La Operación Príncipe

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del  “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico.

El Coronel Carreño durante su cautiverio

El Secuestro del Coronel Carreño

La primera acción de envergadura del FPMR-Autónomo se ejecutó el 1 de septiembre de 1987. Fue denominada “Operación Príncipe” y consistió en el secuestro del coronel de ejército y subdirector de la fábrica de armas y maestranza del ejército (Famae), Carlos Carreño Barrera.

A las 7.15 de ese día, al salir de su casa ubicada en Simón Bolívar 8299 K, rumbo a su oficina, el coronel Carreño fue encañonado y obligado a subir a un furgón Mitsubishi, que simulaba ser de una empresa sanitaria que hacía trabajos en una alcantarilla frente a su domicilio, por seis miembros del FPMR que se dieron a la fuga. El comando frentista que ejecutó la acción fue encabezado por Bernardo Mendoza Morales, el “comandante Rigoberto”.

Horas después, el diario La Epoca recibió una llamada anónima que indicaba que dentro de un papelero de un baño en un local del centro había un comunicado importante. En un sobre blanco, se hallaba una carta firmada por el FPMR adjudicándose la operación bajo la consigna “No a la perpetuación del tirano”.

Protagonista involuntario del secuestro más exitoso del FPMR, Carreño fue recluido durante las tres primeras semanas en un cuarto subterráneo de unos seis metros cuadrados, sin poder bañarse ni cambiarse de ropa. Permaneció en tres lugares diferentes y, posteriormente, fue sacado a Brasil a bordo de una camioneta por un recóndito paso clandestino del norte del país.

Durante su reclusión, el uniformado no fue golpeado ni amenazado, por lo que nunca temió por su vida. Tanto así, que para matar el ocio conversaba con sus secuestradores sobre temas políticos. Su mayor preocupación era un posible intento de rescate por parte de las autoridades, pues estaban rodeados de explosivos. Aunque nunca vio los rostros de sus captores, por las voces concluyó que eran jóvenes.

En informes de la CIA norteamericana fechados en 1987 y desclasificados recientemente se pudieron conocer detalles desconocidos del plagio. Ellos indican que Carreño cooperó con su captores sin mayores presiones entregando valiosa información, lo que le costó la ira de Pinochet que trató de involucrarlo después en tráfico de drogas. “Esta no sería la primera vez que el gobierno de Chile procede a distorsionar la imagen de un oficial que no cuenta con su favor, aduciendo que estuvo involucrado en actividades ilegales”,señalan a modo de comentario los autores del informe.

Un total de 11 documentos norteamericanos corresponden a informes de inteligencia sobre el secuestro del coronel. Seis de ellos están fechados durante su cautiverio. Uno de los más interesantes señala que “el FPMR tenía tres razones básicas para secuestrar a Carreño”. Sin embargo, por ahora no será posible conocerlas, porque están completamente tachadas. En párrafos posteriores, sin explicar cómo, el informe de inteligencia incluye la descripción del comportamiento de la víctima durante el secuestro;“Al comienzo Carreño estaba extremadamente preocupado y ofreció información a cambio de su vida, aún antes de que comenzara el interrogatorio. Carreño dijo al FPMR que FAMAE vendió armas al comando de extrema derecha 11 de septiembre, en el cual se encuentran comprometidos ex oficiales de la DINA, Ejército y Carabineros, y funcionarios de la firma de seguridad Alfa Omega, encabezada por el general Manuel Contreras. Carreño también dijo al FPMR dónde están localizados los depósitos de armas del Ejército”, se puede leer.

Otro de estos informes, fechado días después, agrega que Carreño habría entregado también a sus captores información sobre “negocios turbios” del comandante en jefe del ejército Augusto Pinochet y “acciones pasadas de la DINA” en donde él habría participado. También afirma que los cinco jóvenes comunistas que desaparecieron durante los primeros días de septiembre de ese año, habrían sido secuestrados por la Asociación Chilena Anticomunista (ACHA). El documento agrega que las acciones de ese grupo de extrema derecha, al que se encuentran relacionados también ex agentes de seguridad, se habían intensificado en el último tiempo incluyendo amenazas de muerte a cuatro dirigentes de izquierda y sus familias.

El 13 de noviembre, cuando Carreño todavía permanecía secuestrado, otro informe señalaba que “el Partido Comunista de Chile ha recuperado el contacto directo con los miembros del FPMR que secuestraron y tienen retenido al teniente coronel del Ejército Carlos Carreño. El PC ha dicho al FPMR que está listo para ayudarlo a buscar una forma de resolver el asunto tan pronto como sea posible”.

En tanto en Santiago, inmediatamente de ocurridos los hechos se tendió un cerco militar y la investigación de los hechos recayó nuevamente sobre la Fiscalía Militar a cargo de Fernando Torres Silva. Un miembro de la Iglesia Católica comenzó a hacer de mediador entre el FPMR y el gobierno dictatorial, el cual se opuso terminantemente a negociar. Durante todo este período se realizaron grandes operativos militares, allanamientos sectoriales y numerosas detenciones de opositores.

El 23 de septiembre, la policía logró detener al frentista Juan Carlos Cancino Acevedo acusado de ser uno de los secuestradores. Un mes más tarde fue detenida su hermana Patricia. Cuando ambos salieron de la incomunicación mostraban evidentes signos de torturas. En el marco de otro operativo, el 1 de noviembre fue detenida Karin Eitel Villar, quien fue acusada de ser la vocera del Frente ante el secuestro del comandante. También sufriría los rigores de la tortura.

Finalmente Carlos Carreño fue liberado a las 16 horas del 3 de diciembre en la ciudad brasileña de Sao Paulo, luego de 92 días de cautiverio. Vestido con un traje de color marrón que sus secuestradores le compraron antes de liberarlo, el coronel apareció en la entrada del diario “O Estado” de esa ciudad. Su liberación se produjo luego que su familia pagara 13 camionadas de ropa y comida, que fueron distribuidas en poblaciones pobres de Santiago, y que los frentistas se desistieran de su principal demanda: la liberación de los presos políticos. Molesto con su institución por considerar que no se preocupó de conseguir su liberación -el Ejército nunca cedió a pagar un rescate- Carreño salió a retiro dos años después y hoy mantiene un bajo perfil.

Esta operación tuvo gran importancia para los Autónomos, pues no sólo les dio notoriedad pública, sino además les sirvió para demostrar su capacidad operativa, ya sin el apoyo logístico del Partido Comunista. De paso sirvió para reflejar la estrecha relación y colaboración con otras organizaciones internacionales y el gran apoyo que ostentaba el FPMR, particularmente en la ciudad brasileña de Sao Paulo.

Entrevistado por un periódico brasileño cuando fue detenido el 2002, Mauricio Hernández Norambuena, el “comandante Ramiro” declaró sobre el caso; “El secuestro del coronel Carreño, fue para nosotros la primera acción de envergadura después de la ruptura con el PC. Aquella operación tuvo como objetivo poner en conocimiento del país la posición del Frente en esos momentos, recordemos que una de las exigencias para la liberación fue la difusión de varias cartas de la Dirección Nacional a la opinión pública. Junto a ello se exigió la entrega por parte del estado de alimentos en varias poblaciones de Santiago. Con la liberación del coronel en Sao Paulo, sano y salvo, se produjo una inmensa simpatía en los sectores populares. Fue sin duda un golpe a la moral de la dictadura, pues significó burlar los servicios de seguridad y el férreo control que ejercían sobre el país. Participé de varias fases de la operación bajo el comando del compañero Rigoberto, uno de los principales jefes operativos del FPMR”.

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del  “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico.

Comando frentista que atacó el poblado de Los Queñes

El Concepto GPN

Algunos documentos perdidos y apenas conocidos, más uno que otro fugaz rallado callejero apurado e ilegible por la acción del tiempo es lo que queda acerca de la Guerra Patriótica Nacional. En realidad poco se sabe de esta inusual experiencia que vivió el FPMR en 1988. Ese año por primera vez se habló de “guerra” con todo el peso multilateral de su significado y consecuencias. Una concepción de “guerra” como vía única de solución a la existencia de la dictadura.

Pero el origen de la GPN se remonta a finales de 1984, cuando el FPMR diseñó el plan estratégico de Sublevación Nacional, que pretendía lograr un levantamiento o sublevación de masas que involucrara a toda la población. La culminación de este proceso debería ser el copamiento por las masas de los principales centros políticos del país.

Al finalizar 1987 y en los meses del verano de 1988 la DN realizo un profundo proceso de búsqueda y discusión para poder construir y desarrollar “el instrumento político militar de la revolución”. Proceso que culminaría en abril de 1988 en una trascendente reunión que llevó el nombre de “José Valenzuela Levi”.

A diferencia del plan de Sublevación Nacional ideado en 1984 la guerra debía darse en todo el país, haciendo clara referencia a las unidades guerrilleras rurales y a la construcción de un ejército popular imposible de lograr en la ciudad. Era parte crucial del éxito de la estrategia la participación de “todos los patriotas”.

“La Dirección Nacional -según el documento de esta reunión- está plenamente convencida de la “prolongación de la dictadura” independiente a los resultados del plebiscito convocado para octubre de 1988. Se tiene el firme convencimiento de que la dictadura buscaría cualquier fórmula para perpetuarse en el poder”.

Para el FPMR-A la Guerra Patriótica Nacional era un proceso global e integral de lucha, que combinaba lo militar, lo político y la movilización social, siendo el accionar militar el factor principal para ganar la guerra.

Como es por todos sabido en el citado plebiscito ganó la opción por el NO. Los resultados de la votación rechazando a Pinochet desconcertaron a la Dirección Nacional del FPMR- A. En los territorios urbanos las planificadas tomas de las poblaciones se transformarían en felices marchas de milicianos junto a pobladores que jubilosos saludaban el triunfo del No. No obstante este radical cambio de la situación la Dirección Nacional del Frente mantiene la decisión de irrumpir con las acciones rurales cambiando en corto tiempo los objetivos iniciales de impedir la continuidad de la dictadura.

En ese minuto ya se tenía previsto “irrumpir” con las acciones simultáneas para presentar a la guerra como un camino irreversible a partir del convencimiento de la continuidad del dictador en el poder. La decisión es “atravesarse en el camino de perpetuación del régimen”.

La misión consistía en la toma y control de cuatro poblados rurales y en dos territorios urbanos. “Neutralizar al enemigo, destrucción de sus instalaciones, recuperación de medios y realizar propaganda y agitación en la población”.

Desastre en Los Queñes

En octubre de 1988 la Guerra Patriótica Nacional tuvo su expresión militar concreta en cuatro operaciones simultáneas en diferentes puntos rurales del país. El 21 de ese mes se produjo la ocupación de los poblados de Aguas Grandes en el norte, de La Mora en la V Región, y de Los Queñes y Pichipellahuén en el sur. En dos poblados no hubo resistencia alguna. En los otros dos la misión se cumplió con enfrentamientos, pero sin costos inmediatos para los combatientes del Frente.

En el caso del asalto al poblado de Los Queñes fue la propia Cecilia Magni, la “comandante Tamara” quien se había encargado de determinar el escenario, los integrantes que participarían, además de conseguir apoyo logístico de cobertura para el posterior repliegue. Para ello había comisionado a Juan Ordenes Narváez, “Daniel”, quien le proporcionó planos e informes de la zona. Mas tarde “Tamara” se reunió con un joven sanfernandino que proveería de una parcela en el sector de “La Rufina” donde los frentistas se refugiarían tras el ataque. Se trataba de Claudio Araya Fuentes, quien pese a que no militaba en el FPMR, era un entusiasta ayudista de la organización.

Los dieciséis combatientes escogidos, liderados por Raúl Pellegrín, el “comandante José Miguel” y la “comandante Tamara” se reunieron el día 19 de octubre, en el sector de “La Gruta”. Tras caminar alrededor de una hora y media llegaron al lugar elegido para levantar el campamento. Estaban solo a dos kilómetros de Los Queñes.

Los siguientes fueron días de intensa preparación, donde se ocuparon de hacer mantención al armamento que portaban y de fabricar una gran cantidad de armas caseras. Para velar por la seguridad del grupo “José Miguel” determinó que se minaran los alrededores del campamento, previniendo así la posibilidad de ser descubiertos por sorpresa.

Incluso el día 20 la comandante “Tamara”, simulando ser una simple excursionista, había visitado Los Queñes llegando a ser atendida en la posta del lugar aduciendo malestares alérgicos. Todo esto con el fin de conocer en terreno el lugar donde actuarían el día siguiente.

Otra fotografía tomada por los frentistas antes del ataque

Al anochecer del 21 de octubre los frentistas se dividieron en cuatro grupos, cada uno con misiones específicas. El primero debía tomar por asalto el retén de Carabineros y confiscar el armamento, el segundo debía apropiarse del radiotrasmisor que había en la posta. El tercero debía llegar hasta el radio de la hostería y cortar la única línea telefónica del poblado. En tanto el último grupo se apostaría en la ruta de acceso para impedir una posible llegada de refuerzos desde Curicó.

La operación se desarrolló tal como los frentistas lo habían planificado, hasta que el cabo Juvenal Vargas intentó oponer resistencia a la toma del retén. Esta actitud, sumada a un certero disparo de uno de los frentistas, terminaron por costarle la vida.

Luego de incendiar el retén, los atacantes procedieron a rayar los muros con consignas del FPMR, y emitieron proclamas revolucionarias por medio de un megáfono.

La huida se realizo según lo planificado. El contingente se dividió en tres grupos para dificultar los seguimientos de la policía. “José Miguel” y “Tamara” encabezaron uno de los grupos con rumbo a La Rufina.

Tras un par de días de descanso, el panorama comenzó a complicarse cuando los frentistas fueron detectados por carabineros que peinaban la zona, lo que provocó la huida del grupo hacia los sectores que bordean el río Tinguiririca.

El 25 de octubre, la policía pudo dar su primera señal de triunfo exhibiendo a la opinión publica a seis integrantes del comando que había actuado en el ataque, quienes fueron identificados como Carlos Ríos Bassi, Richard Ledezma Plaza, Miguel Angel Colina, Manuel Araneda González, José Luis Donoso Cáceres y José Ugarte González, los cuales habían sido capturados el día anterior.

Pero el golpe devastador se produjo tres días más tarde, cuando los cuerpos sin vida de Raúl Pellegrín Friedmann, el “comandante José Miguel” y Cecilia Magni Camino, la “comandante Tamara”, fueron encontrados flotando en el río Tinguiririca.

Según las versiones policiales los lideres frentistas habrían perecido ahogados tras tratar de cruzar el río a nado, siendo arrastrados por la corriente. Distintas son las conclusiones a la que llegaron organismos de derechos humanos que intervinieron en el caso, para quienes “José Miguel” y “Tamara” fueron detenidos el día 27, para luego ser salvajemente torturados y arrojados, en estado agónico a las aguas del Tinguiririca.

La muerte de ambos comandantes provocó al interior del FPMR una fuerte autocrítica, además de desmoralizar los ánimos de la gran mayoría de los militantes, pues el “comandante José Miguel”, aparte de ser el líder indiscutido, había sido el principal impulsor de la Guerra Patriótica Nacional.

Solo cuatro años más tarde, en agosto de 1992, el FPMR intentando superar un estado de crisis casi terminal señaló al respecto: “Los hechos hoy nos evidencian que a pesar de partir de un diagnostico acertado de continuidad del sistema, llegamos a conclusiones erróneas, pues nos negábamos aceptar de que de una u otra forma esto iba a repercutir y alterar la situación política y social de Chile. Es más, en el fondo hicimos política como si nada hubiera cambiado, ello nos llevó a ver una realidad que no era. Los resultados de estas acciones hablan por si solos, pagamos un alto costo en lo humano, político y militar”.

Juicio y Muerte a un Comandante

Caminar de noche y dormir de día. Hasta esa tercera jornada la marcha estaba resultando exitosa. El comando del FPMR que había atacado el reten policial de Los Queñes, en la séptima región, lograba eludir el intenso cerco policial que se tendió en la zona a las pocas horas de ocurrido el hecho. A pesar de que otros tres poblados rurales habían sido tomados por comandos del FPMR aquella noche del 21 de octubre de 1988, el de Los Queñes fue distinto. Tuvo más atención, más sensacionalismo, más sangre y fuego. Al intentar resistir la acción un carabinero fue muerto de bala y el cuartel terminó convertido en cenizas.

Los Queñes fue parecido a una revolución express y en ella tomó parte activa el “comandante José Miguel”, líder máximo del FPMR, además de los comandantes Tamara y Aureliano. Tamara era pareja de José Miguel y una de las mujeres mas estimadas de la organización. Aureliano, en tanto, era un antiguo jefe a quien apodaban Bigote.

Caminar de noche y dormir de día. La marcha de ese día lunes había resultado particularmente agotadora. El ruido de perros ladrando a lo lejos y helicópteros sobrevolando a baja altura habían cesado por la persistente lluvia que comenzó a caer en la zona. Juan Ordenes, conocido como “Daniel” -uno de los combatientes que dos años atrás había participado como fusilero en el atentado a Augusto Pinochet- andaba con un sombrero de ala ancha empapado, lo que le daba un notable parecido a Sandino, el líder revolucionario nicaragüense. Eso al menos le pareció a él, que tuvo ánimos para bromear con el tema. Al rato le pidió prestada una libreta a Bigote y anotó; “En La cordillera, con manta y chupalla, empezamos la revolución”.

Era el comienzo de una nueva estrategia de lucha que perseguía, por medio de una ofensiva del pueblo alzado en las ciudades y campos, ya no la derrota de la dictadura, sino la toma del poder. Eso, en muy resumidas cuentas era la Guerra Patriótica Nacional.

Ese lunes durmieron a sobresaltos turnándose para la guardia. La lluvia no amainaba. En la noche cuando llegó la hora de levantar el campamento, los tres comandantes se reunieron a parlamentar en privado.

No hay modo de saber con certeza lo que conversaron en esa reunión, celebrada en el sector de Sierra Bellavista, en el límite sur de la sexta región. Dos murieron y un tercero está desaparecido. Lo que es claro es que a partir de ese momento el grupo de once combatientes decidió separarse en dos.

Uno, a cargo de Bigote, partió hacia el norponiente, camino al fundo Las Peñas. El otro a la cabeza de José Miguel y Tamara enfiló hacia el nororiente, bordeando Río Claro, hacia el sector de La Rufina. Entonces la lluvia cesó y los perros y los helicópteros volvieron a rondar. Pasaron cinco días y los cuerpos de José Miguel y Tamara aparecieron flotando en las aguas del Río Tinguiririca.

Sobre la suerte de Bigote, en cambio, no existe información pública. Lo que está comprobado es que los cinco combatientes que tenía a su cargo fueron detenidos por Carabineros y exhibidos a la prensa. Bigote apareció a los pocos días en Santiago y contó que había logrado eludir el cerco policial de forma milagrosa.

A su favor juega el hecho de que no fue el único que hizo lo propio. También Daniel y otros dos integrantes de ese grupo de once consiguieron salir de la zona. El hecho es que Bigote fue el único de su grupo que libró de la policía, y eso, sumado a otros antecedentes que se irían sumando en el transcurso de los meses sería motivo para una investigación por la responsabilidad que le cupo en las muertes de José Miguel y Tamara. Las sospechas apuntaban a que Bigote había entregado a los dos principales comandantes.

Luis Arriagada Toro, el “comandante Aureliano” o “Bigote”

El hombre no era un recién llegado. Luis Eduardo Arriagada Toro, el verdadero nombre de Bigote o el “comandante Aureliano”, había nacido en San Felipe en 1950 y fue uno de los primeros en tomar las armas contra la dictadura a mediados de los años setenta, cuando se trasladó a Valparaíso.

Bigote debía su apodo a un espeso bigote que combinaba con un peinado estilo Beatles 62. Tenía arrastre entre las mujeres, dominio de la guitarra y un vozarrón que lucia en peñas y actos benéficos. También tenia fuerza bruta y un arrojo inusual en esos primeros años de dictadura.

Desde esa época Miguel Cepeda, un antiguo dirigente comunista porteño, trató de cerca a Bigote del que recuerda; “a través de las primeras acciones de los grupos de combate, normalmente nos encontrábamos con los muchachos y comentaban que el Bigote había deslumbrado por alguna razón”.

También desde esa época, fines de los setenta, Cepeda comenzó a albergar sospechas sobre Bigote. Hoy dice que los compañeros que andaban con el solían caer detenidos e incluso desaparecer. Mucho después, en el verano de 1989, Cepeda sería llamado a testificar en la investigación que sus antiguos compañeros de armas siguieron contra Bigote en Viña del Mar.

Como Miguel Cepeda, Héctor Figueroa Gómez o “Víctor” para sus compañeros del FPMR, llegó a conocer de cerca a Bigote. Lo recuerda muy seguro de si, bien vestido y siempre armado. Trabajaron muy de cerca especialmente a partir de 1984, cuando este regresó de un viaje de instrucción militar a Cuba y fue designado jefe del FPMR en la quinta región. Y nunca notó alguna actividad sospechosa, ni siquiera un acto de indisciplina. Tenía mucho que decir al respecto pero no pudo testificar oportunamente. Al momento en que Bigote fue juzgado, Víctor se encontraba en prisión acusado de ser uno de los fusileros en el atentado a Augusto Pinochet en septiembre de 1986.

Víctor fue condenado a muerte, después a cadena perpetua y por ultimo a una pena de extrañamiento de 20 años en Bélgica. Mucho antes de viajar a Bruselas, escuchó que Bigote fue juzgado y fusilado por sus propios compañeros de armas. Todos los que entonces permanecían en la cárcel escucharon lo mismo.

Bigote, que hasta 1986 y con el rango de “comandante”, había ostentado la jefatura de la Región Metropolitana asumiría un papel destacado en el secuestro del Coronel Carlos Carreño en septiembre de 1987, y en abril de 1988, de regreso de una temporada en La Habana, fue uno de los autores del atentado en contra del fiscal Fernando Torres Silva.

Hoy, su hermana Ada Arraigada muy pocas veces se refiere a Bigote en tiempo presente. No se explica como su hermano pudo haber infiltrado a la organización si siempre fue comunista y ni siquiera hizo el servicio militar. Ella además fue testigo y cómplice de sus actividades en el Frente, y hasta donde sabe estuvo involucrado hasta el último día.

Sin tener una opinión concluyente sobre el tema, Víctor tampoco entiende porque un infiltrado esperaría hasta Los Queñes para actuar en contra de la jefatura si antes, siendo un alto jefe como lo fue, tuvo muchísimas oportunidades de descabezar a la organización.

En la actualidad, sobre el papel que le cupo a Bigote en Los Queñes, sobre el momento en que salió del cuartel policial arrastrando a dos carabineros, y con la gorra de uno de ellos ceñida a la cabeza, mientras a sus espaldas el retén comenzaba a arder en llamas, muy pocos se pronuncian. Menos acerca de su supuesta responsabilidad en las muertes de José Miguel y Tamara, que derivó en su condena a muerte y posterior desaparición.

Para la mayoría de sus ex compañeros de armas Bigote es hoy una figura velada, fantasmal, de la que solo se habla en voz baja y tiempo pasado

La Toma de Pichipellahuén

Además de la ocupación de Los Queñes aquel 21 de octubre, el FPMR asesto otros golpes en distintos poblados rurales del país. Uno de ellos fue en la localidad de Pichipellahuén, en la novena región. A continuación entregamos el testimonio del frentista que comando aquella operación.

Después de la separación del Partido Comunista en 1987, la Dirección Nacional del Frente Patriótico Manuel Rodriguez decidió que varios de nosotros nos insertáramos en los territorios rurales del país. No recuerdo con certeza la fecha, pero sí me acuerdo de las palabras de Raúl Pellegrín, José Miguel: “…hay una zona de muchas tradiciones combativas en Curanilahue, Tirúa, Lumaco, Traiguen, Nueva Imperial, Temuco para la costa … Debes instalarte y a la vuelta de unos meses, te contactaremos. Tu tarea es a largo plazo. Aquí tienes plata para el bus, unos pesitos más, por si nos perdemos, y a la vuelta de esos meses, debes tener donde recibir compañeros. Debes ser un paisano más en esos lugares. Mándanos un lugar de contacto”. Alguien dijo que no fuera en ciudades. “En un monte”, dije yo, “correcto”, dijo José Miguel, y agregó “Con comida y cafecito para no pasar frío. Ahora sigamos la reunión”.

Mientras me esclarecía la misión, yo miraba el mapa con los pueblos que había nombrado, y contaba los pesos. “¿Alguna cosita más?”, le pregunté como si todo eso fuera poco. “Sí. Ten charqui. Cómpralo en el Salto del Laja. Es súper bueno”. Luego, mas serio agrego “Tranquilo, veremos si te damos un contacto de llegada y hermanos que se te unan. Lo demás es pega tuya”.

Todo esto sin el apoyo del Partido Comunista sería difícil. Había que construirlo todo, es decir, buscar un lugar donde alojar, inventar la justificación de la presencia de uno en el lugar, tratar de parecer una persona normal, no llamar la atención, buscar un medio de subsistencia, conseguir amigos, etc. Eso y un montón de cosas más significaban para los rodriguistas la orden: “Instalarse en un territorio”.
La estrategia política del Frente buscaba tener presencia combativa en todos los territorios del país, y para ello se requería que los cuadros se insertaran socialmente para desde ahí generar el accionar político-militar. Evaluamos que el accionar urbano estaba limitado en cuanto a poder contar con fuerzas organizadas y de mayor movilidad. Todo esto se enmarcaba dentro de la estrategia de Sublevación Nacional, que considerábamos que el Partido había desechado.

Compré el pasaje en un bus, con todas las precauciones que significaba para una persona que viajaba sin equipaje. Llegué al sur y salí del terminal de buses como un lugareño cualquiera, o trataba de que así se viera. Sólo viajaba con una molestia en la cintura, y un fierro de buena calidad. En el Frente había órdenes que cumplir: “No permitir que lo arrestaran”. Hubo compañeros que la cumplieron con sus propias vidas. Después, si uno caía preso, había otra orden: “No hablar”. Hay muchos que fueron ejemplos a seguir en medio de tantas torturas, y luego su principal misión era escapar. Varios compañeros encontraron la muerte en ese intento.

Por lo general los viajes eran normales y los míos siempre lo fueron. Llegué a Los Ángeles, límite de “mi territorio” por el este y de ahí emprendería viaje hacia la costa para adentrarme en la zona. Sería largo contar cada micro que tomé y por los pueblos que pasé, pero finalmente llegué a Arauco y ese sería mi centro de operaciones. Yo tenía experiencia guerrillera, y llevaba un par de años clandestino. No era conocido y tenía mucha motivación.

Fijada la fecha del plebiscito para el 5 de octubre de 1988, el FPMR ordena a sus cuadros activar los planes de operaciones. A mediados de 1988, soy convocado a Santiago e informo de la situación política de mi territorio. Llevaba meses desde mi llegada a la zona sur, y ya era lugareño. Nos habíamos ido organizando; armamos una jefatura, fuimos marcando sectores y muchos lugares quedaron preparados para recibir compañeros, sobre todo en la Cordillera de Nahuelbuta.

Al terminar mi informe, se me ordena preparar la toma de un poblado en la zona mapuche. Esa acción estaba enmarcada en nuestra estrategia político-militar de Guerra Patriótica Nacional (GPN), que iría acompañada de otras acciones en el territorio nacional. El plebiscito podría sacar a Pinochet del poder, pero legitimaría la institucionalidad instalada a sangre y fuego por los militares y las fuerzas políticas derechistas. En otras palabras, el poder económico y militar sería asegurado por la derecha.

La salida negociada se estaba preparando desde antes del 5 de octubre, y como el propio juntista Matthei confirmó después, el plan de Pinochet era desconocer los resultados del plebiscito e imponer el estadio de sitio, recrudeciendo nuevamente la represión. En ese contexto, que ya intuíamos, nuestra intención era actuar si se desconocían los resultados.

Al regresar a la zona, activamos los reconocimientos y llegamos a la conclusión de que el pueblo que podíamos tomar con las fuerzas posibles de movilizar sería Pichipellahuén, cerca de Capitán Pastene, en la novena región. Informo de esa propuesta, y después de muchas discusiones es aceptada. Se me pide esperar hasta que se decida quiénes participarían en la misión. Yo tenía esperanzas de participar debido a mi conocimiento del territorio, pero debía esperar.

No sé cuanto tiempo pasó, pero un día llegó un mensaje: la Dirección Nacional del FPMR había decidido la fecha de la acción y se me había designado jefe. Yo estaba confiado de que podía estar en las filas de los combatientes, pero me impactó saber que sería el responsable de toda la acción: entrar, tomar el pueblo, retirar las fuerzas, volver a la normalidad sin ningún tipo de bajas. Encarecidamente se me pide que no debíamos tener bajas; la misión en concreto era tomar control del pueblo, y esto implicaba copar, neutralizar las fuerzas represivas, propagandizar nuestras ideas y retirarnos.

Un compañero mensajero me entrega un contacto para recoger los medios que utilizaríamos. Ya teníamos la zona preparada para recibirlos, y decidí, como era la tónica de los jefes rodriguitas recogerlos personalmente, que el resto de los hermanos debían seguir haciendo lo que estaban haciendo. No era el momento de informar los detalles de los planes futuros.

Recuerdo claramente como si fuera hoy, cuando inicié la caminata por una calle de Nacimiento, con la señal convenida. El contacto para recibir los medios, el que venía con la señal de normalidad en sentido contrario, era José Miguel. “¿No te parece, jefe, que tú no debías venir a buscar estos regalos?” me preguntó. “¿Y cómo estamos por casa?”, le respondí. Nos dimos un gran abrazo, y como era su costumbre, me preguntó cómo estaba, cómo me sentía, y nos fuimos por ahí a almorzar. No sabía que sería la última vez que lo vería. Terminado el almuerzo, decidí partir y me dijo: “¿Crees que te voy a dejar botado aquí con todas esas cosas?” . Yo me trasladaba en buses, pero esta vez él me llevó y me dejó cerca de mi territorio.

Seguimos hablando de distintos temas, como de Moisés Marilao, oficial mapuche internacionalista muerto en un enfrentamiento en Temuco. Yo consideraba que ocupaba el lugar que le correspondía a él. Ante esa opinión, José Miguel me dijo algo como: “Cuando vamos a un combate, debemos ir con la fuerza de todos, los presentes y los ausentes”.

Al despedirse, me dijo que después de terminada la tarea, nos comeríamos un pollo al coñac. Estábamos todos invitados por el querido “Huevo”, Roberto Nordenflycht.
Siempre he pensado, ¿por qué diablos no le pregunté si él iría a alguna de las acciones programadas? Fue algo tácito entre todos los hermanos que no era necesario que él y otro jefe se expusieran. Me queda claro hoy que las decisiones importantes en la vida de una organización, no la deben tomar sólo una o dos personas.

El 4 de octubre los rodriguistas estuvimos acuartelados en ciudades y montañas, a horas de nuestros objetivos. Pensábamos que se concretaría el fraude, pero esto no sucedió. Escuchamos el triunfo del “No” en una zona montañosa mapuche, con las fuerzas listas para actuar. Esta situación, el triunfo del “No”, significaba no operar y debí recontactarme con mis jefes superiores. A la semana estaba reunido con ellos, y se pidió mi opinión. Yo dije sin titubear un segundo que se debía operar igual. Lo dije para enfatizar que consideraba que la situación de la represión y el poder de la dictadura no habían cambiado.

“Todos los jefes piensan como tú respecto de actuar”, me dijeron, “pero con respecto a porqué hacerlo, tiene que ver con cosas mucho más profundas de las que tú piensas. No es sólo una cosa de voluntad”. El jefe me quedó mirando. “Mira, hermano, vamos a actuar el 21 de octubre, vamos a demostrar que no aceptaremos que se negocie la salida de la tiranía a espaldas del pueblo. Están vendiendo el futuro de nuestro pueblo, se está negociando todo. Pensamos que el pueblo quiere cambios reales y no una repartija de poder bajo las sombras. Manuel golpeará el 21 de octubre y el éxito de la misión de ustedes es parte de ese puño justiciero”, dijo.

No me atreví a bromear con el asunto del pollo ofrecido por Eduardo. La situación estaba tensa. Volví a mi zona y en un lugar de Purén en la Cordillera de Nahuelbuta, informé a mi jefatura, compuesta por mapuche y afuerinos. Nadie conocía la acción principal, ni menos que sería parte de un golpe mayor de Manuel. Se decidió hacer un apagón diversionista en Temuco, y un jefe partió con esa misión. Otro hermano recogería a un grupo que vendría del norte; también se retiró y el resto partimos a la zona de Capitán Pastene, por diferentes medios.

A la base que pasamos el 4 de octubre llegamos los que participaríamos en la toma del pueblo. El destacamento era principalmente mapuche; eran buenos combatientes. Nuestra base contaba con todo lo necesario para estar varios días: área de dormida, almacén de medios, de cocina, de aseo, de ejercicios, pozos de tiradores y puntos de observación y vigilancia. Según los afuerinos, nuestra base era secreta e impenetrable, y sinceramente lo creíamos.

Días antes del 21 de octubre, planificamos de nuevo la toma del pueblo. Ya no teníamos contacto con el resto del Frente a nivel nacional. Las cartas estaban tiradas y lo único que comentábamos es que no fallaríamos. Para la toma de Pichipellahuén, seríamos 15 combatientes en la fuerza central y 6 en la fuerza de apoyo combativo cercano. Estos últimos regresaron del reconocimiento; su misión era cortar el acceso lejano al pueblo varios kilómetros, y actuarían independientes de la fuerza central. Esto impedía el apoyo al retén y aseguraba nuestra salida de la zona. Otros seis brindarían el apoyo diversionista cerca de Temuco.

