La Oficina

Publicado: 2010/11/04 en Uncategorized

OBS !! Esta informacion proviene de un extenso trabajo de Roberto Ampuero “LOS AÑOS VERDE OLIVO” Ampuero conocido por su traicion al partido Socialista,traicion a nuestros hermanos Cubanos ,Tracion a nuestro pueblo luchador, trabajando con el enemigo (La Oficina ,Ani,Marcelo Schilling,Oscar Carpenter y muchos otros mas)Ampuero, La Oficina y Otros han entregado informacion del  “FPMR”, pero buen contenido del aspecto historico.

 

Dos semanas después de la muerte del senador Jaime Guzmán, el gobierno anunció la creación del Consejo de Seguridad Pública, una instancia destinada a recopilar información para desbaratar a los grupos subversivos. Conocida como “La Oficina”, esta repartición aprovechó la descomposición interna que vivía el FPMR para cimentar su éxito.

Encabezada por Jorge Burgos, y con fondos reservados del ministerio del Interior, su misión incluía la coordinación de la policía civil y uniformada en materia de información. Por ley, estaba fuera de las facultades de “La Oficina” la realización de labores operativas o en terreno.

Pese a esto, muy luego sus hombres traspasaron estas restricciones. Por instrucciones de su secretario ejecutivo, el socialista Marcelo Schilling -su verdadero jefe-, el organismo abrió una oficina paralela en la calle Huérfanos. Se montó una red ilegal de más de 30 informantes pagados que infiltró e hizo tambalear no solo al FPMR, sino a muchos otros grupos de extrema izquierda.

Uno de esos informantes, Humberto López Candia, había logrado infiltrarse desde hacia mucho tiempo en el FPMR, y las informaciones que entrego servirían en gran parte a desmantelar la organización frentista. Según López Candia, lo propio hicieron los demás ex subversivos que colaboraban con el organismo, entre quienes estaban los socialistas Oscar Carpenter, Antonio Ramos, y los frentistas Agdalín Valenzuela y Enrique Villanueva Molina, el “comandante Eduardo”.

Oscar Carpenter Enrique Villanueva Molina

En 1997 López Candia concedió una entrevista a la revista “Que Pasa”, donde reveló inéditos detalles de esta trama gubernamental para acabar con el FPMR. El siguiente es un extracto de aquella entrevista.

Humberto López Candia

El “Chele” y Las Relaciones con el FPMR

Cuando estuve en la cárcel y hasta 1990, por el hecho de ser miembro de la organización de los presos y de la coordinadora nacional, tenía contacto con las cúpulas de los presos y con las organizaciones que nos apoyaban. Eso me permitió mantener buenas relaciones con la mayoría de los dirigentes del FPMR que estaban alli. Por el tipo de relación que llevábamos se generó confianza mutua. Después cuando salí seguí manteniendo contacto personal con gente fugada de la cárcel publica en 1990, gente que estaba en Chile, a modo de conversación nada más. Fueron encuentros esporádicos.

Cuando comencé a trabajar en la “Oficina”, mi primer trabajo operativo fue hacia un grupo nuevo del MIR, pero cuando se desarticuló nos dedicamos todos al Frente, porque el sector militar estaba ganando terreno y había realizado varias acciones que permitían pensar que el FPMR tenía una organización fuerte en lo militar y que no pensaban bajar su accionar, sino todo lo contrario. No era un trabajo incoherente.

Mi jefe directo en la Oficina era Oscar Carpenter. A el lo conocí a principios de los ochenta, durante mi estadía en Cuba, donde Carpenter dictaba cursos de Inteligencia en el área de Guerra Sicológica. En esos cursos participaban, además de chilenos, muchas personas de otras nacionalidades. El les hizo clases, entre otros, a Ignacio Recaredo Valenzuela y Mauricio Arenas Bejas -dos jefes del FPMR-, y en una de las charlas que dictó, tambien estuvo Juan Gutiérrez Fischmann, el “Chele”. A este último lo conocían bastantes chilenos. Era él quien efectuaba ciertos contactos con la oficialidad cubana para tratar algún problema. Le decían con familiaridad “Maco,” (segundo nombre del “Chele”).

En una oportunidad un socialista de apellido Naveas, que estaba a cargo del Destacamento Cinco de Abril (brazo armado de los socialistas), hizo mención respecto de que “el Coronel” -como le decían a Carpenter- le había hecho clases específicas a Gutiérrez Fischmann. Es más, para el día del plebiscito de 1988 fueron detenidos dos miembros del Destacamento Cinco de Abril, Pedro Fuentes y otro de apellido Caro, que iban en un auto cargados con armas. Cuando llegaron a la Cárcel Pública, donde yo estaba recluido, hablaron sobre el “Coronel” (Carpenter) y transmitieron recados del “Maco” (el “Chele”) a Mauricio Arenas y Manuel Ubilla, comandantes del FPMR, y mencionaron que Carpenter estuvo con el “Chele”. Entonces sé que desde esa época Carpenter conocía el verdadero nombre del ” Chele”, pues mantenían relaciones oficiales. A ese nivel las relaciones no son meramente formales.

El “Chele” no usaba chapa en Cuba. Era y es un hombre conocido en todas las esteras de poder. El padre del “Chele” fue un héroe revolucionario, combatió con el Che Guevara. En Bolivia también es conocido. Hay que considerar, además, que el “Chele” estaba conectado a la familia Castro -fue casado con una hija de Raúl- y se recurría a él para solucionar ciertos problemas que se presentaban con algunos chilenos que tendían a confundir sus funciones en la Isla. Hay otros personeros que fueron del MIR y que ahora son socialistas que también conocieron al “Chele”, como Carlos Ominami y Roberto Moreno. Por supuesto que lo van a negar.

Nosotros en la Oficina manejabamos información del Chele desde el año 92. Se sabía que era parte de la dirección nacional FPMR y que su chapa era “Diego”. El nombre de “Chele” comenzó después. Lo manejaba la BIP. Juan Sarmiento, “Lorenzo”, empezó a averiguar por todos lados quién era el Chele. Respecto a la chapa solo se sabía que “Diego” era Juan Gutiérrez Fischmann. También hay que recordar que el “Chele” se separó de la hija de Raúl, pero no de la familia Castro. Además, se emparentó con una mujer relacionada directamente con el entonces presidente de Argentina, Raúl Alfonsín. Esto le permitió al “Chele” conseguir espacios para montar en el país trasandino una gigantesca red de apoyo y retaguardia para el FPMR. Los argentinos lo han permitido conscientemente, porque tienen grandes objetivos en mente, en términos regionales, y en algún momento el tener subversivos extranjeros en su territorio puede ser útil.

El “Chele”, en efecto, conoce a Carpenter y a Antonio Ramos, y no solamente por su relación familiar con Raúl Castro, sino por funciones que cumplió como oficial de inteligencia. El “Chele” fue enlace del G2, el aparato de inteligencia cubano que realiza operaciones de servicio exterior. Siempre he pensado que si el gobierno hubiera detenido a Gutiérrez Fischmann, más de alguna complicación habría tenido no sólo con el gobierno cubano, sino con toda la comunidad de inteligencia que se armó en La Habana y que está esparcida por Latinoamérica.

