Salvador”, máximo líder del Frente.

Barraza señaló que Palma Salamanca, luego de ser detenido colaboró con las investigaciones durante el tiempo en que el lo mantuvo convencido de que estaban detenidos y confesos todos los demás participes del atentado. Es en esta etapa en que reconoció su participación como autor material, no sólo en el asesinato del senador Guzmán, sino también en el del coronel Luis Fontaine y su participación en el secuestro de Cristian Edwards. Palma le habría manifestado a Barraza en esa oportunidad que cuando el gobierno inculpó a Olea Gaona, preocupado se dirigió donde “Emilio” a quien le preguntó si efectivamente Olea tenía algo que ver en el asunto, a lo que “Emilio” le contestó; “no sé de donde ch.. sacaron a ese h..”.

Ricardo Palma Salamanca cuando fue detenido

Barraza denunció que en una visita del abogado de Palma, Adil Bercovic, este le informo a su defendido que era el único detenido en la causa y le instruyo en el sentido de no seguir entregando información, luego de lo cual Palma evidentemente dejo de colaborar.

Según se sostiene, Fieldhouse exigió que el abogado se entrevistara con Palma, argumentando que había sido autorizado por el magistrado a cargo del caso Guzmán, Guillermo Navas, lo que consta en el libro de novedades de esa unidad policial. En ese momento se encontraba en el cuartel, el subcomisario Roberto Ruiz, segundo hombre de Barraza, quien se negó a autorizar la entrevista, ante lo cual Fieldhouse hizo valer su rango. La conversación de Palma con su abogado fue presenciada por Fieldhouse, se encuentra grabada y fue entregada al ministro en visita que instruía la causa.

Tras la Huella Del Chele

Tanto en Investigaciones como en el Gobierno se tenía conocimiento de la existencia del “Chele” mucho antes de que se hiciera público. Se sabía que se trataba no sólo de uno de los fundadores del Frente, sino además de uno de los líderes de la organización con mayores contactos en Cuba.

Lo anterior es ratificado por el ex agente de “La Oficina”, Humberto López Candia, quien señala en su declaración ante el magistrado: “Sólo sabíamos que en Brasil estaban Galvarino Apablaza, Mauricio Hernández Norambuena y el Chele o Juan Gutiérrez Fischmann. De estos yo sólo conocía a Apablaza y Hernandez, del Chele no conocía su identidad, por que en la Oficina no se hablaba de él, sólo se lo mencionaba a veces como el contacto en Cuba”.

Es un hecho que en una reunión realizada en dependencias de la Escuela de Investigaciones, el detective Juan Sarmiento reconoció a Nelson Mery, director de la institución, que había identificado al “Chele” a fines de 1993 y que habría entregado el informe a sus superiores. Tiempo después se filtró la existencia de un documento fechado en mayo de 1992 firmado por el agente “Lorenzo” (subcomisario de investigaciones Juan Sarmiento) dando cuenta de seguimientos, grabaciones y fotos tomadas a Gutiérrez Fischmann, gracias a la importante colaboración de Agdalín Valenzuela, frentista informante de “La Oficina”. Sarmiento declaró conocer al “Chele” el año 1992.

En una entrevista concedida por Sarmiento al diario La Tercera, el 27 de junio de 1997, éste ratifico lo anterior: “Conocí al Chele solo de vista, si colaboro con “La Oficina” lo desconozco. Yo nunca tomé contacto directo con él, ni tampoco en Santiago. Si lo ubique en otros sectores del país. Lo vi, tuve un contacto operativo respecto de esta persona, pero con el sólo propósito de individualizarlo, nada más. Mi misión no era detenerlo, solo individualizarlo. Su identidad la obtuve más tarde. Lo chequee por primera vez en 1992. Hay una minuta en la que sale la diligencia que yo hice con respecto al Chele.”

Sarmiento señaló que fue Marcelo Schilling “en su oficina ubicada en La Moneda” quien lo puso en contacto con Agdalín Valenzuela, al señalarle que debía dirigirse a un “cruce de Arauco”. Puesta en conocimiento de sus jefes, Cancino y Opazo le dieron orden de ir y el viático correspondiente. “Schilling me dijo que Felipe (Agdalin Valenzuela) me iba a dar antecedentes sobre un sujeto que llegaba hasta su casa y tenía un cargo importante dentro de la estructura del FPMR.. Felipe nombró al Chele como el personaje que iría a su casa”.

Sarmiento declaró en el proceso que él no era el agente controlador de “Felipe” sino que lo era Antonio Ramos, quien le daba indicaciones sobre informaciones a conseguir, “le pagaba,- según supo de oídas- y le daba las normas de seguridad”.

En la misma ocasión, el agente “Lorenzo” junto con efectuar estas grabaciones, tomó fotografías al “Chele”, las que posteriormente llegaron a manos de Schilling. Según Investigaciones, el personero de Gobierno las habría pedido para enviarlas a Alemania con el fin de mejorar la calidad de las fotos y de esa forma establecer de mejor forma la identidad del rodriguista. Por supuesto, Investigaciones nunca más supo de las fotos.

Juan Gutiérrez Fischmann, “El Chele”

La minuta a la que refiere Sarmiento fue efectuada en mayo de 1992, cuando Investigaciones fue alertada por “La Oficina” de la presencia del ya mítico dirigente frentista en Curanilahue, hecho que fue confirmado por ocho policías que grabaron sus conversaciones y dos de los cuales viajaron con él en el mismo bus hasta Concepción, donde se les perdió.