La noche anterior a la partida, regresó el hermano encargado de recoger al grupo del norte sin ellos. No llegaron o no se encontraron, nunca se supo. Eso obligó a cambiar los planes: la fuerza central quedó compuesta por sólo 10 combatientes: seis combatientes sin experiencia, cuatro con formación militar. De estos últimos, dos contaban con formación militar regular y dos con formación militar irregular.
Debo aclarar aquí que aunque hubiéramos sido dos o uno, puede ser locura, pero nosotros cumpliríamos nuestra misión, eso no estaba en discusión.

Llegó el momento de la partida, y nunca lo olvidaré. Despedimos a los compañeros de la fuerza de apoyo, eran todos mapuche y me impactó su fuerza. Cumplirían su misión, no cabía duda. Abracé a cada uno de ellos, y creo que de ahí me quedó la costumbre de abrazar a cada hermano siempre que se pueda, como muestra de cariño y de hermandad, algo como “tu suerte es la mía hermano”, expresada en un abrazo.

Llegamos a una explanada y un oficial mapuche me detiene y me dice, “Jefe, mi gente quiere despedirnos”. “¿Qué estás diciendo?”, le pregunté. “Sí, jefe. Desde que nos decidimos a actuar, ellos nos han estado apoyando, y su fuerza va con cada uno de nosotros, incluso ustedes que no son mapuche”, me explicó. Nos miramos los otros tres afuerinos y antes de poder responder estábamos rodeados por una gran cantidad de personas de todas las edades. Formé al grupo. Estábamos armados y nos pusimos frente a ellos. La luna estaba muy clara, se veían los rostros, y con unas ramas de árbol una mujer vestida con adornos mapuche me rodeó, diciendo palabras que no entendía y dándome pequeños golpes con las ramas. Luego, siguió con cada combatiente. Un viejito nos dijo: “No fallen. Mantengan la calma, eso les hará pensar bien. Todos estamos con ustedes, la naturaleza los cuidara”.

Los afuerinos éramos objetos de mucha atención y cariño, y yo no salía de mi asombro. Miré la hora y no sé cuánto tiempo había pasado, pero di la orden: “¡Nos vamos!” Formamos columna en orden de marcha y quedamos solos los diez combatientes. Los mapuches desaparecieron y partimos a cumplir con nuestra misión.

Debíamos caminar toda la noche y lo hicimos. El paso del guía era rápido pero llevable. Cada combatiente vestía uniforme verde olivo, portando fusil, alimento personal y buenas botas de goma. Llegamos al amanecer del 20 de octubre a las inmediaciones del objetivo, organizamos el campamento, preparamos los explosivos, y esperamos. Ya conocíamos en exploraciones anteriores que el lugar elegido era tranquilo, que con mucho cuidado podíamos trabajar de día. Observamos el pueblo, su vida cotidiana, el retén, el vehículo policial, todo tranquilo.

Atacaríamos de noche el 21 de octubre. Cuando ese día comenzó a oscurecer, juntamos a todos y nos dimos fuerza. La orden de combate era organizarnos en dos grupos que se mantenían a la vista. Llegamos a las cercanías del pueblo, y comenzó a llover de una forma impresionante. Quedamos empapados inmediatamente, hacía mucho frío. Nos cruzamos con algunos lugareños que nos miraban y seguían de largo. La lluvia y la noche nos protegían.

En la casa aledaña al cuartel encendimos la carga potente que preparamos en el campamento. Nos acercamos y entre dos hermanos lanzaron la carga al techo de tejas del cuartel con excelente puntería. En la ventana del cuartel que daba a nosotros se asomó un policía, nos miró y se ocultó. Seguramente el ruido del golpe de la carga en el techo los había alertado. Con preocupación mirábamos el techo, no veíamos humo. La lluvia lo apagó, nos decíamos, y nos dispusimos a atacar. Reapareció el humo y retrocedimos. Fueron minutos interminables. Nos protegimos y sentimos la explosión que fue tremenda. Todo el techo voló por los aires. De acuerdo al plan, salí en dirección a la puerta y los otros hermanos ocuparon puestos laterales. Empecé a disparar parado frente a la puerta, pero no salió ninguna bala. Se había trancado el fusil de mierda… Lo destrabé y con el hermano que me acompañaba empezamos a disparar. No se veía un alma. El resto de los combatientes se acercó al lugar donde debía estar el vehículo, pero no estaba ahí.

Se apagaron todas las luces en las casas del pueblo, que tenía una ancha calle principal. Los policías, cuyo número nunca supimos, habían escapado por la puerta posterior. Esto lo presumimos, porque no quedó ningún alma y el cuartel estaba destruido. Entramos solamente a la primera sala, porque más allá no se podía pasar por los escombros. En vista de eso, salimos y disparamos al aire. Los hermanos mapuche empezaron a gritar consignas en su vocablo. Estaban enardecidos, gritaban “¡Viva Leftraru!, ¡Leftraru, somos tus hijos!” Gritábamos todo tipo de consignas, hasta garabatos, la madre de Pinochet fue la más mentada.

No paraba de llover. Bendita la lluvia, me decía, era la naturaleza que nos protegía. Pero los volantes que lanzábamos al aire quedaban embarrados inmediatamente. Fuimos a la escuela y después seguimos por la calle principal. Habíamos cumplido la misión: teníamos control del pueblo y las fuerzas represivas se habían hecho humo.
Pasado un tiempo, que sinceramente nunca he sabido cuánto fue, nos reagrupamos y ordené la retirada. Del cuartel nunca más se supo y partimos en retirada. Debíamos estar a una distancia considerable cuando amaneciera. Salimos en columna del pueblo y luego de unas horas de marcha, nos juntamos en un círculo a la luz de la luna y la lluvia, y nos separamos en distintos grupos: cuatro nos retiramos en una dirección y seis en otra. Fue emotiva esa separación.

Mi grupo de cuatro hermanos debía caminar tres noches para estar en un lugar seguro. Al amanecer de la primera noche, por radio nos enteramos que ya se sabía la noticia en todo Chile y eran cuatro poblados los controlados por el FPMR: La Mora, Aguas Grandes, Pichipellahuén y Los Queñes, además de una serie de acciones en Santiago. Recién entonces dimensionamos en lo que habíamos participado. Pensamos en los compañeros de las otras acciones, cómo estarían, sentíamos orgullo de ser del Frente.

Durante el primer día de retirada debimos cambiarnos la ropa mojada y dormimos envueltos en unos plásticos sin ropa para generar calor. La segunda noche de retirada el camino era con muchas subidas, no nos podíamos las piernas. De nuevo, de día permanecíamos inmóviles. La última noche llegamos, no sin dificultades, al punto en que tomaríamos un bote en un lago. Remamos varias horas y llegamos a la base de retirada, limpiamos el armamento, dormimos un rato y salimos a un camino donde a los dos últimos nos recogería un vehículo, pero ya vestidos de paisanos y con los medios protegidos en un buen escondite.

A la señal convenida, apareció el vehículo y salimos para mi zona. Yo debía partir a Santiago al encuentro con José Miguel y los demás jefes. Debo haber llegado a Santiago alrededor del 26 de octubre. Estaban presentes todos los encargados, pero de Los Queñes no llegó nadie. José Miguel no llegó, y ahí por boca de otro jefe me enteré que él había participado en Los Queñes. Estábamos molestos con su decisión, pero preocupados por su tardanza.

Intercambiamos opiniones de las acciones realizadas y seguimos esperando al Jefe, que nunca llegó a la cita. Días después, leímos en un diario que había aparecido muerto con Tamara en un río. La noticia nos golpeó duro. Jose Miguel consideró que debía participar para dar el ejemplo -esta operación era de jefes, porque implicaba una apuesta de futuro. Hoy a los años, lamento la decisión de José Miguel de participar directamente en las acciones, no había sido necesario. La idea rodriguista quedó impregnada en el pueblo. El Frente que yo conocí fue como Manuel Rodríguez -salió un día y no volvió más- aun está en el corazón del pueblo.

Como revolucionario, justifico las acciones del 21 de octubre. Demostramos que podíamos llevar la lucha contra la dictadura en diferentes territorios del país. Pinochet fue obligado a respetar la agenda ideada para nuestro país por Estados Unidos en conjunto con las clases dominantes en Chile. Gran parte de nuestro pueblo no entendió nuestro accionar ese 21 de octubre de 1988, y creo que hicimos poco para dar a conocer nuestros objetivos, o no pudimos hacerlo. La muerte de Raúl Pellegrín fue un gran golpe, pero hoy en día el pueblo es el único que puede juzgarnos.

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del  “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico.

Cristián Edwards tras ser liberado

El Secuestro

El FPMR ejecutó en septiembre de 1991 una de sus últimas acciones de envergadura: el secuestro de Cristián Edwards, uno de los hijos del dueño del diario El Mercurio, Agustín Edwards. La noticia se dio a conocer a través de los medios de comunicación sólo quince días después del plagio. Todos los antecedentes en manos de la justicia apuntaban a que, más que un secuestro político, el plagio buscaba financiar el repliegue definitivo del FPMR.

El plan comenzó a fraguarse a fines de 1990. Según consta en las declaraciones de Mauricio Hernández Norambuena en el proceso por la muerte de Jaime Guzmán, durante una reunión de la cúpula frentista se concluyó que era necesario realizar “una operación de envergadura” para solventar los gastos que demandaba el funcionamiento del Frente. Los jefes de la organización calculaban que en caso de secuestrar a Edwards el botín podría superar el millón de dólares, cifra que les permitiría sobrevivir por más de un año, sin exponer a sus militantes en asaltos menores.

Como jefe de la estructura operativa, a “Ramiro”, le correspondió distribuir y coordinar las labores de alrededor de 20 frentistas que participaron en la operación. “Ramiro” ya tenía experiencia en operaciones de envergadura: había participado en el atentado contra Pinochet, el secuestro del coronel Carlos Carreño y el asesinato de Jaime Guzmán.

El 9 de septiembre 1991, en los estacionamientos de un centro comercial de Las Condes, tres encapuchados tomaron por sorpresa a Cristián Edwards cuando este se retiraba de su trabajo. Envuelto en un saco de dormir, lo introdujeron en un vehículo y se perdieron en la ciudad.

A cinco meses del asesinato de Jaime Guzmán, el secuestro nuevamente encendió las alarmas en la administración Aylwin, que ya había reanudado sus lazos comerciales con Cuba. Tan sólo en el mes de junio, Fidel Castro había quitado toda legitimidad a la subversión chilena en una entrevista transmitida por los medios nacionales.

Un ex alto funcionario de gobierno reconoce que, debido a la gravedad del hecho, los canales informales con La Habana volvieron a montarse, con una petición taxativa: el gobierno chileno necesitaba urgente información de la isla sobre la pugna interna del FPMR, a fin de dilucidar qué sector estaba detrás del plagio. Aunque es una duda si La Habana colaboró o no en el caso, el hecho demuestra que el gobierno tenía la seguridad que el FPMR ya no era apoyado por los cubanos.

Durante su cautiverio, los frentistas utilizaron con Edwards los mismos métodos aplicados en secuestros anteriores: mantenerlo encerrado en un cubículo de tres metros de largo, por 1.50 metro de ancho y 2.10 metros de alto, construido especialmente para el efecto en un inmueble del pasaje Vicente Huidobro de Macul, propiedad del matrimonio formado por los frentistas Rafael Escorza Henríquez y María Cristina San Juan. Además era distraído con música permanente y sin luz natural para desorientarlo respecto al paso del tiempo. Durante el tiempo que se prolongó el cautiverio de Edwards, los frentistas jamás se atribuyeron el secuestro del entonces gerente de diarios regionales de El Mercurio.

El 1 de febrero de 1992, casi cinco meses despues de haber sido raptado, Edwards finalmente fue liberado con el pago de un millón de dólares y a su vez poniendo término a los secuestros como vía de financiamiento de los frentistas, quienes comenzaron a concentrar su actividad en los asaltos a entidades bancarias con el mismo fin.

Poco después de su liberación, el ejecutivo -quien nunca se ha querido referir al tema, cultivando un bajísimo perfil- se radicó en Estados Unidos, donde actualmente trabaja en el New York Times.

Semanas después de los hechos, cinco miembros del comando implicado en el plagio fueron arrestados por la BIOC, entre ellos Ricardo Palma Salamanca, “El Negro”, uno de los autores materiales del crimen de Jaime Guzmán, además de Maritza Jara, José Miguel Martinez, Rafael Escorza, y su esposa Maria Cristina San Juan.

El grupo encargado de los arrestos era comandado por el comisario Jorge Barraza;“Investigamos partiendo de cero, fuimos al Campus Oriente de la UC e investigamos a todo el mundo, alumnos, profesores, porteros, administrativos. De ese modo, surgio la información de que una dama había congelado su carrera en marzo de 1991, en el quinto año de su carrera, pocos días antes del homicidio del senador. Ella, Marcela Mardones, había sido dirigenta importante de las Juventudes Comunistas en el Pedagógico y se le conocía como “La flaca”. Era casada. Entonces, ubicamos al marido, del que estaba separada. Conversamos con él y nos informo que a mediados de marzo Marcela le había llevado al único hijo que tenían en común para que lo cuidara por un tiempo, pero que nunca más volvió a buscarlo. Siguiendo diversos hilos, con más entusiasmo y sacrificios que medios, en noviembre llegamos a la casa donde ella vivía con Raúl Escobar Poblete, “Emilio” ó “Pájaro loco”, dirigente del FPMR.. El era autor material del asesinato de Jaime Guzmán y jefe operativo del secuestro de Edwards”.

Poco tiempo después y luego de sucesivos seguimientos a “Ximena” y a “Emilio”, Barraza logró dar con el lugar en que se encontraba secuestrado Edwards; “Siguiendo estos hilos, nos encontramos con “Rodolfo”, jefe militar de la casa donde estaba secuestrado Cristián Edwards y llegamos a la vivienda, donde estaba el empresario plagiado, ubicada al fondo de un pasaje. Pudimos en ese momento haber sacado a Edwards, pero teníamos sólo el 30 por ciento de posibilidades de sacarlo con vida en siete segundos, porque el equipo terrorista que lo custodiaba era pesado, profesional. La vida de Edwards era prioritaria, luego la diligencia”, declaró Barraza.

El 25 de diciembre de 1991, Barraza le comunicó al director de Investigaciones Horacio Toro que había encontrado el lugar donde estaba cautivo Edwards y que desde el punto de vista policial el caso estaba resuelto. Si bien se cumplió con el principal objetivo en la operación secuestro, cual era la liberación casi un mes más tarde sano y salvo de Cristián Edwards, la BIOC perdió los pasos de muchos de los rodriguistas involucrados en la operación.

El Botín Que Desapareció

En un maletín de cuero cafe facilitado por los mismos frentistas, la familia Edwards entregó el millón de dolares exigido para el rescate de sus hijo Cristián.

Sin embargo, transcurridos 16 años del hecho aún no hay certeza de lo que ocurrió con aquella suma entregada en billetes de US$ 5 y US$ 20. El botín obtenido para financiar la retirada de los frentistas desapareció el mismo 1 de febrero de 1991, día que se realizó el rescate.

Según consigna la investigación judicial del caso Guzmán, Marie Emanuelle Verhoeven, la “comandante Ana”, informante del ex inspector Jorge Barraza, le habría confidenciado que Juan Gutiérrez Fischmann, “El Chele”, viajó junto a ella a Europa a lavar el botín.

“Ana” sostuvo que “el Chele” tenía en esos años a su cargo las finanzas del Frente por lo que su mision fue llevar el dinero directamente a Cuba, para posteriormente trasladarlo a Belgica y Holanda,donde coordinó personalmente el “lavado” del capital y su posterior distribución. Asimismo y en forma previa, tuvo a su cargo la administración de los recursos logísticos para materializar la operación: casas de seguridad, pertrechos, autos y traslados.

Es importante recordar, como ya se ha sostenido, que el secuestro de Edwards obedece a la política de “repliegue táctico” del Frente, como consecuencia del alto grado de infiltración que por entonces sufría. Sin embargo, esta estrategia de repliegue requería financiamiento, pues era necesario asegurar la subsistencia económica de decenas de personas a través de empresas de papel, que existían principalmente en la zona del carbón, en la octava región.

Las propias confesiones que hizo el “comandante Ramiro” sobre el caso, cuando fue detenido en Brasil, corroboran esta tesis; “El secuestro de Edwards tuvo para el frente una finalidad financiera, junto a ello, golpeábamos a una de las más poderosas familias chilena y de reconocidos vínculos con el gobierno militar y los norteamericanos. Pero sobre todo lo fundamental fue conseguir los recursos que necesitábamos”.

Evidentemente, el éxito económico del secuestro de Edwards fue una manera rápida y eficiente de obtener los recursos necesarios para iniciar el repliegue proyectado. Y en cuanto al dinero, nunca más se supo.

El Sacerdote Mediador

En el primer mes del secuestro de Cristián Edwards los secuestradores no habían mandado ni un solo mensaje. Nadie sabía si querían dinero, venganza o dar el golpe que derribara la incipiente democracia. Los frentistas sólo habían enviado un sobre con el carnet del joven y una exigencia para que la familia no hablara con la policía.

Fue entonces cuando el entorno del dueño de El Mercurio pensó en un mediador. Para ellos la figura del sacerdote Renato Pobrete calzaba perfecto para tomar el timón de las negociaciones: era amigo de la familia, era una persona práctica, persuasiva y por su trabajo en el Hogar de Cristo era reconocido y respetado por todos lados. Cuando se lo plantearon, aceptó de inmediato. “¿Cómo lo hacemos?”, preguntó.

En sus memorias -escritas por la periodista Blanca Etcheberry y recientemente publicadas por la editorial Don Bosco-, el jesuita dedica un largo capítulo a esos entretelones. Este es un estracto de aquella historia.

 

A pesar de la cercanía, no fue Agustín Edwards quien ideó recurrir al padre Renato Poblete para que fuera el mediador en el secuestro. Fueron el director de La Segunda, Cristián Zegers; el editor de Redacción de El Mercurio, Juan Pablo Illanes, y el gerente de este diario, Jonny Kulka, quienes pensaron en él.

- Hagan lo que quieran-, fue la respuesta del dueño de El Mercurio.

Kulka e Illanes fueron dos días después a la casa del sacerdote. Llegaron casi de noche, para asegurarse de que estuviera y de que no se iban a encontrar con alguien a esa hora. Le explicaron que les habían aconsejado que nadie de la familia fuera el mediador, porque en esas condiciones es muy difícil ser objetivo. En cambio, alguien de afuera podría mantener siempre la calma y controlar las emociones. Le dijeron que lo consideraban la persona indicada. No dudó en aceptar.

El paso siguiente era buscar la forma de que los secuestradores se enteraran de que él sería el mediador. Debía salir junto a Edwards en el diario. Pero era necesario darles a los captores una pista para que se comunicaran. Por eso, el lunes 23 de septiembre de 1991 salió un artículo sobre una campaña del Hogar de Cristo, donde se llamaba para que las donaciones las hicieran al padre Poblete, por lo que publicaron su número de teléfono.

Los secuestradores se decidieron a llamar en octubre:’¿El padre Renato?, Quiero hablar con la familia Edwards y quiero que usted espere el lunes 7 que le daré un mensaje’.

Le ordenaron ir el martes 8 a un teléfono público en Manquehue con Apoquindo. Los captores le dijeron que había un mensaje en el baño de la heladería Tropicana del Apumanque.

-Me encerré y empecé a buscar por todas partes. Pesqué el mensaje y lo llevé a la casa de Edwards.

En esa oportunidad, el padre también le transmitió a su interlocutor un mensaje que llevaba escrito: -Don Agustín me ha autorizado como intermediario. Él no puede estar en contacto directo con ustedes, porque está cercado. Usted dijo ‘sin policías’. Bueno, no hay forma de que usted hable con don Agustín sin que la policía se dé cuenta. No le quepa la menor duda de que yo soy la única vía para resolver este asunto sin peligro para Cristián. Nadie más le va a hablar, porque sólo yo tengo la autorización de don Agustín.

El modo de operar de los frentistas fue siempre el mismo. Llamaban al sacerdote a su oficina y le decían a qué teléfono público debía dirigirse de inmediato, porque sólo ahí le darían el mensaje. Eran lugares relativamente cercanos. El padre anotaba en un papel o a veces grababa la conversación. Nunca le hablaron más de 30 segundos. Siempre buscaron lugares donde hubiera dos teléfonos públicos, a veces en veredas diferentes. Y lo hacían ir de uno a otro, por temor a que la policía hubiera alcanzado a intervenir el teléfono.

-Siempre era la misma voz. Me trataba de padre, con bastante respeto. No se identificó nunca.

Pocos días más tarde, hubo un nuevo contacto con los secuestradores. El padre Renato debía ir a la estación Alcántara del Metro. Habría un mensaje en el último asiento del andén en dirección a Las Condes.

-Empecé a buscar, y nada. Habían pasado dos trenes y yo no me subía. Pensaba ‘qué va a decir la gente, el padre Poblete como bruto sentado dejando que pase el tren’. En el andén del frente había un aseador que me miraba. Entonces yo tiraba las llaves al suelo y me agachaba para ver si los mensajes estaban pegados debajo de algún otro asiento. Lo habían pegado por detrás del asiento.

El mensaje contenía la primera demanda de plata de los frentistas: 5 millones de dólares.

-Pidieron que Agustín Edwards publicara en el diario un aviso con lo que estaba dispuesto a pagar y advirtieron que ‘no fuera egoísta’. Yo tenía que explicarle que él estaba en mala situación, que era un mito lo de la fortuna, que jamás iba a poder pagar esa cantidad. Su oferta era de 200 mil dólares.

Era tan grande la diferencia que no se supo de los secuestradores hasta el 1 de noviembre: -Me llamaron a un teléfono público en la calle Brasil y me dijeron: ‘Hay un mensaje en el pabellón 11, mausoleo 8, del Cementerio Católico’. Pesqué el auto y partí. Hice como que rezaba para que nadie se diera cuenta de que estaba buscando algo. Detrás de una puerta de fierro había pegado un papel. El mensaje decía que no estaban conformes con la oferta y que la subieran. Venía además una carta de Cristián.

A partir de entonce, en los clasificados pudieron leerse estos avisos: ‘Compro veda. Pago tanto’. Se ofrecía la cantidad y los secuestradores llamaban al padre. Así durante días. Pero los captores mantuvieron un tenso silencio hasta el 17 de diciembre. Citaron al padre Renato a las doce del día a un teléfono en el Parque Arauco.

-Me dijeron que subiera al baño del segundo piso, pero no me quisieron decir dónde estaba escondido el mensaje. Entré y fingí que orinaba hasta que se fue la gente. Busqué por todos los lados y encontré una carta y una cinta con la voz de Cristián. No aceptaban la oferta.

Pero el padre Renato pensaba que se llegaría a un acuerdo antes de fin de año. Fue imposible. A esas alturas ya estaba desesperado aunque nunca amenazó con abandonar la gestión. Así, incluso en la Navidad de 1991, el padre Renato tuvo que seguir su tarea de emisario. El 25 de diciembre sorprendió a todos con una copiosa lluvia y más aún a él, que estaba en Providencia con Los Leones, esperando un telefonazo. Lo llamaron a las 12:15 y lo mandaron a un baño de un Burger Inn.

-Entré. El mensaje estaba detrás de una taza. Había también una foto de Cristián. En ese momento los secuestradores pedían 1 millón y medio de dólares. ‘Súbanse, acérquense al negocio y pongan un aviso’, era el recado.

Entonces ocurrió algo inesperado. Al padre Renato lo llamó una señora que no tenía que ver en el caso: -Señor, yo tengo un veda que quisiera vender. El padre pidió cambiar el aviso. Y reemplazaron el veda por una gaita. El tira y afloja continuó.

El 14 de enero, el padre se sorprendió con un llamado. Por primera vez, era otro su interlocutor. ‘Habla El Abuelo’, le dijo. Y agregó: ‘Dígale que no juegue con nosotros’.

“Abuelo” era uno de los alias de Mauricio Hernández Norambuena, comandante del FPMR, del que más tarde se comprobó su activa partcipación en el plagio.

-Me llamó para amenazar y yo le contesté: ‘Ustedes tienen plata de más con todo lo que han robado a los bancos. Es una suma extraordinaria lo que están pidiendo. Por favor, vengan a la hospedería del Hogar de Cristo para que lleguemos a un acuerdo que sea beneficioso para ustedes y donde no corra peligro la vida de Cristián. Confíen en mí. Yo nunca los voy a identificar.

El domingo 19 de enero, otro aviso pidió contactarse con el padre: ‘Compro gaita Kennedy, tengo oferta especial’. Lo llamaron al día siguiente. A estas alturas ya estaba casi listo el acuerdo. Las dos partes habían aceptado el millón de dólares.

El viernes 24 fue a Luis Thayer Ojeda con Providencia a esperar otro llamado. La persona con que siempre había hablado lo mandó al baño del restaurante la Vera Pizza. Además de una foto de Cristián encontró un mensaje. Se aceptaba la suma y se establecían las condiciones de la entrega: debía ir el padre Renato a entregar los billetes escondidos en una maleta de cuero café. Tenía que ir acompañado del chofer de Edwards, Juan Cancino, en un Volkswagen escarabajo amarillo.

Un experto inglés el tema y que asesoraba a la familia Edwards había dicho que el sacerdote no podía ir, porque a veces ocurría que cuando el intermediario llegaba a la entrega, lo mataban y se quedaban con el dinero. Pero el padre fue a la casa de Lo Curro y les dijo que los secuestradores habían exigido que él hiciera la entrega.

La noche antes del pago, Poblete no durmió en su casa, porque lo podían seguir. Se fue a la casa de Illanes. Se quedaron conversando hasta muy tarde. Almorzó temprano, porque en la tarde debía llevar el millón de dólares. El teléfono sonó a las 14.30.

-’¿Tiene la plata?’
-’Sí’.
-’Baje por Providencia hasta Seminario. A las cuatro de la tarde estacione el auto frente a la iglesia de los Santos Ángeles Custodios. Se le acercará una persona con una foto de Cristián. Si nadie se le acerca en 10 minutos, váyase.

El padre siguió las instrucciones. Entró a la iglesia con la maleta. Sólo vio a un señor bien vestido con una máquina de fotos. Como nadie se le acercó, se fue.

A las 9:50 del 27 de enero, los secuestradores volvieron a llamar. Esta vez el diálogo fue áspero. El padre Renato veía con desesperación que no habría solución antes del 1 de febrero, el día que pensaba partir de vacaciones.

-’Padre, a usted lo seguía la policía. Es un traidor’.
-’No sean desgraciados, ustedes están mintiendo, yo cumplí todo. No pueden ser tan poco inteligentes de tener un gallo a pleno sol, vestido de negro, de fotógrafo. No hay matrimonios en Chile a las cuatro de la tarde ni menos en verano. Se equivocaron. A mí no me seguía nadie. Son ustedes los que fallaron’.

El jueves 30 lo citaron a Antonio Varas con Irarrázaval. Lo esperaba una prueba aún más difícil:

-’Vaya al baño de mujeres de la pizzería Doña Elena’.
-’Cómo se les ocurre que me voy a meter a un baño de mujeres. Están locos’.
-’Padre, estamos terminando’.

-Eran las doce del día. Entré y no había nadie. Encontré el sobre, me lo guardé y salí volando. Me imagino el escándalo si es que hubiera entrado alguien. El mensaje decía: ‘Esta es la última oportunidad. Repitan los mismos puntos de la semana anterior. Sólo negociaremos con el padre Poblete. Que él siga el plano que le mandaremos mañana. No puede dormir en su casa. El padre Renato no debe tomar contacto con nadie’.

Para entregar la plata, el padre Renato alojó en un apart hotel en Bustamante, junto a Cancino, el chofer de Edwards. Siguiendo las instrucciones, partieron a las 12:30 desde la iglesia de los Santos Ángeles Custodios. En el plano estaban señaladas las calles que debían recorrer para llegar a las 13:30 a Vicuña Mackenna con Santa Isabel, donde recibirían un nuevo mensaje. De ahí tuvieron que ir a un restaurante en Mapocho. Ahí había un plano perfectamente bien hecho: ‘Vuelva a subir a una velocidad no mayor a cuarenta kilómetros por hora, hágase cuenta de que su auto no es muy bueno’.

-Subimos por Santa María hasta llegar cerca del Saint George. Bajé y encontré un paquete. Volvimos al centro. Nuevamente venía un mapa con instrucciones y una ficha de un supermercado. ‘Siga por la Costanera hasta llegar a Manuel Montt, doble a la izquierda y avance hasta el Multiahorro que queda en la esquina de Alférez Real. Canjée la ficha por una maleta. Allí encontrarán unas poleras, pónganselas y dos gorros’. Le dije al chofer que fuéramos al colegio San Ignacio. Como era verano, no habría nadie y nos podríamos cambiar de ropa y además podríamos traspasar la plata a una bolsa especial, que también estaba en el casillero del supermercado. Habíamos partido a las doce en punto y ya eran como las cuatro de la tarde. No había nadie. Nos cambiamos en el mismo estacionamiento. Cuando hice el traspaso de plata, les dejé un mensaje a los secuestradores: ‘Si esta plata llega a sus manos, acuérdense de que hay mucha gente pobre que la necesita. Dejen algo para el Hogar de Cristo’. Después seguimos por Américo Vespucio hasta la plaza Egaña. En un poste había otro mensaje. Decía ‘espere en la intersección de la Norte-Sur con Departamental’. Al chofer le dije que se fuera rápido no más, porque nos habíamos demorado mucho. En vez de 40 kilómetros por hora, volamos. Me puse a esperar frente a un teléfono para escuchar la próxima instrucción. Tiene que haber habido mucha gente observando, que avisaba cuándo llegábamos, porque a los 10 minutos sonó el teléfono. Ahí alegué: ‘Me han hecho dar mil vueltas, estoy desde las doce en esto, hasta qué hora me van a tener de un lado para otro’. ‘Padre, a usted no le va a pasar nada. Estamos llegando al final. Hay un mensaje en el Café El Paso, que queda un poco más al sur, frente a un motel’. La instrucción era que el mensaje estaba en la mesa, a la salida del baño. Llegué, me senté, pedí una Coca Cola y empecé a buscar. No encontré nada tocando la mesa por debajo. Después tiré las llaves al suelo… y nada. Me paré, hice como que bostezaba, que estaba cansado y me di vueltas. Salí. Entonces se me ocurrió que habían dejado el mensaje la noche anterior y que al hacer el aseo habían corrido las mesas. Nuevamente tiré las llaves del suelo y vi el mensaje. Estaba en otra mesa. Decía que era el final. ‘Vaya lentamente al kilómetro 17 y medio, donde hay una escalera metálica. Debajo de ella hay un mensaje’. Junto al mensaje, había una foto de cuerpo entero de Cristián con El Mercurio del día anterior. ‘Avance lentamente 150 metros más hasta el paso sobre nivel y grite ¿está Camilo? Si responden que sí, tire el bolso con la plata’.

El padre caminó, se asomó por el paso sobrenivel y gritó: ‘¿Está Camilo?’ Le respondieron que sí. Rezó. Y tiró el millón de dólares. La bolsa cayó sobre una camioneta. Nadie dijo cuándo liberarían a Cristián. Al día siguiente, el padre Poblete partió de vacaciones, como lo hace todos los años, a una casa de los jesuitas cerca de Santo Domingo.

El sábado 1 de febrero, alrededor de las 10 de la noche, Cristián Edwards fue liberado en el paradero 10 de Vicuña Mackenna. Tomó un taxi a su casa, en Lo Curro.
Su padre lo llevó hasta El Mercurio para tomarle una foto. La imagen de un joven sonriente con una barba de meses en medio de sus padres que no disimulaban su alegría, fue la portada del diario del día siguiente.

Alrededor de las 12 de la noche en la casa de veraneo de los jesuitas le contaron al sacerdote que había aparecido Cristián. ‘Gracias a Dios’, dijo.

Así terminó uno de los episodios más tensos en la vida del padre Renato. -Todo el mundo me hacía el comentario irónico de que ahora no iba a tener más problemas de plata, pero la familia no dio dinero al Hogar de Cristo. Tampoco conocí a los secuestradores ni supe quién era el que me llamaba”.

El FPMR en Democracia

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del  “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico.

 

 

La Muerte en Vivo y en Directo

Eran las 7 de la mañana de lo que sería un caluroso miércoles 22 de enero de 1992. Un día que conmovería a la sociedad chilena por un espectacular atraco protagonizado en pleno campus oriente de la Universidad Catolica y cuyo trágico epilogo fue transmitido en vivo y en directo por todos los canales de televisión.

Esa mañana tres jóvenes integrantes del FPMR -Fabián López Luque y los hermanos Alexis y Pablo Muñoz Hofmann- se reunieron en las inmediaciones de la casa de estudios con un fin específico; asaltar el camión de valores Brinks que debía entregar los fondos para el pago de los funcionarios de la universidad.

El plan era simple, Alexis Muñoz actuaria en las inmediaciones del lugar, y debía dar el aviso cuando apareciera el camión con un gesto disimulado, como si se arreglara el cabello. En tanto su hermano Pablo y Fabián Lopez ejecutarían la acción en el hall principal, reduciendo a los dos guardias antes que ingresaran a las dependencias y escapando con el dinero. En ese momento, y en punto pre fijado apareceria un cuarto frentista conduciendo un automovil que los evacuaria del lugar.