En tanto yo seguí infiltrándome en el FPMR, aprovechando que tenía casi un vínculo de militante, sobre todo con la estructura que estaba a cargo de “El Rodriguista”, revista de difusión del FPMR. Era un agente que debía asimilarse como militante, tenía que ser eficiente en eso para poder llegar a influir. Comencé a participar en reuniones y tenía derecho a opinar y decidir sobre algunos temas.Como la publicación era irregular, se discutió fuertemente en hacer una revista masiva y no sólo para la militancia. Una de las posturas más fuertes era masificarla, llevarla a las universidades y a las poblaciones.

En ese momento ya se había desarrollado en plenitud la operación “Capa y Espada”. Habían asesinado a Fontaine y al “Wally” (El ex agente de la CNI, Roberto Fuentes Morrison), cosas que fueron bien recibidas hasta por el gobierno y los organismos de derechos humanos, quienes hicieron una condena tibia de los asesinatos. Lo que enredó el tema fue el asesinato de Guzmán, momento a partir del cual se volcó con fuerza la idea de bajarle el perfil al Frente de convencer a sus militantes de que la política que practicaban era errada.

El caso Edwards también trajo consecuencias internas dentro de los frentistas por lo prolongado del secuestro y la inexperiencia de algunos miembros. Eso lo aprovecho el gobierno para meter la cuña en el Frente, para bajarle la moral, provocar desconfianza.

Durante toda mi trayectoria tuve contactos con “Salvador” (Galvarino Apablaza) y “El Chele”. A “Ramiro” (Mauricio Hernández Norambuena) no lo conocí. Tambien conocí al “comandante “Carlos” (Iván Erices), quien estaba encargado de Santiago. A Maritza Jara y algunos combatientes que conocía por chapa. Y, por supuesto, al comandante “Eduardo”, Enrique Villanueva, pero de eso me entere recién cuando salió su foto en la prensa y me di cuenta que era el agente de la “Oficina” a quien yo conocía por “Pablo Andrés Lira”.

A Galvarino Apablaza lo conocí a principios de la década de los 80, cuando el todavía era del PC y trabajaba ligado al Pedagógico. Había salido un par de veces fuera del país. Manteníamos una relación fluida, óptima, pero no éramos amigos. Lo veía a veces muy débil, manejado, manipulado, pero muy convencido de sus ideas y con vocación de educarse y prepararse. Tuvo una buena preparación en el Pedagógico. Me lo reencontré en el 90, en un encuentro donde se trataron temas de masas, de vincular al Frente al trabajo público. Según Apablaza, militarmente el FPMR podía accionar hasta cierto punto, pero era un error insistir en forma indefinida en esa área. Lo que había que hacer era replegar las fuerzas y revitalizar el Frente en las organizaciones de masas, especialmente en las poblaciones y en los estudiantes. Ya se había intentado con la Juventud Patriótica.

En el fondo, la idea era que el Frente trabajara sin darse a conocer como tal, sino con cuadros que se destacaran en la lucha social. La idea era recabar espacios y en el momento dado reconvertir esa fuerza hacia un proceso de lucha armada o bien que esos espacios ganados sean zona de repliegue para los combatientes con problemas. Eso lo captó “Carlos” principalmente, que es el que comenzó a desarrollar esta idea a nivel poblacional y universitario, sobre todo en el Pedagógico y USACH. Poblacionalmente, trabajó en todo lo que es Peñalolén Alto, Lo Hermida, Santa Adriana y Lo Prado. Paralelamente, los combatientes se negaban a participar en esas organizaciones. No sabían como trabajar en ellas. Algunos se integraron, pero usando técnicas clandestinas. Eso implicó que perdieran juntas de vecinos. Ganaron 2 y perdieron como 8, porque no iban a las reuniones.

Los comandantes además vivían con muchas comodidades. Apablaza, por ejemplo, la última vez que supe de él vivía en el mejor barrio de Buenos Aires -algo así como Las Condes de acá-, en una casa cara, con un sueldo muy bueno y dirigiendo una empresa de ediciones o publicaciones. El mismo “Ramiro” vivía en el sector alto de Santiago. “El Chele” se alojaba en los mejores hoteles o arrendaba casas en buenos sectores. La dirección del FPMR justificaba todos estos gastos por motivos de seguridad. Los comandantes andaban en buenos autos y se relacionaban con gente bien, lo cual les permitía tener acceso a información importante. Es claro que la rutina Edwards se consiguió a ese nivel. El hecho de ser clandestinos les permitió moverse en esos medios con facilidad. De todos los comandantes del FPMR sólo dos o tres son conocidos. El resto no se sabe quienes son. Eso es una gran ventaja para el Frente y una desventaja para el gobierno.

Apablaza siempre fue el hombre que redactaba o diseñaba la línea política dentro del FPMR. Por eso se opuso a la muerte de Guzmán. Este trabajo le daba ventajas sobre el resto. Además, tenia una estrecha relación con “El Chele”. Incluso cuando Raúl Pellegrín, “José Miguel”, era el número uno del Frente, muchos de los diseños políticos fueron de Apablaza. Pellegrín tenía todo su empeño en la Guerra Patriótica Nacional (GPN). Quería que prendiera en los sectores populares, pero murió en el inicio del proyecto.Pellegrín no tenía tiempo para diseñar otro tipo de cosas.

Además, el FPMR autónomo tuvo que aprender todo de cero, porque cuando se organizaron como estructura, la mayoría de sus combatientes eran formados en el área militar,porque el área política estaba en manos del PC. Por eso el Frente no tenía cuadros políticos, salvo aquellos hombres de confianza que, tras el quiebre de 1987, volvieron al PC. Esto provocó que debieran aprender el trabajo social desde cero. Por eso buscaron apoyo en el MIR, que tenia experiencia en el área social.

La pugna en terreno era fuerte con el PC, que disputaba palmo a palmo el trabajo con el Frente Autónomo. También, tras la separación, hubo problemas con autos, casas de seguridad e incluso se llegó a enfrentamientos armados para recuperar armamento.Esto último obligó a que interviniera el comité central del PC para hablar con la base y evitar esos conflictos, que podía ser peligrosos.

Eso validó la posición de Apablaza, quien era el hombre más político. “El Chele” estaba más con los cubanos en tareas de inteligencia y no en la organización ni en las masas. “Ramiro” estaba en la de él, en lo militar. Finalmente, no sé como se eligió. Sólo sé que apareció Apablaza encabezando al FPMR.

Influyó la muerte de Pellegrín y de Cecilia Magni, quien lo secundaba con fuerza. Ella era uno de los cuadros más admirado, querido y respetado dentro del Frente. Eso porque trató bien a la gente que trabajó con ella. Hablaba con ellos, escuchaba sus problemas y trataba de solucionárselos.
A diferencia de otros jefes del FPMR, que sólo discutían una operación, ella se daba tiempo para conversar con la gente. Esto la hacía una buena jefa, porque podía detectar los problemas que podrían tener los cuadros para ejecutar tales operaciones y los dejaba fuera si era necesario. Lo otro era que ella participaba en las operaciones, salvo en el atentado a Pinochet donde los encargados le dijeron específicamente que no fuera, aunque participó en su organización. En cambio, a pesar de la admiración que existía hacia Pellegrín, también había críticas, especialmente porque no estaba con los militantes. Se escudaba en sus medidas de seguridad. Si bien era receptivo a los problemas, no los solucionaba y, a veces, no participaba en las acciones.