El documento siguiente es la minuta textual de aquella operación entregada por el propio agente “Lorenzo” a sus superiores;

Santiago, mayo 19 de 1992.

Se informa a la superioridad de las diligencias realizadas por funcionarios de esta unidad, en la comisión de servicio por los días 15, 16, 17 del presente mes en la localidad de Curanilahue.

Siendo las 21.00 horas del día 14 de los corrientes, ocho funcionarios en dos vehículos marca “Charade” se trasladaron a la localidad de Curanilahue, llegando a ésa aproximadamente a las 09.00 horas del día siguiente. Por acuerdo con el informe realizado con antelación, se tomó contacto por un funcionario “Lorenzo” con “I” de nombre Felipe (Agdalin Valenzuela), el cual se llevó a cabo en la casa de este último a las 11.00 horas. En este encuentro se probó equipos de escucha y se ubicó lugar estratégico para instalar los equipos ante indicados.

En la conversación sostenida con “I”, éste manifestó que hasta su domicilio llegaría un individuo del F.M.R.-A., de nombre político “Chele”, quien en la actualidad ocupa el grado de comandante del grupo subversivo ya mencionado, y que por motivos de seguridad éste no tenía hora de llegada, desconociendo además cuántos días se quedaría y la hora de su partida. En base a lo anterior se inició servicios de punto fijo y de escucha, mediante los cuales se constató que el día sábado 16 del presente siendo las 11.45 horas, llegó Chele hasta el domicilio de “I”.

Con la instalación de los equipos de escucha en el domicilio, se pretendía captar las conversaciones que mantendrían estas dos personas, pero no resultó lo deseado, ya que en las oportunidades que tenía que hablar Chele, éste lo hacía en base a murmullos, lo que impidió captar con claridad su conversación. No obstante, se mantuvo la escucha hasta el día domingo 17 de mayo hasta las 18.30 horas, logrando extractar algunas frases que en estos momentos son analizadas.

Durante los días que Chele permaneció en esa localidad, siempre estuvo acompañado de “I”. No obstante a lo anterior, en tres oportunidades “Lorenzo” tomó contacto con “I” en diferentes días con las medidas de seguridad correspondientes, estableciendo que Chele viajaba de regreso a Santiago el día 17 de mayo, del presente año a las 20.50 horas línea Tur-Bus desde Curanilahue.

Por lo anterior, personal de ésta (DOS) compraron pasajes del mismo recorrido y ubicados inmediatamente después del asiento ocupado por Chele. De esta forma, a la hora indicada anteriormente el bus salió de esa localidad con los funcionarios en el interior, percatándose que el Chele se había subido al bus antes de llegar al terminal de esa localidad y ocupando el asiento N° 39 en circunstancias que había comprado el N° 40.

En el trayecto de Curanilahue a Concepción se subieron dos carabineros de uniforme, quienes no cancelaron el pasaje, por lo anterior ocuparon diferentes asientos desocupados los que les eran solicitados al momento de subir al bus los pasajeros que les correspondía dichos asientos. Por este motivo carabineros se fue cambiando de asientos en forma continua, hasta que en un momento uno de ellos se ubicó al lado del “Chele” e iba de pie, lo que despertó incomodidad al “Chele”, quien en forma continua observaba las reacciones del carabinero hasta llegar al terminal de Concepción donde bajaron dos pasajeros, y al momento de continuar la marcha del bus, el “Chele” bajó en forma apresurada cruzando el terminal, para probablemente tomar un taxi, ya que fue imposible proseguir el seguimiento. Además por las reacciones del “Chele” no era conveniente proseguir. Se hace presente que al momento de bajar del bus, no portaba bolsos lo cual facilitó su propósito. En los momentos que permaneció en Curanilahue, se logró fotografiarlo, cuyos negativos se encuentran revelados.

Se hace presente que en las oportunidades que se tomó contacto con “I”, éste solicitó “CONSIDERACION”, agregando que no se cometieran errores y no existiera la desesperación en el seguimiento ya que si el Chele se percataba su vida y la de su compañera peligraba, agregando que convenía no efectuar seguimiento ya que en los primeros días de junio del presente año tomaría nuevamente contacto en Santiago. Lo anterior por instrucciones del Chele.

Con respecto a la escucha se puede extraer lo siguiente:

“-Que en los momentos del asalto y posterior enfrentamiento con carabineros de los hermanos Hoffman; Chele se encontraba de contención siendo Jefe de Operaciones, logrando eludir a Carabineros, pero agregó que su chaqueta se la había pasado a Alex Muñoz Hoffman.

“-Da a entender que los grupos subversivos Patria Libre; MIR; F.M.R.A y Lautaro están en conversaciones con los mapuches de la zona Sur con el objeto de crear una sola fuerza capaz de desestabilizar al gobierno.

“-Manifiesta una relación de comunicaciones con un tal “Pelao”, “Braulio”, “Ramiro” y de una persona que en estos momentos tiene buena situación económica, agregando que usaba celular, contaba con un auto, pero por problemas que no especificó le indicó al informante que no lo dejara entrar más a su casa.

-En todo momento utilizó la palabra “ahorita” con un acento marcado.