Pero lo que parecia una estrategia simple se transformaria pronto en una pesadilla. Todo comenzo a complicarse para los frentistas cuando uno de los guardias trato de oponer resistencia al asalto y escapar. Dicha huida fue rapidamente interrumpida por un certero disparo de Lopez, que dejo al guardia tendido en medio del campus.

- ¡Quedate quieto! ¡quedate quieto!, le repetia Pablo Muñoz al otro guardia que yacia tendido a su lado, mientras le quitaba su revolver.

En ese momento Alexis Muñoz comenzó a disparar con un M-16 sobre el blindado que se encontraba ya en la puerta de salida tratando de evadir la emboscada. Su hermano Pablo hizo lo propio, mientras corría tras el el camión, en tanto la pistola de López se había quedado sin municiones, pues estas se le habían caído al comenzar a correr, unos metros atrás.

Alexis Muñoz Hofmann

Cuando lo alcanzaron, el chofer del Brinks trato de embestir a los asaltantes, en un ultimo intento de salvar su integridad. Ante los hechos, y luego de evaluar la situación los rodriguistas decidieron escapar. El plan había fracasado y la cadena de desgracias recién empezaba.

Luego de correr algunos metros llegaron a la esquina de Battle Ordoñez y Regina Pacis. Ese era el punto donde los debía recoger el automóvil dispuesto para la huida. Al llegar allí los tres, aun con las armas en la mano, simplemente se miraron. El auto no estaba. Esperaron unos minutos, y cuando ya era evidente que el cuarto integrante del grupo no llegaría, decidieron seguir a pie.

“Vamos caminando separados y a lo que venga”, dijo Pablo Muñoz con un dejo de desesperación.

No alcanzaron a caminar mucho, pues pronto se vieron interceptados por un furgón policial que les cerró el paso en la esquina de Pacis con Holanda. Los tres se parapetaron tras unos automóviles y comenzaron a disparar a los policías.

El primero en caer herido por las ráfagas de carabineros fue Pablo Muñoz. Un certero disparo prácticamente le destrozó la pierna. Luego de intentar cargarlo -a lo que Muñoz se resistió- sus dos compañeros decidieron continuar la huida. Tendido en plena calle, Pablo Muñoz fue reducido por carabineros con ráfagas de metralleta y conducido a un hospital en estado grave. Este hecho finalmente le salvó la vida.

Pablo Muñoz Hofmann luego de ser detenido

Su hermano Alexis y Fabián López continuaron corriendo un par de cuadras, pero al percatarse de su inminente captura decidieron ingresar a una casa del pasaje Alonso de Ercilla. Allí tomaron como rehenes a los integrantes de la familia Riveros Calderón. La casa ocupada fue prontamente rodeada por efectivos de carabineros y funcionarios del GOPE. Una vez cercados por los efectivos policiales, los frentistas señalaron desde un principio, a través de comunicaciones telefónicas, la motivación de la acción y su deseo de permanecer en el domicilio. Relatos posteriores de los dueños de casa acentúan el buen trato que recibieron por parte de los jóvenes.

Las horas comenzaron a transcurrir y las negociaciones entre los improvisados secuestradores y la policía resultaban infructuosas. A esas alturas la noticia ya era transmitida en vivo por todos los canales de televisión. De nada sirvieron los intentos de los frentistas por obtener una salida negociada, que incluso incluyó la demanda de entregar comida en las poblaciones pobres del gran Santiago.

Al caer la noche los frentistas decidieron liberar a los dos niños de la familia. La señal era clara. No querían dañar a los rehenes, pero exigían garantías para salvaguardar su seguridad. Pese a ello los policías que negociaban telefónicamente con los secuestradores se mostraron inflexibles. El país entero no perdía detalle de la trama.

Alrededor de las 22.00 horas de esa noche el nerviosismo y el cansancio hicieron mella en los frentistas. Luego de mucho meditar decidieron entregarse y afrontar la difícil situación. Enviaron un ultimo mensaje a la policía; dejarían salir al matrimonio y luego ellos harían lo propio. Saldrían desarmados y ondeando una pañoleta blanca, a manera de rendición.

Pero el gobierno de la época había decidido dar una señal clara sobre este tipo de hechos. La orden de actuar nació desde el interior de La Moneda, a manos del entonces ministro de Interior, Enrique Krauss y el subsecretario Belisario Velasco.

Aunque la versión policial indico que los secuestradores habían salido disparando, lo cierto es que apenas los dos frentistas hubieron asomado por la puerta del inmueble fueron brutalmente abatidos por ráfagas de metralleta. Los cuerpos sin vida de Alexis Muñoz Hofmann y Fabián López Luque quedaron tendidos en el antejardín de la casa de la familia Riveros.

Fabián López Luque, muerto en la casa de Ñuñoa

La jueza Maria León Neira, a cargo de la investigación del caso, manifestó desde un primer momento sus dudas respecto al desenlace de la operación policial: “No tengo ninguna certeza que ellos salieran disparando, existen dudas por que no se sabe si realmente se enfrentaron o fue otra cosa. Cuando llegué al sitio del suceso la policía uniformada ya había avanzado los peritajes y entonces yo di la orden que se coordinaran con Investigaciones, pero no he establecido que es lo que sucedió”.

La autopsia determinaría que Alex Muñoz recibió diez impactos de bala en la región toráxica. Su muerte no fue instantánea. Agonizó por al menos quince minutos. Fabián López presentaba siete impactos. Uno en la cabeza, otro en el maxilar y los restantes en el tórax, abdomen y piernas.

Aprovechando la cobertura mediática, el mensaje del gobierno a los grupos de izquierda era estremecedor. No habría tratos ni concesiones con los extremistas que actuaran en democracia.

Para las filas del FPMR el golpe nuevamente era demoledor. El plan de “recuperación de dineros” para solventar las operaciones de la organización había fracasado estrepitosamente.

Más tarde, en fuentes rodriguistas se sabría que el propio “Chele”, Juan Gutiérrez Fischmann, había actuado como jefe operacional en el frustrado atraco, logrando no ser detectado y eludir el cerco policial. Respecto al enigmático cuarto integrante, quien debía evacuar a los frentistas en el automóvil, solo se supo que no llego al punto simplemente porque “se perdió”.

El Topón de Colliguay

Con posterioridad a la liberación de Cristian Edwards y con el objeto de celebrar el éxito de sus más recientes acciones, los principales miembros del Frente, participes del secuestro y del asesinato del senador Guzmán, se dirigieron a la quinta región. Esta celebración se desarrollaba en plena normalidad, hasta que Mauricio Hernández Norambuena inicio una aventura amorosa con una joven profesora de la región. Su nombre era Ingrid Flores, hija de un ex-detective porteño apodado el “Tata Flores”.

El idilio entre el frentista y la hija del detective culminó abruptamente cuando la joven fue encontrada ahogada en el mar tras caer desde un acantilado en el litoral central. Este hecho, que atraería la atención de la policía, motivó que los frentistas abandonaran la costa y se trasladaran rápidamente al interior, específicamente a Colliguay. Incluso se supo que antes de irse, los frentistas quemaron la cabaña en que había permanecido la joven con “Ramiro” a fin de que no quedara ninguna huella del “comandante”, que lo vinculara con la joven.

Mientras tanto, y en conocimiento de algunas pistas en relación al paradero de los frentistas, la BIOC, a cargo del subcomisario Jorge Barraza, centró su vigilancia en las principales carreteras de la quinta región.

Es así como días después, en un cruce de la ciudad de Quintero se ubicó el automóvil conducido por Silvia Brzovic Pérez, alias “Natalia”, una de las integrantes del comando que participó en el secuestro de Cristian Edwards.

Silvia Brzovic Pérez, “Natalia”

De esta forma y producto de sucesivos chequeos, los agentes llegaron hasta el camping “Las Vertientes”, ubicado en la localidad de Colliguay, donde finalmente detectaron al grupo de frentistas. Una vez identificados y con el objeto de seguir más de cerca las actividades del grupo, Barraza solicitó un funcionario de Investigaciones de Limache que estuviera dispuesto a ingresar con su familia al camping, sin armas y sin radio, para no despertar sospechas.

Contactado este funcionario y ya al interior del camping, el agente dedicó su tiempo a estudiar las rutinas de los frentistas, la relación jerárquica entre ellos y el armamento que portaban.

El propietario del camping señaló que el grupo de frentistas estaba compuesto por unas siete personas, entre hombres y mujeres, que se presentaron como estudiantes universitarios de vacaciones a cargo de un sujeto semicalvo de unos 35 años que se registró como Miguel Angel Osorio, quien no era otro que el “comandante Ramiro”. Junto al grupo tambien se encontraban Raúl Escobar Poblete, “Emilio”, y Ricardo Palma Salamanca, los autores materiales del asesinato de Jaime Guzmán.

Paralelamente al trabajo del detective en el camping, una pareja de la BIOC desde los cerros aledaños y a una distancia aproximada de 1,5 km, con trajes camuflados, prismáticos y visores nocturnos, filmó y fotografió a los rodriguistas durante siete días. Otro grupo se ubicó a 30 kms del camping, por la única vía de salida que tenían los sospechosos, simulando ser excursionistas.

“Emilio” (Arriba) y “Ramiro” en el camping de Colliguay

Pero un oscuro episodio echaría por tierra los planes de la BIOC. Según Jorge Barraza, el 23 de marzo llegaron a Colliguay, en un vehículo de la dirección general de Investigaciones, dos agentes de inteligencia de la jefatura nacional Antinarcóticos, Juan Salazar Cordero y Oscar Silva Carrasco. Ambos habrían sido enviados por el jefe de inteligencia de Narcóticos, Manuel Valenzuela, con el objeto de detectar un supuesto laboratorio de cocaína.

Barraza más tarde denunció que dicho procedimiento fue una maniobra destinada a desbaratar el operativo para detener a los miembros del FPMR, cuestión de la cual había sido alertado previamente por un amigo. Al día siguiente “Ramiro” fue a buscar al grupo y lo sacó de allí.

Días después de ocurrido este sospechoso hecho, se produjo en el cuartel central de Investigaciones un serio altercado entre Barraza y Valenzuela. En esa ocasión, Valenzuela le manifestó a Barraza que la orden de enviar agentes fue dada por Fieldhouse, para reventar su operativo. Barraza reafirma que fue el suegro de un ex funcionario de Investigaciones quien dio a este organismo el dato del camping.

Según fuentes cercanas a Barraza fue personal del gobierno, vinculado a sus servicios de seguridad pública, a través de “el Chele”, quienes alertaron al grupo frentista de que la BIOC los había detectado en Colliguay. “El Chele” a su vez le habría entregado la información a “Ramiro” para que evacuara el lugar. Barraza sostiene que los frentistas salieron del camping anticipadamente, pues tenían cancelados cinco días más, lo cual ratificaría su tesis.

Tras la huida de los rodriguistas, Barraza ordenó practicar todas las detenciones posibles. Producto de lo anterior, fueron detenidos en los días siguientes José Miguel Martínez, Maritza Jara y Ricardo Palma Salamanca.

La versión del Gobierno es distinta. El ejecutivo sostiene que fue Barraza el que dejo escapar al grupo de rodriguistas de Colliguay en marzo de 1992. Esto con el objeto de que los frentistas cruzaran la frontera hacia Argentina y descubrir de esta forma las redes trasandinas del movimiento.

De no ser, según La Moneda, por una orden de Mery, Barraza no habría detenido en el paso Los Libertadores a Maritza Jara y José Miguel Martínez. Por último, sostienen fuentes de gobierno que subalternos de Barraza han declarado que el ex comisario no quiso detener a los frentistas teniendo medios y motivos para hacerlo. Según la misma fuente, la idea de Barraza era llegar hasta Galvarino Apablaza, el “comandante Salvador”, máximo líder del Frente.

Barraza señaló que Palma Salamanca, luego de ser detenido colaboró con las investigaciones durante el tiempo en que el lo mantuvo convencido de que estaban detenidos y confesos todos los demás participes del atentado. Es en esta etapa en que reconoció su participación como autor material, no sólo en el asesinato del senador Guzmán, sino también en el del coronel Luis Fontaine y su participación en el secuestro de Cristian Edwards. Palma le habría manifestado a Barraza en esa oportunidad que cuando el gobierno inculpó a Olea Gaona, preocupado se dirigió donde “Emilio” a quien le preguntó si efectivamente Olea tenía algo que ver en el asunto, a lo que “Emilio” le contestó; “no sé de donde ch.. sacaron a ese h..”.

Ricardo Palma Salamanca cuando fue detenido

Barraza denunció que en una visita del abogado de Palma, Adil Bercovic, este le informo a su defendido que era el único detenido en la causa y le instruyo en el sentido de no seguir entregando información, luego de lo cual Palma evidentemente dejo de colaborar.

Según se sostiene, Fieldhouse exigió que el abogado se entrevistara con Palma, argumentando que había sido autorizado por el magistrado a cargo del caso Guzmán, Guillermo Navas, lo que consta en el libro de novedades de esa unidad policial. En ese momento se encontraba en el cuartel, el subcomisario Roberto Ruiz, segundo hombre de Barraza, quien se negó a autorizar la entrevista, ante lo cual Fieldhouse hizo valer su rango. La conversación de Palma con su abogado fue presenciada por Fieldhouse, se encuentra grabada y fue entregada al ministro en visita que instruía la causa.

Tras la Huella Del Chele

Tanto en Investigaciones como en el Gobierno se tenía conocimiento de la existencia del “Chele” mucho antes de que se hiciera público. Se sabía que se trataba no sólo de uno de los fundadores del Frente, sino además de uno de los líderes de la organización con mayores contactos en Cuba.

Lo anterior es ratificado por el ex agente de “La Oficina”, Humberto López Candia, quien señala en su declaración ante el magistrado: “Sólo sabíamos que en Brasil estaban Galvarino Apablaza, Mauricio Hernández Norambuena y el Chele o Juan Gutiérrez Fischmann. De estos yo sólo conocía a Apablaza y Hernandez, del Chele no conocía su identidad, por que en la Oficina no se hablaba de él, sólo se lo mencionaba a veces como el contacto en Cuba”.

Es un hecho que en una reunión realizada en dependencias de la Escuela de Investigaciones, el detective Juan Sarmiento reconoció a Nelson Mery, director de la institución, que había identificado al “Chele” a fines de 1993 y que habría entregado el informe a sus superiores. Tiempo después se filtró la existencia de un documento fechado en mayo de 1992 firmado por el agente “Lorenzo” (subcomisario de investigaciones Juan Sarmiento) dando cuenta de seguimientos, grabaciones y fotos tomadas a Gutiérrez Fischmann, gracias a la importante colaboración de Agdalín Valenzuela, frentista informante de “La Oficina”. Sarmiento declaró conocer al “Chele” el año 1992.

En una entrevista concedida por Sarmiento al diario La Tercera, el 27 de junio de 1997, éste ratifico lo anterior: “Conocí al Chele solo de vista, si colaboro con “La Oficina” lo desconozco. Yo nunca tomé contacto directo con él, ni tampoco en Santiago. Si lo ubique en otros sectores del país. Lo vi, tuve un contacto operativo respecto de esta persona, pero con el sólo propósito de individualizarlo, nada más. Mi misión no era detenerlo, solo individualizarlo. Su identidad la obtuve más tarde. Lo chequee por primera vez en 1992. Hay una minuta en la que sale la diligencia que yo hice con respecto al Chele.”

Sarmiento señaló que fue Marcelo Schilling “en su oficina ubicada en La Moneda” quien lo puso en contacto con Agdalín Valenzuela, al señalarle que debía dirigirse a un “cruce de Arauco”. Puesta en conocimiento de sus jefes, Cancino y Opazo le dieron orden de ir y el viático correspondiente. “Schilling me dijo que Felipe (Agdalin Valenzuela) me iba a dar antecedentes sobre un sujeto que llegaba hasta su casa y tenía un cargo importante dentro de la estructura del FPMR.. Felipe nombró al Chele como el personaje que iría a su casa”.

Sarmiento declaró en el proceso que él no era el agente controlador de “Felipe” sino que lo era Antonio Ramos, quien le daba indicaciones sobre informaciones a conseguir, “le pagaba,- según supo de oídas- y le daba las normas de seguridad”.

En la misma ocasión, el agente “Lorenzo” junto con efectuar estas grabaciones, tomó fotografías al “Chele”, las que posteriormente llegaron a manos de Schilling. Según Investigaciones, el personero de Gobierno las habría pedido para enviarlas a Alemania con el fin de mejorar la calidad de las fotos y de esa forma establecer de mejor forma la identidad del rodriguista. Por supuesto, Investigaciones nunca más supo de las fotos.

Juan Gutiérrez Fischmann, “El Chele”

La minuta a la que refiere Sarmiento fue efectuada en mayo de 1992, cuando Investigaciones fue alertada por “La Oficina” de la presencia del ya mítico dirigente frentista en Curanilahue, hecho que fue confirmado por ocho policías que grabaron sus conversaciones y dos de los cuales viajaron con él en el mismo bus hasta Concepción, donde se les perdió.

El documento siguiente es la minuta textual de aquella operación entregada por el propio agente “Lorenzo” a sus superiores;

Santiago, mayo 19 de 1992.

Se informa a la superioridad de las diligencias realizadas por funcionarios de esta unidad, en la comisión de servicio por los días 15, 16, 17 del presente mes en la localidad de Curanilahue.

Siendo las 21.00 horas del día 14 de los corrientes, ocho funcionarios en dos vehículos marca “Charade” se trasladaron a la localidad de Curanilahue, llegando a ésa aproximadamente a las 09.00 horas del día siguiente. Por acuerdo con el informe realizado con antelación, se tomó contacto por un funcionario “Lorenzo” con “I” de nombre Felipe (Agdalin Valenzuela), el cual se llevó a cabo en la casa de este último a las 11.00 horas. En este encuentro se probó equipos de escucha y se ubicó lugar estratégico para instalar los equipos ante indicados.

En la conversación sostenida con “I”, éste manifestó que hasta su domicilio llegaría un individuo del F.M.R.-A., de nombre político “Chele”, quien en la actualidad ocupa el grado de comandante del grupo subversivo ya mencionado, y que por motivos de seguridad éste no tenía hora de llegada, desconociendo además cuántos días se quedaría y la hora de su partida. En base a lo anterior se inició servicios de punto fijo y de escucha, mediante los cuales se constató que el día sábado 16 del presente siendo las 11.45 horas, llegó Chele hasta el domicilio de “I”.

Con la instalación de los equipos de escucha en el domicilio, se pretendía captar las conversaciones que mantendrían estas dos personas, pero no resultó lo deseado, ya que en las oportunidades que tenía que hablar Chele, éste lo hacía en base a murmullos, lo que impidió captar con claridad su conversación. No obstante, se mantuvo la escucha hasta el día domingo 17 de mayo hasta las 18.30 horas, logrando extractar algunas frases que en estos momentos son analizadas.

Durante los días que Chele permaneció en esa localidad, siempre estuvo acompañado de “I”. No obstante a lo anterior, en tres oportunidades “Lorenzo” tomó contacto con “I” en diferentes días con las medidas de seguridad correspondientes, estableciendo que Chele viajaba de regreso a Santiago el día 17 de mayo, del presente año a las 20.50 horas línea Tur-Bus desde Curanilahue.

Por lo anterior, personal de ésta (DOS) compraron pasajes del mismo recorrido y ubicados inmediatamente después del asiento ocupado por Chele. De esta forma, a la hora indicada anteriormente el bus salió de esa localidad con los funcionarios en el interior, percatándose que el Chele se había subido al bus antes de llegar al terminal de esa localidad y ocupando el asiento N° 39 en circunstancias que había comprado el N° 40.

En el trayecto de Curanilahue a Concepción se subieron dos carabineros de uniforme, quienes no cancelaron el pasaje, por lo anterior ocuparon diferentes asientos desocupados los que les eran solicitados al momento de subir al bus los pasajeros que les correspondía dichos asientos. Por este motivo carabineros se fue cambiando de asientos en forma continua, hasta que en un momento uno de ellos se ubicó al lado del “Chele” e iba de pie, lo que despertó incomodidad al “Chele”, quien en forma continua observaba las reacciones del carabinero hasta llegar al terminal de Concepción donde bajaron dos pasajeros, y al momento de continuar la marcha del bus, el “Chele” bajó en forma apresurada cruzando el terminal, para probablemente tomar un taxi, ya que fue imposible proseguir el seguimiento. Además por las reacciones del “Chele” no era conveniente proseguir. Se hace presente que al momento de bajar del bus, no portaba bolsos lo cual facilitó su propósito. En los momentos que permaneció en Curanilahue, se logró fotografiarlo, cuyos negativos se encuentran revelados.

Se hace presente que en las oportunidades que se tomó contacto con “I”, éste solicitó “CONSIDERACION”, agregando que no se cometieran errores y no existiera la desesperación en el seguimiento ya que si el Chele se percataba su vida y la de su compañera peligraba, agregando que convenía no efectuar seguimiento ya que en los primeros días de junio del presente año tomaría nuevamente contacto en Santiago. Lo anterior por instrucciones del Chele.

Con respecto a la escucha se puede extraer lo siguiente:

“-Que en los momentos del asalto y posterior enfrentamiento con carabineros de los hermanos Hoffman; Chele se encontraba de contención siendo Jefe de Operaciones, logrando eludir a Carabineros, pero agregó que su chaqueta se la había pasado a Alex Muñoz Hoffman.

“-Da a entender que los grupos subversivos Patria Libre; MIR; F.M.R.A y Lautaro están en conversaciones con los mapuches de la zona Sur con el objeto de crear una sola fuerza capaz de desestabilizar al gobierno.

“-Manifiesta una relación de comunicaciones con un tal “Pelao”, “Braulio”, “Ramiro” y de una persona que en estos momentos tiene buena situación económica, agregando que usaba celular, contaba con un auto, pero por problemas que no especificó le indicó al informante que no lo dejara entrar más a su casa.

-En todo momento utilizó la palabra “ahorita” con un acento marcado.

-Lee el diario del día 16 de mayo del año en curso en voz alta comentando que deseaba comprar un jeep para la zona.

-Analiza los sucesos policiales que aparecen en el diario comentando que buscaba una noticia de una propaganda armada, pero al ver que no aparecía se quejaba contra el periódico.

-Analizó los problemas existentes en la zona Norte del país y que los mineros de esa zona serían utilizados para provocar un estallido.

-Se refiere, además, que pidió un préstamo para la compra de una casa, pero con esa plata compró una camioneta. Nuevamente realizó un comentario respecto al “Negro”; “El Pablo” y el “Braulio”, no captando la finalidad de esta conversación, ya que cuando mencionaba cosas importantes baja el tono de voz.

-Menciona que estuvo viviendo en la ciudad de Concepción por espacio de un mes, y que en el año 1985 concurrió a un curso de instrucción de armas sin especificar lugar. Pero agregó que estaba a 120 kilómetros de Concepción cerca de la cordillera.

-Dice que estuvo en el “Barros Luco”, y menciona a una mujer llamada “Javiera”.
Agrega que la chaqueta que tenía Alex Muñoz Hoffman al momento de ser abatido era de su propiedad, y de color azul, pero que el se la había pasado a Pablo Muñoz Hoffman”.

-Habla de la localidad de Chanco, y que el 12-04-1992 fue a cotizar a Fonasa”.

Protegiendo a Los Frentistas

Pese a existir plena claridad respecto de su existencia y su implicancia en el caso Guzmán, “el Chele” nunca tuvo mayores problemas para entrar, permanecer y salir del país. Es evidente pues los organismos policiales tuvieron la oportunidad de detenerlo en Curanilahue, en el camping Colliguay, cuando departía con otros líderes del Frente después del secuestro de Edwards, y nuevamente en Curanilahue cuando fue detenido “Ramiro” y Agdalín Valenzuela (informaciones indican que se encontraba a pocas cuadras del lugar). Además, sus parientes cercanos han confirmado que el frentista pasó la Navidad de 1994 en su casa en el sector oriente de la capital, después de la detención de “Ramiro” y cuando ya su nombre era conocido en esferas policiales. Posteriormente, parlamentarios de la Udi denunciaron que en marzo de 1996, el “Chele” habría abandonado el país con su propia identidad por el paso Puyehue.

Otro indicio de que aparentemente existiría una protección hacia el “Chele” se pudo advertir con motivo de la conferencia de prensa conjunta que da “el Chele” y el “comandante Salvador” a la revista “El Rodriguista”. En esa conferencia, extrañamente todas las acusaciones formuladas por los líderes del Frente van dirigidas contra los principales adversarios de Schilling al interior del gobierno: Jorge Barraza y Belisario Velasco.

En esa ocasión, los máximos líderes del Frente denunciaron que Velasco habría montado una red para infiltrarlos, compuesta entre otros por Lenin Guardia e Iván Carrillo, guardando un curioso silencio respecto de las actividades que en este sentido realizaba “La Oficina”.

Hay más antecedentes que alimentan la tesis de que el “Chele” fue protegido por “La Oficina”. Estos radican en la existencia de información que prueba una relación previa entre Gutiérrez Fischmann y Oscar Carpenter, brazo derecho de Schilling en la Oficina y principal responsable del reclutamiento de informantes.

Carpenter, a comienzos de 1980 y durante su permanencia en Cuba, fue profesor no sólo del “Chele” sino también de Humberto López Candia, otro informante clave de la “Oficina”, en el Departamento de Operaciones Especiales de ese país. Carpenter impartía los cursos de “Métodos Conspirativos” e “Infiltración”.

Es decir, Carpenter conocía perfectamente a Gutiérrez Fischmann, lo que hace probable la existencia de contactos entre ellos durante el período en que funcionó la Oficina, más aún si se piensa que Carpenter era precisamente el encargado de reclutar a los informantes de ese organismo.

En relación a esta situación de aparente protección resulta al menos curiosa la actitud asumida por funcionarios de Investigaciones en relación a las pesquisas mismas y al propio “Chele”. Entre ellos, destaca negativamente por cierto, las conductas imputadas al prefecto de la policía civil Jorge Zambrano. Así por ejemplo, cuando fue detenido el “comandante Ramiro” en Curanilahue, Zambrano participó del interrogatorio y sin embargo en el parte policial no hay constancia alguna de que a Hernández Norambuena le haya consultado el policía por el “Chele”, pese a que ya se sabía de su existencia.

Juan Sarmiento señala que en su calidad de detective integrante del “Grupo Frente” y “Frente 2″, en agosto de 1993, se le ordenó por la superioridad ir a Curanilahue a efectuar la detención de Ramiro (Hernández Norambuena), oponiéndose él a detener a Agdalín, “pero su jefe insistió”.

Después de la detención expuso a su jefe que Ramiro quería “conversar” pero le ordenaron que le entregara al detenido a Zambrano “a quien se le encargaba que procediera al interrogatorio”, sin que por ello, haya podido obtener más antecedentes del “Chele”.

Según consta en el proceso, en junio de 1992, Agdalín Valenzuela entregó a Marcelo Schilling unos vasos con las huellas del “Chele”, obtenidos producto de una operación coordinada entre Agdalín Valenzuela y el prefecto Sarmiento. Estos vasos llegaron finalmente a Zambrano para que los sometiera a pericias dactilares en el Laboratorio de Criminalística de Investigaciones. Sin embargo, estos elementos de prueba junto a una cinta con la grabación de la voz del “Chele”, grabada desde la casa de Valenzuela por un equipo a cargo del subcomisario Juan Sarmiento, nunca más aparecieron.

Luego agrega: “en cuanto a las fotos que me entregó Sarmiento eran como quince, no todas iguales, pues habían fotos tomadas desde diversos puntos, eran en blanco y negro. En cuanto a los negativos, venían dentro de un sobre y no los miré; todo lo entregue a España y puedo agregar que las fotos eran muy malas.

También resulta curiosa la actitud del entonces director de Investigaciones, Nelson Mery, quien retuvo en su poder durante más de un año un vídeo grabado en el camping de Colliguay, entregado por Barraza, y en el cual figuran miembros importantes del Frente que tuvieron participación directa en el crimen del senador Guzmán, entre ellos el “Chele”, “Ramiro” y Ricardo Palma Salamanca.

Asimismo, el subcomisario Jorge Barraza denunció que el 14 de agosto de 1993 se enteró de que “el Chele” estaba en Chile. Cuando logro ubicarlo le informo de la situación a su jefe directo, Haroldo López quien le solicito a Barraza no detenerlo. Frente a esta determinación, Barraza le solicito a López que se lo ordenara por escrito. López no lo hizo y sólo le informó del suceso a Nelson Mery. El “Chele” “alertado por fuentes desconocidas, burló la vigilancia de los agentes de Barraza y huyó.

En declaraciones de Barraza se aclaran detalles de esta anormal situación: “El encargado nacional del FPMR en 1991 y que ordena el asesinato de Jaime Guzmán es Juan Gutiérrez Fischmann, el “Chele”. El es conocido por mucha gente. Sergio Buschmann, dijo que “El Chele” está muerto”. Es cierto que hay un “Chele” que está muerto. El es José Valenzuela Levi, que murió en la operación Albania. Pero en el “Batallón Chile”, en Nicaragua, había dos “Chele”, uno de ellos era Valenzuela, y el otro -Juan Gutiérrez Fischmann- está vivo. Lo que ocurre es que a los rubios en Nicaragua les dicen “Chele”. Yo informé sobre el “Chele” y todo lo demás a las autoridades a través de este documento secreto. Haroldo López me llamó para preguntarme si estaba individualizado el “Chele” y para pedirme el nombre. Le dije que se lo daría si me lo solicitaba por escrito, lo que no hizo. Me preguntó si tenía cómo cazarlo, a lo que respondí que por supuesto que sí. En el parte enviado a López se decía que “Salvador” se encontraba en La Habana, Cuba; que a cargo del FPMR en esos momentos estaba un individuo denominado comandante “Chele”, quien era el responsable de la decisión política de ejecutar al senador Jaime Guzmán Errázuriz. Asimismo, señalaba que el comandante “Chele” estaba emparentado directamente con la inteligencia cubana, ya que estaba casado con la hija de Raúl Castro Ruz, ministro de Defensa del régimen cubano. Y luego yo decía que, por las implicancias políticas e internacionales que esta situación implicaba, solicitaba instrucciones al mando para proceder en consecuencia, en el caso de ser oído. Jamas tuve respuesta”.

Subcomisario Jorge Barraza

El ex jefe de la Brigada de Inteligencia Policial (BIP) Daniel Cancino sostuvo que el ex subcomisario Jorge Barraza “no tuvo el coraje” de detener a la cúpula del FPMR en Colliguay, en 1992, y le endosó la responsabilidad por la fuga de los líderes frentistas, entre ellos “el Chele”; “Lo del “Chele” lo revienta Barraza cuando está ya prácticamente con un pie afuera de la institución. Para mí, no cabe duda de que lo hizo con malos designios, porque pedir autorización para detener, eso no se hace nunca en una investigación. La detención de un sujeto que está metido en delitos, se hace inmediatamente. Las vinculaciones políticas que pueda tener, eso es problema de los políticos, no de Investigaciones. Y no se hizo, me imagino, porque Barraza no lo ubicó y el resto de Investigaciones tampoco lo ubicó. Yo sabía que había un tal “Chele”, pero nada más. Algunos dicen que es criterio policial, pero yo pienso que es ‘el sueño del pibe’ tener a un grupo armado autores del secuestro de Edwards y del asesinato del senador Guzmán. Los tiene prácticamente desnudos, de vacaciones tomando el sol y no los detiene; bueno, dicen que es criterio policial. Yo pienso que allí hubo un error, una crisis de oportunidad. El no tuvo el coraje y la toma de decisión en ese minuto, y no los detuvo. Nosotros detuvimos a “Ramiro”, el número tres), que a él también se le escapó. Otros que se hayan escapado también son responsabilidad de él. Se le escapó mucha gente al señor Barraza”.

La Fuga del 92

Cerca de las 10:15 del sábado 10 de octubre de 1992, un grupo de ocho presos políticos pertenecientes al FPMR intentó fugarse de la ex Penitenciaría de Santiago, en un sangriento episodio que culminó con tres de ellos muertos, tres fugados y dos recapturados.

El escape tuvo como protagonistas a los hermanos Pedro y Patricio Ortiz Montenegro, además de Pablo Muñoz Hoffmann, José Miguel Martínez Alvarado, Mauricio Gómez Lira, Luis Moreno Correa, Francisco Díaz Trujillo, y Manuel Venegas Messina.

Según investigaciones posteriores a la fuga, esta se habría planificado con un año de anticipación. Con sus propios esfuerzos y amistades los frentistas fueron resolviendo los medios y la infraestructura que necesitaban para dicha operación, tal cual lo recuerda un ex militante que participó en ella desde el inicio de la planificación, pero que por motivos ajenos a su voluntad no integró la fuga. Este añade que ese día, muy temprano, estaban en la celda de los hermanos Ortíz revisando los últimos detalles del escape, cuando Mauricio Gómez Lira rompió la formalidad haciendo mención a un compañero que debería haber estado, pero que había sido trasladado a otra prisión. “Este huevón va a quedar loco cuando se entere”, señaló festivamente a los demás frentistas.

El plan del escape era bastante simple. Semanas antes, los presos habían pedido a sus amigos y familiares que les llevaran maderas para hacer trabajos manuales. De esta forma habían convertido en rutina acceder al sector aledaño a la puerta de visitas, donde se acopiaba la madera en unas bodegas. Por eso, no extrañó a los guardias que se dirigieran a esa área el día de la fuga. Allí sólo había un mesón con tres gendarmes desarmados que chequeaban a las visitas que ingresaban al penal. El único obstáculo que los separaba de la calle era un último gendarme armado que custodiaba el portón de acceso para los visitantes.