Esa característica, de actuar en las operaciones, fue un elemento que hizo que “Ramiro” fuera muy valorado por las bases. El se aseguraba que se hiciera la misión. No sólo organizaba y entregaba misiones, sino que iba y dejaba para sí una parte importante de la operación. En la práctica, “Ramiro” era quien dirigía el Frente en ese tiempo, era el que tema la fuerza. Nadie lo cuestionaba. Él podía levantar al FPMR si así lo deseaba. Eso lo volvió bastante peligroso para el sistema en general.

En tanto yo seguí militando en todo lo que era el frente de masas, publicaciones, propaganda, boletines y todo ese tipo de cosas. A veces escribía algunas cosas, sobre ciertas pautas daba alguna opinión. Además, “El Rodriguista” era toda una cosa engorrosa de hacer. Algunas ideas no se concretaban nunca, segura saliendo igual. Por ejemplo, la idea de sacarlo a las poblaciones nunca prosperó.

Con “Carlos” trabajé más. Fue a través de él que pude contactar a otras personas de la organización. “Carlos” me presentó a “Fabiola”(Adriana Mendoza Candia), que era una comandante del FPMR, y ella a “Vladimir”. “Fabiola” era su chapa, se trataba de una mujer de 30 y tantos años, no muy alta, bien parecida, bastante parca en el tratamiento. Comenzamos a tratar de rearmar la idea de que “El Rodriguista” llegara a las universidades y a las poblaciones. En un momento, no recuerdo cuando, se hizo una reunión con “Carlos” y quienes trabajaban en difusión, con un encargado del trabajo territorial. En ese tiempo, ya había sido detenido un grupo del Frente del sector de Lo Hermida y desarticulado la estructura principal del Destacamento Patriótico Raúl Pellegrín (DPRP). Se trabajaba entonces, de forma intensiva, detener el resto del DPRP que había realizado un par de homicidios. Se va cruzando todo este trabajo.

En un momento estoy cerca de Rodrigo Saa Gerbier -líder del DPRP-, no lo conozco pero estaba cerca, porque estudia sociología en la universidad ARCIS. Él aparecía en los listados de la universidad y se estrecharon los cercos. A esas alturas, Saa Garbier, estaba siendo acusado por el FPMR de ser un informante y su situación era bastante complicada. En ese periodo él organizó el rescate de la Maritza Jara -frentista detenida por el secuestro de Cristian Edwards- para demostrar que no colaboraba con el gobierno.

Eran meses de mucha tensión, porque había acusaciones del Frente contra el DPRP y ellos operaban para demostrar que no era así: pusieron una bomba en la tumba de Guzmán, asaltaron un local comercial,mataron al gendarme en calle Amengual, botaron una torre de alta tensión, entre
otras acciones.

Había un informante que se acercó a nosotros, que era de la zona sur oriente también, pero no recuerdo el nombre. Había información relativa al DPRP que apareció por el lado de Raúl Cárdenas -”El Mata”, ex Frentista que participó en el plan “Iniciativa para la Paz”-, que la ostenta a través de un par de personas de La Victoria. Yo tenía un nexo directo que no era informante ni nada, sino un militante al que manejaba. Este había participado en un asalto a una casa de cambio. Se llamaba Dante Ramirez, pero “Horacio” era su nombre político. Participó además, en el atentado a un funcionario de Gendarmería. Sin embargo, nunca se intentó detener, a pesar de que se sabía quien era, su nombre completo y donde estaba. Este cabro siguió funcionando. Después pasó a la clandestinidad absoluta cuando salió condenado a cinco años y un día, por el asalto a la casa de cambios. Esa estructura armada continuó funcionando, incluso, después que cayó José Rodrigo Saa Garbier, líder del DPRP. Nunca fue reprimida. El resto de la dirigencia del DPRP nunca fue detenido. No sé que pasó con ellos.

En cuanto al “comandante Carlos” el siempre estaba a la vista de la “Oficina”. No sé por qué no lo detuvieron. No había interés. De hecho, “Pablo Andrés” fue a verificar las reuniones para verlo físicamente. Incluso, en una oportunidad Carpenter le planteó que le sacara fotos, porque lo de “Carlos” había pasado a ser de manejo interno. Entonces fijamos un “punto” y nos juntamos con “Carlos” en Lyon con 11 de Septiembre. “Pablo Andrés” estaba al frente, en diagonal, en una especie de plaza sobresaliente. El lugar era muy adecuado para hacer el trabajo fotográfico. Sin embargo, no tomó las fotos. Después dijo que no había podido, que estaba muy visible. En ese entonces Carlos debia tener alrederdor de 35 años.Entonces por ende debió conocer a Pablo Andrés, porque “Carlos” viene de la fundación del Frente. Además, era un hombre que se movía a niveles altos. Usaba también el nombre de “Víctor” y le decían “El Mesías”, porque se movía en el santuario de Schoenstatt que queda en el paradero 14 de Vicuña Mackenna. “Carlos” había sido seminarista.De hecho, hacíamos reuniones en el santuario. Incluso, en uno de esos encuentros participó “El Chele”.

Nos reunimos para ver el perfil de “El Rodriguista”. Esto fue en 1993. Fueron dos reuniones, de las cuales sólo a la primera llegó “El Chele”. Esos
encuentros fueron filmados por Investigaciones. De hecho, vi el video y se podía identificar a todos la gente. Participaron todos los mandos frentistas del área sur de Santiago, las jefaturas que correspondían al trabajo de masas, difusión y propaganda. Ese era el tema en discusión. Había una consulta nacional del Frente, donde entre otros temas, se abordó cómo se debía dar a conocer las políticas del FPMR. Había una serie de iniciativas que nunca habían prendido, como la de hacer una serie de papelografos -tipo afiches- que difundieran la política del Frente en cosas de contingencia; cambiar el formato de “El Rodriguista” para hacerlo menos caro, como “El Siglo”, y así pudiera llegar a las poblaciones.

La reunión se hizo en una especie de sala. Habían como unas aulas que estaban habilitadas para 15 o 20 personas, eran tres salas. Había una sobresaliente, un kiosco y luego el santuario mismo. Había una entrada de estacionamiento. Hicimos un alto, pues fue una reunión muy larga, de tres horas más o menos. Fuimos a comprar al kiosco. Salió “Carlos” y saludó a todos, la mujer del kiosco lo conocía y lo saludó muy amablemente. En esa saliente, que es como una especie de calle muy abierta con unos escaños alrededor, estabamos todos visibles. Estaban “Guillermo”, el “Negro” que tenía que ver con Peñalolén, “El Chele”, “Fabiola” y otra gente que no me acuerdo. En el encuentro se recogieron todo tipo de opiniones. En un momento dije que la Guerra Patriótica Nacional (GPN) fracasó el día en que no prosperó la operación de Los Queñes. Fue el único minuto en que se alteró “Diego” (“El Chele”). Dijo con mucha fuerza que eso no era así, que fue un retroceso, que fue una mala táctica, pero que la GPN era la estrategia definitiva del FPMR, que sobre eso se iba a flotar, que el resto eran posiciones claudicantes. Casi nadie coincidía con lo que yo había dicho, todos estaban condicionados conque la GPN era la única posibilidad que había en Chile. En eso consistió la reunión.