-Lee el diario del día 16 de mayo del año en curso en voz alta comentando que deseaba comprar un jeep para la zona.

-Analiza los sucesos policiales que aparecen en el diario comentando que buscaba una noticia de una propaganda armada, pero al ver que no aparecía se quejaba contra el periódico.

-Analizó los problemas existentes en la zona Norte del país y que los mineros de esa zona serían utilizados para provocar un estallido.

-Se refiere, además, que pidió un préstamo para la compra de una casa, pero con esa plata compró una camioneta. Nuevamente realizó un comentario respecto al “Negro”; “El Pablo” y el “Braulio”, no captando la finalidad de esta conversación, ya que cuando mencionaba cosas importantes baja el tono de voz.

-Menciona que estuvo viviendo en la ciudad de Concepción por espacio de un mes, y que en el año 1985 concurrió a un curso de instrucción de armas sin especificar lugar. Pero agregó que estaba a 120 kilómetros de Concepción cerca de la cordillera.

-Dice que estuvo en el “Barros Luco”, y menciona a una mujer llamada “Javiera”.
Agrega que la chaqueta que tenía Alex Muñoz Hoffman al momento de ser abatido era de su propiedad, y de color azul, pero que el se la había pasado a Pablo Muñoz Hoffman”.

-Habla de la localidad de Chanco, y que el 12-04-1992 fue a cotizar a Fonasa”.

Protegiendo a Los Frentistas

Pese a existir plena claridad respecto de su existencia y su implicancia en el caso Guzmán, “el Chele” nunca tuvo mayores problemas para entrar, permanecer y salir del país. Es evidente pues los organismos policiales tuvieron la oportunidad de detenerlo en Curanilahue, en el camping Colliguay, cuando departía con otros líderes del Frente después del secuestro de Edwards, y nuevamente en Curanilahue cuando fue detenido “Ramiro” y Agdalín Valenzuela (informaciones indican que se encontraba a pocas cuadras del lugar). Además, sus parientes cercanos han confirmado que el frentista pasó la Navidad de 1994 en su casa en el sector oriente de la capital, después de la detención de “Ramiro” y cuando ya su nombre era conocido en esferas policiales. Posteriormente, parlamentarios de la Udi denunciaron que en marzo de 1996, el “Chele” habría abandonado el país con su propia identidad por el paso Puyehue.

Otro indicio de que aparentemente existiría una protección hacia el “Chele” se pudo advertir con motivo de la conferencia de prensa conjunta que da “el Chele” y el “comandante Salvador” a la revista “El Rodriguista”. En esa conferencia, extrañamente todas las acusaciones formuladas por los líderes del Frente van dirigidas contra los principales adversarios de Schilling al interior del gobierno: Jorge Barraza y Belisario Velasco.

En esa ocasión, los máximos líderes del Frente denunciaron que Velasco habría montado una red para infiltrarlos, compuesta entre otros por Lenin Guardia e Iván Carrillo, guardando un curioso silencio respecto de las actividades que en este sentido realizaba “La Oficina”.

Hay más antecedentes que alimentan la tesis de que el “Chele” fue protegido por “La Oficina”. Estos radican en la existencia de información que prueba una relación previa entre Gutiérrez Fischmann y Oscar Carpenter, brazo derecho de Schilling en la Oficina y principal responsable del reclutamiento de informantes.

Carpenter, a comienzos de 1980 y durante su permanencia en Cuba, fue profesor no sólo del “Chele” sino también de Humberto López Candia, otro informante clave de la “Oficina”, en el Departamento de Operaciones Especiales de ese país. Carpenter impartía los cursos de “Métodos Conspirativos” e “Infiltración”.

Es decir, Carpenter conocía perfectamente a Gutiérrez Fischmann, lo que hace probable la existencia de contactos entre ellos durante el período en que funcionó la Oficina, más aún si se piensa que Carpenter era precisamente el encargado de reclutar a los informantes de ese organismo.

En relación a esta situación de aparente protección resulta al menos curiosa la actitud asumida por funcionarios de Investigaciones en relación a las pesquisas mismas y al propio “Chele”. Entre ellos, destaca negativamente por cierto, las conductas imputadas al prefecto de la policía civil Jorge Zambrano. Así por ejemplo, cuando fue detenido el “comandante Ramiro” en Curanilahue, Zambrano participó del interrogatorio y sin embargo en el parte policial no hay constancia alguna de que a Hernández Norambuena le haya consultado el policía por el “Chele”, pese a que ya se sabía de su existencia.

Juan Sarmiento señala que en su calidad de detective integrante del “Grupo Frente” y “Frente 2”, en agosto de 1993, se le ordenó por la superioridad ir a Curanilahue a efectuar la detención de Ramiro (Hernández Norambuena), oponiéndose él a detener a Agdalín, “pero su jefe insistió”.

Después de la detención expuso a su jefe que Ramiro quería “conversar” pero le ordenaron que le entregara al detenido a Zambrano “a quien se le encargaba que procediera al interrogatorio”, sin que por ello, haya podido obtener más antecedentes del “Chele”.

Según consta en el proceso, en junio de 1992, Agdalín Valenzuela entregó a Marcelo Schilling unos vasos con las huellas del “Chele”, obtenidos producto de una operación coordinada entre Agdalín Valenzuela y el prefecto Sarmiento. Estos vasos llegaron finalmente a Zambrano para que los sometiera a pericias dactilares en el Laboratorio de Criminalística de Investigaciones. Sin embargo, estos elementos de prueba junto a una cinta con la grabación de la voz del “Chele”, grabada desde la casa de Valenzuela por un equipo a cargo del subcomisario Juan Sarmiento, nunca más aparecieron.