Los presos contaban con dos revólveres, probablemente ingresados desarmados y por partes. El posterior sumario de Gendarmería planteó sospechas acerca de la participación de un guardia en la internación de las armas. Según algunos datos, éstas efectivamente fueron ingresadas por gendarmes de tendencia socialista. Los revólveres eran de escaso poder, pero suficientes para reducir silenciosamente a los gendarmes del mesón. No obstante, la única forma de eliminar al guardia de la puerta era abrir fuego en su contra.

Pedro Ortiz Montenegro, jefe de la fuga

Esa mañana, tal como lo habían planificado, partieron desde la calle número 5 de la penitenciaría a buscar unas cargas de madera que sus familiares les habían enviado el día anterior como parte del plan que los acercaría a la puerta de salida.Tras cruzar los sectores conocidos como cuarta reja y el patio de las palmeras, camino hacia la cocina redujeron al gendarme que los acompañaba y se dirigieron hacia el portón de la entrada de las visitas, a escasos quince metros.

Cuando ya tenían reducido a los vigilantes de la entrada que da hacia Pedro Montt, Pedro Ortiz -jefe de la operación- neutralizó con un tiro en el hombro al gendarme ubicado en la torre 8 del segundo piso, quien ya se había percatado de la salida de cuatro de los frentistas.

Según el testimonio de Manuel Venegas, uno de los fugados, en declaraciones formuladas al diario El Siglo del 24 de octubre de 1992, el grupo le ordenó a este último guardia que se rindiera, pero éste no acató y le dispararon. Esos tiros pusieron en alerta al resto de los centinelas y a los carabineros y detectives que estaban en el exterior.

Cuando cruzan la última puerta, las sensaciones eran encontradas, según comentó posteriormente Francisco Díaz Trujillo -otro de los fugados- a un amigo. La alegría y las ansias de libertad se contrapusieron en ese momento con la sorpresa, ya que no esperaban en la puerta misma del recinto la presencia de un vehículo de Carabineros que supuestamente traía detenidos a los juzgados. Todos dispararon contra el furgón y se inició una balacera que dejó a varios carabineros heridos.

Los gendarmes reaccionaron rápidamente y salieron con armamento pesado a la captura de los evadidos, quienes repelían el acoso con un débil y escaso poder de fuego. A la cacería se había sumado la policía de Investigaciones y Carabineros.

Esta inusitada rapidez y presencia de otras policías es la que permite afirmar que la institución sabía de la evasión gracias al infiltramiento de “La Oficina”, la cual era digitada desde el Ministerio del Interior por Marcelo Schilling. Hasta ese día, la preparación de los vigilantes frente a este tipo de eventos era muy precaria, no poseían avanzados grupos de análisis e inteligencia, intelectualmente no eran muy dotados y militarmente estaban fuera de forma porque nunca los sacaban a disparar, tal como lo recuerda un gendarme. Sólo en 1992 habían comenzado a perfeccionarse con el traslado de los presos políticos a los tribunales y fiscalías militares, luego que el grupo Lautaro rescatara a Ariel Antonioletti desde el hospital Sótero del Río, donde fueron ajusticiados varios gendarmes.

Los primeros antecedentes indican que Pedro Ortíz quedo herido en la avenida Pedro Montt. Su hermano Patricio, al ver está situación, se devuelve a buscarlo, pero es alcanzado por una ráfaga de gendarmería. Ambos caen al piso y posteriormente son rematados. Según la versión que Patricio entregó después a la justicia, ambos fueron rodeados por gendarmes, quienes les dispararon a pesar de las señales de rendición de Patricio. Pedro murió allí mismo, con 13 balazos. Patricio recibió uno en la pierna y otro en la cabeza y se hizo el muerto.

-Matamos a los Ortiz!, eran los gritos de alegría de los vigilantes, según recuerda Patricio.

Los taparon con una lona y el herido permaneció inmóvil hasta que se percató de que había funcionarios policiales y no sólo gendarmes. Entonces dio señales de vida. Un detective le tomó los signos vitales y pidió una ambulancia, pese a que los gendarmes querían rematarlo, según la versión de su abogado.

Patricio Ortiz Montenegro

Por su parte, José Miguel Martínez y Mauricio Gómez Lira trataban de huir a toda prisa hacia el poniente por calle Pedro Montt, pero las policías les venían pillando los talones. Desesperados, saltaron al antejardín de una casa ubicada en calle Beaucheff 1943, pero ya no tenían nada que hacer: estaban cercados. Los vecinos del sector recuerdan que ante su inminente captura ambos pedían a gritos la presencia de sus abogados y de la prensa. Cuando llegaron los gendarmes, los balearon en el antejardín del inmueble, donde fallecieron, a pesar de que dieron claras señales de rendirse.

Mauricio Gómez Lira

José Miguel Martínez

A Francisco Díaz Trujillo, se le vio por última vez confundido entre un grupo de la policía de investigaciones, pero disparándole -parapetado en un árbol en las afueras de la fiscalía militar- a los gendarmes que acosaban a Martínez y a Gómez Lira. Después tomó un taxi y se perdió en el gran Santiago.

En tanto, Luis Moreno, para salvar la situación, utilizó toda su capacidad histriónica y se agregó como uno más en la fila de las visitas, lo que le permitió mimetizarse con un grupo de ellos, tomar una micro y trasladarse hacia una población del sector oriente de Santiago, donde supo del fatal desenlace de tres de sus compañeros de fuga.

Luis Moreno Correa

Pablo Muñoz huyó hacia el parque O’Higgins pero su intento no prosperó, por lo que se refugió en el inmueble de calle Juan Yarur Nº 1978. El dueño de casa, Rigoberto Valenzuela, relató que el frentista entró pidiendo que lo protegieran porque lo iban a matar. Segundos después llegaron los gendarmes, quienes abrieron fuego indiscriminadamente, a pesar de que los residentes les advirtieron que habían menores en la casa. Sacaron de la cocina a Muñoz “ileso” y que a golpes y culatazos lo llevaron a un furgón de gendarmería que estaba en la esquina. Al subirlo al vehículo, un gendarme le disparó una ráfaga, hiriéndolo en la espalda y en un glúteo. Según el testimonio del frentista, incluido en un escrito presentado por sus abogados; “sólo la intervención de un carabinero que participaba en el operativo detiene al gendarme y me salva la vida”.

Casa en que se refugió Pablo Muñoz

En tanto, Manuel Venegas tuvo mejor suerte y se encontró con un compañero que lo esperaba en los alrededores. Juntos se apoderaron de un auto, en medio de una feroz balacera. Se dirigieron hacia el sector de Estación Central, donde abandonaron el auto. Venegas huyó herido con una bala que le rozó la cabeza.

La Mano del Gobierno

Aunque durante todo este tiempo el hecho fue encarado como un asunto netamente policial, diversos testimonios indican que ese escape formó parte de una operación de inteligencia. Los indicios apuntan a que el plan de los presos no sólo era previamente manejado por la “Oficina”, sino también por los organismos de inteligencia de carabineros e investigaciones. El intento de evasión pudo ser perfectamente evitado, pero la información se manejó a espaldas de las autoridades de gendarmería, dirigida entonces por el abogado Isidro Solís, cuyos efectivos fueron expuestos al fuego de los subversivos.

La historia de la fuga comenzó a tejerse en mayo de 1992. Entonces, el agente de la “Oficina”, Humberto López Candia, usó su fachada de militante subversivo para visitar en la ex Penitenciaría al mirista Carlos Saavedra. Su objetivo era enterarse de cuánto sabía el Mapu- Lautaro sobre la “Oficina”, ya que recientemente ese grupo había asesinado a un informante del gobierno: el mirista Domingo Sarmiento. Las visitas que realizó le permitieron conocer a Pedro Ortiz Montenegro, por intermedio de Saavedra y de otro amigo común, también preso, Dante Ramírez.

Según la versión de López, en las conversaciones que sostuvo con todos ellos se enteró de que los presos fraguaban un plan de fuga, información que traspasó inmediatamente a su superior en la “Oficina”, Oscar Carpenter.

Durante meses, López fue recabando más antecedentes acerca de la fuga, los que igualmente entregó a sus jefes de la “Oficina”. Tuvo la certeza de que el plan se llevaría a efecto cuando, en una visita a Pedro Ortiz, éste le dijo que el escape se materializaría en octubre y le pidió que le avisara a Dante Ramírez, quien ya había salido en libertad, para que ayudara a los evadidos en caso de que fuese necesario. Incluso, asegura López, Ortiz le entregó un número de teléfono para que Ramírez estableciera contacto con los fugados.

López sostiene que ese número se lo entregó a quien entonces sólo conocía como Pablo Andrés y que ahora ha sido identificado como Enrique Villanueva Molina, quien hasta 1992 era miembro de la dirección nacional del FPMR. En la versión de López, Pablo Andrés fue designado por Carpenter para investigar la fuga y él fue destinado a otras tareas, aunque se mantuvo al tanto de lo que ocurría en la penitenciaría por intermedio de Dante Ramírez.

Después de ocurrido el intento de escape, López asegura que conoció informes y testimonios acerca de que la “Oficina” no sólo recabó información sobre la fuga, sino que intentó ejecutar una operación de inteligencia a través de ella.

La idea era incluir entre los evadidos a presos que eran informantes para que se reinsertaran en el FPMR y operaran como infiltrados. Para ello, asegura el ex agente, el organismo de gobierno incluso habría facilitado apoyo logístico a los fugados. Este consistía, según López, en ingresar las armas cortas que usaron los presos durante el escape, disponer autos y choferes para su huida y casas de seguridad donde mantenerlos.

Personeros de Gendarmería que en 1992 investigaron ampliamente la fuga, confirman que el Ministerio del Interior -del cual dependía la “Oficina”- supo con antelación que los presos planificaban el escape. De acuerdo con esta versión, después del intento de evasión, dos presos políticos cayeron bajo las sospechas de sus camaradas. Uno de ellos, Fernando Moreno Vega, tenía que salir con el grupo que intentaría obtener la libertad, pero, a último minuto, desistió.

Según dirigentes de organizaciones vinculadas a los presos políticos, tras ser fuertemente presionado por sus compañeros, Moreno Vega les confesó que era informante de la “Oficina” y que había filtrado los planes de escape a las autoridades. La violenta reacción de sus compañeros, que lo agredieron físicamente, obligó a que se le separara junto al segundo sospechoso, cuya identidad no pudo ser establecida con precisión.

Ya aislados, fueron interrogados por gendarmes, quienes los amenazaron con devolverlos a la galería de los presos políticos si no confesaban todo lo que sabían. Entonces, uno de ellos les dijo que desde hacía varios años era informante de la Dipolcar, entonces dirigida por el general Sergio Lütjens Ciangarotti, quien estaba al tanto de los planes de escape.

En todo caso, el eventual conocimiento que carabineros tuvo de la fuga explicaría uno de los detalles más extraños y que durante años no tuvo respuestas satisfactorias: la inusual presencia -un día sábado- de un bus y de un furgón de carabineros estacionados frente a la ex Penitenciaría, a unos cincuenta metros al oriente de la puerta por donde se efectuó el escape, dirección en la que debían correr la mayoría de los presos de acuerdo al plan que tenían.

Lütjens no recuerda que un bus policial haya estado en ese lugar, pero sí la presencia del furgón que, según cree, se encontraba haciendo trámites en los juzgados que se ubican al frente de la Penitenciaría.

A su vez, el ex detective de Investigaciones, Jesús Silva, confirmó que la policía civil estaba en antecedentes de que “algo grave ocurriría ese sábado en la Penitenciaría”. Según su versión, el día anterior fueron acuartelados en grado 1 -solteros y casados- los efectivos de la 1a. y 2a. comisarías de la Prefectura Investigadora de Asaltos, PRIA, donde él estaba destacado. Sólo en la madrugada del sábado 10 les informaron exactamente que se trataba de una fuga de presos políticos, relata Silva. Sus órdenes eran copar con efectivos y patrulleras sin distintivos policiales el sector y no intervenir a menos que se vieran afectados directamente por un enfrentamiento.

Personeros de gendarmería señalan que la violenta respuesta se debió a que los presos intentaron escaparse disparando a un guardia. En los “códigos no escritos” de gendarmería se estipula que una fuga cruenta debe tener una respuesta del mismo calibre, como una forma de enviar una señal de amedrentamiento para que otros reos no intenten acciones similares. Además, el guardia que fue blanco de Pedro Ortiz quedó completamente choqueado y en la persecución de los presos descargó su arma sin medir las consecuencias contra aquellos que tuvo a tiro, antes de desmayarse.

Antecedentes posteriores revelaron que en la calle los frentistas eran esperados por tres vehículos. Un taxi ubicado casi frente a la puerta de visitas, un auto particular que estaba estacionado en el bandejón central a la altura de la puerta principal del penal y otro auto ubicado a unos 100 metros al oriente.

Los dos primeros vehículos, según la versión de López Candia, eran manejados por la “Oficina”. El tercero correspondía a un grupo de amigos del preso Gómez Lira, quienes estaban armados y venían a rescatarlo por cuenta propia.

Dirigentes de izquierda reconocen que la fuga no fue apoyada logísticamente por el FPMR ni por otros grupos subversivos. Por lo mismo, estas fuentes consideran plausible la versión de López, ya que los fugados recurrieron a amistades y familiares, más permeables a la infiltración del gobierno o las policías. De hecho, un amigo de los fugados esperaba fuera del penal con armas, pero al iniciarse el tiroteo se atemorizó y huyó del lugar. De los que debían llegar hasta el taxi sólo lo logro Venegas Messina, quien finalmente escapó. López Candia lo sindica como informante de la “Oficina”, sospechas que también tienen los ex presos políticos.

Según López, tras la fuga Venegas se refugió en una casa de seguridad que pertenecía a otra informante, Cecilia Bravo, la “Patty”. Al parecer, Patricio Ortiz también debía escapar en el taxi, pero al ver a su hermano Pedro herido en el bandejón central de la calle se devolvió. El resto de los presos corrió hacia los dos autos que estaban en dirección oriente. Pero fueron intimidados por la presencia del bus y el furgón policial, que les cortaban el paso. Los que alcanzaron a llegar al auto particular que López asegura que era de la “Oficina”, se encontraron con que éste no tenía chofer ni llaves. El único que se atrevió a cruzar frente a los carabineros fue Luis Moreno Torres, quien abordó el vehículo tripulado por los amigos de Gómez Lira. Comprendiendo que el plan había fracasado, éstos huyeron sin intentar rescatar a Gómez.

López Candia asegura que meses después le preguntó a Carpenter qué había pasado con el plan de infiltrar al FPMR por medio de la fuga. Su respuesta, señala, fue que el proyecto falló porque Pablo Andrés había cometido errores. Posteriormente, López supo que uno de los evadidos se encontraba en Antofagasta -Moreno Torres cayó después en esa ciudad- y le comunicó esos antecedentes a Pablo Andrés. Este le dijo: “Déjalos. Si ya se fueron, que sigan fuera”.

Los Comandantes Llegan al Sur

La octava región nunca fue ajena a la acción del FPMR. De esto se tenía constancia ya desde mediados de los ochentas, cuando el Frente había intentado fallidamente asentar focos guerrilleros en los sectores precordilleranos y había participado de acercamientos con la lucha de los pueblos mapuches.

Para la opinión pública un hecho ocurrido el 23 de octubre de 1986 prácticamente había pasado inadvertido, pero encerraba mucho más de lo que se supo. Ese día la policia desbarató la formación de una fuerza de guerrillas, luego de detener en Los Angeles a Ernesto Zamorano Díaz, militante del Frente instalado en la provincia de Biobío, quien se dedicaba a realizar periódicas inspecciones de terrenos aptos para la lucha irregular. La aprehensión se produjo en la zona cordillerana de Rañenhueno. Luego se supo que era parte de un plan del FPMR iniciado dos años antes para desplegar un programa de ataques y retiradas rápidas. Zamorano había efectuado tareas similares en Temuco y Talca. En Biobío, inspeccionó sectores cordilleranos como Antuco, Laguna El Laja y Polcura, tras lo cual determinó que Rañenhueno era el sitio ideal para una “escuela de guerrillas”. Encabezó un grupo de militantes que construyó varios “tatoos”, en los cuales se depositaron vestuarios, sacos de dormir, carpas, medicamentos y explosivos. En este caso existió incluso una operación en marcha para constituir el llamado “Frente Leftraru” (nombre original de Lautaro), un referente dedicado al trabajo guerrillero en zonas mapuches.

La zona tambien fue testigo durante muchos años del gran apoyo popular que el FPMR encontraban entre los mineros, en las comunas de Lota, Coronel y Curanilahue, en la provincia de Arauco.

Tras la muerte de Raúl Pellegrín y Cecilia Magni en Los Queñes, el Fpmr-Autónomo entró en una espiral de falta de conducción. La policía desarticuló las bases de apoyo existentes en Rancagua y Talca. Concepción estaba acéfalo. Se retiraron muchos militantes, y los autónomos activos en la octava región no superaban el medio centenar. Carabineros tambien asestó duros golpes a la estructura del FPMR en Chillán, cuando en 1989 detuvo a sus jefes de zonales más importantes.

A principios de los 90 el FPMR hizo una “recogida” de armas, dejando olvidados algunos M-16 que cada cierto tiempo han ido apareciendo. Incluso, cabe recordar que el ex informante de “La Oficina”, Humberto López Candia, denunció en una entrevista con la revista “Qué Pasa” que en 1992 él, junto a un agente de la BIP de Investigaciones y un ex militar, ubicaron, tras recibir antecedentes, un arsenal del FPMR que contenía decenas de M-16 cerca de Contulmo, pero que recibieron instrucciones de parte del mando de la policía civil en orden a dejar allí las armas, pues se adujo que el momento político era complicado.

Como consecuencia la zona nunca dejó de estar bajo el ojo de los organismos de inteligencia, especialmente después de que, en Santiago, algunos frentistas luego de ser detenidos confesaran haber sido sometidos a adiestramiento en algunos puntos de la región. Sobre la base de esta información, en varias oportunidades se buscó la presencia de otros campos de adiestramiento guerrillero, sin que nunca se los encontrara.

Por ello no resulta extraño que la actividad frentista en la región se viera incrementada años más tarde con la presencia de los propios cabecillas del movimiento, ya que entre 1992 y 1995, el “comandante Salvador” tuvo un misterioso paso por la zona junto a otros líderes de la organización, como Juan Gutiérrez Fischmann, “el Chele”, y Mauricio Hernández Norambuena, el “comandante Ramiro”.

De hecho, informes de inteligencia habrían establecido que en esa época “Salvador” estuvo viviendo junto a su conviviente en un domicilio de la población Los Lobos, en Talcahuano, mientras que “el Chele” permanecía oculto en una casa del exclusivo sector de Pedro de Valdivia, en Concepción.

Pero esta renovada actividad perseguía un objetivo mayor. Luego del asesinato de Jaime Guzmán, la cúpula del FPMR se habría trasladado a Argentina desde donde, a mediados de 1993, varios jefes frentistas regresaron clandestinamente a Chile con la supuesta intención de crear las Fuerzas Armadas Rodriguistas (FAR), el último intento serio del grupo por subvertir al país, eligiendo como base de operaciones la zona de Curanilahue, en la provincia de Arauco.

Para dar base al proyecto los comandantes habían determinado instalar en la zona una serie de empresas de fachada que les permitieran desenvolverse sin levantar sospechas y poder además incorporar nuev

La Oficina

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del  “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico.

 

Dos semanas después de la muerte del senador Jaime Guzmán, el gobierno anunció la creación del Consejo de Seguridad Pública, una instancia destinada a recopilar información para desbaratar a los grupos subversivos. Conocida como “La Oficina”, esta repartición aprovechó la descomposición interna que vivía el FPMR para cimentar su éxito.

Encabezada por Jorge Burgos, y con fondos reservados del ministerio del Interior, su misión incluía la coordinación de la policía civil y uniformada en materia de información. Por ley, estaba fuera de las facultades de “La Oficina” la realización de labores operativas o en terreno.

Pese a esto, muy luego sus hombres traspasaron estas restricciones. Por instrucciones de su secretario ejecutivo, el socialista Marcelo Schilling -su verdadero jefe-, el organismo abrió una oficina paralela en la calle Huérfanos. Se montó una red ilegal de más de 30 informantes pagados que infiltró e hizo tambalear no solo al FPMR, sino a muchos otros grupos de extrema izquierda.

Uno de esos informantes, Humberto López Candia, había logrado infiltrarse desde hacia mucho tiempo en el FPMR, y las informaciones que entrego servirían en gran parte a desmantelar la organización frentista. Según López Candia, lo propio hicieron los demás ex subversivos que colaboraban con el organismo, entre quienes estaban los socialistas Oscar Carpenter, Antonio Ramos, y los frentistas Agdalín Valenzuela y Enrique Villanueva Molina, el “comandante Eduardo”.

Oscar Carpenter Enrique Villanueva Molina

En 1997 López Candia concedió una entrevista a la revista “Que Pasa”, donde reveló inéditos detalles de esta trama gubernamental para acabar con el FPMR. El siguiente es un extracto de aquella entrevista.

Humberto López Candia

El “Chele” y Las Relaciones con el FPMR

Cuando estuve en la cárcel y hasta 1990, por el hecho de ser miembro de la organización de los presos y de la coordinadora nacional, tenía contacto con las cúpulas de los presos y con las organizaciones que nos apoyaban. Eso me permitió mantener buenas relaciones con la mayoría de los dirigentes del FPMR que estaban alli. Por el tipo de relación que llevábamos se generó confianza mutua. Después cuando salí seguí manteniendo contacto personal con gente fugada de la cárcel publica en 1990, gente que estaba en Chile, a modo de conversación nada más. Fueron encuentros esporádicos.

Cuando comencé a trabajar en la “Oficina”, mi primer trabajo operativo fue hacia un grupo nuevo del MIR, pero cuando se desarticuló nos dedicamos todos al Frente, porque el sector militar estaba ganando terreno y había realizado varias acciones que permitían pensar que el FPMR tenía una organización fuerte en lo militar y que no pensaban bajar su accionar, sino todo lo contrario. No era un trabajo incoherente.

Mi jefe directo en la Oficina era Oscar Carpenter. A el lo conocí a principios de los ochenta, durante mi estadía en Cuba, donde Carpenter dictaba cursos de Inteligencia en el área de Guerra Sicológica. En esos cursos participaban, además de chilenos, muchas personas de otras nacionalidades. El les hizo clases, entre otros, a Ignacio Recaredo Valenzuela y Mauricio Arenas Bejas -dos jefes del FPMR-, y en una de las charlas que dictó, tambien estuvo Juan Gutiérrez Fischmann, el “Chele”. A este último lo conocían bastantes chilenos. Era él quien efectuaba ciertos contactos con la oficialidad cubana para tratar algún problema. Le decían con familiaridad “Maco,” (segundo nombre del “Chele”).

En una oportunidad un socialista de apellido Naveas, que estaba a cargo del Destacamento Cinco de Abril (brazo armado de los socialistas), hizo mención respecto de que “el Coronel” -como le decían a Carpenter- le había hecho clases específicas a Gutiérrez Fischmann. Es más, para el día del plebiscito de 1988 fueron detenidos dos miembros del Destacamento Cinco de Abril, Pedro Fuentes y otro de apellido Caro, que iban en un auto cargados con armas. Cuando llegaron a la Cárcel Pública, donde yo estaba recluido, hablaron sobre el “Coronel” (Carpenter) y transmitieron recados del “Maco” (el “Chele”) a Mauricio Arenas y Manuel Ubilla, comandantes del FPMR, y mencionaron que Carpenter estuvo con el “Chele”. Entonces sé que desde esa época Carpenter conocía el verdadero nombre del ” Chele”, pues mantenían relaciones oficiales. A ese nivel las relaciones no son meramente formales.

El “Chele” no usaba chapa en Cuba. Era y es un hombre conocido en todas las esteras de poder. El padre del “Chele” fue un héroe revolucionario, combatió con el Che Guevara. En Bolivia también es conocido. Hay que considerar, además, que el “Chele” estaba conectado a la familia Castro -fue casado con una hija de Raúl- y se recurría a él para solucionar ciertos problemas que se presentaban con algunos chilenos que tendían a confundir sus funciones en la Isla. Hay otros personeros que fueron del MIR y que ahora son socialistas que también conocieron al “Chele”, como Carlos Ominami y Roberto Moreno. Por supuesto que lo van a negar.

Nosotros en la Oficina manejabamos información del Chele desde el año 92. Se sabía que era parte de la dirección nacional FPMR y que su chapa era “Diego”. El nombre de “Chele” comenzó después. Lo manejaba la BIP. Juan Sarmiento, “Lorenzo”, empezó a averiguar por todos lados quién era el Chele. Respecto a la chapa solo se sabía que “Diego” era Juan Gutiérrez Fischmann. También hay que recordar que el “Chele” se separó de la hija de Raúl, pero no de la familia Castro. Además, se emparentó con una mujer relacionada directamente con el entonces presidente de Argentina, Raúl Alfonsín. Esto le permitió al “Chele” conseguir espacios para montar en el país trasandino una gigantesca red de apoyo y retaguardia para el FPMR. Los argentinos lo han permitido conscientemente, porque tienen grandes objetivos en mente, en términos regionales, y en algún momento el tener subversivos extranjeros en su territorio puede ser útil.

El “Chele”, en efecto, conoce a Carpenter y a Antonio Ramos, y no solamente por su relación familiar con Raúl Castro, sino por funciones que cumplió como oficial de inteligencia. El “Chele” fue enlace del G2, el aparato de inteligencia cubano que realiza operaciones de servicio exterior. Siempre he pensado que si el gobierno hubiera detenido a Gutiérrez Fischmann, más de alguna complicación habría tenido no sólo con el gobierno cubano, sino con toda la comunidad de inteligencia que se armó en La Habana y que está esparcida por Latinoamérica.

En tanto yo seguí infiltrándome en el FPMR, aprovechando que tenía casi un vínculo de militante, sobre todo con la estructura que estaba a cargo de “El Rodriguista”, revista de difusión del FPMR. Era un agente que debía asimilarse como militante, tenía que ser eficiente en eso para poder llegar a influir. Comencé a participar en reuniones y tenía derecho a opinar y decidir sobre algunos temas.Como la publicación era irregular, se discutió fuertemente en hacer una revista masiva y no sólo para la militancia. Una de las posturas más fuertes era masificarla, llevarla a las universidades y a las poblaciones.

En ese momento ya se había desarrollado en plenitud la operación “Capa y Espada”. Habían asesinado a Fontaine y al “Wally” (El ex agente de la CNI, Roberto Fuentes Morrison), cosas que fueron bien recibidas hasta por el gobierno y los organismos de derechos humanos, quienes hicieron una condena tibia de los asesinatos. Lo que enredó el tema fue el asesinato de Guzmán, momento a partir del cual se volcó con fuerza la idea de bajarle el perfil al Frente de convencer a sus militantes de que la política que practicaban era errada.

El caso Edwards también trajo consecuencias internas dentro de los frentistas por lo prolongado del secuestro y la inexperiencia de algunos miembros. Eso lo aprovecho el gobierno para meter la cuña en el Frente, para bajarle la moral, provocar desconfianza.

Durante toda mi trayectoria tuve contactos con “Salvador” (Galvarino Apablaza) y “El Chele”. A “Ramiro” (Mauricio Hernández Norambuena) no lo conocí. Tambien conocí al “comandante “Carlos” (Iván Erices), quien estaba encargado de Santiago. A Maritza Jara y algunos combatientes que conocía por chapa. Y, por supuesto, al comandante “Eduardo”, Enrique Villanueva, pero de eso me entere recién cuando salió su foto en la prensa y me di cuenta que era el agente de la “Oficina” a quien yo conocía por “Pablo Andrés Lira”.

A Galvarino Apablaza lo conocí a principios de la década de los 80, cuando el todavía era del PC y trabajaba ligado al Pedagógico. Había salido un par de veces fuera del país. Manteníamos una relación fluida, óptima, pero no éramos amigos. Lo veía a veces muy débil, manejado, manipulado, pero muy convencido de sus ideas y con vocación de educarse y prepararse. Tuvo una buena preparación en el Pedagógico. Me lo reencontré en el 90, en un encuentro donde se trataron temas de masas, de vincular al Frente al trabajo público. Según Apablaza, militarmente el FPMR podía accionar hasta cierto punto, pero era un error insistir en forma indefinida en esa área. Lo que había que hacer era replegar las fuerzas y revitalizar el Frente en las organizaciones de masas, especialmente en las poblaciones y en los estudiantes. Ya se había intentado con la Juventud Patriótica.

En el fondo, la idea era que el Frente trabajara sin darse a conocer como tal, sino con cuadros que se destacaran en la lucha social. La idea era recabar espacios y en el momento dado reconvertir esa fuerza hacia un proceso de lucha armada o bien que esos espacios ganados sean zona de repliegue para los combatientes con problemas. Eso lo captó “Carlos” principalmente, que es el que comenzó a desarrollar esta idea a nivel poblacional y universitario, sobre todo en el Pedagógico y USACH. Poblacionalmente, trabajó en todo lo que es Peñalolén Alto, Lo Hermida, Santa Adriana y Lo Prado. Paralelamente, los combatientes se negaban a participar en esas organizaciones. No sabían como trabajar en ellas. Algunos se integraron, pero usando técnicas clandestinas. Eso implicó que perdieran juntas de vecinos. Ganaron 2 y perdieron como 8, porque no iban a las reuniones.

Los comandantes además vivían con muchas comodidades. Apablaza, por ejemplo, la última vez que supe de él vivía en el mejor barrio de Buenos Aires -algo así como Las Condes de acá-, en una casa cara, con un sueldo muy bueno y dirigiendo una empresa de ediciones o publicaciones. El mismo “Ramiro” vivía en el sector alto de Santiago. “El Chele” se alojaba en los mejores hoteles o arrendaba casas en buenos sectores. La dirección del FPMR justificaba todos estos gastos por motivos de seguridad. Los comandantes andaban en buenos autos y se relacionaban con gente bien, lo cual les permitía tener acceso a información importante. Es claro que la rutina Edwards se consiguió a ese nivel. El hecho de ser clandestinos les permitió moverse en esos medios con facilidad. De todos los comandantes del FPMR sólo dos o tres son conocidos. El resto no se sabe quienes son. Eso es una gran ventaja para el Frente y una desventaja para el gobierno.

Apablaza siempre fue el hombre que redactaba o diseñaba la línea política dentro del FPMR. Por eso se opuso a la muerte de Guzmán. Este trabajo le daba ventajas sobre el resto. Además, tenia una estrecha relación con “El Chele”. Incluso cuando Raúl Pellegrín, “José Miguel”, era el número uno del Frente, muchos de los diseños políticos fueron de Apablaza. Pellegrín tenía todo su empeño en la Guerra Patriótica Nacional (GPN). Quería que prendiera en los sectores populares, pero murió en el inicio del proyecto.Pellegrín no tenía tiempo para diseñar otro tipo de cosas.

Además, el FPMR autónomo tuvo que aprender todo de cero, porque cuando se organizaron como estructura, la mayoría de sus combatientes eran formados en el área militar,porque el área política estaba en manos del PC. Por eso el Frente no tenía cuadros políticos, salvo aquellos hombres de confianza que, tras el quiebre de 1987, volvieron al PC. Esto provocó que debieran aprender el trabajo social desde cero. Por eso buscaron apoyo en el MIR, que tenia experiencia en el área social.

La pugna en terreno era fuerte con el PC, que disputaba palmo a palmo el trabajo con el Frente Autónomo. También, tras la separación, hubo problemas con autos, casas de seguridad e incluso se llegó a enfrentamientos armados para recuperar armamento.Esto último obligó a que interviniera el comité central del PC para hablar con la base y evitar esos conflictos, que podía ser peligrosos.

Eso validó la posición de Apablaza, quien era el hombre más político. “El Chele” estaba más con los cubanos en tareas de inteligencia y no en la organización ni en las masas. “Ramiro” estaba en la de él, en lo militar. Finalmente, no sé como se eligió. Sólo sé que apareció Apablaza encabezando al FPMR.

Influyó la muerte de Pellegrín y de Cecilia Magni, quien lo secundaba con fuerza. Ella era uno de los cuadros más admirado, querido y respetado dentro del Frente. Eso porque trató bien a la gente que trabajó con ella. Hablaba con ellos, escuchaba sus problemas y trataba de solucionárselos.
A diferencia de otros jefes del FPMR, que sólo discutían una operación, ella se daba tiempo para conversar con la gente. Esto la hacía una buena jefa, porque podía detectar los problemas que podrían tener los cuadros para ejecutar tales operaciones y los dejaba fuera si era necesario. Lo otro era que ella participaba en las operaciones, salvo en el atentado a Pinochet donde los encargados le dijeron específicamente que no fuera, aunque participó en su organización. En cambio, a pesar de la admiración que existía hacia Pellegrín, también había críticas, especialmente porque no estaba con los militantes. Se escudaba en sus medidas de seguridad. Si bien era receptivo a los problemas, no los solucionaba y, a veces, no participaba en las acciones.