A la semana después, me mostraron el video. Aparecía yo, incluso cuando vamos llegando, porque la entrada al santuario era una calle bastante larga. Fue filmado todo el ingreso. Estaban completamente identificados
físicamente. La “Oficina” e Investigaciones sabían que iba ir gente de la dirección del Frente, sabían que no era una reunión más de la masa, era de la dirigencia. Se sabía que por lo menos “El Chele” iba a estar. “Carlos” me avisó antes que llevara una postura “clarita”, de masificar “El Rodriguista”, quedé clasificado en la oposición a la lucha armada, pero técnicamente estaban definidos quienes estaban ahí, quienes eran importantes. Ahora no sé que pasó. Pregunté si acaso había quedado registrado todo. Carpenter no me supo dar explicaciones. Carpenter, a veces, era muy evasivo. Y cuando se ponía así yo no insistía más. Si empiezas a preguntar mucho, comienzas a volverte incómodo, y en este trabajo uno debe ser lo menos conflictivo posible.

En los actos masivos que hacia el Frente la concurrencia era de todos los servicios policiales. En los que eran mas privados, que se hacían en teatros, las organizaciones tomaban mayores medidas de seguridad. Por ejemplo, el aniversario del FPMR que se hizo en el Teatro Cariola, en 1993, fue un acto muy político del Frente donde asistió gente que estaba clandestina. Entonces, se tomaron medidas mucho más estrictas como no permitir el acceso de cámaras fotográficas ni cintas grabadoras. Sólo se permitió el acceso de la televisión por dos minutos, para que hicieran un paneo, una vista del escenario y nada más. Y para todo lo que era la seguridad misma, había que tener a militantes que tuvieran condiciones para eso. Pero igual se puede vulnerar.

“Carlos” me solicitó que me hiciera parte de ese acto, que apoyara la
seguridad. Me permitió coordinarlo con Lorena Astorga. Ella estaba haciendo cabeza de lo que era la organización del acto, de tal manera que me puse en contacto con ella y le expliqué la función que iba a asumir. Tomé ciertas medidas, entre ellas, hacer un tipo de credenciales para un grueso de personas que iban a ir, para que se pudieran identificar rápidamente. La gente que las iba a entregar estableció previamente los “puntos” donde las darían. Eso permitió que asistieran algunos funcionarios de inteligencia de Investigaciones, además de personal de la “Oficina”. Fuimos “Pablo Andrés” y yo. De inteligencia policial iría el detective Jesús Silva, no estoy seguro si fue o no, pero estaba nominado. Juan Sarmiento también asistió y Zambrano envió gente, pero no sé si fue él. Por lo menos no lo vi. Pero sé que fue gente y sabemos que fueron de otros servicios.

La gente del Frente sabía que afuera habían elementos apostados, en alguna parte, tratando de tomar fotografías, de registrar gente, a pesar de todas las medidas de seguridad que se tomaron. De todas maneras, a ese acto asistieron: “Carlos”, quien se hizo muy visible en todo minuto -visible para quienes lo conocemos-; y “Fabiola”. No sé si habían otros dirigentes, porque existía mucha reserva. Pero no creo que asistieran otros.

El Asentamiento Zonal

Para esas fechas el Frente tenia un plan llamado “asentamiento zonal” que era una idea antigua recogida por varias organizaciones. Consistía que cuando había repliegues por derrotas tácticas, los grupos tendían a recomponer sus fuerzas acumulando en “frío”.

La experiencia inicial la desarrollo la Organización Revolucionaria Pueblo en Armas de Guatemala. Ellos trabajaron siete años insertándose en comunidades indígenas y campesinas. Allí desarrollaron actividad política e insertaron sus cuadros combativos y políticos. Después llego el momento en que estaba afiatada la organización y hubo un desarrollo ideológico en todos los sectores populares y de masas que iban a participar o cooperar en el proceso. Esto lo repitió Sendero Luminoso en Perú, al igual que otras organizaciones latinoamericanas.

El FPMR estaba muy identificado y estimulado por la situación de los zapatistas mexicanos, quienes también tuvieron un proceso similar.Entonces el Frente, ante la inviabilidad de operar en términos armados inmediatamente después de la transición, recogió la experiencia interna de repliegue que existía y envió todos los cuadros, militantes y combatientes hacia una zona especifica de la Octava Región.

Este sector fue elegido por razones históricas, porque había una extensión de la base social de apoyo muy instintiva, que se daba por inercia, en Curanilahue, Lota y Coronel. Además, es una zona altamente explosiva por los problemas sociales, el descontento estaba como a la mano y se podía trabajar muy bien. La región permitía que elementos de la dirección del FPMR se pudieran replegar sin mayores dificultades de seguridad.

Para llevar a cabo el proyecto, el Frente invirtió mas de US$ 2,5 millones para construir microempresas, lo cual era una idea más acabada, que no se había dado en otras experiencias similares. En este proceso estaba contemplado trasladar las unidades o a las personas en forma individual para que formaran las unidades allá. Que convivieran allá y trabajando dentro de las microempresas. Esto les permitió sobrevivir, pero también quedaban a la mano ante la posibilidad de un levantamiento, pues era gente ya radicada en la zona.

El hecho de vivir allí, los legitimaba ante las sociedades y grupos. Por lo tanto, su actividad era absolutamente normal y podían vivir la doble función: operar en forma guerrillera y como ciudadanos tranquilos y corrientes. Esta forma de trabajo evitarla tener que transplantar cuadros operativos a regiones o sectores que no conocían.

Por ejemplo, el ultimo intento guerrillero serio se realizó en Neltume y fue un rotundo fracaso. Los militantes que participaron ahí ni siquiera conocían la zona, algunos se habían ubicado por el plano de Turistel, de verdad, no tenían idea. No sabían como era el clima y no estaban acondicionados a éste; no conocían el lenguaje ni los códigos ni los valores ni la forma de vida de la gente. Y eso se aprende a través de un desarrollo lento, pero bastante seguro en ese campo.

Se desconocía cuanta gente del FPMR estaba en la zona,pero se calculaba que había 500 militantes insertados. Nadie sabe quienes son. Están asimilados dentro de la sociedad y puede que nunca sean activados.

El Caso Guzmán

Respecto al plan del Frente para matar a Guzmán yo me enteré un mes antes, en marzo de 1991. Según la información que manejábamos, en un momento dado, todo estaba previsto para asesinar al entonces también senador Sergio Onofre Jarpa, pero lo descartaron y se decidieron por Guzmán.

Esto nos llegó a través de un frentista muy joven, que conocíamos como “Vladimir”, estudiante de Arte en la U. de Chile. El se conmocionó al enterarse que el objetivo era Guzmán. No sé cómo el obtuvo la información. Pero “Arturo” envió los antecedentes al Ministerio del Interior. Allá evaluaron que la información era poco seria, un “bluff”.