Luego agrega: “en cuanto a las fotos que me entregó Sarmiento eran como quince, no todas iguales, pues habían fotos tomadas desde diversos puntos, eran en blanco y negro. En cuanto a los negativos, venían dentro de un sobre y no los miré; todo lo entregue a España y puedo agregar que las fotos eran muy malas.

También resulta curiosa la actitud del entonces director de Investigaciones, Nelson Mery, quien retuvo en su poder durante más de un año un vídeo grabado en el camping de Colliguay, entregado por Barraza, y en el cual figuran miembros importantes del Frente que tuvieron participación directa en el crimen del senador Guzmán, entre ellos el “Chele”, “Ramiro” y Ricardo Palma Salamanca.

Asimismo, el subcomisario Jorge Barraza denunció que el 14 de agosto de 1993 se enteró de que “el Chele” estaba en Chile. Cuando logro ubicarlo le informo de la situación a su jefe directo, Haroldo López quien le solicito a Barraza no detenerlo. Frente a esta determinación, Barraza le solicito a López que se lo ordenara por escrito. López no lo hizo y sólo le informó del suceso a Nelson Mery. El “Chele” “alertado por fuentes desconocidas, burló la vigilancia de los agentes de Barraza y huyó.

En declaraciones de Barraza se aclaran detalles de esta anormal situación: “El encargado nacional del FPMR en 1991 y que ordena el asesinato de Jaime Guzmán es Juan Gutiérrez Fischmann, el “Chele”. El es conocido por mucha gente. Sergio Buschmann, dijo que “El Chele” está muerto”. Es cierto que hay un “Chele” que está muerto. El es José Valenzuela Levi, que murió en la operación Albania. Pero en el “Batallón Chile”, en Nicaragua, había dos “Chele”, uno de ellos era Valenzuela, y el otro -Juan Gutiérrez Fischmann- está vivo. Lo que ocurre es que a los rubios en Nicaragua les dicen “Chele”. Yo informé sobre el “Chele” y todo lo demás a las autoridades a través de este documento secreto. Haroldo López me llamó para preguntarme si estaba individualizado el “Chele” y para pedirme el nombre. Le dije que se lo daría si me lo solicitaba por escrito, lo que no hizo. Me preguntó si tenía cómo cazarlo, a lo que respondí que por supuesto que sí. En el parte enviado a López se decía que “Salvador” se encontraba en La Habana, Cuba; que a cargo del FPMR en esos momentos estaba un individuo denominado comandante “Chele”, quien era el responsable de la decisión política de ejecutar al senador Jaime Guzmán Errázuriz. Asimismo, señalaba que el comandante “Chele” estaba emparentado directamente con la inteligencia cubana, ya que estaba casado con la hija de Raúl Castro Ruz, ministro de Defensa del régimen cubano. Y luego yo decía que, por las implicancias políticas e internacionales que esta situación implicaba, solicitaba instrucciones al mando para proceder en consecuencia, en el caso de ser oído. Jamas tuve respuesta”.

Subcomisario Jorge Barraza

El ex jefe de la Brigada de Inteligencia Policial (BIP) Daniel Cancino sostuvo que el ex subcomisario Jorge Barraza “no tuvo el coraje” de detener a la cúpula del FPMR en Colliguay, en 1992, y le endosó la responsabilidad por la fuga de los líderes frentistas, entre ellos “el Chele”; “Lo del “Chele” lo revienta Barraza cuando está ya prácticamente con un pie afuera de la institución. Para mí, no cabe duda de que lo hizo con malos designios, porque pedir autorización para detener, eso no se hace nunca en una investigación. La detención de un sujeto que está metido en delitos, se hace inmediatamente. Las vinculaciones políticas que pueda tener, eso es problema de los políticos, no de Investigaciones. Y no se hizo, me imagino, porque Barraza no lo ubicó y el resto de Investigaciones tampoco lo ubicó. Yo sabía que había un tal “Chele”, pero nada más. Algunos dicen que es criterio policial, pero yo pienso que es ‘el sueño del pibe’ tener a un grupo armado autores del secuestro de Edwards y del asesinato del senador Guzmán. Los tiene prácticamente desnudos, de vacaciones tomando el sol y no los detiene; bueno, dicen que es criterio policial. Yo pienso que allí hubo un error, una crisis de oportunidad. El no tuvo el coraje y la toma de decisión en ese minuto, y no los detuvo. Nosotros detuvimos a “Ramiro”, el número tres), que a él también se le escapó. Otros que se hayan escapado también son responsabilidad de él. Se le escapó mucha gente al señor Barraza”.

La Fuga del 92

Cerca de las 10:15 del sábado 10 de octubre de 1992, un grupo de ocho presos políticos pertenecientes al FPMR intentó fugarse de la ex Penitenciaría de Santiago, en un sangriento episodio que culminó con tres de ellos muertos, tres fugados y dos recapturados.

El escape tuvo como protagonistas a los hermanos Pedro y Patricio Ortiz Montenegro, además de Pablo Muñoz Hoffmann, José Miguel Martínez Alvarado, Mauricio Gómez Lira, Luis Moreno Correa, Francisco Díaz Trujillo, y Manuel Venegas Messina.