Esa característica, de actuar en las operaciones, fue un elemento que hizo que “Ramiro” fuera muy valorado por las bases. El se aseguraba que se hiciera la misión. No sólo organizaba y entregaba misiones, sino que iba y dejaba para sí una parte importante de la operación. En la práctica, “Ramiro” era quien dirigía el Frente en ese tiempo, era el que tema la fuerza. Nadie lo cuestionaba. Él podía levantar al FPMR si así lo deseaba. Eso lo volvió bastante peligroso para el sistema en general.

En tanto yo seguí militando en todo lo que era el frente de masas, publicaciones, propaganda, boletines y todo ese tipo de cosas. A veces escribía algunas cosas, sobre ciertas pautas daba alguna opinión. Además, “El Rodriguista” era toda una cosa engorrosa de hacer. Algunas ideas no se concretaban nunca, segura saliendo igual. Por ejemplo, la idea de sacarlo a las poblaciones nunca prosperó.

Con “Carlos” trabajé más. Fue a través de él que pude contactar a otras personas de la organización. “Carlos” me presentó a “Fabiola”(Adriana Mendoza Candia), que era una comandante del FPMR, y ella a “Vladimir”. “Fabiola” era su chapa, se trataba de una mujer de 30 y tantos años, no muy alta, bien parecida, bastante parca en el tratamiento. Comenzamos a tratar de rearmar la idea de que “El Rodriguista” llegara a las universidades y a las poblaciones. En un momento, no recuerdo cuando, se hizo una reunión con “Carlos” y quienes trabajaban en difusión, con un encargado del trabajo territorial. En ese tiempo, ya había sido detenido un grupo del Frente del sector de Lo Hermida y desarticulado la estructura principal del Destacamento Patriótico Raúl Pellegrín (DPRP). Se trabajaba entonces, de forma intensiva, detener el resto del DPRP que había realizado un par de homicidios. Se va cruzando todo este trabajo.

En un momento estoy cerca de Rodrigo Saa Gerbier -líder del DPRP-, no lo conozco pero estaba cerca, porque estudia sociología en la universidad ARCIS. Él aparecía en los listados de la universidad y se estrecharon los cercos. A esas alturas, Saa Garbier, estaba siendo acusado por el FPMR de ser un informante y su situación era bastante complicada. En ese periodo él organizó el rescate de la Maritza Jara -frentista detenida por el secuestro de Cristian Edwards- para demostrar que no colaboraba con el gobierno.

Eran meses de mucha tensión, porque había acusaciones del Frente contra el DPRP y ellos operaban para demostrar que no era así: pusieron una bomba en la tumba de Guzmán, asaltaron un local comercial,mataron al gendarme en calle Amengual, botaron una torre de alta tensión, entre
otras acciones.

Había un informante que se acercó a nosotros, que era de la zona sur oriente también, pero no recuerdo el nombre. Había información relativa al DPRP que apareció por el lado de Raúl Cárdenas -”El Mata”, ex Frentista que participó en el plan “Iniciativa para la Paz”-, que la ostenta a través de un par de personas de La Victoria. Yo tenía un nexo directo que no era informante ni nada, sino un militante al que manejaba. Este había participado en un asalto a una casa de cambio. Se llamaba Dante Ramirez, pero “Horacio” era su nombre político. Participó además, en el atentado a un funcionario de Gendarmería. Sin embargo, nunca se intentó detener, a pesar de que se sabía quien era, su nombre completo y donde estaba. Este cabro siguió funcionando. Después pasó a la clandestinidad absoluta cuando salió condenado a cinco años y un día, por el asalto a la casa de cambios. Esa estructura armada continuó funcionando, incluso, después que cayó José Rodrigo Saa Garbier, líder del DPRP. Nunca fue reprimida. El resto de la dirigencia del DPRP nunca fue detenido. No sé que pasó con ellos.

En cuanto al “comandante Carlos” el siempre estaba a la vista de la “Oficina”. No sé por qué no lo detuvieron. No había interés. De hecho, “Pablo Andrés” fue a verificar las reuniones para verlo físicamente. Incluso, en una oportunidad Carpenter le planteó que le sacara fotos, porque lo de “Carlos” había pasado a ser de manejo interno. Entonces fijamos un “punto” y nos juntamos con “Carlos” en Lyon con 11 de Septiembre. “Pablo Andrés” estaba al frente, en diagonal, en una especie de plaza sobresaliente. El lugar era muy adecuado para hacer el trabajo fotográfico. Sin embargo, no tomó las fotos. Después dijo que no había podido, que estaba muy visible. En ese entonces Carlos debia tener alrederdor de 35 años.Entonces por ende debió conocer a Pablo Andrés, porque “Carlos” viene de la fundación del Frente. Además, era un hombre que se movía a niveles altos. Usaba también el nombre de “Víctor” y le decían “El Mesías”, porque se movía en el santuario de Schoenstatt que queda en el paradero 14 de Vicuña Mackenna. “Carlos” había sido seminarista.De hecho, hacíamos reuniones en el santuario. Incluso, en uno de esos encuentros participó “El Chele”.

Nos reunimos para ver el perfil de “El Rodriguista”. Esto fue en 1993. Fueron dos reuniones, de las cuales sólo a la primera llegó “El Chele”. Esos
encuentros fueron filmados por Investigaciones. De hecho, vi el video y se podía identificar a todos la gente. Participaron todos los mandos frentistas del área sur de Santiago, las jefaturas que correspondían al trabajo de masas, difusión y propaganda. Ese era el tema en discusión. Había una consulta nacional del Frente, donde entre otros temas, se abordó cómo se debía dar a conocer las políticas del FPMR. Había una serie de iniciativas que nunca habían prendido, como la de hacer una serie de papelografos -tipo afiches- que difundieran la política del Frente en cosas de contingencia; cambiar el formato de “El Rodriguista” para hacerlo menos caro, como “El Siglo”, y así pudiera llegar a las poblaciones.

La reunión se hizo en una especie de sala. Habían como unas aulas que estaban habilitadas para 15 o 20 personas, eran tres salas. Había una sobresaliente, un kiosco y luego el santuario mismo. Había una entrada de estacionamiento. Hicimos un alto, pues fue una reunión muy larga, de tres horas más o menos. Fuimos a comprar al kiosco. Salió “Carlos” y saludó a todos, la mujer del kiosco lo conocía y lo saludó muy amablemente. En esa saliente, que es como una especie de calle muy abierta con unos escaños alrededor, estabamos todos visibles. Estaban “Guillermo”, el “Negro” que tenía que ver con Peñalolén, “El Chele”, “Fabiola” y otra gente que no me acuerdo. En el encuentro se recogieron todo tipo de opiniones. En un momento dije que la Guerra Patriótica Nacional (GPN) fracasó el día en que no prosperó la operación de Los Queñes. Fue el único minuto en que se alteró “Diego” (“El Chele”). Dijo con mucha fuerza que eso no era así, que fue un retroceso, que fue una mala táctica, pero que la GPN era la estrategia definitiva del FPMR, que sobre eso se iba a flotar, que el resto eran posiciones claudicantes. Casi nadie coincidía con lo que yo había dicho, todos estaban condicionados conque la GPN era la única posibilidad que había en Chile. En eso consistió la reunión.

A la semana después, me mostraron el video. Aparecía yo, incluso cuando vamos llegando, porque la entrada al santuario era una calle bastante larga. Fue filmado todo el ingreso. Estaban completamente identificados
físicamente. La “Oficina” e Investigaciones sabían que iba ir gente de la dirección del Frente, sabían que no era una reunión más de la masa, era de la dirigencia. Se sabía que por lo menos “El Chele” iba a estar. “Carlos” me avisó antes que llevara una postura “clarita”, de masificar “El Rodriguista”, quedé clasificado en la oposición a la lucha armada, pero técnicamente estaban definidos quienes estaban ahí, quienes eran importantes. Ahora no sé que pasó. Pregunté si acaso había quedado registrado todo. Carpenter no me supo dar explicaciones. Carpenter, a veces, era muy evasivo. Y cuando se ponía así yo no insistía más. Si empiezas a preguntar mucho, comienzas a volverte incómodo, y en este trabajo uno debe ser lo menos conflictivo posible.

En los actos masivos que hacia el Frente la concurrencia era de todos los servicios policiales. En los que eran mas privados, que se hacían en teatros, las organizaciones tomaban mayores medidas de seguridad. Por ejemplo, el aniversario del FPMR que se hizo en el Teatro Cariola, en 1993, fue un acto muy político del Frente donde asistió gente que estaba clandestina. Entonces, se tomaron medidas mucho más estrictas como no permitir el acceso de cámaras fotográficas ni cintas grabadoras. Sólo se permitió el acceso de la televisión por dos minutos, para que hicieran un paneo, una vista del escenario y nada más. Y para todo lo que era la seguridad misma, había que tener a militantes que tuvieran condiciones para eso. Pero igual se puede vulnerar.

“Carlos” me solicitó que me hiciera parte de ese acto, que apoyara la
seguridad. Me permitió coordinarlo con Lorena Astorga. Ella estaba haciendo cabeza de lo que era la organización del acto, de tal manera que me puse en contacto con ella y le expliqué la función que iba a asumir. Tomé ciertas medidas, entre ellas, hacer un tipo de credenciales para un grueso de personas que iban a ir, para que se pudieran identificar rápidamente. La gente que las iba a entregar estableció previamente los “puntos” donde las darían. Eso permitió que asistieran algunos funcionarios de inteligencia de Investigaciones, además de personal de la “Oficina”. Fuimos “Pablo Andrés” y yo. De inteligencia policial iría el detective Jesús Silva, no estoy seguro si fue o no, pero estaba nominado. Juan Sarmiento también asistió y Zambrano envió gente, pero no sé si fue él. Por lo menos no lo vi. Pero sé que fue gente y sabemos que fueron de otros servicios.

La gente del Frente sabía que afuera habían elementos apostados, en alguna parte, tratando de tomar fotografías, de registrar gente, a pesar de todas las medidas de seguridad que se tomaron. De todas maneras, a ese acto asistieron: “Carlos”, quien se hizo muy visible en todo minuto -visible para quienes lo conocemos-; y “Fabiola”. No sé si habían otros dirigentes, porque existía mucha reserva. Pero no creo que asistieran otros.

El Asentamiento Zonal

Para esas fechas el Frente tenia un plan llamado “asentamiento zonal” que era una idea antigua recogida por varias organizaciones. Consistía que cuando había repliegues por derrotas tácticas, los grupos tendían a recomponer sus fuerzas acumulando en “frío”.

La experiencia inicial la desarrollo la Organización Revolucionaria Pueblo en Armas de Guatemala. Ellos trabajaron siete años insertándose en comunidades indígenas y campesinas. Allí desarrollaron actividad política e insertaron sus cuadros combativos y políticos. Después llego el momento en que estaba afiatada la organización y hubo un desarrollo ideológico en todos los sectores populares y de masas que iban a participar o cooperar en el proceso. Esto lo repitió Sendero Luminoso en Perú, al igual que otras organizaciones latinoamericanas.

El FPMR estaba muy identificado y estimulado por la situación de los zapatistas mexicanos, quienes también tuvieron un proceso similar.Entonces el Frente, ante la inviabilidad de operar en términos armados inmediatamente después de la transición, recogió la experiencia interna de repliegue que existía y envió todos los cuadros, militantes y combatientes hacia una zona especifica de la Octava Región.

Este sector fue elegido por razones históricas, porque había una extensión de la base social de apoyo muy instintiva, que se daba por inercia, en Curanilahue, Lota y Coronel. Además, es una zona altamente explosiva por los problemas sociales, el descontento estaba como a la mano y se podía trabajar muy bien. La región permitía que elementos de la dirección del FPMR se pudieran replegar sin mayores dificultades de seguridad.

Para llevar a cabo el proyecto, el Frente invirtió mas de US$ 2,5 millones para construir microempresas, lo cual era una idea más acabada, que no se había dado en otras experiencias similares. En este proceso estaba contemplado trasladar las unidades o a las personas en forma individual para que formaran las unidades allá. Que convivieran allá y trabajando dentro de las microempresas. Esto les permitió sobrevivir, pero también quedaban a la mano ante la posibilidad de un levantamiento, pues era gente ya radicada en la zona.

El hecho de vivir allí, los legitimaba ante las sociedades y grupos. Por lo tanto, su actividad era absolutamente normal y podían vivir la doble función: operar en forma guerrillera y como ciudadanos tranquilos y corrientes. Esta forma de trabajo evitarla tener que transplantar cuadros operativos a regiones o sectores que no conocían.

Por ejemplo, el ultimo intento guerrillero serio se realizó en Neltume y fue un rotundo fracaso. Los militantes que participaron ahí ni siquiera conocían la zona, algunos se habían ubicado por el plano de Turistel, de verdad, no tenían idea. No sabían como era el clima y no estaban acondicionados a éste; no conocían el lenguaje ni los códigos ni los valores ni la forma de vida de la gente. Y eso se aprende a través de un desarrollo lento, pero bastante seguro en ese campo.

Se desconocía cuanta gente del FPMR estaba en la zona,pero se calculaba que había 500 militantes insertados. Nadie sabe quienes son. Están asimilados dentro de la sociedad y puede que nunca sean activados.

El Caso Guzmán

Respecto al plan del Frente para matar a Guzmán yo me enteré un mes antes, en marzo de 1991. Según la información que manejábamos, en un momento dado, todo estaba previsto para asesinar al entonces también senador Sergio Onofre Jarpa, pero lo descartaron y se decidieron por Guzmán.

Esto nos llegó a través de un frentista muy joven, que conocíamos como “Vladimir”, estudiante de Arte en la U. de Chile. El se conmocionó al enterarse que el objetivo era Guzmán. No sé cómo el obtuvo la información. Pero “Arturo” envió los antecedentes al Ministerio del Interior. Allá evaluaron que la información era poco seria, un “bluff”.

“Arturo” me dijo que estaba abrumado y no sabía qué hacer. Cuando vi a “Arturo” tan abatido, supe que el asunto era muy serio. Recuerdo que éste manejó una fecha que era el 30 de marzo y que lo harían coincidir con el “Día del Joven Combatiente”. “Arturo”, incluso, llamó en forma anónima al 133 y al 134. Obviamente no lo tomaron en cuenta. Tampoco quiso ir a la policía directamente, porque lo más probable era que lo detuvieran o no le creyeran, pues no podía respaldar la información. Cuando el 30 de marzo no paso nada, también creí que era una falsa alarma. Pero al día siguiente lo mataron.

La Dipolcar comunicó al gobierno lo que sabía sobre la materia. Eso es de
conocimiento público. Acompañó a esa minuta, panfletos del FPMR donde aparecía Guzmán marcado con una X. Y el gobierno no hizo nada. Dicen que le avisaron a Guzmán, y que este se despreocupó. Si aquí no se trata de andar avisando. Lo que hay que hacer es prevenir. Pudieron ponerle escolta visible. Se pudo haber filtrado a la prensa el plan, haber dicho que un frentista arrepentido le dio aviso a la policía. Hay muchas variables.

Luego de eso hubo mucha consternación al interior del Frente, había gente que nunca supo lo que se iba a hacer. La preocupación que tenían era que eso podía quebrar al Frente.

Se hicieron un par de reuniones donde ellos decidieron reivindicar la muerte de Guzmán. Había que justificar el asesinato como un hecho político, aunque no estaban de acuerdo. Era complicado explicarlo a la gente que rechazaba el asesinato. Eso preocupaba al Frente, porque se estaban quedando sin apoyo social. De un momento, donde fueron aplaudidos por algunos crímenes, pasó a lo de Guzmán que fue caótico. Se pensó, incluso, que la gente buscara un culpable que no fuera el FPMR, como la DINE. En definitiva tuvieron que reivindicarlo por las presiones del equipo militar que lo ejecutó, quienes no estaban dispuestos que su acción fuera salpicada de dudas y que se la adjudicara a otro grupo.

Su líder, Galvarino Apablaza estaba en minoría, entonces se decidió trabajar una entrevista. No se hicieron preguntas directas. La idea era explicar que había sido una ejecución, porque Guzmán era responsable de apoyar incondicionalmente al régimen militar. Además, el asesinato se argumentó en que Guzmán defendió con fuerza la pena de muerte cuando había varios militantes del FPMR que podían ser condenados a la pena capital. Eran solo justificaciones, porque Guzmán pudo no haber dado nunca ese discurso donde defendía la pena de muerte y lo habrían asesinado igual. La decisión no fue política, sino militar e impuesta por “Ramiro”.

En Investigaciones en ese momento tenían una gran confusión ante el fenómeno de la ultra izquierda. No manejaban el lenguaje, ni los nuevos conceptos del terrorismo.Priorizaban el resultado inmediato por sobre el de inteligencia. Eran capaces de transformar una evidencia circunstancial en prueba concluyente, como lo hicieron con Sergio Olea Gaona, a quien inculparon erróneamente en el atentado a Guzmán, y de paso arrastraron a todo el mundo en ese absurdo.

Lo de Olea Gaona no fue un asunto que se le ocurriera a la “Oficina”. Esto apareció de la mano del funcionario de la policía de Investigaciones Juan Fieldhouse, que era el enlace entre la JIPOL y la “Oficina”. En tiempo récord llegó con pruebas que inculpaban a Gaona. Y el entonces director de la “Oficina”, Jorge Burgos, siguió con el cuento incluso cuando ya sabía que este hombre no tenía nada que ver. Todos sabían que no estaba involucrado.

Respecto a Olea Gaona solo podíamos pensar que, a lo más, podía haber entregado algún vehículo para el FPMR. Aunque esto era inusual de parte del Frente, porque tenía gente para ello y plata para comprar. No era usual, además, que pidieran a algún ladrón de autos que colaborara. En el perfil de la gente que venía operando, por ser tan cerrada, no encajaba pedir esto a un delincuente común.

Cuando le consultamos a Agdalín Valenzuela solo dijo que Olea Gaona no tenia nada que ver. “Vladimir”, “Maximiliano” y el resto de la gente que conocía del FPMR también decían que no. Incluso cuando conversé con Galvarino Apablaza se mató de la risa: “que sigan investigando, que pierdan el tiempo, mientras no nos toquen a nosotros, bien”. A Apablaza lo vi por última vez varios meses después de la muerte de Guzmán, cuando estuvo acá.

En cuanto al Chele se ha dicho que era informante de la oficina. Yo sostengo que el “Chele” no fue ni es un informante de la “Oficina”. Su relación esté dada en otro ámbito. Creo que simplemente la “Oficina” no lo detuvo para no complicarse con una potencia extranjera, pues no lo vieron como un comandante del FPMR, sino como un miembro de las fuerzas cubanas. Además, detenerlo y acusarlo del asesinato de Jaime Guzmán y otros hechos, habría implicado reconocer que existían agentes cubanos operando en Chile y que funcionarios del gobierno chileno, de un área tan delicada como la Seguridad Pública, fueron formados como agentes de inteligencia en Cuba. No hubo voluntad de detenerlo a el y a la cúpula del Frente, porque el escenario era muy complejo.

Los cubanos quedaron muy descolocados con la muerte de Guzmán y le transmitieron al “Chele” que se le cerrarían los cupos para las escuelas a los frentistas, porque Cuba necesitaba imperiosamente restablecer relaciones con Chile. Y en estos intercambios de mensajes participó el “Chele” como negociador y apaciguador.

La falta de voluntad esta expresada en que el gobierno no ha hecho nada por buscar a los líderes del frentismo y cuando los han tenido a mano se han presentado siempre situaciones poco claras que no han permitido capturarlos con éxito. Pero lo más notable o palpable es que sabiendo donde están en el exterior, no han hecho nada por buscarlos.

El Caso Edwards

Con el caso del secuestro de Cristian Edwards hubo información más acabada y se llegó hasta hacer seguimientos. Incluso, la “Oficina” tenía un informante dentro del grupo del FPMR que operó. Era de apellido Velásquez y le tocó vigilar a Edwards los primeros meses. También teníamos información de “Vladimir”, quien estaba enterado de lo que estaba pasando.

El desconocia que entregaba información a la oficina, me la entregaba de frentista a frentista. De hecho, en un momento dado estuve a punto de ir a custodiar a Edwards cuando el grupo entró en crisis. Velásquez estaba al interior con Ricardo Palma Salamanca y se arrancó por una ventana cuando vio que la situación se venía negra, porque se discutía la posibilidad de matar a Edwards. Velásquez salió e informó de todo a la “Oficina”. A partir de allí se comenzó a saber con exactitud donde estaba Edwards.

A través de “Vladimir” nos enterábamos de cómo funcionaba el asunto al interior del grupo operativo del FPMR. Después el Frente sancionó a Velásquez. Incluso a él se le acuso de haber aportado información al gobierno. Pero Palma Salamanca también se fue, porque vió que la situación era poco manejable, y eso confundió la situación.

El FPMR estaba cruzado entre matar a Edwards o esperar hasta el final, porque el objetivo no era militar sino económico. El problema era que mucha gente no podía salir de la casa, por el riesgo de que contara algo.

El seguimiento que hizo la “Oficina” fue bastante cercano. De hecho, cuando Liberan a Edwards se detuvo rápidamente a la gente de la casa donde lo tenían secuestrado. Se conocía al equipo que operó allí.No se actuó por expresa petición de la familia Edwards, porque se ponía en riesgo la vida de él, a pesar de que se estaba en condiciones de operar, ya que las posibilidades de que saliera herido eran mínimas.

La opinión de la “Oficina” era que se interviniera, pero por decisión política no se actuó. De hecho en la familia de Edwards estaban dispuestos a pagar de inmediato el rescate de USS 5 millones, pero fue el gobierno quien los convenció de posponer el pago para agotar a los secuestradores. Al final pagaron sólo US$ 1,5 millones.

Se sabia que los del grupo que mataron a Guzman no sólo participaron en ese crimen sino que también en el de Fontaine. Además, en el atentado contra los marines en la cancha del béisbol del Estadio Nacional; el homicidio del “Wally” (Roberto Fuentes Morrison); y en el crimen del médico de la CNI Carlos Hernán Pérez Castro y su señora (Ana Luisa Shleger Casanueva). Era el mismo equipo. Allí se foguearon muchos. Se sabía que a este equipo había que golpearlos. No puedo aventurar que pasó en el caso de Colliguay, lo que también fue muy extraño.

En ese momento la “Oficina” manejaba mucha información del caso y la aportó, pero por celos Investigaciones no operó tal como se solicitaba. Como el caso de Dante Ramírez, que estaba identificado y ubicado, pero Investigaciones no lo detuvo.

En eso nos encontramos con Maria Luz Trautmann. Ella apareció requerida por el Ministerio del Interior por el secuestro de Edwards. En buena parte del trabajo hecho por la “Oficina” aparecía ella, pero no de la unidad donde estaba yo. Apareció su foto y nombre en el diario La Segunda. Ella se enteró cuando llegó a su casa, en la Reina Alta. Salieron a encontrarla y le dijeron que se fuera. Y eso hizo. Tuvo una participación importante en el secuestro, porque era en su casa donde se reunió el “Chele”, “Ramiro” y la gente que trabajó en la operación. Además de prestar su casa, ella arrendó vehículos.

Ella era militante y trabajó siempre en el área de inteligencia primero en el PC y después en el Frente. Tenía buenos nexos a nivel diplomático. Estuvo casada con un candidato a la presidencia de Venezuela. Su objetivo final era irse a Venezuela. Aportaba mucha información del ámbito donde se movía. Cuando ella se refugió, la “Oficina” no sabía dónde estaba.

A la semana después, el comandante “Carlos” me pidió si podía activar algunas casas de seguridad, que las necesitaba para una hermana que estaba con problemas y que había que “guardarla” por unos meses. Le dije que tenía una casa en calle Portugal con dos subterráneos y que se podía habilitar el primero para que se quedara allí. La mujer del dueño de casa, que era ayudista, estaba embarazada, lo que permitía armar toda una leyenda para que la ayudara. Entonces “Carlos” decidió que me la traspasaría. Luego, informé a Carpenter de esta situación.

Yo no sabía en ese momento de quien se trataba. Hicimos un recorrido previo, antes que me la entregaran en un subterráneo de un supermercado del sector alto. “Carlos” fue con un sombrero de ala ancha.
Además, el también era de clase alta y su vestimenta se veía normal. Había que hacerle unas señas del vehículo en el que ella andaba, un Mercedes Benz de color azul metálico. Nosotros andábamos en una camioneta Luv blanca. Subimos al supermercado, compramos algunas cosas y bajamos. El Mercedes Benz ya había llegado, entonces nos entregaron a la Trautmann. “Carlos” andaba armado con una mini uzi. Ella se subió en la parte posterior de la camioneta y la llevábamos a la casa.

Ella mantenía correspondencia con “Carlos” y el “Chele”, principalmente
con este último. Yo le abría la correspondencia y la fotocopiaba. En las cartas ella insistía en que la sacaran. Comenzaba a echar de menos a sus hijas y su pareja. “Carlos” me pasaba dinero para sus gastos. Trautmann empezó a trabajar para los dueños de la casa, lo que era complicado, porque ella era profesora, muy refinada, aunque un poco hipie y tenía que servir de empleada. No había forma de revertir eso.

Yo también insistí a la gente del Frente que había que sacar a la mujer. En eso pasó como una semana. Ella me insistía que su participación era mínima -la veía muy indefensa-, que no tenía importancia dentro del todo de la operación.

Al final, como a la semana, le conté a Carpenter que me habían entregado a la Trautmann.Le informé que estaba en mi poder y la forma en que llegó. Carpenter me recriminó un poco porque no le había informado antes. Él quería estar bien seguro primero antes de alertar. Le conté que la situación de ella era bastante precaria en términos de que, al parecer, no la iban a respaldar, porque le estaban dilatando mucho su salida. De hecho, no había una actuación muy decidida del FPMR para sacarle del país. Lo que ella pedía era una forma de salir, por lo menos, hasta Argentina y de ahí a Venezuela, que era donde tenía familiares y donde tenía a su ex esposo. Tenía mucha gente conocida. Carpenter opta por que sigamos esperando y recabar información, sobre todo a través de la correspondencia que intercambiaban con el “Chele”.

Al tiempo Zambrano y un equipo de la BIP se apostaron en una vivienda que estaba diagonal a la casa. La casa donde estaba la Trautmann se ubicaba justo en una esquina. Por la misma calle Portugal, cerca de avenida Malta, la BIP copó un segundo piso, donde había algo como un taller. Ellos lo tomaron con una orden, no sé si de algún tribunal o de quien. Y empezaron a filmar constantemente.

Cada cierto tiempo, yo revisaba los videos, para marcar si había llegado alguien importante. Una vez se alertaron mucho, porque un sábado llegó un auto rojo, moderno, casi en la madrugada de un sábado y bajaron cuatro tipos, medios sospechosos, con unos bultos. Pero resultó que eran unos músicos que iban a tocar ahí, que no tenían ni una relación con nadie. Estuvieron toda la noche tocando. En todo caso, la Trautmann lo pasó bien ese día, compartiendo con los músicos.

Pero pasaba el tiempo y no había respuesta del Frente para sus inquietudes. La Trautmann estaba muy inquieta. Le mandaban cartas de vuelta diciéndole que tuviera paciencia, que le iban hacer un pasaporte, que las cosas eran lentas, que las comunicaciones eran muy lentas y que no podían hacerse de un tiempo para otro. Le mandaban textos de
estudios, de economía, proyectos de estudios, incluso le mandaron hacer algunos trabajos para el FPMR. Entiendo que uno de ellos fue para la revista “El Rodriguista”, era algo en el plano económico, muy básico. Ella tenía mucho manejo en esa área.

Entonces llegó un momento en que la BIP decidió operar por cuenta propia e iba a detener a la Trautmann. Iban a tomar por asalto la casa. Obviamente que informaron de esa situación a la ”Oficina”. Entonces comenzó a generarse un clima de mucha tensión porque la “Oficina” no quería que fuera detenida todavía. Estaba evaluando la situación de ella, a lo mejor era preferible dejarla dando vueltas, que arribara alguien como el propio “Chele”, quien era el objetivo en ese minuto. Además, detenerla allí significaba detener a toda la familia que vivía en esa casa y acusarlos de encubridores. La idea iba a complicar todo, pues también me iban a tener que mencionar a mí, porque yo la había llevado. Pero Investigaciones no tenía ningún interés en tapar ese asunto, querían detenerla ahora, rápidamente. Querían hacerlo a toda costa. Entonces comenzaron las discusiones por arriba, en el Ministerio del Interior creo que hubo una discusión muy fuerte.

Mientras se resolvía eso, Carpenter me dijo que la sacara, que la trasladara de casa. Yo había revisado los videos y venían contados por fecha, hora, hasta los segundos. Había una hora entre las 5 y las 6 de la mañana en que no había ningún registro, es decir, siempre el video se saltaba de las cuatro a las seis, generalmente, entre las cinco o seis. Entonces decidí moverla en ese horario.

Hablé con ella esa misma noche. Le dije que había problemas con la seguridad y que había que salir de la casa. Ella se asustó mucho. Le ordené que tomara lo que tenía a mano nada más -un bolsito artesanal- y que nos íbamos a ir en la madrugada. Me conseguí una camioneta por otro lado y le dije al dueño de casa que él manejara.

Por otra parte, amarré con una amiga de ella, Paloma, para conseguirnos otro vehículo y llevarla en primera instancia a la casa de una de las hijas de la Trautmann, mientras se buscaba otro domicilio. Paloma era una
amiga adulta, casi de la misma edad que la Trautmann, y tenía un restaurante en el centro, el cual estaba financiado por el Frente. De hecho, Paloma también era frentista.

A las cinco de la mañana salimos, para evitar la posibilidad de que estuvieran los policías observando. Saltamos el muro de atrás de la casa donde había un local de venta de gas. De ahí saltamos el muro de otra casa y por esta salimos por el costado de un muro. Entonces, tuvimos que saltar hacia la calle entre las dos conjunciones de los techos. Fue muy complicada la salida, pero a ella le pareció bastante emocionante huir de esa forma. La BIP no se dio cuenta de nada, siguieron vigilando hasta el día siguiente.

Entonces la llevé donde una de sus hijas, Fernanda. Con ella tenía una relación muy estrecha. Ahí le perdí la pista. Fernanda me dijo que la llevaron a la casa de un amigo, pero que ese departamento también podía ser conocido, porque era del hijo y se suponía que estaba chequeado.

Un día nos juntamos con Fernanda en el metro y le dije que íbamos a tomar contactos más distanciados, y que si tenía un lugar donde llevarla o me era posible sacarla del país le iba a avisar. Entonces dejamos un par de números de teléfonos para comunicarnos. En la tarde de ese día detienen a la Trautmann.

Resultó ser que Fernanda estaba con seguimiento. De hecho, en el informe de la BIP estaba registrado el encuentro conmigo, el cual decía que se reunió con sujeto de tales características.

Luego en su declaración ante la policia la Trautmann dijo que había un Humberto que la había ayudado. Claro que no salió en el parte, me mencionó en el extrajudicial. Yo me desentendí del tema.

Carpenter observó el interrogatorio a la Trautmann. Ella se mantuvo siempre en lo mismo, que le arrendó un auto a un amigo y que no sabían lo que iban hacer.Pero según Carpenter, después ella habría colaborado bastante con la policía, y que eso habría significado que estuviera solamente tres meses presa. Al salir, la Trautmann se integro a participar activamente en la ODEP, con Lorena Astorga.

Luego me enteré como cayó “el negro” Palma Salamanca. Se nos comentó en la “Oficina” que cayó a traves de una hermana. Ella asistía a unas sesiones de salud mental en el Fasic y en una de las consultas le comentó a su siquiatra que estaba preocupada por el hermano, porque este había
participado en la muerte de Guzmán. Ella lo había notado alterado y estaba muy asustada. Quería saber qué hacer.

Resultó que la siquiatra era pareja de Lenin Guardia, a quien le contó lo del “Negro” Palma. Así, finalmente, Guardia le llevo la información a Belisario Velasco y se iniciaron las acciones para detener a Palma. De hecho, el “Negro” se encontraba clandestino y la hermana, a través de esa convivencia con la siquiatra, se le hizo un chequeo hasta llegar a él. Fue detenido en la calle con un amigo.

Agdalín Valenzuela Marquez

Mi primer contacto con Agdalin Valenzuela se gestó porque las informaciones que nos traia “Pablo Andrés” desde Curanilahue eran muy vagas y a veces pasaba algún tiempo y no entregaba nada. Hasta que Carpenter decidió verificar en terreno lo que pasaba. En ese momento, comencé a viajar para allá.

Levanté un plano de Curanilahue y de los alrededores, establecí algunos “puntos”, algunas inversiones que estaba haciendo el FPMR, dos o tres casas en las cuales se estaba moviendo Agdalín y que no correspondían a lo que había entregado a “Pablo”. Él informó una sola casa en la cual hacia su actividad y recibía a la gente. Además de una serie de datos que estaban inexactos. Se suponía que esa labor la debía hacer “Pablo”. Después de eso, nos reunimos con Agdalín, en Concepción.

Yo antes solo sabía de él, nada más. Sé que apareció con “Pablo”, nada más. No me acuerdo cómo se le llamaba en la “Oficina”, parece que “El Turco”. Yo y Pablo Andrés nos reunimos con él -en Concepción- y me pareció un hombre muy forzado a entregar la información.

Pablo Andrés no sabia que yo le realizaba controles a Agdalin. Eso era absolutamente reservado entre Carpenter y yo. Esa vez “Pablo” me pidió que lo acompañara. Había que presionar a Agdalín, porque estaba muy reticente.