“Arturo” me dijo que estaba abrumado y no sabía qué hacer. Cuando vi a “Arturo” tan abatido, supe que el asunto era muy serio. Recuerdo que éste manejó una fecha que era el 30 de marzo y que lo harían coincidir con el “Día del Joven Combatiente”. “Arturo”, incluso, llamó en forma anónima al 133 y al 134. Obviamente no lo tomaron en cuenta. Tampoco quiso ir a la policía directamente, porque lo más probable era que lo detuvieran o no le creyeran, pues no podía respaldar la información. Cuando el 30 de marzo no paso nada, también creí que era una falsa alarma. Pero al día siguiente lo mataron.

La Dipolcar comunicó al gobierno lo que sabía sobre la materia. Eso es de
conocimiento público. Acompañó a esa minuta, panfletos del FPMR donde aparecía Guzmán marcado con una X. Y el gobierno no hizo nada. Dicen que le avisaron a Guzmán, y que este se despreocupó. Si aquí no se trata de andar avisando. Lo que hay que hacer es prevenir. Pudieron ponerle escolta visible. Se pudo haber filtrado a la prensa el plan, haber dicho que un frentista arrepentido le dio aviso a la policía. Hay muchas variables.

Luego de eso hubo mucha consternación al interior del Frente, había gente que nunca supo lo que se iba a hacer. La preocupación que tenían era que eso podía quebrar al Frente.

Se hicieron un par de reuniones donde ellos decidieron reivindicar la muerte de Guzmán. Había que justificar el asesinato como un hecho político, aunque no estaban de acuerdo. Era complicado explicarlo a la gente que rechazaba el asesinato. Eso preocupaba al Frente, porque se estaban quedando sin apoyo social. De un momento, donde fueron aplaudidos por algunos crímenes, pasó a lo de Guzmán que fue caótico. Se pensó, incluso, que la gente buscara un culpable que no fuera el FPMR, como la DINE. En definitiva tuvieron que reivindicarlo por las presiones del equipo militar que lo ejecutó, quienes no estaban dispuestos que su acción fuera salpicada de dudas y que se la adjudicara a otro grupo.

Su líder, Galvarino Apablaza estaba en minoría, entonces se decidió trabajar una entrevista. No se hicieron preguntas directas. La idea era explicar que había sido una ejecución, porque Guzmán era responsable de apoyar incondicionalmente al régimen militar. Además, el asesinato se argumentó en que Guzmán defendió con fuerza la pena de muerte cuando había varios militantes del FPMR que podían ser condenados a la pena capital. Eran solo justificaciones, porque Guzmán pudo no haber dado nunca ese discurso donde defendía la pena de muerte y lo habrían asesinado igual. La decisión no fue política, sino militar e impuesta por “Ramiro”.

En Investigaciones en ese momento tenían una gran confusión ante el fenómeno de la ultra izquierda. No manejaban el lenguaje, ni los nuevos conceptos del terrorismo.Priorizaban el resultado inmediato por sobre el de inteligencia. Eran capaces de transformar una evidencia circunstancial en prueba concluyente, como lo hicieron con Sergio Olea Gaona, a quien inculparon erróneamente en el atentado a Guzmán, y de paso arrastraron a todo el mundo en ese absurdo.

Lo de Olea Gaona no fue un asunto que se le ocurriera a la “Oficina”. Esto apareció de la mano del funcionario de la policía de Investigaciones Juan Fieldhouse, que era el enlace entre la JIPOL y la “Oficina”. En tiempo récord llegó con pruebas que inculpaban a Gaona. Y el entonces director de la “Oficina”, Jorge Burgos, siguió con el cuento incluso cuando ya sabía que este hombre no tenía nada que ver. Todos sabían que no estaba involucrado.

Respecto a Olea Gaona solo podíamos pensar que, a lo más, podía haber entregado algún vehículo para el FPMR. Aunque esto era inusual de parte del Frente, porque tenía gente para ello y plata para comprar. No era usual, además, que pidieran a algún ladrón de autos que colaborara. En el perfil de la gente que venía operando, por ser tan cerrada, no encajaba pedir esto a un delincuente común.

Cuando le consultamos a Agdalín Valenzuela solo dijo que Olea Gaona no tenia nada que ver. “Vladimir”, “Maximiliano” y el resto de la gente que conocía del FPMR también decían que no. Incluso cuando conversé con Galvarino Apablaza se mató de la risa: “que sigan investigando, que pierdan el tiempo, mientras no nos toquen a nosotros, bien”. A Apablaza lo vi por última vez varios meses después de la muerte de Guzmán, cuando estuvo acá.

En cuanto al Chele se ha dicho que era informante de la oficina. Yo sostengo que el “Chele” no fue ni es un informante de la “Oficina”. Su relación esté dada en otro ámbito. Creo que simplemente la “Oficina” no lo detuvo para no complicarse con una potencia extranjera, pues no lo vieron como un comandante del FPMR, sino como un miembro de las fuerzas cubanas. Además, detenerlo y acusarlo del asesinato de Jaime Guzmán y otros hechos, habría implicado reconocer que existían agentes cubanos operando en Chile y que funcionarios del gobierno chileno, de un área tan delicada como la Seguridad Pública, fueron formados como agentes de inteligencia en Cuba. No hubo voluntad de detenerlo a el y a la cúpula del Frente, porque el escenario era muy complejo.

Los cubanos quedaron muy descolocados con la muerte de Guzmán y le transmitieron al “Chele” que se le cerrarían los cupos para las escuelas a los frentistas, porque Cuba necesitaba imperiosamente restablecer relaciones con Chile. Y en estos intercambios de mensajes participó el “Chele” como negociador y apaciguador.

La falta de voluntad esta expresada en que el gobierno no ha hecho nada por buscar a los líderes del frentismo y cuando los han tenido a mano se han presentado siempre situaciones poco claras que no han permitido capturarlos con éxito. Pero lo más notable o palpable es que sabiendo donde están en el exterior, no han hecho nada por buscarlos.

El Caso Edwards

Con el caso del secuestro de Cristian Edwards hubo información más acabada y se llegó hasta hacer seguimientos. Incluso, la “Oficina” tenía un informante dentro del grupo del FPMR que operó. Era de apellido Velásquez y le tocó vigilar a Edwards los primeros meses. También teníamos información de “Vladimir”, quien estaba enterado de lo que estaba pasando.

El desconocia que entregaba información a la oficina, me la entregaba de frentista a frentista. De hecho, en un momento dado estuve a punto de ir a custodiar a Edwards cuando el grupo entró en crisis. Velásquez estaba al interior con Ricardo Palma Salamanca y se arrancó por una ventana cuando vio que la situación se venía negra, porque se discutía la posibilidad de matar a Edwards. Velásquez salió e informó de todo a la “Oficina”. A partir de allí se comenzó a saber con exactitud donde estaba Edwards.

A través de “Vladimir” nos enterábamos de cómo funcionaba el asunto al interior del grupo operativo del FPMR. Después el Frente sancionó a Velásquez. Incluso a él se le acuso de haber aportado información al gobierno. Pero Palma Salamanca también se fue, porque vió que la situación era poco manejable, y eso confundió la situación.

El FPMR estaba cruzado entre matar a Edwards o esperar hasta el final, porque el objetivo no era militar sino económico. El problema era que mucha gente no podía salir de la casa, por el riesgo de que contara algo.