Según investigaciones posteriores a la fuga, esta se habría planificado con un año de anticipación. Con sus propios esfuerzos y amistades los frentistas fueron resolviendo los medios y la infraestructura que necesitaban para dicha operación, tal cual lo recuerda un ex militante que participó en ella desde el inicio de la planificación, pero que por motivos ajenos a su voluntad no integró la fuga. Este añade que ese día, muy temprano, estaban en la celda de los hermanos Ortíz revisando los últimos detalles del escape, cuando Mauricio Gómez Lira rompió la formalidad haciendo mención a un compañero que debería haber estado, pero que había sido trasladado a otra prisión. “Este huevón va a quedar loco cuando se entere”, señaló festivamente a los demás frentistas.

El plan del escape era bastante simple. Semanas antes, los presos habían pedido a sus amigos y familiares que les llevaran maderas para hacer trabajos manuales. De esta forma habían convertido en rutina acceder al sector aledaño a la puerta de visitas, donde se acopiaba la madera en unas bodegas. Por eso, no extrañó a los guardias que se dirigieran a esa área el día de la fuga. Allí sólo había un mesón con tres gendarmes desarmados que chequeaban a las visitas que ingresaban al penal. El único obstáculo que los separaba de la calle era un último gendarme armado que custodiaba el portón de acceso para los visitantes.

Los presos contaban con dos revólveres, probablemente ingresados desarmados y por partes. El posterior sumario de Gendarmería planteó sospechas acerca de la participación de un guardia en la internación de las armas. Según algunos datos, éstas efectivamente fueron ingresadas por gendarmes de tendencia socialista. Los revólveres eran de escaso poder, pero suficientes para reducir silenciosamente a los gendarmes del mesón. No obstante, la única forma de eliminar al guardia de la puerta era abrir fuego en su contra.

Pedro Ortiz Montenegro, jefe de la fuga

Esa mañana, tal como lo habían planificado, partieron desde la calle número 5 de la penitenciaría a buscar unas cargas de madera que sus familiares les habían enviado el día anterior como parte del plan que los acercaría a la puerta de salida.Tras cruzar los sectores conocidos como cuarta reja y el patio de las palmeras, camino hacia la cocina redujeron al gendarme que los acompañaba y se dirigieron hacia el portón de la entrada de las visitas, a escasos quince metros.

Cuando ya tenían reducido a los vigilantes de la entrada que da hacia Pedro Montt, Pedro Ortiz -jefe de la operación- neutralizó con un tiro en el hombro al gendarme ubicado en la torre 8 del segundo piso, quien ya se había percatado de la salida de cuatro de los frentistas.

Según el testimonio de Manuel Venegas, uno de los fugados, en declaraciones formuladas al diario El Siglo del 24 de octubre de 1992, el grupo le ordenó a este último guardia que se rindiera, pero éste no acató y le dispararon. Esos tiros pusieron en alerta al resto de los centinelas y a los carabineros y detectives que estaban en el exterior.

Cuando cruzan la última puerta, las sensaciones eran encontradas, según comentó posteriormente Francisco Díaz Trujillo -otro de los fugados- a un amigo. La alegría y las ansias de libertad se contrapusieron en ese momento con la sorpresa, ya que no esperaban en la puerta misma del recinto la presencia de un vehículo de Carabineros que supuestamente traía detenidos a los juzgados. Todos dispararon contra el furgón y se inició una balacera que dejó a varios carabineros heridos.

Los gendarmes reaccionaron rápidamente y salieron con armamento pesado a la captura de los evadidos, quienes repelían el acoso con un débil y escaso poder de fuego. A la cacería se había sumado la policía de Investigaciones y Carabineros.

Esta inusitada rapidez y presencia de otras policías es la que permite afirmar que la institución sabía de la evasión gracias al infiltramiento de “La Oficina”, la cual era digitada desde el Ministerio del Interior por Marcelo Schilling. Hasta ese día, la preparación de los vigilantes frente a este tipo de eventos era muy precaria, no poseían avanzados grupos de análisis e inteligencia, intelectualmente no eran muy dotados y militarmente estaban fuera de forma porque nunca los sacaban a disparar, tal como lo recuerda un gendarme. Sólo en 1992 habían comenzado a perfeccionarse con el traslado de los presos políticos a los tribunales y fiscalías militares, luego que el grupo Lautaro rescatara a Ariel Antonioletti desde el hospital Sótero del Río, donde fueron ajusticiados varios gendarmes.

Los primeros antecedentes indican que Pedro Ortíz quedo herido en la avenida Pedro Montt. Su hermano Patricio, al ver está situación, se devuelve a buscarlo, pero es alcanzado por una ráfaga de gendarmería. Ambos caen al piso y posteriormente son rematados. Según la versión que Patricio entregó después a la justicia, ambos fueron rodeados por gendarmes, quienes les dispararon a pesar de las señales de rendición de Patricio. Pedro murió allí mismo, con 13 balazos. Patricio recibió uno en la pierna y otro en la cabeza y se hizo el muerto.

Matamos a los Ortiz!, eran los gritos de alegría de los vigilantes, según recuerda Patricio.