En un momento dado, Agdalín dijo que el acuerdo al que había llegado era entregar información sólo sobre los jefes del FPMR y no de las bases. Lo mismo con lo de las inversiones. Sabíamos sobre una fábrica de baldosas, una maderera, una recauchadora, un taller mecánico y una apicultura que era de Agdalín.

Había una información muy preocupante sobre una inversión del FPMR en un aserradero con tecnología de punta en la zona, la Colorada o el Colorado, que tenía capitales finlandeses, pero nunca se pudo comprobar.

Agdalín se veía errático, reticente, medio forzado, no era el típico informante, que siempre está muy ávido de entregar información. La sensación que me quedó al conocerlo era que estaba siendo extorsionado, que entregaba información para que lo dejaran en paz.

Al parecer, también entró en contacto con Juan Sarmiento, “Lorenzo”, quien instaló micrófonos en la casa de Agdalín cuando recibió al “Chele” y también, aparentemente, al jefe máximo del FPMR, Galvarino Apablaza, y al comandante “Ramiro”, Mauricio Hernández Norambuena. “Ramiro” y Agdalín eran amigos de Valparaíso.

Agdalín en un momento nos dijo, para que lo dejaran tranquilo, que había un barretín con fusiles M-16 camino a Contulmo e hizo un mapita. Él dijo que eran 62 fusiles, pero que dos se los había dejado. “¿Para que?”, le preguntamos. “Por si acaso”, nos respondió, sin dar una explicación razonable. Después de esa reunión, no me junté nunca más con él, solo lo vi.

Cuando nos toco verificar el barretin primero realicé una inspección ocular solo, filmé el terreno e hice un plano. En una segunda oportunidad, coordinados por “Pablo Andrés”, debía concurrir con un efectivo de Inteligencia de Investigaciones, que sería Juan Sarmiento, quien usaba el nombre de “Lorenzo”. Por alguna razón no fue y nos endosó a Guillermo Toledo, que era de Inteligencia de la Brigada de Asaltos. Él nos acompañó y esto apareció como una misión antinarcóticos, a modo de cobertura y
para desinformar a Zambrano.

Hicimos un vuelo en un avión institucional. Salimos de Cerrillos y fui acompañado de Juan Manuel López Totoricahuena, al que solicité cooperación porque era un hombre entusiasta y tenía manejo en terrenos difíciles, era un buen seguidor de huellas. Con él rastreamos la zona y encontramos un barretín de donde habían movido las armas, dos o tres cajas. Sacamos fotos. Toledo fue como ministro de fe. Hicimos un rastreo muy profundo, nos metimos en un terreno muy pantanoso. Encontramos unas piedras marcadas con cruces rojas.

Metimos una especie de fierro y nos topamos con algo blando como plástico. Topamos con algo, a los 30 ó 40 centímetros, y dimos cuenta de eso no más, porque no llevábamos herramientas y el terreno era muy arcilloso. Toledo se comunicó con la brigada en Santiago, pidió personal y autorización para allanar el predio.Nos respondieron que no se tocara el asunto, que lo dejáramos y que más tarde se vería. Nos fuimos, porque no se podía hacer nada más.

Parece que después sacaron los “fierros”. Agdalín informó que los habían trasladado a Cañete. No sé por qué no fueron requisados. En un momento, “Pablo Andrés” dijo que era porque Agdalín podía quedar al descubierto. Agdalín entregó esa información antes de que fuera detenido con “Ramiro”.

Cayeron juntos en Curanilahue, pero Agdalín salió libre a los pocos días, lo que despertó las sospechas del FPMR. Y el rastreo del barretín lo hicimos después de que Agdalín fue liberado, por eso “Pablo Andrés” decía que podía complicarlo que se descubrieran las armas.

Luego de ser detenido, en lo de su liberacion hubo una situación de absoluta anormalidad, porque se suponía que Agdalín no debía ser detenido. Había instrucciones muy precisas. En ese momento estaban
“Ramiro” y el “Chele” en la zona y tenían que ser detenidos, esa era la orden.

Las instrucciones indicaban que “Ramiro” andaba en una camioneta que había dejado en Lota y que Agdalín lo sacaria de Curanilahue en un jeep y lo llevarla hasta Lota. Allí lo dejaría y entonces “Ramiro” debía ser detenido. Estaba chequeado y controlado todo. Sin embargo, por una razón que nunca se ha explicado, detuvieron a los dos. Eso fue el 5 de agosto de 1993. Ambos estaban armados. Entiendo que después solo apareció un arma.

Eso trajo un remezón, generó un conflicto mayor, ya que se estaba en la disyuntiva de dejar preso a Agdalín con el riesgo de que entregara información que había dado a la “Oficina” o que diera otras a Investigaciones. La alternativa era sacarlo rápido. Carpenter y “Pablo” fueron a la brigada, creo que a Colina, a conversar con Agdalín y él pidió que lo dejaran preso unos seis meses, que lo pasaran por el arma o por cualquier cosa, pero que no lo sacaran, pues sería muy complicado para él.

No sé si fue Carpenter u otra persona quien habló con el juez Alfredo Pfeiffer, a cargo del caso, para explicarle la situación. Pfeiffer no sé si entendió mal o no quiso entender, y lo dejó en libertad.

Esto provocó inmediatamente una reacción negativa en algunos sectores del Frente, incluso antes de que quedara libre.Me enteré que la gente del FPMR estaba muy preocupada. Hicieron varias gestiones, principalmente en el Codepu, consultando qué sabían ellos, porque tenían dudas y pensaban que Agdalín entregó a “Ramiro”. Algunos, incluso, planteaban matarlo a la salida de la cárcel. Fui al Codepu, porque a mí me identificaban como frentista, y traté de bajar el perfil al conflicto.

Luego el propio “Ramiro” hizo un informe. Y exculpó absolutamente a Agdalín. Mandó una carta diciendo que la caída era responsabilidad de él, que Agdalín se había comportado como un combatiente ejemplar, que fue él quien alcanzó a sacar el revólver y que fue reducido. Eso es verdad, no fue un show de Agdalín. Al ser detenido él no sabía quién se le estaba tirando encima. En un momento, confesó después Agdalín,pensó que lo querían matar a él, que se había descubierto su situación. Trató de defenderse, sacó el arma y si no lo neutralizan habría asesinado a un funcionario de Investigaciones.

La carta de “Ramiro”, además, determinó que Agdalín siguiera en su función, con todo su apoyo. La dirección del FPMR lo aceptó y revisó todo, sobre la base de interrogatorios. Y Agdalín siguió trabajando con el FPMR y con la “Oficina”. Se le dieron unos meses con un nivel de frecuencia en los encuentros mucho menor. No se hacían en Concepción, como era normal, sino en Temuco o Chillán, por si había seguimientos. Y Agdalín también justificaba sus salidas: para hacer negocios, vender baldosas, cosas así.

Luego lo siguió viendo “Pablo Andrés”. Yo seguí detrás, chequeando, verificando. Por eso es que la muerte de él fue muy extraña. Agdalín fue asesinado en Curanilahue el 11 de octubre de 1995, se supone que por gente del FPMR. Pero es muy raro que el Frente se haya demorado dos años, desde que cayó con “Ramiro”, en encontrarlo culpable.

La tesis que se baraja es que Agdalín se convirtió en un peligro para la investigación del caso Guzmán. Puede que lo haya matado el FPMR, pero al Frente le hicieron llegar los antecedentes con mucha precisión y pienso que salieron de la “Oficina”. Conociendo los perfiles, ahí estuvo “Pablo” detrás, que era el hombre más afectado. A Carpenter, Agdalín no lo conocía. No veo a Carpenter dando órdenes de matar en ese sentido. Veo a “Pablo” tratando de cubrirse. Ahora que se conoce la relación de “Pablo” con el Frente y su calidad de ex comandante, es obvio que Agdalín era muy peligroso para él.

¿Qué podría haber dicho Agdalín en un juicio interno del FPMR?, que la información se la traspasaba a su comandante, en línea vertical, que tenía el derecho de exigir la información y él tenía la obligación de entregársela, sin saber que estaba informando al gobierno.

“Pablo Andrés” habría sido el más afectado directamente. Pero si Agdalín se decidía a hablar afectaría a la “Oficina” en su conjunto. Delataría sus
operaciones y a uno de sus mejores agentes: el mismo “Pablo Andrés”.
Por eso lo digo claro: la “Oficina” no gatilló, no disparó, fue el FPMR, pero muy bien motivados, muy bien documentados para hacerlo.

El Gran Rescate

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico. 

 

 

Los cuatro fugados junto “Emilio” y “El Chele” (encapuchados)

La calurosa tarde del 30 de diciembre de 1996, el inconfundible sonido de un helicóptero volando a baja altura sacó de sus rutinas al numeroso grupo de presos y gendarmes que poblaban la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago.

A las 15.45 horas de ese día, un helicóptero Bell Long Ranger de la empresa Lassa sobrevoló la cárcel abriendo fuego de fusilería contra las casetas de vigilancia, para luego dejar caer una cuerda de 15 metros con un canastillo al que rápidamente treparon cuatro integrantes del FPMR que permanecían tras las rejas.

Dos de ellos eran los únicos autores del asesinato de Jaime Guzmán que estaban en cautiverio: Mauricio Hernández Norambuena, el “comandante Ramiro” y Ricardo Palma Salamanca. Los otros dos fugados eran Pablo Muñoz Hoffmann y Patricio Ortiz Montenegro.

Ramiro”, uno de los comandantes evadidos

Ante la mirada atónita de los gendarmes y la algarabía del resto de los presos, el canasto con los cuatro frentistas a bordo se elevó alejándose raudamente del recinto penal.

La operación “Vuelo de Justicia”, cuidadosamente planificada por la jefatura del FPMR se concretó esa tarde con un éxito rotundo, burlando un recinto que los organismos de gobierno creían, hasta ese momento, infranqueable.

Un año antes y para poner en marcha el plan, la plana mayor del FPMR, encabezada por Galvarino Apablaza, el “comandante Salvador” y Juan Gutiérrez Fischmann, “el Chele”, le habían encargado a Raúl Escobar Poblete, conocido como “Emilio”, la formación de un equipo selecto de personas.

Raúl Escobar Poblete o “Emilio, el jefe de rescate

Con “Emilio” al mando de la operación, el equipo seleccionado se dividió en dos grupos. El primero -bautizado como Comando MAB en honor al fallecido líder frentista Mauricio Arenas Bejas- fue encabezado por el propio “Emilio”, quien en mayo de 1996 había ingresado al país con una identidad falsa, burlando dos órdenes de aprehensión en su contra por el homicidio de Luis Fontaine en 1990, y de Jaime Guzmán, al año siguiente. Este grupo además lo componían el frentista que oficiaría de piloto y otro rodriguista conocido solo como “Rodrigo”, quien actuaría como fusilero.

El segundo grupo fue encargado de armar la fachada de distracción, siendo integrado por extranjeros vinculados a diversas organizaciones políticas. Este contingente estaba a cargo de Luis Carlos Distéfano, un argentino del que aún se desconoce su verdadera identidad. Hace un tiempo, ubicado por un canal de televisión chileno en Buenos Aires declaró; “Se comunicaron conmigo compañeros de la época del exilio y del internacionalismo y me plantearon que había compañeros chilenos que necesitaban hacer una operación, pero sin especificarme que. No me lo pensé mucho y acepte”.

El 23 de noviembre de 1996 ingresó a Chile, en un vuelo de Lan, la ciudadana irlandesa Christine Shannon. Dos días después su hermana Frances entró al país en otro vuelo de la misma aerolínea. Ambas eran integrantes del Seinn Fein, el brazo político del IRA. El grupo se completó en los primeros días de diciembre con el ingreso de dos argentinas; Marcela Acevedo y Vanessa Weinsber.

La colaboración de los extranjeros era vital en esta etapa del plan pues ellos ayudaron a Distefano a montar la fachada de “empresario turístico”. Todos eran voluntarios que ayudaban al Frente gracias a sus históricos contactos con otros grupos políticos alrededor del mundo.

A mediados de diciembre los dos grupos se instalaron en el que sería a partir de allí su centro de operaciones, una amplia casa arrendada por Distefano a orillas del lago Rapel. Nadie sospechó que tras esa fachada de simples turistas se planificaba la más espectacular fuga en la historia del país.

El día 14 el grupo celebró el 13ª aniversario del Frente, y en medio de esta reunión “Emilio” les dirigió algunas palabras; “Todos estamos contentos y confiados. El hecho de ir a juntarnos con nuestros hermanos, que nos van a estar esperando deja todo en familia. Cualquiera sea el desenlace, vamos a quedar entre hermanos”.

A mediados de 1996 el FPMR ya había decidido la alternativa aérea como única vía de rescate. El fallido intento de fuga de ocho rodriguistas desde la Ex Penitenciaria en 1992, descartó todo intento de escape terrestre por una toma o un asalto.

Patricio Ortiz, uno de los evadidos, recuerda desde su asilo en Suiza; “Además se descartaron los túneles, porque, aunque no lo comprobamos, se supone que habían sensores de movimiento en el perímetro de la prisión que podrían haber detectado los ruidos de una excavación”.

Patricio Ortiz Montenegro

Los sobrevuelos realizados con anterioridad, junto con antecedentes de otros traslados en helicóptero demostró a los frentistas la vulnerabilidad de los sistemas de control aéreo, por lo que la acción de salir por el aire resultó ser la más segura. Esta variante tenía una limitante de peso (el cupo máximo era de cuatro personas), pero presentaba a su favor la posibilidad de desarrollar una acción limpia. Para ello debía realizarse en un tiempo máximo de tres minutos.

Como primera medida “Emilio” ordenó al grupo concentrado en Rapel confeccionar una maqueta a escala para replicar el patio numero tres de la Cárcel de Alta Seguridad, donde se realizaría el rescate.

“Rodrigo” participó activamente en la construcción de la maqueta; “Primero hicimos un plano y después la maqueta en base a toda la información que teníamos y también por lo que nos decían los compañeros que estaban adentro. Fue un trabajo de muchas horas”.

La maqueta jugó un rol vital en la preparación, ya que ayudó a los frentistas a familiarizarse con la vista aérea de la cárcel, los sectores de fuego de cada tirador y los blancos que debían neutralizar.

En una de las visitas al interior de la cárcel, el “comandante Ramiro” fue informado del diseño definitivo del plan y la cantidad de personas que serian rescatadas, recibiendo instrucciones para que el grupo comenzara a prepararse. Esto implicaba bajar de peso, fortalecer los brazos y conocer a cabalidad el rol de cada uno en la operación.

Inicialmente el plan contemplaba a cinco personas para el escape. El quinto era Rafael Escorza, otro frentista que cumplía cadena perpetua junto a su esposa, Cristina San Juan, por el secuestro de Cristian Edwards. Pero Escorza se negó.

Rafael Escorza: “Ahí Mauricio vino para preguntarme si estaba o no estaba en esa. Y yo le dije que no, porque mi compañera estaba enferma, se había agravado y mi deseo era acompañarla en lo que pudiera. Luego, en otra de esas conversaciones el me dijo “es tu ultima oportunidad viejo, si no vas a estar aquí mínimo hasta el 2012″, y yo le dije “bien, es la decisión que tomo”. Al final ellos me entendieron”.

Rafael Escorza al ser detenido en 1992

Dentro del recinto, los cuatro rodriguistas compartían la misma galería, lo que les permitió coordinarse en su plan de escape. Claudio Martínez, ex director de Gendarmería; “El criterio de tenerlos juntos era para facilitar la vigilancia, porque al estar concentrados los lideres se evitaba la contaminación ideológica al resto del penal”.

Para no despertar sospechas los cuatro reclusos comenzaron a usar un lenguaje secreto durante sus conversaciones; “pintura” se refería al vuelo, “pintor” al piloto y “cuadro” al helicóptero.

En tanto el grupo de rescate continuó con la planificación. Uno de los problemas a solucionar era la imposibilidad que el helicóptero se posara en el patio al que diariamente accedían los rodriguistas encarcelados. Surgió primero la idea de dejar caer unas cuerdas anudadas, luego arneses y finalmente se optó por un canasto, que colgaría de una cuerda de 15 metros al cual debían subir los frentistas. Para proteger a los rescatados, la cesta hecha con dos aros de aluminio y tejida con una malla de cordeles, fue revestida con Keblar, un material altamente resistente, incluso a prueba de balas. Esta fue probada antes de la operación con dos disparos a corta distancia que certificaron la calidad del blindaje. Para neutralizar la posible reacción de gendarmería y del personal aledaño (FAMAE), el plan contempló aproximarse al penal abriendo fuego en forma de abanico y con ráfagas cortas.

Luego de algunas postergaciones, mayoritariamente fruto de la imposibilidad de obtener la aeronave deseada, a las seis de la mañana del 30 de diciembre, el comando frentista concentrado en Rapel dio inicio a la etapa final del plan.

“Rodrigo”; “Había que preparar a toda la gente en el enmascaramiento y todo eso, a unos encrespándoles el pelo, a otros planchándoselos, maquillándolos …además había que cargar la camioneta con el canasto, todo el armamento largo y las granadas …”.

A las 9 de esa mañana Distéfano llamó a la empresa Lassa para confirmar que el helicóptero Bell Long Ranger, que habían arrendado y probado con anterioridad, estuviera disponible para ese día. Minutos más tarde se comunicó con el conductor de turismo Isaac Friedmann, para que pasara a buscar a un grupo de “turistas” al Lomitón de Providencia. Distéfano: “Ahí un grupo partió al Lomitón y otro se quedó en la casa preparando la tarea de equipar el helicóptero”.

Esa misma mañana, al interior de la cárcel, los cuatro rodriguistas que escaparían se preparaban con cierta incertidumbre. Patricio Ortiz; “Ese día, entre cierto nerviosismo e incredulidad tratamos de hacer lo de todos los días, yo estaba con Pablo, con quien compartía la celda. El estaba tranquilo escuchando su música, Led Zeppelín y todo eso que le gustaba. El Negro (Ricardo Palma) con Mauricio estaban mas relajados, incluso hacían chistes con la situación”.

Ricardo Palma Salamanca, “El Negro”

El grupo que permanecía en Rapel preparó todos los elementos para equipar el helicóptero. Además limpiaron minuciosamente la casa para no dejar ningún rastro.

En tanto el grupo que esperaba en el Lomitón, conformado por “Emilio”, Distefano, el piloto frentista, las hermanas Shannon, y Marcela Acevedo, fue puntualmente recogido por Isaac Friedmann, quien los trasladó hasta el aeródromo de Tobalaba donde llegaron al mediodía como estaba presupuestado. Luego de la conversación con el encargado de la empresa de vuelos, “Emilio” y Distefano sintieron que un escalofrío les recorría el cuerpo. Habría un pequeño cambio de planes; Emilio Griffin, dueño de la empresa Lassa, y piloto asignado para ese día, no podría acompañarlos.

Distefano: “Ahí nos dice Griffin que el no puede ir, pero que va a ir el otro piloto, y me dice que es una persona muy capaz, muy idónea y que incluso es piloto de carabineros…”.

El capitán de carabineros Francisco Sagredo, quien en sus ratos libres ejercía como piloto alternativo de la empresa Lassa, se incorporó así, sin quererlo, al mayor plan de rescate nunca antes visto en Chile.

Zanjado el inconveniente y con el grupo de “turistas” a bordo, el capitán Sagredo despegó desde Tobalaba a las 12.51 de esa calurosa tarde, y tres minutos después se comunicó con el Control Aéreo para informar que cruzaría la capital de este a oeste para tomar rumbo a Chillán. Fue su único contacto radial.

Luego de quince minutos de vuelo, una de las pasajeras comenzó a presentar fuertes dolores estomacales. Esta era la artimaña preparada por el grupo para hacer descender al piloto y poder tomar el control de la nave. El capitán Sagredo, forzado por el percance, debió descender en un sector cercano a Melipilla. Al bajar fue inmediatamente encañonado con un arma e introducido a la parte trasera del aparato, donde fue esposado y vendado.

Francisco Sagredo; “Una vez que estuve amarrado yo dije “bueno, y quien va a pilotear” y unos de ellos me dijo “no te preocupes, yo lo voy a volar”. Por supuesto que no le creí. Finalmente despegamos y debo reconocer que el tipo lo hacia bien, así que le devolví la confianza, pese a que yo en ese momento no veía nada”.

El nuevo piloto, con doce meses de intensiva instrucción de vuelo en el extranjero, comenzó a sobrevolar el lago Rapel, descendiendo en un sector aledaño, donde los esperaba “Rodrigo” en un automóvil Lada Station. Ese vehículo fue abordado por Distefano y las extranjeras, quienes trasladaron al capitán Sagredo hasta la casa del lago, donde fue encerrado en una de las habitaciones.

Luego de unos minutos en tierra, los otros tres rodriguistas, esta vez todos chilenos, abordaron el helicóptero y lo trasladaron hasta otro punto del lago. En ese lugar rápidamente acondicionaron la aeronave.

“Rodrigo”: “Ahí tratamos de poner las placas antibalas que eran para protección del piloto. Era un sistema tipo rieles, muy pesado y que no nos cuadraba adentro. Fue una barbaridad. Al final, luego de varios intentos, tuvimos que sacar las puertas a la fuerza”.

A la dos de la tarde el Bell Long Ranger estaba listo para la acción. A esa hora “Emilio”, “Rodrigo” y el piloto emprendieron el vuelo definitivo hacia la Cárcel de Alta Seguridad.

En ella los cuatro rodriguistas esperaban alertas. A la una y media habían bajado al comedor del primer piso del recinto y simulaban tener una reunión. Desde esa sala tenían acceso al patio tres, el punto fijado para el arribo del helicóptero.

Rafael Escorza; “Yo estaba en esa sala conversando con otros compañeros, cuando veo a Mauricio y lo noto un poco nervioso. Entonces le digo “Mauro, quieres hablar conmigo” y el me contesto “no”, así, secamente y se marchó”.

Faltando una hora para llegar a la cárcel, el helicóptero volaba a tiempo según lo planeado. Sin embargo, sorpresivamente divisaron la costa. Habían tomado la dirección equivocada.

“Rodrigo”: “De repente el piloto dice “hey, creo que estamos perdidos”, y yo le digo “pero como?”, y me dice “si, mira el agua”. Ahí yo le grité “entonces date la vuelta”.

De vuelta en la ruta correcta y para no desviarse nuevamente, decidieron tomar como guía la actual Autopista del Sol. Esquivando el radar de Cerrillos y a una aeronave de Carabineros que se dirigía a Rodelillo, el Bell Ranger sobrevoló el Parque Brasil, para comprobar la ubicación del automóvil en que debían evacuar luego del descenso. Momentos después, y a la hora establecida el equipo operativo del FPMR avistó desde el aire la Cárcel de Alta Seguridad. Eran las 15.45.

Cuando comenzaron a sobrevolar el sector sur del penal, “Emilio” y “Rodrigo” iniciaron los disparos sobre las torres y pasarelas de vigilancia de la CAS previendo una eventual respuesta por parte de Gendarmería. No hubo ninguna.

Al escuchar la balacera primero, y el motor del helicóptero después, los cuatro frentistas que esperaban ser rescatados salieron a su encuentro en el patio donde estaba debidamente dispuesta la señal visual acordada: un balde amarillo.

Patricio Ortiz; “Empezamos a sentir los tiros de los fusiles que se empezaban a acercar y dijimos ya, esta es la nuestra, aquí vienen nuestros compañeros a rescatarnos. Y salimos hacia el patio como estaba planificado”.

En la sala de comunicaciones de los gendarmes se movió una cortina que inmediatamente recibió un rafagazo. Los celadores sólo atinaron a arrojarse al suelo buscando alguna protección, al tiempo que gritaban pidiendo sus chalecos antibalas.

Rafael Escorza: “Yo estaba tendido en la cama y sentí el ruido del helicóptero. Me asomé y me llamo la atención porque paso muy bajo. Y luego los disparos. Yo no entendía nada y en eso miro hacia abajo y veo a los muchachos corriendo. Fue todo muy rápido. Fue impresionante ver al hermano que iba en la pata del helicóptero con su fusil, que hay que ser bueno para eso, porque con la cadencia de tiro que lleva el arma, manejarla con una mano, no lo hace cualquiera”.

“Rodrigo”; “Estar arriba fue de película, pero lo conocíamos todo gracias a la maqueta. Ver a los muchachos abajo también fue impresionante. Al primero que ví fue al Negro moviendo sus brazos y esperando el canasto. Yo debía esperar que nuestro piloto bajara hasta quedar a exactos quince metros del suelo para poder lanzar el canasto. En esto no podíamos fallar. El tirarlo antes habría significado la desestabilización de la máquina”.

Un testigo que a esa hora se encontraba frente al recinto relata; “Fue todo súper rápido. Arriba del helicóptero había un tipo que disparaba con una ametralladora, y con el pie afuera y todo, era como un comando, una cuestión de película”.

Patricio Ortiz: “El canasto cayó al revés y Mauricio y el Negro lo restituyeron a su forma original. Recuerdo que Pablo se subió como a un vuelo charter, así tan simple, y el Negro también. Y el canasto comenzó a elevarse, y Mauricio y yo quedamos un momento allí congelados, y ya cuando estaba a la altura de nuestras cabezas, reaccionamos. Al final saltamos y yo me agarré de una de las cuerdas gruesas que llevaba el canasto por dentro. Ahí Mauricio también saltó y logró meter parte de su cabeza y brazos, pero el cuerpo le quedo colgando. La idea era distribuir el preso de manera uniforme, para ganar estabilidad. Yo debía ir de espaldas con el Negro, pero no se pudo”.

Pablo Muñoz Hofmann, el cuarto evadido

Luego de un par de segundos sobre el suelo, el canasto comenzó a elevarse. “Rodrigo”;“Apenas cayó el canasto, pasaron unos segundos y yo doy la orden “ya, vamos”. Fue así de rápido para ahorrar tiempo, y riesgo también”.

Sólo Ricardo Palma y Pablo Muñoz tuvieron tiempo de introducirse completamente en el canasto, pues Patricio Ortiz y “Ramiro” quedaron colgando. En el peor momento de la fuga, el bamboleo hizo que el canasto se estrellara contra unos de los muros de la prisión.

Patricio Ortiz; “Y cuando el helicóptero sale en ese ascenso tan fulminante, se bambolea y golpea de una manera brutal a Mauricio en uno de los muros. Pero el no cedió y se aferró con todo lo que tenia y empezamos a elevarnos a una velocidad increíble”.

Rafael Escorza: “Es más, yo creo que si hacen esa salida mil veces mas, no les sale igual. Porque la paredes del patio tenían estos alambres circulares que les llamaban tiburones, y Mauricio paso a unos centímetros de esa alambrada pudiendo haber quedado enganchado, y al hacerlo hubiera desestabilizado el helicóptero y hubiera quedado la escoba”.

Sin embargo, caer no era el único problema. Al ir completamente fuera del canasto, “Ramiro” era un blanco perfecto para los gendarmes. Desde el helicóptero, los frentistas aumentaron el fuego sobre las casetas de vigilancia para cubrirlo. Ricardo Palma, premunido de un arma que iba en la cesta, también alcanzó a dar algunos disparos contra los custodios.

Cerca de las cuatro de la tarde de ese 30 de diciembre los cuatro miembros del FPMR colgaban del helicóptero sobre Santiago, en un vuelo que estaba lejos de ser placentero.

Patricio Ortiz: “Hay un momento en el ascenso en el que la turbina del helicóptero se empieza a fundir. Subimos a una altura de 500 metros, a 200 km por hora, y de repente se sintió una cosa estática, una cosa muy rara, porque el helicóptero se quedo como detenido y no avanzaba”.

“Rodrigo”; “De repente sentimos como un golpe y yo pregunto que pasa, y era el mismo helicóptero que se estaba fundiendo, y bueno, tuvimos que seguir así”.

Otro punto crítico era el movimiento que sacudía al canasto. Al principio, el plan de los frentistas contempló que podría producirse un efecto “péndulo”, pero lo que ocurrió fue algo completamente diferente.

Patricio Ortiz; “Lo que paso realmente fue un efecto juguera, como nosotros lo denominamos, porque el canasto empezó a girar en forma circular, lo que contravino todas las leyes de gravedad”.

A pesar del movimiento que sacudía al canasto, los fugados se aferraron con todas sus fuerzas. La situación de “Ramiro” era la más crítica, pues sufría de vértigo. Para él, la opción de fugarse por el aire era lejos la más difícil. Cuando aún faltaba parte del recorrido, sus fuerzas parecieron llegar al límite. En un momento de desesperación el comandante frentista gritó a sus compañeros que se soltaría. Estaban a 500 metros de altura.

Patricio Ortiz; “Ahí empieza otra situación muy terrible, porque Pablo que iba de frente a Mauricio empieza a ver que este se estaba cayendo. Se le estaban durmiendo los músculos de los brazos y le dice a Pablo “yo me voy a caer, me voy a soltar”. Yo veía que Mauricio me agarraba la piernas por debajo con sus piernas, en un acto de aferrarse a la vida, y en un momento de desesperación le gritó a Pablo que lo tirara. Ahí Pablo, arriesgando su propia integridad, logró agarrarlo de un brazo y tirarlo para arriba, con lo que Mauricio logró estabilizarse”.

Para los cuatro frentistas que cuelgan del helicóptero los tres minutos de vuelo al Parque Brasil parecen interminables.

Patricio Ortiz; “Nosotros gritábamos de desesperación, insultábamos al piloto, le sacábamos la madre, yo no se cuantos garabatos dije, pero arriba obviamente no escuchaban nada”.

“Rodrigo”; “Yo no me quiero ni imaginar la presión que recibían. Del aire, del movimiento del canasto, de la altura, de todo y aparte dos de ellos que iban tan mal ubicados. Arriba no escuchábamos nada, y yo pensaba “bueno, tienen que aguantarse”, porque a esas alturas que mas podíamos hacer”.

Once minutos antes de las cuatro de la tarde el helicóptero Long Ranger comenzó su descenso sobre el Parque Brasil.

Patricio Ortiz; “De repente los edificios y la gente, que los veíamos chiquititos, se empezaron poco a poco a ampliar y nos dimos cuenta que estábamos bajando. Ahí nos vino un cierto miedo porque pensamos que si bajábamos a esa velocidad nos íbamos a sacar la mierda”.

El helicóptero, en su afán de llegar lo más pronto posible a tierra, realizó un aterrizaje prácticamente sin vuelo estacionario -como originalmente estaba previsto- y antes de posarse en una de las canchas de fútbol del Parque Brasil, el impacto del golpe fue dejando en tierra a los cuatro evadidos. Sólo Ricardo Palma llegó a bajarse del cesto cuando se detuvo la marcha. Los otros cayeron o saltaron a tierra con la fuerza del descenso.

Patricio Ortiz: “Llegamos a esas canchas y claro, ojalá hubiera sido una cancha de pasto, pero el pasto no apareció por ningún lado, estaba lleno de tierra. Pese a todo fue el mejor porrazo de nuestras vidas”.

Todo esto ocurría ante la mirada atónita de muchos pobladores que paseaban o jugaban fútbol en el lugar, ignorantes de que eran testigos de uno de los hechos más impactantes del acontecer nacional de los últimos tiempos.

“Rodrigo”; “Ahí empezamos a repartirles armas a los muchachos y en eso Ramiro me pregunta “Bueno, y en que nos vamos ?”. En medio del nerviosismo y la confusión, los frentistas corrieron al Subaru Legacy que los esperaba.

Patricio Ortíz: “Era un sentimiento de angustia y ansiedad de saber que habíamos logrado algo tan grande como la libertad y que esa libertad era muy sentida por gente que estaba dentro y fuera de la cárcel. Teníamos la tensión de saber que se estaba articulando un operativo de captura. Pero salimos tranquilos y nos dirigimos hacia nuestros refugios. Al final no pasó nada”.

Reportaje de TVN sobre el rescate

Como era de esperar, el rescate de los cuatro rodriguistas desde la Cárcel de Alta Seguridad provocó airadas reacciones en los mandos gubernamentales, aunque para muchos otros no quedaba más que reconocer la audacia e ingenio de los frentistas.

“Creo que es la operación más científica y técnica que ha hecho el FPMR”, afirmaba Lenin Guardia, un singular agente de inteligencia que había tratado de desarticular a la misma organización que ahora motivaba sus nerviosos elogios.

“La definiría como la operación mejor concebida, madurada, por un grupo de ultra izquierda en América Latina de esta última década. Por la limpieza con que se hizo, la sincronización de los tiempos, la articulación de factores. De una u otra forma se mostraron como los últimos herederos de la revolución cubana, con un profundo respeto de las personas”, se apresuraba a declarar a los diarios.

El tema generó reconocimiento, incluso en las altas esferas militares. Para muchos jefes de la aviación chilena la operación de rescate fue “algo sumamente profesional, aunque duela decirlo”.

El canasto y el helicóptero utilizado en el rescate

La Investigación

Inmediatamente después de ocurridos los hechos, la policía se dio a la tarea de obtener antecedentes y pistas de los fugados. Con el correr de los días, las indagaciones comenzaron a dar indicios sobre los involucrados. Entre éstos, algunas fotografías de Luis Carlos Distéfano, las que fueron obtenidas luego que un comerciante tomara contacto con Carabineros, manifestando que en su poder tenía algunas fotos en las que supuestamente aparecía el mismo individuo cuyo pasaporte fue publicado en la prensa. Personal de la Dipolcar analizó el material, captado en una compraventa de automóviles, y concluyó que efectivamente se trataba de Distéfano.