El seguimiento que hizo la “Oficina” fue bastante cercano. De hecho, cuando Liberan a Edwards se detuvo rápidamente a la gente de la casa donde lo tenían secuestrado. Se conocía al equipo que operó allí.No se actuó por expresa petición de la familia Edwards, porque se ponía en riesgo la vida de él, a pesar de que se estaba en condiciones de operar, ya que las posibilidades de que saliera herido eran mínimas.

La opinión de la “Oficina” era que se interviniera, pero por decisión política no se actuó. De hecho en la familia de Edwards estaban dispuestos a pagar de inmediato el rescate de USS 5 millones, pero fue el gobierno quien los convenció de posponer el pago para agotar a los secuestradores. Al final pagaron sólo US$ 1,5 millones.

Se sabia que los del grupo que mataron a Guzman no sólo participaron en ese crimen sino que también en el de Fontaine. Además, en el atentado contra los marines en la cancha del béisbol del Estadio Nacional; el homicidio del “Wally” (Roberto Fuentes Morrison); y en el crimen del médico de la CNI Carlos Hernán Pérez Castro y su señora (Ana Luisa Shleger Casanueva). Era el mismo equipo. Allí se foguearon muchos. Se sabía que a este equipo había que golpearlos. No puedo aventurar que pasó en el caso de Colliguay, lo que también fue muy extraño.

En ese momento la “Oficina” manejaba mucha información del caso y la aportó, pero por celos Investigaciones no operó tal como se solicitaba. Como el caso de Dante Ramírez, que estaba identificado y ubicado, pero Investigaciones no lo detuvo.

En eso nos encontramos con Maria Luz Trautmann. Ella apareció requerida por el Ministerio del Interior por el secuestro de Edwards. En buena parte del trabajo hecho por la “Oficina” aparecía ella, pero no de la unidad donde estaba yo. Apareció su foto y nombre en el diario La Segunda. Ella se enteró cuando llegó a su casa, en la Reina Alta. Salieron a encontrarla y le dijeron que se fuera. Y eso hizo. Tuvo una participación importante en el secuestro, porque era en su casa donde se reunió el “Chele”, “Ramiro” y la gente que trabajó en la operación. Además de prestar su casa, ella arrendó vehículos.

Ella era militante y trabajó siempre en el área de inteligencia primero en el PC y después en el Frente. Tenía buenos nexos a nivel diplomático. Estuvo casada con un candidato a la presidencia de Venezuela. Su objetivo final era irse a Venezuela. Aportaba mucha información del ámbito donde se movía. Cuando ella se refugió, la “Oficina” no sabía dónde estaba.

A la semana después, el comandante “Carlos” me pidió si podía activar algunas casas de seguridad, que las necesitaba para una hermana que estaba con problemas y que había que “guardarla” por unos meses. Le dije que tenía una casa en calle Portugal con dos subterráneos y que se podía habilitar el primero para que se quedara allí. La mujer del dueño de casa, que era ayudista, estaba embarazada, lo que permitía armar toda una leyenda para que la ayudara. Entonces “Carlos” decidió que me la traspasaría. Luego, informé a Carpenter de esta situación.

Yo no sabía en ese momento de quien se trataba. Hicimos un recorrido previo, antes que me la entregaran en un subterráneo de un supermercado del sector alto. “Carlos” fue con un sombrero de ala ancha.
Además, el también era de clase alta y su vestimenta se veía normal. Había que hacerle unas señas del vehículo en el que ella andaba, un Mercedes Benz de color azul metálico. Nosotros andábamos en una camioneta Luv blanca. Subimos al supermercado, compramos algunas cosas y bajamos. El Mercedes Benz ya había llegado, entonces nos entregaron a la Trautmann. “Carlos” andaba armado con una mini uzi. Ella se subió en la parte posterior de la camioneta y la llevábamos a la casa.

Ella mantenía correspondencia con “Carlos” y el “Chele”, principalmente
con este último. Yo le abría la correspondencia y la fotocopiaba. En las cartas ella insistía en que la sacaran. Comenzaba a echar de menos a sus hijas y su pareja. “Carlos” me pasaba dinero para sus gastos. Trautmann empezó a trabajar para los dueños de la casa, lo que era complicado, porque ella era profesora, muy refinada, aunque un poco hipie y tenía que servir de empleada. No había forma de revertir eso.

Yo también insistí a la gente del Frente que había que sacar a la mujer. En eso pasó como una semana. Ella me insistía que su participación era mínima -la veía muy indefensa-, que no tenía importancia dentro del todo de la operación.

Al final, como a la semana, le conté a Carpenter que me habían entregado a la Trautmann.Le informé que estaba en mi poder y la forma en que llegó. Carpenter me recriminó un poco porque no le había informado antes. Él quería estar bien seguro primero antes de alertar. Le conté que la situación de ella era bastante precaria en términos de que, al parecer, no la iban a respaldar, porque le estaban dilatando mucho su salida. De hecho, no había una actuación muy decidida del FPMR para sacarle del país. Lo que ella pedía era una forma de salir, por lo menos, hasta Argentina y de ahí a Venezuela, que era donde tenía familiares y donde tenía a su ex esposo. Tenía mucha gente conocida. Carpenter opta por que sigamos esperando y recabar información, sobre todo a través de la correspondencia que intercambiaban con el “Chele”.

Al tiempo Zambrano y un equipo de la BIP se apostaron en una vivienda que estaba diagonal a la casa. La casa donde estaba la Trautmann se ubicaba justo en una esquina. Por la misma calle Portugal, cerca de avenida Malta, la BIP copó un segundo piso, donde había algo como un taller. Ellos lo tomaron con una orden, no sé si de algún tribunal o de quien. Y empezaron a filmar constantemente.

Cada cierto tiempo, yo revisaba los videos, para marcar si había llegado alguien importante. Una vez se alertaron mucho, porque un sábado llegó un auto rojo, moderno, casi en la madrugada de un sábado y bajaron cuatro tipos, medios sospechosos, con unos bultos. Pero resultó que eran unos músicos que iban a tocar ahí, que no tenían ni una relación con nadie. Estuvieron toda la noche tocando. En todo caso, la Trautmann lo pasó bien ese día, compartiendo con los músicos.

Pero pasaba el tiempo y no había respuesta del Frente para sus inquietudes. La Trautmann estaba muy inquieta. Le mandaban cartas de vuelta diciéndole que tuviera paciencia, que le iban hacer un pasaporte, que las cosas eran lentas, que las comunicaciones eran muy lentas y que no podían hacerse de un tiempo para otro. Le mandaban textos de
estudios, de economía, proyectos de estudios, incluso le mandaron hacer algunos trabajos para el FPMR. Entiendo que uno de ellos fue para la revista “El Rodriguista”, era algo en el plano económico, muy básico. Ella tenía mucho manejo en esa área.