Los taparon con una lona y el herido permaneció inmóvil hasta que se percató de que había funcionarios policiales y no sólo gendarmes. Entonces dio señales de vida. Un detective le tomó los signos vitales y pidió una ambulancia, pese a que los gendarmes querían rematarlo, según la versión de su abogado.

Patricio Ortiz Montenegro

Por su parte, José Miguel Martínez y Mauricio Gómez Lira trataban de huir a toda prisa hacia el poniente por calle Pedro Montt, pero las policías les venían pillando los talones. Desesperados, saltaron al antejardín de una casa ubicada en calle Beaucheff 1943, pero ya no tenían nada que hacer: estaban cercados. Los vecinos del sector recuerdan que ante su inminente captura ambos pedían a gritos la presencia de sus abogados y de la prensa. Cuando llegaron los gendarmes, los balearon en el antejardín del inmueble, donde fallecieron, a pesar de que dieron claras señales de rendirse.

Mauricio Gómez Lira

José Miguel Martínez

A Francisco Díaz Trujillo, se le vio por última vez confundido entre un grupo de la policía de investigaciones, pero disparándole -parapetado en un árbol en las afueras de la fiscalía militar- a los gendarmes que acosaban a Martínez y a Gómez Lira. Después tomó un taxi y se perdió en el gran Santiago.

En tanto, Luis Moreno, para salvar la situación, utilizó toda su capacidad histriónica y se agregó como uno más en la fila de las visitas, lo que le permitió mimetizarse con un grupo de ellos, tomar una micro y trasladarse hacia una población del sector oriente de Santiago, donde supo del fatal desenlace de tres de sus compañeros de fuga.

Luis Moreno Correa

Pablo Muñoz huyó hacia el parque O’Higgins pero su intento no prosperó, por lo que se refugió en el inmueble de calle Juan Yarur Nº 1978. El dueño de casa, Rigoberto Valenzuela, relató que el frentista entró pidiendo que lo protegieran porque lo iban a matar. Segundos después llegaron los gendarmes, quienes abrieron fuego indiscriminadamente, a pesar de que los residentes les advirtieron que habían menores en la casa. Sacaron de la cocina a Muñoz “ileso” y que a golpes y culatazos lo llevaron a un furgón de gendarmería que estaba en la esquina. Al subirlo al vehículo, un gendarme le disparó una ráfaga, hiriéndolo en la espalda y en un glúteo. Según el testimonio del frentista, incluido en un escrito presentado por sus abogados; “sólo la intervención de un carabinero que participaba en el operativo detiene al gendarme y me salva la vida”.

Casa en que se refugió Pablo Muñoz

En tanto, Manuel Venegas tuvo mejor suerte y se encontró con un compañero que lo esperaba en los alrededores. Juntos se apoderaron de un auto, en medio de una feroz balacera. Se dirigieron hacia el sector de Estación Central, donde abandonaron el auto. Venegas huyó herido con una bala que le rozó la cabeza.

La Mano del Gobierno

Aunque durante todo este tiempo el hecho fue encarado como un asunto netamente policial, diversos testimonios indican que ese escape formó parte de una operación de inteligencia. Los indicios apuntan a que el plan de los presos no sólo era previamente manejado por la “Oficina”, sino también por los organismos de inteligencia de carabineros e investigaciones. El intento de evasión pudo ser perfectamente evitado, pero la información se manejó a espaldas de las autoridades de gendarmería, dirigida entonces por el abogado Isidro Solís, cuyos efectivos fueron expuestos al fuego de los subversivos.

La historia de la fuga comenzó a tejerse en mayo de 1992. Entonces, el agente de la “Oficina”, Humberto López Candia, usó su fachada de militante subversivo para visitar en la ex Penitenciaría al mirista Carlos Saavedra. Su objetivo era enterarse de cuánto sabía el Mapu- Lautaro sobre la “Oficina”, ya que recientemente ese grupo había asesinado a un informante del gobierno: el mirista Domingo Sarmiento. Las visitas que realizó le permitieron conocer a Pedro Ortiz Montenegro, por intermedio de Saavedra y de otro amigo común, también preso, Dante Ramírez.

Según la versión de López, en las conversaciones que sostuvo con todos ellos se enteró de que los presos fraguaban un plan de fuga, información que traspasó inmediatamente a su superior en la “Oficina”, Oscar Carpenter.

Durante meses, López fue recabando más antecedentes acerca de la fuga, los que igualmente entregó a sus jefes de la “Oficina”. Tuvo la certeza de que el plan se llevaría a efecto cuando, en una visita a Pedro Ortiz, éste le dijo que el escape se materializaría en octubre y le pidió que le avisara a Dante Ramírez, quien ya había salido en libertad, para que ayudara a los evadidos en caso de que fuese necesario. Incluso, asegura López, Ortiz le entregó un número de teléfono para que Ramírez estableciera contacto con los fugados.

López sostiene que ese número se lo entregó a quien entonces sólo conocía como Pablo Andrés y que ahora ha sido identificado como Enrique Villanueva Molina, quien hasta 1992 era miembro de la dirección nacional del FPMR. En la versión de López, Pablo Andrés fue designado por Carpenter para investigar la fuga y él fue destinado a otras tareas, aunque se mantuvo al tanto de lo que ocurría en la penitenciaría por intermedio de Dante Ramírez.

Después de ocurrido el intento de escape, López asegura que conoció informes y testimonios acerca de que la “Oficina” no sólo recabó información sobre la fuga, sino que intentó ejecutar una operación de inteligencia a través de ella.