Igualmente fue posible detectar el lugar donde las hermanas Christine y Frances Shannon permanecieron alojadas en la capital. Las mujeres estuvieron en el hotel “Los Españoles”, ubicado en avenida Santa María, en Providencia. Según fuentes de inteligencia, los nexos con el IRA se habían consolidado en 1995, año en que un grupo del FPMR viajó a Irlanda para conseguir el apoyo logístico necesario para la fuga.

El ministro del caso consiguió también un video en el que aparecen los cuatro integrantes del FPMR evadidos y los miembros del comando que protagonizó el rescate. El documento fue grabado por un aficionado que vive en los alrededores del Parque Brasil, en la comuna de La Granja. El autor de la filmación, se encontraba grabando imágenes familiares en el interior de su vivienda cuando escuchó el ruido del helicóptero que aterrizaba en el parque. Inmediatamente comenzó a grabar por la ventana y captó al grupo de frentistas en el momento en que descendían de la aeronave y corrían al automóvil Subarú estacionado a pocos metros.

Fuentes bien informadas señalaron que en el video se distingue claramente cuando los individuos abordan el vehículo y huyen del lugar. Se supo que todos los frentistas se ven ilesos y en una evidente actitud de nerviosismo y felicidad.

Otra evidencia importante es la cinta magnetofónica que grabó casualmente el interno Gino Alvarado, cuando dejaba mensajes en una grabadora para su mujer, justo en el momento del tiroteo. En medio de silencios por el asombro ante la situación, el interno decía a su cónyuge: “Sabe mi amor, que en este momento anda un helicóptero aquí al lado de nosotros tirando balazos. Parece que quieren rescatar a alguien… ¡Se van fugando!, ¡se van fugando, mira! ¡Se van fugando tres gallos!, tres gallos en el helicóptero. Tienen que ser extremistas”.

Después de una pausa y cada vez más entusiasmado, continuó: “Se van fugando ¡qué lindo, oye!. Pasó un helicóptero y ¡tá-tá-tá-tá-tá! (imitando el sonido del helicóptero). Mira la gente como aplaude… Mira, allá va el helicóptero… de aquí lo veo, mi amor. Mira, va allá con tres gallos en el aire, va a salir en las noticias… en todas partes, mi amor”.

El resultado del peritaje balístico hecho a la cinta magnetofónica arrojo un resultado de 70 balas M-16 cuyos disparos fueron atribuidos en forma exclusiva a “Emilio” y “Rodrigo” que volaban en el helicóptero.

Prensa de la época

Tambien la argentina Marcela Alejandra Acevedo, no tardó en ser identificada. La policía chilena viajó a la nación trasandina en búsqueda de antecedentes y obtuvo su fotografía. Según las posteriores indagaciones, ella fue la mujer que fingió el mareo a bordo del helicóptero, para que el piloto aterrizara en el lago Rapel. Si bien se pensaba que la “afectada” de nauseas era una de las irlandesas, ésto fue descartado luego de que el propio capitán de Carabineros secuestrado no reconociera a las hermanas Shannon. Fuentes ligadas al proceso dijeron que Marcela Acevedo utilizó en Chile su identidad real. Por testigos fue descrita como de unos 30 años aproximadamente, contextura delgada, tez blanca y cabello castaño oscuro.

La argentina regresó a su país el 31 de diciembre de 1996, por el paso Los Libertadores, y aparentemente no ha vuelto a salir de esa nación. Incluso, la policía logró detectarla en Buenos Aires, pero nunca se formalizado su detención.

Viajando Por Sudamérica
No se volvieron a tener noticias de los fugados hasta dos meses después de ocurridos los hechos, cuando Mauricio Hernández Norambuena, envió un correo a la página de los presos políticos en Internet. “No podía ser de otra forma, hacer realidad la posibilidad de volar, justamente volando” eran las primeras palabras que el “comandante Ramiro” envió a Elías Letelier, el chileno que mantenía la pagina. “Ramiro” reaparecía en forma desafiante, diciendo que “nuestra ausencia del ‘barrio chino’ (módulo de la CAS donde permanecían recluidos) será un signo permanente de que no existen ‘muros tecnológicos’ capaces de doblegar cuando existe vergüenza y dignidad”.

“Ramiro” no dio pistas sobre su paradero y sólo envío un saludo “desde algún lugar de este lado de la vida”. El comandante frentista señaló que en su pensamiento seguían intactas las imágenes de los rostros de sus compañeros, con los que compartió durante años una diversidad de experiencias, cuyo centro era la voluntad de seguir luchando.

“No dudo que por sobre la adversidad de hoy, ellos se sentirán revitalizados con nuestra voluntad”, aventuró.

En la parte final de la carta, Ramiro manifestaba que su “reencuentro con la tierra, aunque fuese a través de un dichoso ‘porrazo’, fue como un renacer, ya que los dos minutos de vuelo significan el parto con su cuota de angustia y felicidad”.

Aunque la audaz huida en helicóptero desde el penal de máxima seguridad les resultó relativamente simple, la salida del país no fue igualmente fácil para los cuatro fugados. Expertos en inteligencia y las policías afirman que tras el aterrizaje del aparato en el Parque Brasil, cuatro células del FPMR se encargaron de ocultar a los fugitivos en distintas casas de seguridad de Santiago, acondicionadas especialmente para la ocasión.

Sin embargo, la “operación” estaba lejos de concluir ahí. De acuerdo con los investigadores, los frentistas abandonaron Chile separadamente días más tarde, usando a lo menos tres rutas de escape por pasos fronterizos no habilitados

El paso de Icalma, en las cercanías del volcán Lonquimay, en la novena región, y Puntas Negras, en Antofagasta, habrían sido los lugares escogidos para salir rumbo a Argentina, mientras que el norte de Arica fue la vía para llegar a Perú.

En el caso de Icalma, ubicado en la novena región, existieron algunas versiones que indicaban que los frentistas habrían abandonado Chile con rumbo a Argentina en un automóvil marca Peugeot, de color blanco, por un paso no habilitado oficialmente y sin control policial, el 3 de enero, o sea, cuatro días después de la fuga en helicóptero.

El automóvil habría sido acondicionado con vidrios blindados, adquiridos en un negocio de la comuna Padre Las Casas. Aparentemente, retratos hablados del comando del rescate fueron reconocidos por los lugareños.

Un equipo especial de inteligencia, vinculado a la investigación del caso de la fuga, se trasladó en enero a la novena región. Existía la posibilidad de que los extranjeros que integraron el comando del rescate fueran los mismos que habían estado meses antes en Icalma y el lago Hishué. Se efectuaron empadronamientos en algunos sectores de la zona y además fueron exhibidos a los lugareños los retratos hablados que se confeccionaron de los subversivos.

Otras fuentes manifestaron que las indagaciones arrojaron resultados positivos, ya que los ayudistas de la fuga fueron reconocidos. Sin embargo, era demasiado tarde.

Aunque la policía chilena nunca los pudo recapturar, agentes de inteligencia aseguran que siempre estuvieron siguiéndoles el rastro. Y pese a los magros resultados obtenidos en los años siguientes, los buscaron por España, Irlanda y Sudamérica con la hipótesis de que mantenían una conexión logística internacional con terroristas de la ETA, el IRA y las FARC, respectivamente. De hecho, a principios de 1997 dos equipos de expertos de la Policía de Investigaciones viajaron a Irlanda y Argentina, donde coordinados con agentes de ambos países rastrearon pistas sobre el paso de los frentistas. Así, indicios recabados por los policías al norte de Buenos Aires les permitieron determinar que los fugitivos viajaban por tierra en dirección al norte de ese país y que los cuatro huyeron de Chile por vías distintas.

A casi tres meses de su fuga, y luego de que recorrieran más de tres mil kilómetros por separado, sus itinerarios convergieron en tierras brasileñas, a las que llegaron tras un breve paso por Colombia.

Cuando la información de que Brasil era un punto de tránsito en su travesía llegó a manos de los servicios de inteligencia chilenos, éstos alertaron a sus similares de ese país y a la Interpol. No obstante, ambos organismos no aportaron datos significativos sobre el paradero de los perseguidos.

Con pasaportes falsos -y siempre por separado- los rodriguistas salieron del país cafetero por vía aérea en dirección a Ciudad de México. Aparentemente, fue la última vez que los cuatro se reunieron, porque cercanos al Frente señalan que mientras Patricio Ortiz partió a Suiza en compañía de una mujer que lo esperaba en tierras aztecas, Hernández, Palma y Muñoz se trasladaron a Cuba.

Los fugados, en algún lugar de Sudamérica

El frentista con menos prontuario de los cuatro fugados era Patricio Ortíz Montenegro, quien había protagonizado algunos actos subversivos, robos y hechos de sangre junto a su hermano Pedro Alberto.

Sobre los días inmediatamente siguientes al escape, Ortiz narró mas tarde, desde su asilo en Suiza, que a las pocas cuadras del aterrizaje los cuatro se separaron y cada uno abandonó Chile en distintos momentos. Recordó también que pasó por cinco países hasta llegar a un país grande de Latinoamérica, donde tenía que tomar contacto con la gente del frente. Sin embargo, el azar jugó en contra y la cita no se concretó.

“Intenté retomar comunicación, pero no pude”, sostiene. Y pese a que recurrió a todas las señales de emergencia acordadas por su organización, quedo a la deriva. Una idea se le fijó en la mente. El silencio de su organización podía significar que estaba siendo seguido. “Pensé que estaba con un problema de cola”, recuerda.

Evaluó sus posibilidades. Sabía que cualquier paso en falso le costaría caro a él y sus compañeros. Pero estaba en un país donde no conocía a nadie y carecía de recursos. Decidió entonces contactar a sus hermanos que vivían en Suiza desde 1973.

“No tenía otra opción. Y pensé que pese a las condiciones precarias, mi decisión de arribar a Suiza no ponía en peligro al resto de los fugados”, argumenta Ortiz.

Sigilosamente, se conectó con uno de sus hermanos y en julio de 1997 llegó a Suiza buscando el estatus de refugiado político. Permaneció casi un mes en libertad hasta que fue detenido, debido a que Chile había exigido su deportación. Diversas campañas de solidaridad y la presión de organizaciones humanitarias lograron que un año mas tarde la justicia suiza le diera libertad. A partir de ese momento quedó condicional y con estatus transitorio. Por largo tiempo, un control policial se mantuvo muy cerca del chileno.

“Durante el año de incomunicación me fue imposible tener algún vínculo con mis compañeros. Después, no quise insistir”, explica.

Su insólita aparición en Suiza, sin embargo, levantó una serie de especulaciones sobre una fuerte ruptura entre los fugados. En Chile, los medios sostuvieron que Ortiz se había “descolgado”, optando por un camino propio. El frentista admitió que existieron distintas opiniones políticas, pero que nunca se materializaron en un quiebre; “Nunca me descolgué de nada, eso es otra de las invenciones sobre nosotros”.

Los Rastros En Cuba
Las idílicas playas de Matanzas se constituyeron en la scenografía con la que el gobierno de Fidel Castro recibió a Mauricio Hernández, Ricardo Palma y Pablo Muñoz, tres de los cuatro frentistas fugados, una vez que éstos lograron arribar a la isla. En esta ciudad, ubicada a 100 kilómetros de La Habana, los integrantes del FPMR residieron durante casi un año en casas especiales proporcionadas por el régimen cubano, período en el cual debieron cumplir con una de las condiciones clave impuesta por sus anfitriones: no dirigir una rearticulación del Frente desde el interior de la isla.

Según el escritor chileno Roberto Ampuero, quien vivió largas temporadas en Cuba, es imposible que los prófugos hubieran arribado a la isla sin la previa autorización del mismísimo Fidel Castro; “Cualquiera que haya vivido en la isla sabe cuan difícil es conseguir residencia allí y puede imaginar que el arribo del grupo de fugitivos no pudo haber sido aprobado por un simple funcionario de inmigración, ni un oficial de rango medio, ni un general. Todos los que vivimos allá pasamos primero por un detallado interrogatorio sobre nuestras vidas, que después era chequeado con informantes, pues podíamos ser agentes de Pinochet o la CIA. El prontuario de Hernández Norambuena era demasiado notorio como para que el espionaje cubano lo ignorara. No nos engañemos: la decisión de permitir el ingreso a la isla a un discípulo extranjero con la biografía del “comandante Ramiro” sólo pudo haberla tomado Castro. Castro no está interesado en esclarecer esto, pues esa historia lo compromete profundamente.”

Al llegar a la isla los frentistas permanecieron unos días en La Habana, pero luego se radicaron en Matanzas. Un familiar de uno de ellos relató que durante su permanencia en esta localidad los fugados llevaron una vida normal. No estuvieron incomunicados y mantenían contactos normales con los habitantes del litoral, pero -según la misma fuente- el gobierno de Castro tomó algunas medidas de seguridad para protegerlos. La más importante fue la presencia permanente de un grupo de agentes encargados de vigilarlos y de velar por su integridad.

Tanto Hernández Norambuena como Muñoz Hofmann y Palma Salamanca vivieron en casas fiscales que les proporcionó la administración castrista. Asimismo, les facilitaron automóviles oficiales y desempeñaron algunas actividades laborales en el mismo balneario. Este sistema de vida duró varios meses. Incluso, Palma disfrutó de la tranquilidad necesaria frente a la costa de arenas blancas para escribir su primer libro, “El Gran Rescate”, que describe la operación que los liberó y que fue publicado en 1997.

Pero la agradable rutina se derrumbó. Cercanos a los rodriguistas señalan que todo se complicó luego de los polémicos llamados telefónicos que los fugitivos hicieron a sus familiares a fines de 1997 y que fueron interceptados por la policía chilena. En el caso de “Ramiro” una conversación telefónica sostenida con su hermana fue clave para que la policía chilena descubriera su paradero.

El 31 de marzo de 1997, el comandante frentista quizá sintió nostalgia de los suyos. La vida en la clandestinidad no es sencilla y quizá fue esa la razón que le llevó a marcar el teléfono de su hermana Cecilia. El llamado -grabado por Investigaciones en virtud de una orden judicial- fue hecho desde Cuba a Valparaíso, donde residen los familiares de “Ramiro”. El código del llamado confirmó que había sido efectuado desde La Habana.

No fue una comunicación corta. Duró 19 minutos y 57 segundos y llegó a Chile a través de la firma Chilesat. El dato interesante que aparecía era que el contacto se había producido desde Cuba, aunque el gerente de operaciones de la empresa en un documento reservado no podía dar fe si el inicio de la comunicación era o no el país caribeño. En su conversación familiar, Hernández Norambuena le indicó a su hermana que podía contactarle a través de “Joel”, que no era otro de Arnaldo Arenas Bejas, el mismo que actuó como fusilero en el atentado a Pinochet, y quien supuestamente fue el conductor del solitario vehículo con el que los prófugos abandonaron el Parque Brasil, donde aterrizó la aeronave que los sacó de prisión. Para eso le daba un teléfono de Cuba, el 669488, usando el código 7 que es la localidad de Alamar, según versa el informe firmado por el entonces jefe de inteligencia policial, prefecto Luis González Cuevas.

En la grabación, cuyo contenido fue informado en su oportunidad al ministro en visita Lamberto Cisternas, el “comandante Ramiro” manifestó a su hermana que se encontraba bien, junto al resto de sus compañeros, Ricardo Palma Salamanca y Pablo Muñoz Hoffmann. Según un personero que conoce el proceso sustanciado por el magistrado, la conversación fue “telegráfica y hablaban medio en clave. Además se estaban moviendo por distintas partes”. Asimismo, ambos planificaron un encuentro para septiembre en otro lugar del continente americano. La policía chilena, a través de Interpol, esperaba que allí se produjera la detención del frentista fugado, lo que posteriormente se diluyo.

En el mismo documento la policía concluía que los fugados estaban o habían estado en Cuba, pero también en Brasil. Esto porque “Ramiro” le comentaba a su hermana sobre su estadía en las playas de Ipanema, Copacabana y Leblon, donde se habrían tomado las fotografías que fueron publicadas tras la fuga.

A mediados de 1997, la policía de Investigaciones nuevamente interceptó una veintena de llamados telefónicos realizados desde Cuba, ahora de los tres frentistas fugados. Los contactos con parientes y amigos, que permitieron incluso detectar los números telefónicos, fueron una prueba irrefutable de que los prófugos se encontraban en la isla.

En una de las conversaciones telefónicas interceptadas, uno de los frentistas mencionó el nombre de Muñoz Hofmann y nuevamente el de Arnaldo Arenas Béjas, Fue entonces cuando Lamberto Cisternas disipó sus dudas. “Para él estaban en Cuba”, afirma un testigo del episodio.

Junto con confirmar el paradero de los frentistas, las grabaciones telefónicas detectaron una conexión aún más comprometedora. Una de las llamadas registró la voz de José Luis Ojalvo, experimentado hombre de la inteligencia cubana que incluso cooperó con el Che Guevara en su fatídica aventura armada en Bolivia, en 1966. Bajo cobertura diplomática, Ojalvo operaba en la embajada cubana en Santiago como representante del Departamento América, la mítica agencia de Fidel Castro encargada de mantener los vínculos con la subversión en el continente. El error le costó caro: cuando la misión cubana se enteró de que sus conversaciones con uno de los frentistas habían sido interceptados, decidió regresarlo a La Habana. Allí, según un socialista chileno con muy buenos contactos en la isla, al poco tiempo murió.

De igual modo, agentes de inteligencia policial detectaron que la madre de Ricardo Palma, Mirna Salamanca, la primera semana de julio de 1997 abandono el país en un vuelo directo con destino a La Habana. La visita fue de casi 10 días y, según los mismos agentes, marcó el primer reencuentro entre la madre y el hijo.

Además hay versiones que hablan de otras licencias en que incurrieron los frentistas;“Luego de escapar de la cárcel, los fugados se escribían correos electrónicos felicitándose mutuamente por el éxito de la operación, cuando cualquiera que conoce algo de comunicación electrónica sabe que puede ser detectado desde cualquier lugar y que se puede determinar el origen de la comunicación, al grado de poder localizar el computador mismo desde donde sale la información”, afirma un importante rodriguista.

Tantas congratulaciones y contactos no agradaron al gobierno cubano. Menos cuando los frentistas continuaron haciendo ruido ya instalados en la localidad de Matanzas. El espionaje del gobierno chileno logró infiltrar el cerco que rodeaba a los fugados y de esta manera constatar físicamente la presencia de ellos en Cuba. Tal acción fue lograda por un joven funcionario de la Embajada chilena, que los penetró y permitió a Chile tener la certeza de que los escapados se encontraban en ese país.

Estas “negligencias” de los fugados fue un motivo de fuerte reprimenda de parte de funcionarios del régimen cubano. La mayor molestia fue con Mauricio Hernández Norambuena, porque los servicios secretos cubanos consideraron inadmisible que un “comandante” incurriera en omisiones de esta envergadura. Para colmo, Hernández Norambuena nunca se adaptó al bajo perfil y al trabajo rutinario exigido por los anfitriones a sus huéspedes como condición para permanecer bajo el alero cubano. En cambio, seguía rondando en su cabeza la necesidad de rearticular el FPMR.

Ese episodio marcó el fin de la estadía del “comandante Ramiro” en Cuba. No está clara la fecha de su partida, pero sí se sabe con precisión que Muñoz Hofmann permaneció un par de meses más bajo el alero cubano.

“Fidel se vio obligado a invitarlos a salir, que es casi lo mismo que expulsarlos, pero dándoles una asistencia para que pudieran hacerlo. Alrededor de 15 (frentistas) fueron los que abandonaron el país y transportados a naciones de su elección, como Ecuador, Perú, Colombia y Chiapas”, asegura el mismo ex subversivo.

Con todo, según fuentes judiciales, las intercepciones telefónicas hechas a los tres frentistas arrojaron una inesperada línea de investigación en el proceso. En estos intercambios se descubrió que el grupo se había dividido por problemas de convivencia y es aquí donde el nombre de Ricardo Palma Salamanca comienza a separarse del periplo en el que se embarcarían sus ex compañeros de fuga. Ya entonces las indagaciones de la investigación llevada a cabo por Cisternas comenzaban a delinear los escenarios de los movimientos de los frentistas por América Latina, específicamente por Nicaragua, El Salvador, Brasil y Argentina.

De acuerdo con declaraciones hechas por el ex ministro Figueroa, a principios de 1998 las autoridades chilenas estuvieron a punto de detener a Hernández Norambuena en Buenos Aires. El “comandante Ramiro” viajó a la capital argentina para encontrarse con la ex vocera del FPMR y su entonces pareja sentimental, Lorena Astorga. “Una desinteligencia entre las policías provincial y federal trasandina -explica Figueroa- impidió la captura del jefe operativo del Frente”.

Los frecuentes viajes a Argentina y Brasil de los fugados de la CAS -donde el rodriguismo mantiene una base logística y financiera, quedarían ratificados posteriormente con la sorpresiva detención de “Ramiro” en Sao Paulo, en su condición de uno de los líderes del secuestro del publicista brasileño Washington Olivetto. Cercanos a la investigación del magistrado afirman, no obstante, que Cisternas esperaba por esas fechas un golpe del FPMR en Colombia o Brasil.

Mientras tanto, en la Habana, el 25 de febrero del 2002 había aterrizado Joaquín Lavín, como parte de una visita que tenia el fin de estrechar vínculos con el gobierno cubano y así crear un perfil de apertura política en base a las próximas elecciones que se realizarían en Chile. Lavin jamás imaginó -e incluso hoy le costaría creerlo- que apenas cuatro días antes de su aterrizaje en La Habana, y sólo a 33 kilómetros de la capital cubana, un grupo de frentistas, entre ellos Ricardo Palma Salamanca, relataba sus “hazañas” subversivas a un grupo de jóvenes de varios países del mundo.

De acuerdo a una investigación realizada en Cuba, la tercera semana de febrero la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, ubicada a 33 kilómetros de la capital cubana, celebraba su segundo aniversario. Con una matrícula que ya alcanza a más de 800 alumnos provenientes de 91 países -60 de ellos chilenos-, el complejo invitó ese mes a un grupo de miembros del FPMR, quienes llegaron en automóviles facilitados por el gobierno, para compartir durante varios días sus experiencias con los alumnos.

Ante una audiencia compuesta por varios cientos de estudiantes, los subversivos chilenos relataron operaciones como el frustrado atentado en contra del general Augusto Pinochet en el Cajón del Maipo, en 1986; la masiva fuga ocurrida en 1990 desde la Cárcel Pública a través de un túnel, y el escape desde la Cárcel de Alta Seguridad (CAS), en 1996. Temas como el financiamiento que reciben de la ETA y el IRA, sus negocios de fachada en Chile y el aprendizaje que reciben en Cuba, también formaron parte de las animadas tertulias.

Los oradores compartieron con los cautivados jóvenes detalles de cómo se confeccionó el canasto en el que huyeron los subversivos de la CAS y de las temerarias maniobras que realizó el piloto del helicóptero que los trasladó.

El “expositor estrella” del cónclave fue sin duda Ricardo Palma Salamanca, quien incluso aceptó gustoso fotografiarse con algunos de los presentes.

Su presencia en el evento no constituye un hecho sorprendente para diversas fuentes cubanas y de la inteligencia chilena. Esto, porque existe la convicción de que él fue el único de los fugados de la CAS que permaneció en tierra cubana luego de la abrupta partida de sus compañeros fugados.

En los propios círculos del FPMR reconocen que Ricardo Palma, alias “el Negro”, comenzó a sufrir problemas sicológicos luego de fugarse de la CAS en 1996. Dueño de un carácter temperamental y con tendencia a la depresión, una vez que llegó a Cuba comenzó a ser atendido en un hospital de alta seguridad para combatientes que sufren problemas mentales producto de la guerra, ubicado cerca del sector de El Vedado. De acuerdo a un importante miembro del FPMR que conoce el tema, más que estar loco o esquizofrénico, Palma fue víctima de una crisis de nervios causada por un trauma depresivo como consecuencia de los largos años de encierro y tortura: “Normalmente este es un cuadro que se produce después que el individuo es sometido a un proceso de libertad. De pronto pareciera que uno se enfrenta a un abismo (…) que puede llevar al quiebre del individuo con la realidad y a serios trastornos”.

Con todo, su tratamiento y el hecho de estar sumergido en la redacción de su libro “El Gran Rescate”, lo mantuvieron en la isla caribeña. En otras palabras, el régimen habría tenido a la vista consideraciones de orden humanitario para no expulsarlo. Algo muy distinto de lo que ocurrió con el resto de sus compañeros, especialmente con “Ramiro”.

La Caída De Salvador

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del  “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico.

 

 

Galvarino Apablaza detenido en Buenos Aires

Fue una ironía del destino. Eran pasadas las 20 horas del lunes 29 de noviembre del 2004, cuando Héctor Daniel Mondaca había salido en su Nissan Pathfinder verde desde estacionamiento de la espaciosa casa que habitaba en la localidad de Moreno, distante unos 40 kilómetros de Buenos Aires.

La luz se retiraba con rapidez del cielo argentino cuando súbitamente varios vehículos policiales lo interceptaron, obligándolo a detenerse. Pensó que lo iban a secuestrar. Nada raro, considerando el lugar donde vivía. Pero no se entregaría sin dar la pelea. Frenó, echó marcha atrás y chocó a un Fiat Palio gris, tratando de huir. Mientras se bajaba con rapidez para salir corriendo, escuchó unos gritos: “¡Apablaza, Apablaza!”.

“Sí, soy yo el que buscan”, contestó mientras se detenía con resignación y era tumbado en el suelo por varias decenas de policías.

Mientras le cubrían la cara con su propia polera, dos certezas se instalaron en su mente: ya no podría ir a buscar a su mujer, Paula Chaín, como era su intención. Y que a partir de ese minuto Héctor Mondaca había muerto. Ahora volvía a responder a su verdadero nombre: Galvarino Sergio Apablaza Guerra o el “comandante Salvador”, el máximo líder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

No pasó mucho rato antes de que La Moneda se diera por notificada del hecho. Alertado por este hecho, el ministro José Miguel Insulza se comunicó con su par trasandino, Aníbal Fernández, para interiorizarse de los detalles de la captura, cuyos preparativos y desarrollo el gobierno ignoraba por completo.

Si La Moneda no sabía que la detención de Apablaza se venía cocinando hacía tiempo, Investigaciones veía en la “Operación Cordillera” la culminación de un trabajo de varios meses. Las primeras investigaciones sobre Apablaza y sus relaciones con el FPMR realizadas por la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) de Argentina, se remontaban a octubre de 1998. Cuando este año aparecieron los primeros indicios de que se encontraba radicado en el vecino país, la Brigada de Inteligencia Policial Metropolitana comenzó a intercambiar información con su similar argentina para verificar si Mondaca y Apablaza eran la misma persona. La Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal argentina comenzó reuniendo todos los antecedentes del “alter ego” de Galvarino Apablaza.

Héctor Daniel Mondaca había nacido en Posada Misiones, Argentina, el 21 de mayo de 1954. Tenía su correspondiente cédula de identidad y pasaporte, y la Jefatura Nacional de Extranjería contaba en sus registros con dos salidas suyas desde el país, ambas en dirección a Chile: el 23 de diciembre de 1998, por el paso Puesco, y el 31 de enero de 1999, por el control fronterizo de Icalma, ambos en la IX Región.

Fuentes del rodriguismo aseguraron que la última visita de Apablaza a Chile fue en enero y abril dl 2004: recorrió varias ciudades del país y mantuvo reuniones con dirigentes de su agrupación, denominada Identidad Rodriguista.

El 19 de octubre del 2004, la sección Huellas del Laboratorio de Criminalística Central realizó comparaciones dactiloscópicas del dígito pulgar derecho que había impreso en el pasaporte de Mondaca con una huella digital del mismo dedo de Apablaza obtenida sin que éste se percatara. El 26 de ese mes, el informe de Huellografía y Dactilografía n° 44 concluyó que ambas impresiones eran idénticas y correspondían al extremista chileno.

Para eliminar cualquier margen de error, el 22 de octubre se ofició a la sección Dibujo y Planimetría Forense del Laboratorio de Criminalística Central efectuar un procedimiento similar con la fotografía del pasaporte, cédula y certificados del ciudadano argentino, las que fueron contrastadas con una imagen del líder del FPMR.

El 5 de noviembre se informó que no se podía establecer fehacientemente que los sujetos correspondieran a la misma persona, “pero se reconoce un particular parecido en variados detalles, con lo que se puede concluir que ambas imágenes podrían corresponder al mismo sujeto”.

Un dato relevante dice relación con el interés de la policía brasileña de constatar la posible participación de Apablaza en el secuestro del publicista Washington Olivetto, ocurrido en en ese pais el 2001 y en virtud de lo cual podrían solicitar su extradición a Brasil, afectando los intereses de la justicia chilena de trasladarlo a Santiago.

En esos mismos peritajes, se compararon las fotografías con un retrato descriptivo elaborado por la policía paulista. “Se informa que no se puede establecer fehacientemente que corresponden a la misma persona, pero por sus particulares semejanzas puede corresponder a la misma”, concluyó el informe.

En la investigación, la policía se topó con un dato curioso: los tres hijos de la pareja formada por Apablaza con la periodista chilena Paula Chaín -dos mellizos de 10 años y una niña de 2- figuran como descendientes del también chileno Héctor Mondaca Fernández, nacido en Iquique el 28 de marzo de 1949 y domiciliado en Maipú, donde vive con su esposa, Inés Cecilia Guzmán, y cuatro hijos.

“¿Y era terrorista? ¿Un revolucionario? Mirá, vos”. Para Eduardo, un taxista que más de una vez trabajó para la familia de “Salvador”, la sorpresa fue grande. “Dejáme sentar… No lo puedo creer, che”, suspira Estela, la modista que ocasionalmente recibía encargos del matrimonio que conoció como Mondaca-Chaín.

Enfrentados a la foto con la que la policía buscaba a Mondaca, a los residentes del barrio les cuesta creer que un hombre tan temido haya sido tan torpe como para no tratar de cambiar, más allá de su identidad, su apariencia.

Porque Apablaza estaba igual que la última vez que se lo fichó. Aunque su mujer dice que pasó por diversos “look” -pelado, sin bigotes, etc- el lunes de su detención lucía corpulento, melenudo y con un grueso mostacho. El entrenado guerrillero descuidó inexplicablemente su clandestinidad. Un error que lo convirtió en presa fácil para la policía.

También lo perjudicó su rutina, conocida por todos los lugareños. Los viajes para dejar y recoger a sus hijos en el colegio Da Vinci, en el centro de Moreno, eran diarios. Lo mismo que el cuidado de la otra propiedad que, al igual que aquella donde residía, alcanza tasaciones de 200 mil pesos argentinos (US$70 mil).

Los Mondaca-Chaín eran periodistas, o al menos eso le decían a quien quisiera saber. Y agregaban que trabajaban “free-lance”. Por eso en el barrio no extrañaba que en la casa quinta -bautizada San José y custodiada por cuatro perros policiales- hubiera una pieza de computación donde Apablaza Guerra pasaba gran parte del día, trabajando o ayudando a los niños con las tareas, mientras su mujer viajaba a “laburar” a la capital.

No eran los únicos aspectos que descuidó. Apenas un metro fuera de su casa, en medio de la basura, varios antecedentes evidencian el pasado de un hombre que claramente no nació en Misiones. Botellas vacías de gaseosa, aguardiente del campus Antumapu de la U y ron Havanna Vieja hablan del hibridaje de un chileno y con formación en las FAR cubanas.

Condición que confirman los papeles que hay ahí: dibujos de sus hijos se mezclan con la reveladora carta de un hermano de “Salvador”. El documento, manuscrito y sin fecha, parte por relatar el quehacer de su hermano Pepe “en este país de mierda en que vivimos” (Chile). Le cuenta de la salud de su familia y agrega “ahora que he juntado algunas cosas para mandarte, hemos reflexionado de tantas cosas que vivimos juntos y de cuánto te echamos de menos; tal vez la sensibilidad se hace más patente cuando el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”.

A continuación, y a raíz de un problema de salud de su hijo, le pregunta: “¿Como se maneja tu relación con la isla?”(Cuba), añadiendo que “si puedes consultar esto sin que te cause problemas, por supuesto, o no te vayas a sentir presionado, si las cosas se pueden, se pueden no más”. La carta finaliza con un “tal vez esta es la petición más grande que te han hecho” y se despide con “un gran abrazo de tu hermano que te quiere y extraña, cuídense y ya nos veremos más temprano que tarde. Pepe”.

El mentado Pepe -José Apablaza Guerra- fue precisamente el hermano que “Salvador” contactó para tratar de hacer llegar sus antecedentes, de prisión política y tortura tras el 11 de septiembre de 1973, a la Comisión Valech, así como para averiguar su situación legal en Chile a través del abogado Jorge Silhi. Paralelamente, tramitaba su petición de asilo político en Argentina con la Liga de Derechos Humanos local, la cual estaba enterada hace años de su clandestinidad.

Las averiguaciones legales y el descuido de su seguridad podrían indicar que Apablaza quería dejar la clandestinidad. También lo sugiere su situación económica, que no se lograba afirmar debido a que no tenía papeles que le permitieran ejercer algún oficio.

En el municipio de Moreno, Mondaca no registraba actividad comercial. El colegio de sus hijos, si bien es privado, tiene una mensualidad que bordea los $100 argentinos. La cifra es menor que el colegio Bilingüe Jefferson, donde los tuvo antes, y casi un tercio de lo que cuesta el Bartolomé Mitre Day School, ubicado en la esquina de su casa y donde inscribió a los mellizos apenas llegó a la ciudad.