Entonces llegó un momento en que la BIP decidió operar por cuenta propia e iba a detener a la Trautmann. Iban a tomar por asalto la casa. Obviamente que informaron de esa situación a la ”Oficina”. Entonces comenzó a generarse un clima de mucha tensión porque la “Oficina” no quería que fuera detenida todavía. Estaba evaluando la situación de ella, a lo mejor era preferible dejarla dando vueltas, que arribara alguien como el propio “Chele”, quien era el objetivo en ese minuto. Además, detenerla allí significaba detener a toda la familia que vivía en esa casa y acusarlos de encubridores. La idea iba a complicar todo, pues también me iban a tener que mencionar a mí, porque yo la había llevado. Pero Investigaciones no tenía ningún interés en tapar ese asunto, querían detenerla ahora, rápidamente. Querían hacerlo a toda costa. Entonces comenzaron las discusiones por arriba, en el Ministerio del Interior creo que hubo una discusión muy fuerte.

Mientras se resolvía eso, Carpenter me dijo que la sacara, que la trasladara de casa. Yo había revisado los videos y venían contados por fecha, hora, hasta los segundos. Había una hora entre las 5 y las 6 de la mañana en que no había ningún registro, es decir, siempre el video se saltaba de las cuatro a las seis, generalmente, entre las cinco o seis. Entonces decidí moverla en ese horario.

Hablé con ella esa misma noche. Le dije que había problemas con la seguridad y que había que salir de la casa. Ella se asustó mucho. Le ordené que tomara lo que tenía a mano nada más -un bolsito artesanal- y que nos íbamos a ir en la madrugada. Me conseguí una camioneta por otro lado y le dije al dueño de casa que él manejara.

Por otra parte, amarré con una amiga de ella, Paloma, para conseguirnos otro vehículo y llevarla en primera instancia a la casa de una de las hijas de la Trautmann, mientras se buscaba otro domicilio. Paloma era una
amiga adulta, casi de la misma edad que la Trautmann, y tenía un restaurante en el centro, el cual estaba financiado por el Frente. De hecho, Paloma también era frentista.

A las cinco de la mañana salimos, para evitar la posibilidad de que estuvieran los policías observando. Saltamos el muro de atrás de la casa donde había un local de venta de gas. De ahí saltamos el muro de otra casa y por esta salimos por el costado de un muro. Entonces, tuvimos que saltar hacia la calle entre las dos conjunciones de los techos. Fue muy complicada la salida, pero a ella le pareció bastante emocionante huir de esa forma. La BIP no se dio cuenta de nada, siguieron vigilando hasta el día siguiente.

Entonces la llevé donde una de sus hijas, Fernanda. Con ella tenía una relación muy estrecha. Ahí le perdí la pista. Fernanda me dijo que la llevaron a la casa de un amigo, pero que ese departamento también podía ser conocido, porque era del hijo y se suponía que estaba chequeado.

Un día nos juntamos con Fernanda en el metro y le dije que íbamos a tomar contactos más distanciados, y que si tenía un lugar donde llevarla o me era posible sacarla del país le iba a avisar. Entonces dejamos un par de números de teléfonos para comunicarnos. En la tarde de ese día detienen a la Trautmann.

Resultó ser que Fernanda estaba con seguimiento. De hecho, en el informe de la BIP estaba registrado el encuentro conmigo, el cual decía que se reunió con sujeto de tales características.

Luego en su declaración ante la policia la Trautmann dijo que había un Humberto que la había ayudado. Claro que no salió en el parte, me mencionó en el extrajudicial. Yo me desentendí del tema.

Carpenter observó el interrogatorio a la Trautmann. Ella se mantuvo siempre en lo mismo, que le arrendó un auto a un amigo y que no sabían lo que iban hacer.Pero según Carpenter, después ella habría colaborado bastante con la policía, y que eso habría significado que estuviera solamente tres meses presa. Al salir, la Trautmann se integro a participar activamente en la ODEP, con Lorena Astorga.

Luego me enteré como cayó “el negro” Palma Salamanca. Se nos comentó en la “Oficina” que cayó a traves de una hermana. Ella asistía a unas sesiones de salud mental en el Fasic y en una de las consultas le comentó a su siquiatra que estaba preocupada por el hermano, porque este había
participado en la muerte de Guzmán. Ella lo había notado alterado y estaba muy asustada. Quería saber qué hacer.

Resultó que la siquiatra era pareja de Lenin Guardia, a quien le contó lo del “Negro” Palma. Así, finalmente, Guardia le llevo la información a Belisario Velasco y se iniciaron las acciones para detener a Palma. De hecho, el “Negro” se encontraba clandestino y la hermana, a través de esa convivencia con la siquiatra, se le hizo un chequeo hasta llegar a él. Fue detenido en la calle con un amigo.

Agdalín Valenzuela Marquez

Mi primer contacto con Agdalin Valenzuela se gestó porque las informaciones que nos traia “Pablo Andrés” desde Curanilahue eran muy vagas y a veces pasaba algún tiempo y no entregaba nada. Hasta que Carpenter decidió verificar en terreno lo que pasaba. En ese momento, comencé a viajar para allá.

Levanté un plano de Curanilahue y de los alrededores, establecí algunos “puntos”, algunas inversiones que estaba haciendo el FPMR, dos o tres casas en las cuales se estaba moviendo Agdalín y que no correspondían a lo que había entregado a “Pablo”. Él informó una sola casa en la cual hacia su actividad y recibía a la gente. Además de una serie de datos que estaban inexactos. Se suponía que esa labor la debía hacer “Pablo”. Después de eso, nos reunimos con Agdalín, en Concepción.

Yo antes solo sabía de él, nada más. Sé que apareció con “Pablo”, nada más. No me acuerdo cómo se le llamaba en la “Oficina”, parece que “El Turco”. Yo y Pablo Andrés nos reunimos con él -en Concepción- y me pareció un hombre muy forzado a entregar la información.

Pablo Andrés no sabia que yo le realizaba controles a Agdalin. Eso era absolutamente reservado entre Carpenter y yo. Esa vez “Pablo” me pidió que lo acompañara. Había que presionar a Agdalín, porque estaba muy reticente.

En un momento dado, Agdalín dijo que el acuerdo al que había llegado era entregar información sólo sobre los jefes del FPMR y no de las bases. Lo mismo con lo de las inversiones. Sabíamos sobre una fábrica de baldosas, una maderera, una recauchadora, un taller mecánico y una apicultura que era de Agdalín.

Había una información muy preocupante sobre una inversión del FPMR en un aserradero con tecnología de punta en la zona, la Colorada o el Colorado, que tenía capitales finlandeses, pero nunca se pudo comprobar.

Agdalín se veía errático, reticente, medio forzado, no era el típico informante, que siempre está muy ávido de entregar información. La sensación que me quedó al conocerlo era que estaba siendo extorsionado, que entregaba información para que lo dejaran en paz.

Al parecer, también entró en contacto con Juan Sarmiento, “Lorenzo”, quien instaló micrófonos en la casa de Agdalín cuando recibió al “Chele” y también, aparentemente, al jefe máximo del FPMR, Galvarino Apablaza, y al comandante “Ramiro”, Mauricio Hernández Norambuena. “Ramiro” y Agdalín eran amigos de Valparaíso.

Agdalín en un momento nos dijo, para que lo dejaran tranquilo, que había un barretín con fusiles M-16 camino a Contulmo e hizo un mapita. Él dijo que eran 62 fusiles, pero que dos se los había dejado. “¿Para que?”, le preguntamos. “Por si acaso”, nos respondió, sin dar una explicación razonable. Después de esa reunión, no me junté nunca más con él, solo lo vi.