La idea era incluir entre los evadidos a presos que eran informantes para que se reinsertaran en el FPMR y operaran como infiltrados. Para ello, asegura el ex agente, el organismo de gobierno incluso habría facilitado apoyo logístico a los fugados. Este consistía, según López, en ingresar las armas cortas que usaron los presos durante el escape, disponer autos y choferes para su huida y casas de seguridad donde mantenerlos.

Personeros de Gendarmería que en 1992 investigaron ampliamente la fuga, confirman que el Ministerio del Interior -del cual dependía la “Oficina”- supo con antelación que los presos planificaban el escape. De acuerdo con esta versión, después del intento de evasión, dos presos políticos cayeron bajo las sospechas de sus camaradas. Uno de ellos, Fernando Moreno Vega, tenía que salir con el grupo que intentaría obtener la libertad, pero, a último minuto, desistió.

Según dirigentes de organizaciones vinculadas a los presos políticos, tras ser fuertemente presionado por sus compañeros, Moreno Vega les confesó que era informante de la “Oficina” y que había filtrado los planes de escape a las autoridades. La violenta reacción de sus compañeros, que lo agredieron físicamente, obligó a que se le separara junto al segundo sospechoso, cuya identidad no pudo ser establecida con precisión.

Ya aislados, fueron interrogados por gendarmes, quienes los amenazaron con devolverlos a la galería de los presos políticos si no confesaban todo lo que sabían. Entonces, uno de ellos les dijo que desde hacía varios años era informante de la Dipolcar, entonces dirigida por el general Sergio Lütjens Ciangarotti, quien estaba al tanto de los planes de escape.

En todo caso, el eventual conocimiento que carabineros tuvo de la fuga explicaría uno de los detalles más extraños y que durante años no tuvo respuestas satisfactorias: la inusual presencia -un día sábado- de un bus y de un furgón de carabineros estacionados frente a la ex Penitenciaría, a unos cincuenta metros al oriente de la puerta por donde se efectuó el escape, dirección en la que debían correr la mayoría de los presos de acuerdo al plan que tenían.

Lütjens no recuerda que un bus policial haya estado en ese lugar, pero sí la presencia del furgón que, según cree, se encontraba haciendo trámites en los juzgados que se ubican al frente de la Penitenciaría.

A su vez, el ex detective de Investigaciones, Jesús Silva, confirmó que la policía civil estaba en antecedentes de que “algo grave ocurriría ese sábado en la Penitenciaría”. Según su versión, el día anterior fueron acuartelados en grado 1 -solteros y casados- los efectivos de la 1a. y 2a. comisarías de la Prefectura Investigadora de Asaltos, PRIA, donde él estaba destacado. Sólo en la madrugada del sábado 10 les informaron exactamente que se trataba de una fuga de presos políticos, relata Silva. Sus órdenes eran copar con efectivos y patrulleras sin distintivos policiales el sector y no intervenir a menos que se vieran afectados directamente por un enfrentamiento.

Personeros de gendarmería señalan que la violenta respuesta se debió a que los presos intentaron escaparse disparando a un guardia. En los “códigos no escritos” de gendarmería se estipula que una fuga cruenta debe tener una respuesta del mismo calibre, como una forma de enviar una señal de amedrentamiento para que otros reos no intenten acciones similares. Además, el guardia que fue blanco de Pedro Ortiz quedó completamente choqueado y en la persecución de los presos descargó su arma sin medir las consecuencias contra aquellos que tuvo a tiro, antes de desmayarse.

Antecedentes posteriores revelaron que en la calle los frentistas eran esperados por tres vehículos. Un taxi ubicado casi frente a la puerta de visitas, un auto particular que estaba estacionado en el bandejón central a la altura de la puerta principal del penal y otro auto ubicado a unos 100 metros al oriente.

Los dos primeros vehículos, según la versión de López Candia, eran manejados por la “Oficina”. El tercero correspondía a un grupo de amigos del preso Gómez Lira, quienes estaban armados y venían a rescatarlo por cuenta propia.

Dirigentes de izquierda reconocen que la fuga no fue apoyada logísticamente por el FPMR ni por otros grupos subversivos. Por lo mismo, estas fuentes consideran plausible la versión de López, ya que los fugados recurrieron a amistades y familiares, más permeables a la infiltración del gobierno o las policías. De hecho, un amigo de los fugados esperaba fuera del penal con armas, pero al iniciarse el tiroteo se atemorizó y huyó del lugar. De los que debían llegar hasta el taxi sólo lo logro Venegas Messina, quien finalmente escapó. López Candia lo sindica como informante de la “Oficina”, sospechas que también tienen los ex presos políticos.

Según López, tras la fuga Venegas se refugió en una casa de seguridad que pertenecía a otra informante, Cecilia Bravo, la “Patty”. Al parecer, Patricio Ortiz también debía escapar en el taxi, pero al ver a su hermano Pedro herido en el bandejón central de la calle se devolvió. El resto de los presos corrió hacia los dos autos que estaban en dirección oriente. Pero fueron intimidados por la presencia del bus y el furgón policial, que les cortaban el paso. Los que alcanzaron a llegar al auto particular que López asegura que era de la “Oficina”, se encontraron con que éste no tenía chofer ni llaves. El único que se atrevió a cruzar frente a los carabineros fue Luis Moreno Torres, quien abordó el vehículo tripulado por los amigos de Gómez Lira. Comprendiendo que el plan había fracasado, éstos huyeron sin intentar rescatar a Gómez.