La 4×4 en que fue detenido no era de última generación. Hace tiempo presentaba problemas de arranque, obligándolos a veces a solicitar un servicio de taxis y comentarles a sus cercanos que la querían cambiar, pero que aún no tenían con qué.

Hasta que decidió averiguar de su situación en Chile y declarar ante la Comisión Valech, a fines de 2003, Apablaza Guerra vivió desconectado de su familia. Estuvo clandestino en 1984, cuando murió su padre y no pudo asistir al funeral. Según su mujer, desde entonces no ve a su madre y sus hijos tampoco conocen el tronco paternal.

A quienes sí visitó más de una vez con su falsa identidad fue a la parentela de su esposa, los Chaín Ananía, quienes viven en Temuco y que retribuyeron las visitas con sendos viajes a la Argentina. De hecho, al momento de la detención, los padres de Paula estaban en Moreno. Habían venido a celebrar el cumpleaños de los mellizos el sábado 20 de noviembre y de la nieta menor, el 27.

Para Galvarino Apablaza Guerra eran días de fiesta. En su computador diseñó unos mapas con la ubicación de su casa, y los que no terminaron en las bolsas de basura, los repartió entre los niños que fueron a la celebración.

Pese a que Apablaza niega su participación en los delitos que se le imputan, el senador de la UDI, Andrés Chadwick afirma que “está comprobado en el proceso que el asesinato de Jaime Guzmán lo cometió el FPMR-Autónomo, cuya jefatura en ese momento la ejercía Galvarino Apablaza. Por lo tanto, su detención ayudará a aclarar las autorías intelectuales, ya que las materiales están archicomprobadas”.

El Día Que Caí Preso

Poco después de ser detenido, y desde la propia cárcel, “Salvador” entrego un pormenorizado detalle de su captura para el semanario chileno “Punto Final”.

Lunes 29 de noviembre del 2004. 20 horas, estaba oscureciendo y me dirijo a buscar a Paula que regresaba a casa luego de su jornada laboral. Ni siquiera me cambié de ropa: un short, zapatillas y polera, son mi único vestuario.

Avanzo por Ruta 7, a una hora de bastante tránsito y estando a 500 metros de la entrada del pueblo donde me espera mi mujer, veo desde el frente un vehículo blanco que a la distancia comienza lentamente a cruzar el eje de la calzada hacia mí. En primera instancia, me da la impresión de que se trata de un conductor en mal estado, reduzco la velocidad y en un momento me detengo a unos dos metros del vehículo, del cual desde el asiento del acompañante del conductor sale un sujeto bien vestido de traje y corbata, un poco escuálido, con un arma en la mano y corriendo.

De inmediato pienso que se trata de un secuestro, actividad común en esta zona de acuerdo a la visión de la prensa.

El grito de policía no es suficiente para desechar esta posibilidad, pongo marcha atrás e intento salir a toda velocidad. Veo al sujeto que me apunta a no más de un metro de distancia por la izquierda de mi vehículo, siento un fuerte en impacto en la parte de atrás y entiendo que, o alguien me chocó o yo choqué a alguien. Intento salir hacia adelante pues se había abierto una brecha con la camioneta que me bloqueaba el paso, pero el espectáculo era definitivo: alguien sujetaba mi cuello y una pistola se apoyaba en mi cabeza.

Miro hacia adelante y veo que estoy rodeado. A mi izquierda tengo dos sujetos, dos al centro y dos a la derecha, apuntando sus fusiles de asalto sobre la parte superior de mi cuerpo, cubiertos sus rostros con máscaras y en completa tenida de combate. Los haces de luz infrarroja de sus armas cubrían mi cuerpo y sólo nos separaba el débil cristal del vehículo. Sólo en ese minuto deseché la idea del secuestro y volvió rápidamente a mi mente el fantasma fascista.

Gritos por doquier, “¡quieto, levanta las manos, no te movás! ¡Busquen el fierro, no hablés ¿andás armado?” No sé a qué atenerme por lo contradictorio de las órdenes, al final opto por permanecer inmóvil, con el brazo izquierdo sujeto por detrás de la cabeza y pegado a la oreja y la mano derecha sobre la palanca de cambio que aún estaba en primera y con el motor en marcha. Estaba seguro que un movimiento en falso podía conducir a un incidente fatal.

Como es mi costumbre usaba el cinto de seguridad, me esposaron y un sujeto vestido de civil con su mano me golpea el rostro. Cuando pretenden bajarme se dan cuenta que el cinto impedía mi salida por tanto me liberan un segundo para desatármelo. Ya fuera de mi vehículo sabía muy bien de qué se trataba y en el fondo, me invadió una suerte de alivio -pues a pesar de lo difícil de la situación- pensé que podía ser el inicio del fin de una larga pesadilla. A lo orilla del camino, con las esposas hundiéndose en mis muñecas me paran al costado del vehiculo, veo como mi camioneta es revisada de manera exhaustiva, y miro por todos lados buscando a Paula que casi de manera obligatoria tenía que pasar por ahí a esa hora. De todos modos, tenía la seguridad de que más de algún vecino iba a ver todo y me reconocería de inmediato. Mi mente durante segundos recorre pasajes de mis afectos.

Me atormentaba la idea de que llegaran a casa antes que mi compañera y encontraran a mis suegros e hijos solos y no por el hecho que se enteraran de mi detención sino por la causa de la misma, pues hasta ese momento había sido el secreto mejor guardado y desconocían absolutamente mi realidad. Incluso al otro día ya debían haber emprendido el regreso a Chile luego de pasar unas semanas con nosotros por el cumpleaños de los niños.

Me embargaba un sentimiento de deslealtad que no estaba en condiciones de explicar pero de una u otra u forma, sentía haber traicionado la confianza y el aprecio que me habían brindado todos estos años. Esto mismo se repetía hacia todos los amigos que veía con frecuencia y que se habían transformado -a pesar de la diversidad de pensamientos e historias- en una suerte de pequeña familia. ¿Hasta dónde comprenderían y entenderían mi verdadera realidad?

De vez en cuando mis reflexiones eran interrumpidas por uno que otro diálogo con los captores. Uno de ellos se acerca y me dice: así que Apablaza ¿no?” -Sí, así mismo, fue mi respuesta. Se establece un diálogo más distendido, aparece el sujeto a cargo del operativo y me dice: “¿Todo bien? Sí, le digo a excepción del golpe que me dieron. “¿Duele?”, me dice. No. “Pero la moral sí”, agrega y se retira.

Escucho celulares y radios por todos lados, informando del éxito de la operación. Me leen mis derechos y en mi afán por divisar a mi compañera por algún lado veo en su plenitud la magnitud de la cacería, a lo menos cuento cinco vehículos civiles y un furgón con las siglas Geof; cuatro sujetos a cargo de mi vigilancia y unos cinco haciendo una exhaustiva revisión de mi vehículo, levantando alfombras e inspeccionando hasta la última cajuela. Otro con cámara en mano filmando todo y varios sacando fotos con cámaras digitales, además de una veintena de civiles de un lado a otro.

A ambos lados de la ruta, los curiosos vecinos comienzan a aparecer en los portales de sus casas, la tensión inicial comienza a desaparecer, hay amenaza de tormenta, y la noche se empieza a iluminar con una serie de relámpagos. Caen las primeras gotas, de vez en cuando me van a consultar cómo se arranca la camioneta pues tiene un dispositivo de corte.

Al rato que cómo se cierran las ventanillas y luego que el motor no arranca. En principio no sé la razón pero me doy cuenta y les informo que hay que mantener presionado el embrague. En mi interior pienso ¿cómo es posible que frente a tamaño despliegue de recursos, no estén en condiciones de arrancar un vehiculo?

Pienso en mi madre, hermanos e hijas. Por uno y otro lado, comenzaremos a conocer las familias. Mi madre sabrá que tiene nuevos nietos, sus hermanas, otros hermanos y yo podré conocer sobrinos. Claro hay afectos que ya no estarán y obviamente pienso en mi padre, pero creo que de una u otra forma está presente, como en todos estos años.

Converso con mis custodios y en el fondo me tratan de demostrar su eficiencia o bien mi torpeza. “Tenés lindos perros y están adiestrados”. Sólo me sacan una sonrisa ¿y las cámaras de seguridad funcionan? Obvio. “Te movés poco y sólo por la zona y nunca mirás para atrás. Por suerte te tomamos hoy porque o si no estábamos obligados a entrar en tu casa y eso hubiera sido distinto”. Me pregunto si tenían todos esos antecedentes ¿por qué este despliegue y no cuando llevaba o regresaba del colegio de mis hijos con la vianda para su almuerzo? ¿O en el supermecado, o cuando cortaba el pasto afuera de la casa o cuando los sábados jugaba alguna pichanguita?…

De vez en cuando me tapan la cara con una polera, hubiera sido mucho más simple si me metían dentro de un furgón o vehículo. En este tiempo interminable, se acerca un custodio y me dice: “ya conversamos con tu mujer”. Como no les creí me dice: “Pasó por aquí”. ¿Con quién andaba?”, pregunto. “Parece que con una amiga”, me dicen. “¿Cómo era?”, insisto.

Me da un par de señas de ella y del vehículo en que andaba y digo es Myriam, y eso me da tranquilidad pues estoy convencido de que al saber la verdad, los problemas familiares que me angustian estarán bajo control. Además ella es de armas tomar a la hora de defender sus derechos.

Me conducen hacia la camioneta, la puerta de atrás está abierta a mi izquierda, un muchachón toma nota de la parte final de procedimiento en presencia de dos testigos que estaban muy nerviosos. Me toman la siguiente declaración: Nombre: Galvarino Sergio Apablaza Guerra, Edad: 54 años, Fecha de nacimiento… De pronto desde adentro de la camioneta se escucha una voz “espera, espera”. Era quien filmaba. Se acabó la batería y se quedó sin luz la cámara. Vuelta atrás y comenzamos de nuevo. Fecha de nacimiento… Ocupación: REVOLUCIONARIO, se miran como poniendo en duda la profesión, pero continúan. Cédula de identidad… ni idea.

A cada una de mis respuestas, la antecede un breve silencio, después de tantos años de ser Pedro, Juan y Diego, se me hace difícil volver a ser Apablaza. Incluso hasta me suena medio raro, pienso y digo ¡putas que me han quitado cosas!. Hasta me cuesta saber quién soy, pero en el fondo me siento afortunado: tengo una familia que amo y me ama, tengo amigos -muy pocos- pero en estos días y a pesar de sorprenderse de esta situación, han demostrado un coraje y dignidad increíbles brindándome toda su solidaridad y apoyo.

Pienso con nostalgia, tristeza e impotencia en grandes compañeros y amigos del ayer y que no tuvieron ninguna oportunidad, vienen a mi mente Manuel Guerrero y José Manuel Parada, salvajemente torturados y degollados por las fuerzas de seguridad. Con el primero compartí largas jornadas de trabajo voluntario en un canal de regadío para pequeños campesinos en la zona de Rengo por allá por el año 1972. Incluso en la inauguración de esta obra estuvieron presentes el general Prats y Víctor Jara.

José Manuel fue la primera visita que recibí en el campo de prisioneros de Puchuncaví, como delegado del Comité Pro Paz y realizó variadas gestiones por mi liberación. Imposible sacar de mi mente a un entrañable, como el “Chico” Raúl Pellegrín, con quien recorrimos juntos quizás la parte más dura de nuestras vidas y qué hablar del “Huevo”, Roberto Nordenflytch, quien murió en Tobalaba, siempre tan compuestito y preocupado por su figura, pero con una nobleza y lealtad a toda prueba.

Al término de la declaración se hace un inventario de mis pertenencias: Una billetera de cuero con una cédula de identidad a nombre de Héctor Daniel Mondaca numero 18792512, registro de conducción al mismo nombre, 115 dólares americanos, 100 pesos argentinos y a firmar se ha dicho. Es un gran problema porque no sé cómo hacerlo, pero no es hora de ponerse riguroso: estoy detenido y lo que menos importa es eso, así que un par de mamarrachos es más que suficiente.

Firman los testigos y me devuelven a mi posición original, parado tras un vehículo. Llueve copiosamente, pienso esto le va hacer bien a las plantas… ¿y quién mierda se va a comer los tomates que plante en la finca en un tiempo más?

Otra vez la prensa y a taparme la cabeza. No tengo dudas entonces de que hay interés en mostrar el trofeo. A las 22 horas nos ponemos en marcha, me suben a un vehículo pequeño, chofer y acompañante, voy sentado esposado atrás al centro de entre dos custodios. Siento que las esposas me rompen las muñecas, pienso que no les voy a dar el gusto y no hago ni una queja. Orgullo es lo que sobra en estos casos o bien lo único que queda. ¿Cómo vamos?, pregunta el conductor. Por los handy se escucha sándwich. Pienso seguro que yo soy el jamón. Está sintonizada una emisora de radio obvio que es la derechista Radio 10 y pienso “encima tengo que escuchar esta basura”, yo acostumbrado a la 2×4 a puro tango, escuchando muy temprano al periodista Horacio Embón en programa El Francotirador. Que nadie piense mal, es un programa periodístico.

Sale una camioneta baliza al techo, lo seguimos, a ambos lados otro vehiculo y cierra la columna otro. Los vehículos se desplazan con lentitud, los laterales en las bocacalles se adelantan para bloquear, observo a mí alrededor esas calles que hasta ayer y durante varios períodos me daban algo de tranquilidad. Pienso y digo “chao Moreno, gracias y la reputa que te parió”.

Durante el viaje suenan celulares y handies con frecuencia para decir acercáte más o esperá. De pronto un llamado me pareció una felicitación a quien iba en el asiento del acompañante, un hombre con cara de bueno y tranquilo. Uno de mis custodios me pregunta ¿cómo estoy? Es un muchacho, seguramente era un niño cuando imperaba el terror en América Latina. Bien, le digo. En comparación con lo que había sido mi detención en dictadura cuando no se sabía si algún día saldría. “Pero ustedes hacían lo mismo” dicen. ¿Pero como no existe ni un solo caso de detenido-desaparecido o centro de torturas por parte de las organizaciones populares chilenas? Lo único que hicimos fue defendernos y resistir. Fin del diálogo.

Cerca de las 24 horas entro en la Unidad Antiterrorista que servirá de lugar de detención. Cruzamos una barrera con detección de armas, soy conducido al final de un pasillo y me ubican mirando la pared. Percibo a varias personas en un ambiente distendido. Luego me hacen pasar a una oficina con una gran mesa y un televisor. Sobre ella papeles y un tampón con tinta. Me explican que procederán a la identificación, me quitan las esposas y me dan unas fichas para llenar con mis datos personales, me dicen que espere un poco para que mis manos se recuperen de la presión de las esposas, son tres los funcionarios presentes y se genera un clima muy afable.

Me ofrecen agua y luego si quiero té o café, pido agua y café, que, por cierto, me lo brindan con amabilidad. Ocasionalmente, más de alguno me pregunta que dónde vivía en Chile, todo indica que se trata de un conocedor del país. A firmar y poner huellas se ha dicho. Ahí me di por enterado que había chocado un auto de ellos, naturalmente ellos en esos momentos daban una lectura distinta a mi intento de huida.

Luego sesión de fotos, el lugar no era apropiado por el fondo de sus paredes así que me llevan al pasillo principal y luego de frente y perfil. Me arreglo la polera y trato de poner mi mejor estampa. Ahora la dignidad es mi única arma. Me conducen a una celda y me dicen que estoy incomunicado hasta que me reciba el juez y que será temprano por la mañana. Una celda muy pequeña con una letrina al piso, un lavatorio y un camastro de concreto.

No hay colchón y nada con qué cubrirse. Gracias al desorden de mi hijo -que en otro momento le hubiera costado un reto- me acercan su chaqueta del colegio. Ya más tranquilo, se van acercando quienes participaron del operativo y otros. Creo que había un interés honesto de parte de ellos por conocer a este personaje “tan peligroso”. Hablamos de parte de mi vida, familia y por cierto les interesaba conocer de mi vida combativa: Cuba, Fidel, Raúl, Nicaragua.

Sólo generalidades, se tragaron la historia del mito, la leyenda que muchas veces la prensa inventó y donde al lado mío, Bin Laden es una alpargata. Que si me había dado cuenta de que me tenían bajo control y por qué estaba tan confiado. Les dije que sí, que el control era evidente en los últimos días puntos fijos que hasta un ciego lo hubiera percibido. Una camioneta de Edenor casi en la puerta de la casa y otro vehículo en una intersección de las vías del tren, en aparente función de venta. En todo caso, ya tenía tomada una decisión, si bien es cierto no estaba dispuesto a entregarme. Tampoco a salir huyendo, más aún cuando ello sin lugar a dudas me separaría casi definitivamente de mis hijos y compañera.

Así que bueno un poco sea lo que Dios quiera. Me ofrecieron pizza y bebidas pero la situación no daba para bocado alguno. Me comunican que mi abogado estaba afuera y me acercan una nota de él, diciendo que al otro día nos veríamos en tribunales. Ya mi tranquilidad fue mayor.

Luego me sacan de la celda, otra vez esposas y me trasladan caminando a otro edificio dentro de la misma repartición policial. Nuevamente huellas y fichas pero sólo para registro de entrada. Otra celda y a dormir si es posible.

Ya eran las 4 de la mañana. Mi cabeza estaba a full. En silencio más de algún lagrimón cayó por mis hijos, mi compañera y toda mi familia que sería sorprendida por la noticia. Pero seguía muy convencido de la decisión que había tomado y ahora había que mirar hacia adelante y prepararme para este nuevo escenario y que, más allá del desenlace, comenzaba el inicio del fin de esta larga pesadilla. En algún momento la libertad tiene que llegar. Tengo salud, fuerza y muchas ganas de vivir.

Diez de la mañana a tribunales, gran despliegue, me conducen los mismos del operativo anterior ya casi con familiaridad. Ninguna hostilidad, voy en un furgón esposado y con tres custodios, afuera el sol pegaba fuerte. Les digo que en la primera conferencia de prensa que dé voy a reclamar por la falta de aire acondicionado.

En tribunales el trámite de rigor: huellas, revisión física y celda de incomunicación. Aquí las condiciones dejaban mucho que desear, en las paredes y el techo inscripciones que juran amor eterno a madres, hijos, esposas o novias y también a la Virgen y Cristo. Cerca del mediodía me conducen por unas escalinatas hacia la oficina del juez.

Al salir por un pasillo grande es mi sorpresa: mi compañera salta hacia mí, en su rostro hay mucha fuerza y confianza, también diviso a unos metros a Claudio Molina y su compañera, quien hace unos años había estado en situación similar a la mía, y de quien nada sabía. Gritos de saludo en señal de cariño y solidaridad, sólo atino a decir gracias por estar aquí.

En la sala del juez impera un ambiente cálido. El secretario le indica al personal de custodia que me saquen las esposas y me ofrece un asiento, me saluda y se presenta como el encargado de la causa y me explica que dicha comparecencia tiene como objetivo que el juez me notifique de mi detención y la calidad de ella, así como el lugar donde debo cumplirla.

Luego entra mi abogado, Rodolfo Yanzón, perteneciente a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Brevemente me informa de los pasos que vienen y echamos un vistazo a la causa. De pronto entra el juez, se presenta y procede a notificarme, prisión preventiva a solicitud de la Corte de Apelaciones de Santiago bajo los cargos que ya han tenido amplia repercusión en la prensa. Me explica que la justicia chilena tiene 60 días para hacer efectivo el pedido de extradición y posteriormente, ellos tienen que decidir si es aceptada. Me levanta la incomunicación y deriva a un recinto de la Unidad Antiterrorista, regresando al mismo lugar desde adonde había pasado la noche. Para mi dicha, era día de visitas, así que a prepararse.

Los que serían mis compañeros, que llevan largos años de prisión, ya estaban al tanto de la llegada del nuevo y “siniestro” compañero que tendrían. de inmediato me brindan su afecto y solidaridad, que toallas, colchón, frazada, dispuestos a compartir lo poco y nada que tienen, preocupados por dar ánimo y confianza y hacer más llevadera nuestra convivencia.

Llega mi compañera y poco a poco mis grandes incertidumbres van dando paso a la sorpresa y la emoción. Mis suegros que partían ese día suspendían su viaje y ponían de manifiesto que ahora lo único importante era mi liberación. Mis hijos poco a poco irían conociendo quién era su padre y mis amigos, absolutamente todos, con una disposición total a hacer lo que fuera necesario e incluso creo que varios hasta gratamente sorprendidos. Sin ir más lejos en el momento mismo del operativo una gran amiga la va buscar, donde yo nunca llegué y nos ayuda junto a su esposo en esos primeros minutos en los cuales lo único que uno espera es una voz que diga aquí estoy para lo que sea.

Nunca imaginé que este hecho podría tener tal connotación y menos recibir tantas y variadas muestras de cariño y solidaridad. Sin duda es la consecuencia de los nuevos vientos que soplan en el Sur. Sólo lamento que se haya producido en un momento tan trascendente para la sociedad chilena, al hacerse público el informe sobre la tortura, pero al mismo tiempo tengo mucha confianza en que más allá de los esfuerzos mediáticos en que se pretende desviar la atención del problema central, la verdad se impondrá.

En ese sentido, puedo asegurar que las únicas manchas de sangre que tengo son las de mis torturas y la de tantos compatriotas asesinados, partiendo por el Presidente constitucional Salvador Allende, Miguel Enríquez, Víctor Díaz, los muertos de Lonquén, de la Operación Albania y de nuestros comandantes José Miguel y Tamara.

Que nadie se llame a engaño, yo sí puedo mirar a los ojos a mis hijos, cosa que no pueden hacer los Fernández, los Torres, los Novoa, los Rodríguez, los Jarpa, los Edwards y obviamente los Pinochet.

Dentro de pocas horas recibiré a mi madre. En estos 30 años una sola vez la vi fugazmente, luego vendrán mis hijas y hermanos. Estoy feliz y ansioso por este reencuentro. Una nueva vida comienza y como siempre, estaré junto a quienes piensan y luchan por un mundo mejor.

Galvarino Sergio Apablaza Guerra, “Salvador”.

Juicio En Buenos Aires

Luego de su detención, Galvarino Apablaza permaneció recluido en la Unidad Antiterrorista de Buenos Aires, en espera de resolver su situación procesal.

A solo horas de ser detenido el gobierno chileno había procedido a solicitar a las autoridades argentinas su extradición, requiriéndolo entre otros casos por su presunta participación en la muerte del senador Jaime Guzman, y el secuestro de Cristian Edwards.

“Es una detención de extraordinaria importancia, por cuanto se trata de una persona que debería aportar antecedentes claves en el homicidio del senador Guzmán, sobre todo en lo que dice relación con la orden de asesinarlo. La decisión de matarlo no fue tomada por sus ejecutores, sino por una organización de carácter militar con un mando, en el cual Apablaza ocupaba el puesto más importante”, señaló el abogado de la Udi, Nurieldín Hermosilla, tras interiorizarse de los detalles de la captura.

Lo cierto es que Apablaza se enteró que estaba acusado de la muerte de Guzmán y del secuestro de Cristian Edwards después de su detención en Buenos Aires, ya que ambas causas estaban jurídicamente resueltas. Apablaza había sido juzgado en ausencia y se había establecido que el ex guerrillero no había tenido participación en los hechos.

“Él no tiene responsabilidad penal en los crímenes de Guzmán y Edwards. Está procesado sin haber declarado. Por eso sostengo que Salvador ya está juzgado en Chile. Hay una jauría esperándolo. Y en eso ha sido cómplice la prensa. Yo creo que Salvador no tiene participación en eso”, afirmo su esposa, la periodista chilena Paula Chain.

Egresada de la Universidad Católica, y con estudios en The Grange School, Chaín es desde hace nueve años la esposa de Galvarino Apablaza y desde un comienzo lidero la formación de una red de apoyo para la causa de asilo político que el padre de sus hijos pidió al gobierno argentino. En sus gestiones la acompañaron el abogado chileno Carlos Margotta y el argentino Rodolfo Yanzón, quienes junto a los ex frentistas Vasily Carrillo y Claudio Molina integraban la red política y jurídica más cercana a Chaín, la mujer que tras la detención de “Salvador” debió explicarles a sus hijos quién era su padre.

“Mi esposo ha dicho que el Frente fue en un contexto determinado, en una época determinada. Y la época actual no es para el Frente. Y no se pueden plantear acciones políticas como las que se hacían en esa época. Cuando el estuvo en Chile trato de reinsertarse, pero no pudo. Ahora, hemos pensado en una campaña de solidaridad para parar este intento del gobierno chileno de llevarse a Salvador como presa de guerra. Nosotros queremos seguir viviendo acá. Salvador tiene sus ideales, derechos y ganas de participar en política también. Yo no estoy de acuerdo en que lo de el sea terrorismo. Para mí el único terrorismo es el de Estado que ejerció Pinochet”, sentenció Chain.

Lo cierto es que esta solicitud de extradición fue rechazada desde un principio por organismos humanitarios, abogados y buena parte de la sociedad argentina. Por ello, numerosas entidades, tanto chilenas como argentinas, comenzaron una campaña en apoyo al “comandante Salvador”.

Es así como el 4 de diciembre del 2004, organizaciones de derechos humanos de argentina, entre ellas las Abuelas de Plaza de Mayo, la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y la Liga por los Derechos del Hombre, reclamaron públicamente para que el estado argentino concediera a Apablaza Guerra el estatus de refugiado político.

En tanto desde la cárcel, “Salvador” comenzaba también su propia defensa; “En este momento mi situación es una detención preventiva, por un encargo de la Corte de Apelaciones de Chile. No tuve ninguna participación en los casos Guzmán y Edwards. No tuve nada que ver. Soy inocente y a pesar de ser inocente de esos cargos que se me imputan, espero no ser juzgado en Chile. Hay un contexto político en el cual se dan esos hechos, que de una u otra forma invalidan toda presunción de culpabilidad. El Frente estaba en un proceso de dispersión muy grande. Yo no podía ser responsable de todo lo que sucedía ni de todos los hechos -que eran muchos-, y que no tenían que ver con decisiones políticas”.

Además afirmó que “detrás de esto está un juicio a mi historia, está un juicio político a la organización a la cual yo pertenecí, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que enfrentó a la dictadura en todos los terrenos, e hizo uso de la violencia ante un régimen que hoy más que nunca el mundo comprende, es la esencia del terrorismo de Estado. Yo he sido una víctima por 30 años de violación sistemática de mis derechos, ¿qué confianza puedo tener yo de que a esta altura de la vida se me van a respetar?”.

También desde Chile, su madre Luisa Guerra de 83 años, hizo un llamado a través de una carta publica para obtener el apoyo de la comunidad internacional hacia su hijo; “Por la presente pido la solidaridad de toda la comunidad internacional y de los organismos de Derechos Humanos del mundo para con mi hijo Sergio Galvarino Apablaza Guerra, más conocido como Comandante Salvador, último jefe del Frente Patriótico chileno Manuel Rodríguez que luchó fieramente contra la dictadura de Augusto Pinochet. El se encuentra detenido injustamentemente por dos causas en la que fue declarado rebelde porque no se presentó por falta de la mínima garantías para su justo proceso. Hoy el gobierno del presidente Lagos pide su extradición. Mi hijo pide refugio político en la Argentina donde vive hace más de diez años. Y nosotros sus familiares lo apoyamos. Necesitamos reunir fuerza con vuestro apoyo para enviarlas al presidente Kirchner ya que debe decidir la situación de mi hijo, enfrentado a grandes presiones”.

Amigos y ex compañeros también manifestaron su adhesión a la causa de “Salvador”. Vasily Carrillo, su ex camarada de armas, y quien había conocido a Apablaza en Cuba a comienzos de la década de los ochenta, arribó a la capital argentina a comienzos de diciembre de ese año, con el fin de apoyarlo; “Nos llama la atención que éste fue un operativo que se venía preparando hace mucho tiempo por parte de la policía chilena con la argentina y nos llama también la atención que esto se desarrolle justo cuando ha salido a la luz pública el informe sobre Prisión Política y Tortura “.

Tanto Carrillo, como Claudio Molina Donoso, otro ex integrante del FPMR, refugiado desde el 2001 en Argentina, se convertirían en importantes pilares para la masiva campaña en apoyo a “Salvador”.

“En Chile no podría haber un juicio justo si hasta el día de hoy no existe la democracia, y eso no lo digo yo, lo dice hasta el mismísimo Presidente Ricardo Lagos. Aún hoy estamos en transición a la democracia”, sostuvo Molina Donoso.

Luego de algunos meses de detención, la hora de la verdad para Galvarino Apablaza llegaría el lunes 27 de junio del 2005, cuando se dio inicio a la primera de las tres audiencias que determinarían si el ex numero uno del FPMR seria deportado a Chile para enfrentar a la justicia por los casos Guzmán y Edwards.

En su primera intervención en el juicio, Apablaza dijo ser “víctima de una persecución del Estado chileno”. La instancia a cargo del juez Claudio Bonadío, escuchó la presentación de los abogados Gustavo Gene, por parte del Estado chileno, que pidió la extradición, y de Rodolfo Yanzón, defensor de Apablaza.

Apablaza, el primero en subir a la testera del tribunal oral trasandino, planteó que su “único delito” fue oponerse a la dictadura del general Augusto Pinochet y subrayó que “quienes hicieron desaparecer a mis compañeros y los torturaron son los mismos que piden mi juzgamiento. Es la primera vez que puedo defenderme en un juicio, mi único delito fue pensar y oponerme a la dictadura. Espero que sea el principio del fin de una pesadilla”.

Expreso luego que el proceso que enfrentaba “no es más que el resultado de un proceso de persecución política que se prolonga ya por más de 30 años, obligándome a vivir de manera clandestina e ilegal, como condición indispensable para mi sobrevivencia y la de mi familia”.

Con respecto a los cargos de autoría de los dos hechos por los que se acusa a “Salvador”, su abogado Rodolfo Yanzón alegó que “no existen pruebas fehacientes que involucren a Galvarino Aplabaza en la autoría de los hechos. Más específicamente, un libro escrito por un policía chileno miembro de la Udi (el ex detective Jorge Barraza), confirma que los hechos ocurrieron a espaldas de la dirección del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Ambos delitos se encuentran prescritos a pesar de la interpretación del Estado chileno que computa dos días por cada uno de los establecidos en la condena por hallarse el acusado ausente, es decir fuera del país. La declaración del líder mapuche Juan Antonio Painecura, que asegura haberlo visto en Chile en 2003, así lo demuestra. No se puede demostrar por lo tanto, la ausencia de Salvador durante todos esos años, al menos hasta el año 2003″.

Dos días mas tarde, en la última de las audiencias, “Salvador” en medio de un extenso discurso argumento ante el juez Bonadio; “Mi vida la he dedicado a la lucha por un mundo más justo y moralmente no existía otro camino. Lo hice primero, desde las filas del Partido Comunista de Chile y luego, desde el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, donde aporté mis mejores esfuerzos para conquistar la libertad de mi pueblo. Los hechos en los cuales se me intenta imputar, ocurrieron en un contexto, en el cual mi organización se encontraba seriamente debilitada. El alto costo pagado por la lucha antidictatorial se hacía presente y su principal dirigente Raúl Pellegrin, con sus jóvenes 30 años había sido asesinado recientemente por las fuerzas policiales. Hasta hoy su crimen -y el de nuestra comandante Tamara- permanecen impune. Bajo este cuadro, centenares de combatientes nos vimos obligados -por nuestra sobrevivencia y la de nuestras familias que nos acompañan en este dolor- a vivir como ilegales y clandestinos. Me honra haber sido parte de una generación que soñó e intentó transitar hacia un mundo de justicia y libertad.

Sr. Juez, le puedo asegurar que en este largo andar, las únicas cicatrices y manchas de sangre que tengo son las de mis torturas y la de los miles de compatriotas asesinados por la dictadura, para los cuales la justicia aún parece muy lejana”.

La sentencia que sellaría la suerte definitiva del “comandante Salvador” llegó el 5 de julio. Ese día, en un contundente fallo el juez Bonadío rechazo la petición de extradición del gobierno chileno bajo la tesis de que en Chile no estaban dadas las condiciones para realizar un juicio justo al ex frentista, debido a que todavía existían en el país una serie de enclaves antidemocráticos. Bonadío consideró que el ministro Hugo Dolmestch incurrió en un prejuzgamiento de Apablaza al procesarlo cuando fue detenido en Argentina, sin siquiera tomarle una declaración; “Se le sometió a proceso en ausencia, sin que un abogado tuviera la posibilidad de rebatir los argumentos que hicieron en su contra”, sentencio Bonadio.

La decisión del juez argentino permitió que Galvarino Apablaza Guerra, recuperara al anochecer de ese día su tan anhelada libertad.

“Salvador” al ser liberado

Al salir de la cárcel, el ex numero uno del FPMR, era esperado por un considerable número de amigos y familiares. Emocionado y ondeando una bandera del Frente, “Salvador” declaró a radio Cooperativa; “Uno siempre se puede arrepentir de muchas cosas, pero nunca de luchar…”

Su madre, que esperaba emocionada frente al recinto carcelario, declaro a la prensa; “Ha sido lo más maravilloso para mí. Ustedes comprenderán, soy una madre que tiene 83 años, que ha sufrido mucho, porque son 30 años en los cuales no lo vi. Esto es una nueva vida para mí, con los pocos años que me quedan”.

A costa de algunos meses privado de su libertad, Galvarino Apablaza Guerra, el “comandante Salvador”, recuperó su verdadera identidad, abrazó a su madre por primera vez en 30 años y pudo comenzar, finalmente, a contarle a sus hijos menores, nacidos en Argentina, su vida.