Cuando nos toco verificar el barretin primero realicé una inspección ocular solo, filmé el terreno e hice un plano. En una segunda oportunidad, coordinados por “Pablo Andrés”, debía concurrir con un efectivo de Inteligencia de Investigaciones, que sería Juan Sarmiento, quien usaba el nombre de “Lorenzo”. Por alguna razón no fue y nos endosó a Guillermo Toledo, que era de Inteligencia de la Brigada de Asaltos. Él nos acompañó y esto apareció como una misión antinarcóticos, a modo de cobertura y
para desinformar a Zambrano.

Hicimos un vuelo en un avión institucional. Salimos de Cerrillos y fui acompañado de Juan Manuel López Totoricahuena, al que solicité cooperación porque era un hombre entusiasta y tenía manejo en terrenos difíciles, era un buen seguidor de huellas. Con él rastreamos la zona y encontramos un barretín de donde habían movido las armas, dos o tres cajas. Sacamos fotos. Toledo fue como ministro de fe. Hicimos un rastreo muy profundo, nos metimos en un terreno muy pantanoso. Encontramos unas piedras marcadas con cruces rojas.

Metimos una especie de fierro y nos topamos con algo blando como plástico. Topamos con algo, a los 30 ó 40 centímetros, y dimos cuenta de eso no más, porque no llevábamos herramientas y el terreno era muy arcilloso. Toledo se comunicó con la brigada en Santiago, pidió personal y autorización para allanar el predio.Nos respondieron que no se tocara el asunto, que lo dejáramos y que más tarde se vería. Nos fuimos, porque no se podía hacer nada más.

Parece que después sacaron los “fierros”. Agdalín informó que los habían trasladado a Cañete. No sé por qué no fueron requisados. En un momento, “Pablo Andrés” dijo que era porque Agdalín podía quedar al descubierto. Agdalín entregó esa información antes de que fuera detenido con “Ramiro”.

Cayeron juntos en Curanilahue, pero Agdalín salió libre a los pocos días, lo que despertó las sospechas del FPMR. Y el rastreo del barretín lo hicimos después de que Agdalín fue liberado, por eso “Pablo Andrés” decía que podía complicarlo que se descubrieran las armas.

Luego de ser detenido, en lo de su liberacion hubo una situación de absoluta anormalidad, porque se suponía que Agdalín no debía ser detenido. Había instrucciones muy precisas. En ese momento estaban
“Ramiro” y el “Chele” en la zona y tenían que ser detenidos, esa era la orden.

Las instrucciones indicaban que “Ramiro” andaba en una camioneta que había dejado en Lota y que Agdalín lo sacaria de Curanilahue en un jeep y lo llevarla hasta Lota. Allí lo dejaría y entonces “Ramiro” debía ser detenido. Estaba chequeado y controlado todo. Sin embargo, por una razón que nunca se ha explicado, detuvieron a los dos. Eso fue el 5 de agosto de 1993. Ambos estaban armados. Entiendo que después solo apareció un arma.

Eso trajo un remezón, generó un conflicto mayor, ya que se estaba en la disyuntiva de dejar preso a Agdalín con el riesgo de que entregara información que había dado a la “Oficina” o que diera otras a Investigaciones. La alternativa era sacarlo rápido. Carpenter y “Pablo” fueron a la brigada, creo que a Colina, a conversar con Agdalín y él pidió que lo dejaran preso unos seis meses, que lo pasaran por el arma o por cualquier cosa, pero que no lo sacaran, pues sería muy complicado para él.

No sé si fue Carpenter u otra persona quien habló con el juez Alfredo Pfeiffer, a cargo del caso, para explicarle la situación. Pfeiffer no sé si entendió mal o no quiso entender, y lo dejó en libertad.

Esto provocó inmediatamente una reacción negativa en algunos sectores del Frente, incluso antes de que quedara libre.Me enteré que la gente del FPMR estaba muy preocupada. Hicieron varias gestiones, principalmente en el Codepu, consultando qué sabían ellos, porque tenían dudas y pensaban que Agdalín entregó a “Ramiro”. Algunos, incluso, planteaban matarlo a la salida de la cárcel. Fui al Codepu, porque a mí me identificaban como frentista, y traté de bajar el perfil al conflicto.

Luego el propio “Ramiro” hizo un informe. Y exculpó absolutamente a Agdalín. Mandó una carta diciendo que la caída era responsabilidad de él, que Agdalín se había comportado como un combatiente ejemplar, que fue él quien alcanzó a sacar el revólver y que fue reducido. Eso es verdad, no fue un show de Agdalín. Al ser detenido él no sabía quién se le estaba tirando encima. En un momento, confesó después Agdalín,pensó que lo querían matar a él, que se había descubierto su situación. Trató de defenderse, sacó el arma y si no lo neutralizan habría asesinado a un funcionario de Investigaciones.

La carta de “Ramiro”, además, determinó que Agdalín siguiera en su función, con todo su apoyo. La dirección del FPMR lo aceptó y revisó todo, sobre la base de interrogatorios. Y Agdalín siguió trabajando con el FPMR y con la “Oficina”. Se le dieron unos meses con un nivel de frecuencia en los encuentros mucho menor. No se hacían en Concepción, como era normal, sino en Temuco o Chillán, por si había seguimientos. Y Agdalín también justificaba sus salidas: para hacer negocios, vender baldosas, cosas así.

Luego lo siguió viendo “Pablo Andrés”. Yo seguí detrás, chequeando, verificando. Por eso es que la muerte de él fue muy extraña. Agdalín fue asesinado en Curanilahue el 11 de octubre de 1995, se supone que por gente del FPMR. Pero es muy raro que el Frente se haya demorado dos años, desde que cayó con “Ramiro”, en encontrarlo culpable.

La tesis que se baraja es que Agdalín se convirtió en un peligro para la investigación del caso Guzmán. Puede que lo haya matado el FPMR, pero al Frente le hicieron llegar los antecedentes con mucha precisión y pienso que salieron de la “Oficina”. Conociendo los perfiles, ahí estuvo “Pablo” detrás, que era el hombre más afectado. A Carpenter, Agdalín no lo conocía. No veo a Carpenter dando órdenes de matar en ese sentido. Veo a “Pablo” tratando de cubrirse. Ahora que se conoce la relación de “Pablo” con el Frente y su calidad de ex comandante, es obvio que Agdalín era muy peligroso para él.

¿Qué podría haber dicho Agdalín en un juicio interno del FPMR?, que la información se la traspasaba a su comandante, en línea vertical, que tenía el derecho de exigir la información y él tenía la obligación de entregársela, sin saber que estaba informando al gobierno.

“Pablo Andrés” habría sido el más afectado directamente. Pero si Agdalín se decidía a hablar afectaría a la “Oficina” en su conjunto. Delataría sus
operaciones y a uno de sus mejores agentes: el mismo “Pablo Andrés”.
Por eso lo digo claro: la “Oficina” no gatilló, no disparó, fue el FPMR, pero muy bien motivados, muy bien documentados para hacerlo.

comentarios
  1. daniela dice:

    Y Genaro román??? el ” fotografo-profe que también se vendio a La Oficina después de ser 2 años prisionero politico,?

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