López Candia asegura que meses después le preguntó a Carpenter qué había pasado con el plan de infiltrar al FPMR por medio de la fuga. Su respuesta, señala, fue que el proyecto falló porque Pablo Andrés había cometido errores. Posteriormente, López supo que uno de los evadidos se encontraba en Antofagasta -Moreno Torres cayó después en esa ciudad- y le comunicó esos antecedentes a Pablo Andrés. Este le dijo: “Déjalos. Si ya se fueron, que sigan fuera”.

Los Comandantes Llegan al Sur

La octava región nunca fue ajena a la acción del FPMR. De esto se tenía constancia ya desde mediados de los ochentas, cuando el Frente había intentado fallidamente asentar focos guerrilleros en los sectores precordilleranos y había participado de acercamientos con la lucha de los pueblos mapuches.

Para la opinión pública un hecho ocurrido el 23 de octubre de 1986 prácticamente había pasado inadvertido, pero encerraba mucho más de lo que se supo. Ese día la policia desbarató la formación de una fuerza de guerrillas, luego de detener en Los Angeles a Ernesto Zamorano Díaz, militante del Frente instalado en la provincia de Biobío, quien se dedicaba a realizar periódicas inspecciones de terrenos aptos para la lucha irregular. La aprehensión se produjo en la zona cordillerana de Rañenhueno. Luego se supo que era parte de un plan del FPMR iniciado dos años antes para desplegar un programa de ataques y retiradas rápidas. Zamorano había efectuado tareas similares en Temuco y Talca. En Biobío, inspeccionó sectores cordilleranos como Antuco, Laguna El Laja y Polcura, tras lo cual determinó que Rañenhueno era el sitio ideal para una “escuela de guerrillas”. Encabezó un grupo de militantes que construyó varios “tatoos”, en los cuales se depositaron vestuarios, sacos de dormir, carpas, medicamentos y explosivos. En este caso existió incluso una operación en marcha para constituir el llamado “Frente Leftraru” (nombre original de Lautaro), un referente dedicado al trabajo guerrillero en zonas mapuches.

La zona tambien fue testigo durante muchos años del gran apoyo popular que el FPMR encontraban entre los mineros, en las comunas de Lota, Coronel y Curanilahue, en la provincia de Arauco.

Tras la muerte de Raúl Pellegrín y Cecilia Magni en Los Queñes, el Fpmr-Autónomo entró en una espiral de falta de conducción. La policía desarticuló las bases de apoyo existentes en Rancagua y Talca. Concepción estaba acéfalo. Se retiraron muchos militantes, y los autónomos activos en la octava región no superaban el medio centenar. Carabineros tambien asestó duros golpes a la estructura del FPMR en Chillán, cuando en 1989 detuvo a sus jefes de zonales más importantes.

A principios de los 90 el FPMR hizo una “recogida” de armas, dejando olvidados algunos M-16 que cada cierto tiempo han ido apareciendo. Incluso, cabe recordar que el ex informante de “La Oficina”, Humberto López Candia, denunció en una entrevista con la revista “Qué Pasa” que en 1992 él, junto a un agente de la BIP de Investigaciones y un ex militar, ubicaron, tras recibir antecedentes, un arsenal del FPMR que contenía decenas de M-16 cerca de Contulmo, pero que recibieron instrucciones de parte del mando de la policía civil en orden a dejar allí las armas, pues se adujo que el momento político era complicado.

Como consecuencia la zona nunca dejó de estar bajo el ojo de los organismos de inteligencia, especialmente después de que, en Santiago, algunos frentistas luego de ser detenidos confesaran haber sido sometidos a adiestramiento en algunos puntos de la región. Sobre la base de esta información, en varias oportunidades se buscó la presencia de otros campos de adiestramiento guerrillero, sin que nunca se los encontrara.

Por ello no resulta extraño que la actividad frentista en la región se viera incrementada años más tarde con la presencia de los propios cabecillas del movimiento, ya que entre 1992 y 1995, el “comandante Salvador” tuvo un misterioso paso por la zona junto a otros líderes de la organización, como Juan Gutiérrez Fischmann, “el Chele”, y Mauricio Hernández Norambuena, el “comandante Ramiro”.

De hecho, informes de inteligencia habrían establecido que en esa época “Salvador” estuvo viviendo junto a su conviviente en un domicilio de la población Los Lobos, en Talcahuano, mientras que “el Chele” permanecía oculto en una casa del exclusivo sector de Pedro de Valdivia, en Concepción.

Pero esta renovada actividad perseguía un objetivo mayor. Luego del asesinato de Jaime Guzmán, la cúpula del FPMR se habría trasladado a Argentina desde donde, a mediados de 1993, varios jefes frentistas regresaron clandestinamente a Chile con la supuesta intención de crear las Fuerzas Armadas Rodriguistas (FAR), el último intento serio del grupo por subvertir al país, eligiendo como base de operaciones la zona de Curanilahue, en la provincia de Arauco.

Para dar base al proyecto los comandantes habían determinado instalar en la zona una serie de empresas de fachada que les permitieran desenvolverse sin levantar sospechas y poder además incorporar nuev

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s